• Excursión 1592. 24 Junio de 2024. Lunes.
Barranco Guasiegre y barranco Tabiabarril
Municipio: Arico
De 15.50 a 19.36h. De 460 a 50m.
Distancia: 7,9k. Duración: 3h 46m.
Recorrido del barranco Guasiegre desde la carretera general del Sur, complicado de transitar por la vegetación densa y los saltos, uno grande lo puedo bajar el segundo grande lo rodeo. A la vista de la zona de tratamiento de residuos de Tajao hago el resto de la bajada por otro barranco ancho y llano (Tabaibabarril). Sin saberlo me meto en la zona de Tajao y tengo que saltar una valla
Mi objetivo hoy es recorrer el último barranco que me falta de Arico entre la costa y la carretera general del Sur, el barranco Guasiegre. Todavía me falta una parte del barranco de El Río, pero esa me parece que no es transitable sin cuerdas, cosa de barranquistas.
En la cola de la 10 en Santa Cruz charlo con un hombre de Cuba, me habla de sus ancestros, inmigrantes canarios que llegaron a Cuba a principios del siglo XX. Tiene doble nacionalidad y va de aquí para allá frecuentemente. Me enseña fotos de peces que ha pescado.
En San Isidro nada más bajarme de la guagua me monto en un taxi que me lleva por la autopista y después sube por la carretera de La Cisnera. Una vez en la carretera general del sur torcemos a la izquierda y yo le dirijo con el mapa en la mano y le digo que pare justo al lado del km 63 y lo clavo (27€). No como la semana pasada que me quedé a medio kilómetro de donde debía para bajar por el barranco Las Vigas.
Hace bastante calor, el cielo completamente despejado. Es una carretera muy solitaria, casi parece abandonada. Me lleva un rato darme cuenta de que lo he hecho bien, que estoy en el lugar que había planeado, pasado el barranco de Guasiegre/Guama. Bajo directamente por la ladera entre muros viejos de terrazas y enseguida llego al cauce del barranco donde voy descendiendo por muros de nateros. El cauce es muy irregular, con grandes piedras, huecos, y mucha vegetación, sobre todo balos y vinagreras. Es muy complicado bajar por el cauce, me tengo que salir e ir a tramos por una ladera o la otra. El barranco se complica antes de que confluya otro pequeño barranco por la izquierda (El Hornillo). La pendiente ahora es más suave y aunque sigue habiendo mucha piedra y plantas puedo progresar mejor. Me sorprende de entrada encontrarme con un sendero que cruza el cauce (410m), enseguida me doy cuenta de que es el camino real que comunica El Río con la villa de Arico. Es un bonito tramo que conserva el empedrado. Dentro del barranco el calor es un poco agobiante, lo olvido con las dificultades de la travesía. Enseguida me topo con una caída con una vegetación muy cerrada debajo, entre ambos me hacen desistir de intentar bajar y sigo por la ladera izquierda no muy lejos del cauce, no quiero subir en exceso. No es que exista un sendero, pero se puede avanzar más o menos bien. A ese primer salto le sigue otro de características similares, sigo por la ladera. A la izquierda hay dos charcas con nombre (Charco las Cabras y Charco Verde), están secas Y ahora puedo avanzar mejor porque ha habido un aparatoso desplome de unas grandes columnas basálticas, ha aplastado la vegetación y puedo a grandes pasos caminar sobre ellas. Tengo que elegir muy bien cada paso.
Del caos de piedras puedo descender por una vegetación más densa y llego a una zona familiar por donde va un canal (Del Estado, 380m) que ya he recorrido en otras excursiones (1198 y 1267). El canal va por el borde de un gran salto (Guasiegre) y por debajo unos escaladores están practicando. Sigo por el canal hacia la derecha y en unos metros y antes de que el canal se meta por la pared empiezo a descender por la ladera que tiene mucha pendiente y muchos regueros de piedras, me acuerdo cuando la tuve que subir, y gracias a lo que me costó subirla ahora la recuerdo bien y puedo descender hasta el pie del salto (350m).
Me dirijo por un sendero claro que pasa al lado de una cueva abierta hacia los escaladores con la esperanza de charlar con ellos, pero no me hacen ningún caso, de hecho, no me dicen ni hola, sólo una de ellas le dice al perro que me ha molestado “¿ahora te quedas tranquilo?”. A veces me da la impresión de que los escaladores se creen lo más. La vista del barranco es amplia, viene un tramo largo recto y el cauce destaca por su color gris claro. Sobre la marcha desciendo al cauce de nuevo. Muchas piedras, rabo de gato, y enseguida me animo al empezar a ir por basaltos redondeados y pulidos y una sección más angosta del barranco. La ladera derecha se hace muy vertical y alta, no tanto la izquierda. Y cada vez me resulta más bonito el cauce con pequeñas hoyas donde se debe acumular el agua, ahora secas y negras. Hay muchos pequeños saltos en forma de toboganes, resbaladizos sí. Los voy bajando siempre temiendo que me encuentre con un salto, no hay ninguno. Me encanta todo el rato. Tras unos 700 metros paso por debajo de un pequeño acueducto (300m) y reconozco el edificio de un pozo (Guasiegre) sin uso actualmente y que ya recorrí en otra ocasión (excursión 1198). Dudo un momento si subir a localizar una era que hay a la derecha (era los Dorta), lo descarto, prefiero concentrarme en el barranco, me queda muchísimo todavía.
El barranco es menos angosto y tiene más rabo de gato y progresivamente la vegetación se va haciendo más y más densa y cerrada. Además, tengo que destrepar algunos pequeños saltos que de entrada parecen impasables, pero siempre encuentro la manera de bajarlos. Al descender uno grande tengo una verdadera luchada con los balos que lo cierran todo. Menos mal que no son muy leñosos y empujando y empujando los puedo atravesar. Bajo un salto hay un gran hoyo que debe ser otro charco cuando llueve (Charco Leña Blanquial). Y enseguida me topo con un salto imposible y fascinante. El barranco se estrecha, da a una caída vertical a una hoya y tras el borde externo de la hoya hay otro salto, es un salto de lo más dramático (Salto Leña Blanquial, 260m). Le añade fuerza al salto un gran pájaro muerto en el borde de la hoya ¿una gaviota? Trepo por la izquierda, me tengo que esforzar bastante en encontrar el sitio adecuado para mis habilidades metiendo el pie correcto en una hendidura. Cuando llego a lo alto puedo ver bien cómo se abre el barranco y que puedo descender por la ladera izquierda por una bajada con grandes y preciosas tabaibas dulces, algunas enormes para el tamaño modesto que suelen tener estas plantas, más pequeñas que las tabaibas amargas, las más comunes.
Una vez abajo, me meto por un pasillo entre la vegetación muy cerrada y llego al pie del salto donde un escalador con unas gafas pequeñas le da instrucciones a otro que está subiendo un risco imposible. A tramos irregulares hay anillas de agarre y en un intento de subir no lo logra y se cae haciendo mucho ruido, afortunadamente está bien agarrado con arneses y no le pasa nada. Estos escaladores son muy amistosos, me saludan y puedo hablar un rato con ellos, poco, no les quiero molestar, tiene que estar muy concentrados para escalar.
Sigo mi camino por el cauce del barranco, de sección más llana a partir del salto. El cauce ahora es de un material muy diferente, son grandes rocas redondeadas, individuales, no como antes que era un continuo de basaltos gris oscuro. Estas de ahora son gris muy claro con una tonalidad ligeramente rojiza y tienen incrustadas muchas piedras de diferentes tamaños y colores. Puedo avanzar mejor por las grandes piedras que por los tramos con rabo de gato que lo llega a cubrir todo. De lejos parece impasable, pero es una planta sobre la que se puede caminar con facilidad. Destrepo un par de saltos. Y tras unos 750 metros desde el salto de Leña Blanquial y a la vista de la gran montaña artificial del complejo ambiental de Tajao me salgo del barranco (215m). Es una montaña que parece un inmenso zigurat, una pirámide truncada recorrida por pistas concéntricas. Puede tener un km de largo y otro tanto de ancho y debe ser zona prohibida. Por eso me salgo, también porque ya el barranco no parece tan interesante.
Subo por la ladera izquierda sin ningún plan de bajada, improvisando. Tras subir un poco descubro un barranquillo por dónde hay cuevas y encima tiene una casa en ruinas (Casas de Guama). Una pista recorre el barranquillo por la izquierda y arriba paso al lado de la casa que tiene un depósito grande de agua al lado. Encuentro una pista y empiezo a descender por ella. (Otro día definiendo el track de la excursión veo en la foto aérea del año 1964 que había una era -era de Guama- que apenas se distingue en la foto aérea actual, quizás podría haberla localizado si lo hubiese sabido). La pista es ancha y buena y tras unos cien o doscientos metros va al lado de una valla alta, recta y larga. Sigo bajando y más abajo la valla se echa a la izquierda y yo con ella, claro, hasta que termina la pista. Después sigo campo a través al lado de la valla hasta un vallado que encierra un aerogenerador (qué enormes son vistos de cerca). Tiene una pequeña escalera de acceso a una puerta metálica, material para un cuento moderno. Al lado del aerogenerador (190m) tengo una vista muy buena de un barranco ancho y de cauce muy llano. Por placas rocosas desciendo, atravieso una pista de tierra y sigo bajando hasta llegar al cauce del barranco (Charcos de Tabaibabarril, 130m). No tengo ni idea de cuánto me falta. No miro el mapa. (De hecho, creo que no lo llevaba).
El cauce es de arena fina negra y tiene marcas de paso o de bicicletas, también triangulares de las patas de aves acuáticas, puede que se hagan charcos en invierno. Podría subir la ladera para salir a una carretera, pero prefiero seguir por el cauce, es todo un cambio con respecto al de Guasiegre. Es tan llano y la arena tan fina, se me hunden los pies en cada paso. Tras unos diez minutos (600 metros) paso (110m) al lado de invernaderos. Progresivamente me va entrando una ligera ansiedad, cada vez hay más signos de que estoy “dentro” de algo. Después de pasar todos los invernaderos, parecen abandonados, y una pequeña sección algo más angosta del barranco salgo a una gran esplanada donde veo camiones, casetas, y confirmo que estoy dentro del complejo ambiental de Tajao. Campo a través atravieso el llano y me voy echando hacia la izquierda, después sigo un pequeño tramo por una pista (todo el rato que he descendido por este barranco (Charcos de Tabaibabarril) he estado viendo a la izquierda una valla, también a la derecha). Haciéndome el invisible y cuando termina la pista me echo a la izquierda y me desazona comprobar que la valla está en buen estado y es alta, más de dos metros.
Ahora, sin embargo, mi determinación es directamente proporcional a lo que tendría que caminar para regresar a un sitio por donde poder salir del vallado. Al otro lado está una carretera, la libertad. Primero me echo al suelo a ver si puedo levantar la rejilla de la valla, imposible y después trepo como un gato por un contrafuerte metálico (los que cada cierta distancia da sustento a la valla) y una vez arriba paso una pierna y la apoyo en una pequeña pieza metálica (la que sujeta el contrafuerte). Me agarro bien al borde superior de la valla, paso la otra pierna e implorando mentalmente que no ceda (la valla) logro bajar al otro lado. Fantástico. No se puede terminar mejor una excursión. Ahora me siento ligero como el viento por la carretera asfaltada y enseguida llego a la autopista, la cruzo y llego a la parada. Toco el botón para avisar a la guagua, miro la app de Titsa y me da un subidón cuando me dice que, en 2, sólo dos, minutos, llegará la 111.
Un final emocionante (cruzar la valla) y perfecto (dos minutos para la 111) para terminar mi último barranco de Arico. (Habrá otro más, pero eso no lo sé todavía)
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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