• Excursión 1515. 25 Septiembre de 2023. Lunes. (Anaga 244ª)
La Punta. Barranco de Flandes. Roque Pedrera. Arco.
Municipios: La Laguna
ENP: Parque Rural de Anaga
De 15.28 a 19.30h. De 40 a 355 a 40 a 80m.
Distancia: 5,5k. Duración: 4h 2m.
Recorrido por la loma entre los barrancos de Flandes y Vargas. Desde La Punta subo cerca del cauce y lo cruzo por un puentito. Después por senderos en paralelo al cauce voy hasta una nervadura que rodeo varias veces hasta alcanzar un llanito con un roque. Del roque enseguida llego a un hermoso arco. Bajo por la arista de una nervadura del barranco de Flandes y después por sendero regreso hasta el puentito que vuelvo a cruzar
Durante mucho tiempo he estado recordando una excursión como mítica. Fue una por el barranco de Flandes (Punta del Hidalgo, excursión 597). En esa ocasión logré recordar una parte del barranco desde la Punta. Con ganas de nuevas cosas he estado investigando los recorridos de los usuarios de Wikiloc por la zona (opción: buscar por zona de paso) y he encontrado varios que se repiten y otros que sólo se han hecho una vez. De todos ellos el que me ha gustado más ha sido uno subido por el usuario/usuaria: Isabel_lolo51 con el nombre de “la-pedrera-el-arco-las-crucitas-solis-la-goleta”. En su track he visto que tras subir un tramo corto atraviesa el cauce del barranco por un puentecito (por donde va una tubería) y que después sube por una cresta donde hay, por lo menos, dos lugares significativos: el roque de la Pedrera, y un arco de piedra y llega hasta Solís (700m). Este es el que quiero hacer hoy. Con lo que he encontrado en Wikiloc creo que puedo hacer dos o tres excursiones más (al final de la serie son quince).
Salgo pronto de casa muy ilusionado, pero las cosas, de entrada, no salen bien. Tras dejar el coche en el parking del mercado en Tacoronte voy a La Estación a esperar la 057. Viene muy retrasada y cuando llega repleta de pasajeros (sobre todo, estudiantes), con un movimiento en todas las paradas y llego tarde para tomar la 050 en Tejina. Espero media hora. Escucho música y miro de vez en cuando el extremo de la mesa de Tejina, que parece la proa de un barco. Me lo tomo con calma. Una vez en la guagua y al llegar a La Punta resulta que están de obras y la guagua no para en la parada donde pretendía (La Hoya) sino mucho más adelante. Total, he tardado una hora y media en llegar al principio de la excursión (a la vuelta sólo me llevará, usando las mismas líneas de guaguas, media hora en volver a Tacoronte, esto es una lotería, aprenderé que un buen taxi desde Tacoronte es una opción mucho más directa).
Retrocedo por la carretera hasta La Hoya (a la salida de La Punta) y subo por una calle sin salida (un cartel lo advierte), la calle Sebastián Ramos. Es una calle estrecha con un bonito mirador en la primera esquina. Un mirador hacia la ladera suave donde se asienta Bajamar y con una vista diáfana y despejada del Teide. La calle se va progresivamente estrechando hasta que es sólo un pasillo peatonal entre casas bajas muy pegadas y en unos cinco minutos salgo a un sendero por donde hay varias casetas con perros que me ladran histéricamente al pasar, qué vida perruna. Lo primero que me impresiona es la forma caprichosa y la gran pendiente de la loma, la cresta, por dónde va el recorrido que pretendo hacer. Lo segundo es la estrechez de las paredes del cauce del barranco, de tierra y piedras sueltas, y también su verticalidad. Parece excavado a pico y pala. (Debe ser el efecto de riadas de largo ciclo, quiero decir de las que se producen cada muchos años).En dos o tres minutos llego al puentito. Bajo por encima de una tubería hasta el principio del puente. La tubería de cemento es bastante gruesa y ocupa la mitad de la superficie del puente. A la izquierda queda como medio metro de puente transitable y sólo defendido por un “psicológico” cable de metal que hace de barandilla. Paso despacio sin mirar hacia abajo (peligro de vértigo súbito), sólo hacia adelante, estoy todavía demasiado frío para una prueba así. La supero. Al otro lado subo al lado de la tubería hasta unos depósitos muy antiguos de agua, tienen gruesos muros de piedra.
Rodeo los depósitos por la izquierda y tras el segundo (100m) sigo a la izquierda por un camino muy reconocible. Es un viejo camino que lleva a antiguas zonas de cultivo (terrazas de muros no muy altos). Dos pequeños farrobos dan un toque verde y alegre, y los esculturales eucaliptus secos y retorcidos un punto de dramatismo. El camino está más o menos despejado. La vegetación muy densa y recrecida y de aspecto algo seco es de inciensos, espineros negros, cornicales, tasaigos (pocos), tabaibas y pencas. Me gusta. Me gusta mucho. Una tubería negra de plástico va por el camino. Tengo vistas, a la izquierda, al cauce profundo y no puedo dejar de pensar en las riadas que han acumulado esa cantidad de tierra y piedras que posteriores escorrentías han excavado. Al otro lado gruesos muros de piedra gris van en paralelo al cauce y se extienden por la ladera. Se cultivó con intensidad por aquí, hoy en día no, está todo abandonado, pero aquí quedan para los restos esos muros ciclópeos.
Paso, en una esquina, un depósito-cueva, afianzado por varias columnas gruesas, me acuerdo de los que vi en Buenavista, muy parecidos, en la subida por el barranco del Calabozo (excursión 914). Después de la esquina llego a una zona con varios muros en perpendicular al camino. En la terraza del último muro me echo a la derecha por un sendero apenas visible, que, sin embargo, puedo ir siguiendo entre los cornicales y los espineros. El sendero llanea o incluso baja un poco. Me dirijo hacia un muro de piedra, muy llamativo, situado en la arista de la cresta por donde tengo que subir. Es una buena referencia. Logro negociar este tramo y llegar al muro, un cercado para guardar animales (150m). Supero el cercado por la derecha y empiezo a subir por la cresta rocosa, una cresa rocosa preciosa formada por diques grises y rocas protuberantes con muy buen agarre para subirlas. La vista ahora es hacia Bajamar y la playa, una playa ancha y de arena negra. A veces parece existir un sendero. A lo lejos y de la izquierda me vienen los lamentos de algunas cabras, parecen personas desesperadas. Esos sonidos me intranquilizan hasta que las identifico. Mientras subo pienso que si toda la dificultad va a ser esta, voy bien.
En los 200m aprox. el sendero, reconocible, se echa a la derecha y aparezco en una zona antigua de terrazas con muros gruesos de piedra. Camino por encima de los muros hasta que terminan. Subo unos pocos metros hasta un risco muy vertical y camino pegado al risco por una zona de tierra suelta, muy arenosa. El sendero existe, pero está muy inclinado y parece que en cualquier momento voy a provocar un alud de tierra. Por aquí el sol da más fuerte, es una zona muy soleada donde los cardones son los reyes, hay grandes formaciones de cardones. Las vistas hacia Bajamar van mejorando a medida que me desplazo, de la playa me llegan voces de los bañistas. Llega un momento en que el recorrido me parece demasiado expuesto y subo por el risco, pero no me lleva a nada, tengo que volver a bajar y seguir pegado al risco. Por fin llego a una esquina (220m) donde hay un aparatoso desprendimiento de grandes rocas. Es la esquina por donde hay que rodear el risco. En la esquina hay un balconcito con marcas de pezuñas de cabras y una, todavía mejor, vista hacia Bajamar y su red de calles con chalets y pequeños edificios con piscinas. Por debajo de mi va un canal, imposible de recorrer, va pegado a la pared. Es una zona muy escarpada.
Doy la vuelta a la esquina sin saber qué me voy a encontrar. Sigue un andén estrecho entre cardones y tabaibas que me cuesta un poco superar. Llego a una nervadura de la loma y empiezo a subir por ella. Más bien trepar que subir. Muy vertical, pero de las que se pueden subir bien porque no tiene tierra suelta. Parece que hay un sendero, a lo mejor lo alucino. El caso es que puedo ascender en vertical. Cuando llego a una pared imposible de trepar me empiezo a echar a la izquierda pero me lleva a un sitio sin salida. Retrocedo y mirando con avidez la ladera localizo por debajo un “sendero” que pasa entre dos grupos inmensos de cardones. Tengo que volver hasta la nervadura para encontrar un sitio por donde bajar hasta el “sendero”. Ahora (según desciendo) me echo a la derecha y, más o menos, en paralelo a por donde fui por arriba voy ascendiendo, atravieso entre los cardonales y… llego a otra esquina (240m). Otra esquina en la misma cresta/línea vertical que la esquina de antes, la del balconcito sólo que unos 40 metros más arriba.
A la derecha un pequeño andén no lleva a nada. Sigo y rodeo la esquina y aparezco en una zona inclinada de la ladera sobre riscos y bajo otros riscos. En ligera subida atravieso la zona inclinada y tras unos veinte o treinta metros tuerzo a la derecha bruscamente y sigo subiendo por un andén natural que asciende hasta otra esquina de la cresta, la misma de la otras dos (260m). Y ahora, ya no hay más vueltas que darle al risco, ahora se trata de trepar, recto hacia arriba. Después de estudiar dos o tres alternativas para ascender me decido por la de la izquierda. Por una pared casi vertical y con muchos salientes empiezo a trepar, a la izquierda y por debajo hay una considerable caída, no le presto atención. Asciendo este primer tramo y cuando miro hacia arriba todo lo que veo es una sucesión de saltos casi verticales, pero ninguno parece imposible. Y, poco a poco, con una gran intensidad, voy trepándolos, pensando sólo por segundos en varios momentos, que puede que me encuentre con uno imposible para mí y entonces me veré atrapado porque subirlos voy pudiendo, pero bajarlos no creo que pueda. Con una energía tremenda y un desgaste considerable voy subiéndolos. Cuando más arriba mejor. El último obstáculo, de unos dos metros de altura es más redondeado y con la base cóncava. Este me cuesta más, tengo que ir con todo, y apoyando las rodillas logro llegar a una zona más llana donde al ver un cartel de coto de caza sé inmediatamente que lo he conseguido. Los cazadores no creo que trepen por donde he subido, luego significa que por arriba es más fácil. Y así es.
Enseguida llego a una zona llana con un hermoso roque a la izquierda (Roque la Pedrera, 340m) que tiene un lateral de diques grises con lajas cayendo, desgajándose como a cámara lenta. Las vistas son fantásticas hacia Bajamar y hacia La Punta, el mar está tranquilo hoy y apenas tiene espuma, tampoco viento, ¡qué bueno!
Aquí, en el roque, me doy cuenta de que no sería prudente seguir hasta Solís, me falta la mitad del recorrido, por tiempo podría, pero no disfrutaría, sería bastante agónico. Además, el esfuerzo físico tan intenso, al sol de la tarde, me ha cansado mucho. Por otro lado, se me ha caído en la trepada una botella de agua y sólo tengo menos de medio litro. Descanso unos momentos para recuperarme. Afortunadamente, con la información de Wikiloc que he recolectado, tengo una alternativa: descender por una arista hacia el barranco de Flandes. Pero antes me queda ver el arco, un arco de piedra que ya vi de lejos, desde el otro lado del barranco de Flandes y al que muchos de los usuarios de Wikiloc han hecho excursiones subiendo por esa arista, ningún track va por el mismo recorrido, pero todos van por una banda de terreno. De la plataforma donde está el roque bajo por un sendero claro a una degollada (La Gollada, 320m). Y del llanito de la Gollada tengo que trepar por una zona de rocas muy vertical hasta otra elevación de cima alargada (355m). Pero al llegar a su extremo veo que tiene un salto vertical por debajo y que en la parte de inferior del salto es donde está el arco de piedra. Conseguir alcanzar el arco se torna complicado. Tengo que echarme a la izquierda y bajar como unos veinte metros de desnivel hasta que puedo tras echarme la derecha y poco después llego a un mini salto por donde puedo bajar. Después me toca subir para llegar a la base del salto donde está el magnífico arco de piedra, que enmarca Bajamar, de unos cinco metros de ancho y unos ocho de alto.
El arco está en el final de una cresta que continúa hacia arriba. Bajo por el lado izquierdo de la cresta (no por el lado que da a Bajamar) y rodeo y asciendo, al mismo tiempo, por la base de la cresta hasta la base de otra elevación muy picuda y llamativa. Llaneo por la izquierda y entonces me paro a estudiar bien el mapa (Mapa Topográfico Integrado del Gobierno de Canarias) y logro descifrar por cual arista hay que bajar. Bien. El descenso es complicado, lento, pero no desafiante. En general, por la izquierda de la arista, a veces por la pura arista. La vegetación no es muy densa ni en la cresta ni en los laterales. Unas cabras por debajo me van huyendo. Voy hacia el cauce del barranco de Flandes, al otro lado del cauce destacan los muros muy gruesos de piedra de terrazas y un lugar con muchos bidones de plástico azules y blancos. Bajando me voy repitiendo que he hecho bien en no seguir hacia Solís. Lo que he podido ver de la continuación no parece difícil pero seguro que tiene un par de jeroglíficos. Ahora voy atento al altímetro, tengo que confluir con un sendero que baja hacia las terrazas, el mismo sendero por donde subí al principio de la excursión. Parece que veo el sendero en un par de ocasiones, pero cuando llego a él (170m) no tiene pérdida, la misma tubería negra que vi al principio del camino va por él también aquí arriba. Y justo aquí también veo dos tuberías metálicas, una suelta (una referencia para cuando vuelva por aquí para subir a Solís). Me echo a la izquierda y continúo en ligero descenso atravesando una zona llana con inciensos, lenguas de pájaro, espineros y cornicales. El camino está muy invadido de inciensos, pero lo puedo seguir perfectamente gracias a la tubería. Más adelante veo que un viejo canal seco también va por el camino e incluso tuberías metálicas, rotas en muchos tramos. Se debió cultivar mucho por aquí.
Esta parte es fantástica. Me siento tan aliviado de haber podido redondear esta excursión. La hora y media que tardé con las guaguas me la podía haber ahorrado con un taxi. Otro día vengo en taxi. No tardo mucho en llegar a las terrazas por donde subí al principio y a los dos depósitos de agua, uno vacío. Ahora cruzar el puente no me supone ninguna inquietud. Al otro lado sigo a la izquierda por el sendero y enseguida llego a las primeras casas. Y de ahí a la Hoya son menos de cinco minutos. Abajo, en la carretera, consigo agua en una venta. Paso la zona de obras y subo por la carretera (a Bajamar) en busca de una parada de guaguas, queda algo lejos. Unos 30 metros antes de llegar a la parada pasa como una exhalación la 105, no se para a pesar de las señas que le hago. Menos mal que la 050 aparece en menos de cinco minutos. En Tejina me bajo cerca de la plaza y camino hasta la parada de la 051, a la que no tengo que esperar mucho. Entre la rapidez de las guaguas y el estado eufórico que traigo vuelvo con una sensación fantástica. Ha sido una excursión muy emocionante. El lunes que viene vuelvo.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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