• Excursión 1307. 24 Agosto de 2021. Martes
Arafo. El Pinalete. Canal de Fasnia. Barranco Risco Azul.
Municipio: Arafo
ENP: Paisaje Protegido Siete Lomas
De 15.05 a 19.38h. De 440 a 1050 a 820 a 870 a 440m.
Distancia: 15,2km. Duración: 4h 33m.
Han tenido que pasar más de seis años para que me atreva a volver (y resarcirme, eso espero) a una de mis peores excursiones: la 319, en julio del 2015, hace más de seis años. Entonces en los túneles del canal de Fasnia (el mismo que el de las mil ventanas de Güímar), me golpeé la cabeza varias veces contra el techo irregular y me hice heridas que sangraron aparatosamente y tardaron más de una semana en curarse. Hoy esto dispuesto para aceptar el reto.
En coche voy hasta Arafo y dejo el coche cerca del famoso pino a la entrada del pueblo (Pino del Señor) en la calle Mario Marrero Fariña. Podría subir en taxi hasta cerca del canal, pero prefiero subir caminando y así aprovechar la bajada para recorrer otra zona de Arafo que me interesa. Hace mucho calor, como aquel ominoso día de julio, y subo despacio aprovechando la sombra de las calles de Arafo, que está en fiestas, hay montones de fotos de los participantes de muchas épocas, a los que llevar el traje tradicional aporta continuidad y los efectos constantes del alcohol, también. Este pueblo tranquilo siempre me gusta mucho. Sigo por la calle Libertad cuesta arriba y por las siguientes calles que continúan e esa (Eduardo Curbelo Fariña y Camino La Canal Alta) y cuando llego al paso de un barranco (Las Gambuesas/Los Zarzales/Risco Azul, 680m) me doy cuenta de que me tenía que haber desviado, a la izquierda, antes, bastante antes (en los 620m), y no haber seguido hacia la entrada del barranco. Retrocedo unos cien metros y, afortunadamente, encuentro un camino a la derecha. No parece que llegue muy lejos. Al principio tiene bastante pendiente. Pero puedo avanzar. Y rodeando varias fincas me lleva hasta una calle (730m), la calle (Camino Morra del Estanque) que sube al El Pinalete/Pinarete.
Me gusta que mis despistes me lleven a conocer nuevos caminos. La subida es de mucha pendiente. La he recorrido muchas veces, pero casi siempre bajando. Cuando alcanzo una calle llana (Camino del Castaño, 800m) que sale a la izquierda yo sigo subiendo por una pista en mal estado. Paso la entrada a una parcela con casa y enseguida llego al principio (840m) de un sendero de montaña. Tiene un firme tortuoso de rocas con muchos grandes “escalones”. Es extenuante. Un poco más arriba mejora la travesía al ir al lado de un canal con agua rumorosa que suena mucho por el desnivel grande por el que baja. Por aquí puedo cerrar el paraguas, hay más sombra, aunque el calor es fuerte y tengo que ir cada vez más despacio. Paso un canal (940m) con agua descubierto (de donde procede el canal que me ha acompañado en la subida).
Sigo subiendo por un camino cada vez más zigzagueante que se me hace especialmente cansado, aunque no paro. Y por fin (1040m) llego al canal de Fasnia. Me gusta la sensación de volver a este canal después de haberlo recorrido en muchos tramos y saber su nombre. Es un canal, sin agua, ancho y profundo. Lo sigo hacia a la derecha, a veces por dentro, a veces por fuera. Cuanto más rodeo la ladera y más me adentro en la ladera del barranco (Las Gambuesas/Los Zarzales/Risco Azul) más complicado se hace avanzar por los árboles y los arbustos: afollaos, fayas, madroños, acebiños, laureles, es milagroso como perviven estos árboles de la laurisilva, y es que no los ves sino en estas laderas de los barrancos, en el resto del territorio ya se encargaron los campesinos, hace mucho, de dar buena cuenta de ellos. Es un buen preámbulo verlos. Tengo que reptar por debajo de un árbol caído sobre el canal justo antes de la entrada al túnel. Entrada que da miedo, es baja, y tiene tierra y piedras acumuladas sobre el canal ocultándolo completamente.
En la entrada ya se nota el fresco que viene de dentro, que hay dentro, un contraste máximo con el calor y la sequedad de afuera. Sobrepaso el montículo y ya estoy en la entrada (16.18h). No hay retorno. El peso acumulado de los años pensando en este momento me da una fuerza increíble. Con calma me pongo el casco de espeleólogo, con su buena luz. Vamos allá. Los primeros pasos son los peores. Mi último intento para no entrar es el temor a que me pueda resfriar porque vengo mojado del esfuerzo de la subida. Tampoco sirve. Empiezo a caminar por el túnel del que voy descubriendo su techo irregular con picos que caen del techo como estalagmitas y los laterales, también irregulares. Voy por dentro del canal. Al llegar a la primera pequeña ventana ya sé que lo voy a hacer. Es sólo cuestión de perseverar, va a ser más de lo mismo. La ventana es pequeña, pero es un alivio de luz y vida. Despacio, inclinado para evitar golpearme con el techo, y erguido cuando no hay picos arriba voy pasando y avanzando. En los laterales hay marcos metálicos, hormas para construir el canal, también grandes tablones polvorientos, abandonados in situ. Voy pasando las pequeñas ventanas, cuatro, cinco…, algunas con mejores vistas, pero sin abandonar la seguridad del canal, el abismo está ahí mismo, en el borde. En algunas ventanas zumban moscas, pero nada que ver con las que había en la infausta excursión. Lo que sí veo mucho y me asustan, a veces, por su vuelo errático, son palomillas. La luz potente de mi casco me hace incluso apreciar la forma cavernosa irregular del interior del túnel. Estoy ya en mi salsa. El paso de una ventana es angosto, la arena se ha acumulado formando una lomita y hay que subirla y bajarla para continuar. En alguna de las siguientes ventanas, no sé si la octava o la novena es por donde se descuelgan los barranquistas a los que les gusta bajar los saltos, qué bueno, se me aflojan las piernas sólo de pensarlo.
Sigo y sigo pasando pequeñas ventanas (cuento catorce) y salgo al exterior por donde sigue el canal unos 20 o 30 metros, voy sin ninguna sensación especial de peligro, por debajo del canal hay un tramo de ladera. Llego a otro túnel. Un poco antes de la entrada se termina el canal. Hasta aquí llegaron. (Mi fantasía es que en algún momento de la construcción del canal (una obra faraónica) las galerías que iban a alimentar de agua el canal dejaron de darla, esos filones de agua se agotaron y lo tuvieron que dejar a medias. Ahora determinadas partes del recorrido de este canal de Fasnia -por la parte alta de Agache en Güímar- sí llevan agua en el canal o por tuberías, pero la mayoría de su trazado no transporta agua).
Me vuelvo a meter al túnel, ahora es más cómodo, no tiene canal, y esta es la parte más espectacular de su recorrido, las ventanas son más grandes, llega más luz del exterior y tiene formas más esculturales, por momentos me recuerda a los mejores tramos del recorrido de las mil ventanas, además las vistas sobre el salto de sección semicircular del barranco (Risco Azul) son mejores. En la excursión 319 me quedé antes de la primera ventana de esta segunda sección del túnel, ahora triunfal la recorro por entero, son cinco o seis ventanas más hasta llegar a un saliente de la ladera donde se termina el recorrido. Hasta aquí llegaron los antiguos. Cuánto dinero perdieron los accionistas, cuánto esfuerzo para que ahora yo pueda disfrutar de este sitio. Gracias. Intento ver si hay continuación por fuera, siguiendo por la ladera llaneando, pero solo lo intento un poco, no quiero tentar demasiado a la suerte. (Más tarde, en casa, veo que “sólo” me faltaron dos barranquitos para conectar con el sendero de la loma de las Morras -excursión 430). En el regreso no puedo estar más relajado y conectado con el sitio, haciendo fotos de las ventanas y de las curvas del túnel, contrastes brutales de luz que la cámara apenas puede captar. Y es que a la vuelta ya sé que he hecho todo lo que podía, que he logrado llegar hasta el final. Fantástico. Atravieso la parte exterior. A la vuelta puedo ver con más calma y mucho más abajo en el fondo del barranco una caseta perteneciente a las instalaciones de una galería (La Saleta), y un puentecito por el que pasa un canal, lugar al que no pude ir aunque lo intenté (excursión 947), lo han cerrado.
Las vistas del barranco encajonado, de las laderas con pinos en las paredes verticales y en la lejanía las fincas y algunos barrios de Arafo, son impresionantes. El contraste entre lo cerrado, angosto y claustrofóbico del túnel contrasta al máximo con lo espacioso y diáfano de lo que veo desde las ventanas. En alguna pared crecen culantrillos. De vuelta ya más relajado que una plancha disfruto de cada paso. Justo antes de salir del túnel hay un espacio amplio, donde las paredes redondeadas son de arena de distintos colores, a capas. Un regalo para los valientes antes de salir al mundo. Cosa que no desdeño. A la salida (17.15h) me fijo más en los árboles canarios, en especial en un madroño con frutos como mandarinas. Y me parece incluso ver un naranjero salvaje con sus característica hojas de ligero serrado. Por el canal voy pensando en que es algo maravilloso que exista un lugar como este, al que cualquiera puede venir simplemente caminando y que con un casco se recorre tranquilamente, aunque también pienso que a mí me ha costado más de seis años intentarlo.
Ahora mi siguiente objetivo es recorrer algunos trayectos (canales, pistas, senderos) en la ladera del Pinalete, entre el Pinalete y el camino de Las Vistas (Güímar). Regreso por el canal hasta el sendero por donde accedí y después sigo, también al lado del canal, hacia Güímar por un pinar extenso con algunos pinos antiguos muy ramificados y de troncos retorcidos y gruesos, la luz cálida de la tarde hace más psicológicamente mullida la cubierta de pinocha, de color marrón tostado, y también mullido es el camino a la vera del canal protector y llano. Sigo por el pinar unos cinco minutos largos, por el paisaje de colinas suaves al lado del canal a medida que va rodeando las nervaduras y las lomas de la ladera. Y de repente termina el pinar y llego a una zona por donde corrieron ríos de lava procedentes del volcán de Las Arenas (año 1700). El paisaje cambia bruscamente, la ladera está cubierta de escorias negras rugosas, afiladas. Sólo algunos pinos aquí y allá, como náufragos, crecen en este terreno árido, seco. El canal serpenteando sigue los contornos de las antiguas corrientes de lava con ocasionales enormes bombas volcánicas, formadas por acreción, como se forman las bolas de nieve al caer por una ladera. Otras plantas, vinagreras y bejeques, crecen también en este terreno hostil. El canal me lleva por este terreno que sería suicida cruzar campo a través. Me lleva como por una cinta transportadora, continua, como las de los aeropuertos, y es que el suelo del canal es liso, y cómodo. La anterior vez que recorrí este tramo del canal estaba lleno de charcos, hoy no, hoy está seco y no tengo que saltar.
Al llegar a un camino asfaltado (Camino Las Vistas bajo por él. Describe un largo zigzag, al otro lado hay viñedos en terrazas. Por aquí se cultiva la vid a gran altitud. Bajo por el asfalto y tuerzo a la izquierda (970m) para seguir por una pista (Monte Verde) hacia Arafo. La pista repite los paisajes, pero en orden inverso, primero el paso por la escoria volcánica y después por el bosque de pinos hasta lo que parece el final de la pista (punto A) un sendero continúa a la misma altitud de la pista y va bajando poco a poco y entonces me viene a la cabeza que cuando hice esta pista desde abajo (excursión 746) el sendero daba a la pista directamente, no como ahora. Tras un tramo en que el sendero baja con más pendiente llego a una bifurcación, tomo a la derecha y sigo el sendero que al final va a dar a la misma pista de antes (Monte Verde), ok, es un sendero alternativo (el sendero de vuelta a la pista no está reflejado en el track de la excursión). Regreso hasta la bifurcación y de ahí sigo bajando por el sendero hacia Arafo y pronto llego a un llanito desde el que veo hacia abajo el sendero surco claro que va hacia El Pinalete (el que hice en la excursión 746). Es un camino muy erosionado, endemoniado de hacer bajando, muy resbaladizo, en estado terrible, cerca de su final empiezo a ver farrobos, de tamaño mediano, preciosos con el sol de la tarde y enmarcados en el paisaje por sus hojas secas repartidas por el suelo bajo su copa.
Me acuerdo de los madroños. Me llamaron mucho la atención entonces. Con sus vainas los antiguos alimentaban el ganado. Cuando llego a las primeras casas enseguida tuerzo a la derecha por una pista (820m) que sube al principio y después llanea y pasa al lado de un enorme bellotero, un árbol monumental, con un verde oscuro y sus hojas pequeñas de bordes con picos. Solitario e imponente al lado de la pista. Al poco llego a una casa que parece “okupada”, están en obras, aquí termina la pista. Pero no me cuesta mucho encontrar un camino estrecho y es que la pista se ha convertido en sendero de no usarla. Entre las plantas secas altas de varas finas se ha formado un pasillo por el que sigo muy emocionado. Sigue un buen tramo así hasta que se vuelve a ensanchar cuando llego al terreno volcánico. Y sigue y sigue. Paso por encima de una finca aislada de la que me llega olor a fermentación y mosto. Se me hace más larga de lo que pensaba, sube, baja, llanea, pasa un puente sobre un pequeño cauce. Paso la entrada a esa finca, tiene cadena, también tiene esta pista una cadena. Me cuesta un rato volver al camino de Las Vistas (850m), bajo por el asfalto y tuerzo a la izquierda en la primera pista que encuentro (800m, Pista del Observatorio). Es una pista ancha de grava y picón. Por encima va un canal blanco abierto y roto.
En el lugar en que otra pista confluye hay un buen mirador sobre estas zonas baldías de escorias. No tuerzo por esa pista, sino que sigo a la izquierda, sin bajar, y hacia Arafo. Los perros me empiezan a ladrar al pasar por fincas con viñedos, una de gran tamaño. Tras unos cinco minutos largos (650 metros) y un poco antes de una casa aislada (Los Santiagos se llama esta zona) en el borde de la calle, y un poco antes de llegar a la casa veo una calle que baja (770m, Camino El Perú), tiene una barrera metálica muy ancha cerrándola pero que tiene un paso estrecho por donde se puede pasar, y ya sé lo que significa esto, los coches no, las personas sí. Bajo por el paso y después por la calle que tiene parcelas valladas a la izquierda y bajo hasta que la calle termina en una puerta, la puerta de una finca. Y ahí justo a la derecha encuentro un sendero. Perfecto. Me gustan estas dificultades.
El sendero parece frecuentado, el suelo liso y el trazado destaca de las plantas que crecen densas alrededor. Baja hasta otro trozo de calle pavimentado donde justamente está entrando un coche en una finca. Sigo bajando y llego a una calle trasversal (680m, Camino Sevilla). Tuerzo a la izquierda por la calle transversal. (Voy siguiendo con el mapa de OSM un recorrido que me llevará hasta la calle Libertad. Pero claro, como me suele pasar, no sé de antemano que me voy a encontrar, qué son las líneas del mapa, si son calles, caminos, senderos, no lo sé, si están libres de paso o abandonados tampoco.) Avanzo unos 150 metros hasta una casa aislada no muy grande. Y tuerzo a la derecha por una calle que baja (Camino del Perú, según OSM, Camino Sevilla según el callejero del Gobierno de Canarias). Es muy tranquila y un pollino pequeño de color gris oscuro está en medio de la calle. Otros burros más grandes están en un cercado a la izquierda. Hay huertas con coles y millo. Esto tiene pinta de ser medio privado.
Bajo hasta un campo por sembrar donde parece terminar la calle. El campo está limitado por hinojos altos. Dudo un momento, me meto entre los hinojos y encuentro, bajo las plantas, un canal abierto y seco hecho de bloques tallados de tosca. Me meto por ahí y sigo bajando por encima del canal o a su lado. Más abajo me parece que ya voy por un viejo camino. Lo reconozco por los muros de terrazas abandonadas a la izquierda y por otro muro a la derecha más bajo. El camino está completamente invadido de plantas que puedo ir atravesando, las vinagreras no son problema, sí las pencas, que tengo que rodear con mucho cuidado. Sé que por aquí pasé siguiendo el canal de Araya (excursión 1227) y que me fijé en este camino por el que bajo, pero ahora no logro localizar el canal y cuando estando más abajo miro hacia arriba a los alrededores lo veo, veo el canal, y efectivamente lo he pasado (está en los 600m). La cosa está complicada ahora, el camino está muy oculto y en un sitio ocupado totalmente por pencas tengo que salirme por las terrazas y volver al camino más abajo. Pero tengo la sensación de que alguien pasa por aquí. Por el mapa de OSM sé que el camino del Perú no baja recto, sino que se va un poco a la derecha y después a la izquierda. Esta es la parte peor. Apenas veo el camino. Viene en mi salvación una tubería de plástico que sigo hacia abajo. Todo está muy cubierto. Pero en mi bajada voy descubriendo más muros e incluso un trozo pequeño de sendero empedrado. Ni me planteo regresar. Tengo que perseverar. Y cuando llego a un terreno privado ocupado (sin vallado) donde un perro grande me ladra desde dentro de un espacio con caseta y ropa tendida ya me doy cuenta de que lo he logrado. Bajo un poco más pegado al espacio donde el perro por un sendero entre plantas y ya llego a una pista (Camino de Las Cuestas, 575m) y al poco ya estoy en una calle con casas.
Ha sido un verdadero tour de forcé lograr recorrer este camino del Perú (tan abandonado) pero que tuvo que ser importante en su momento, por su anchura y su trazado lo digo. Sigo callejeando por Arafo, al lado de una confluencia de calles con una pequeña ermita me llama la atención una casa antigua de una sola planta que en su pared y en piezas de cerámica dice “La Venta”. Después ya es cosa de ir bajando por la calle Libertad hasta la plaza con las fotos de los fiesteros de Arafo, por este pueblo en el que en muchas ocasiones he pensado que me gustaría vivir.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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Arafo a Canal de Fasnia