• Excursión 996. 9 Septiembre de 2019. Lunes.
El Portezuelo. Montaña del Infierno.
Municipios: Tegueste. La Laguna.
De 14.51 a 18.46h. De 620 a 580 a 633 a 500 a 540 a 400 a 500 a 174m.
Distancia: 11,7km. Duración: 4h.
Bien aprendido el horario de las guaguas 051 y 057 que hacen el circuito La Laguna – Tacoronte – Tejina tomo, con poca espera, la 051 hacia La Laguna (14.35h). Hace calor y está despejado. Me bajo en El Portezuelo (14.51h) frente a la gasolinera. Nada más empezar a bajar por la calle (Molino Viejo) a la izquierda de la gasolinera veo un cartel del sendero SL TG-02, este sendero es el “Camino El Portezuelo (Caminos con historia)”. Coincide en parte con lo que pensaba hacer hoy, memorizo el recorrido. Lo más llamativo es un viejo molino que hay cerca. Enseguida lo veo, solo queda la base, bien conservada, de un molino con aspas para moler grano. Situado en un lugar estupendo, por aquí suben las nubes húmedas del mar hacia la llanura de Los Rodeos. No me hace falta ver sus aspas girando, las puedo imaginar fácilmente. Casas bajas en la bajada. Cruzo un pequeño barranco (El Rodeo) por un puente. Sigo bajando en dos bifurcaciones y en la tercera sigo a la derecha por una calle llana (Las Rosetas). Aquí hay buenas vistas hacia el valle del Portezuelo, el mar, y las montañas circundantes (Tabares, Guerra, Lázaro). Pero lo que más me sorprende es descubrir árboles canarios a ambos lados de la calle. Encontrar estos árboles aquí me despierta completamente, despierta mi explorador botánico. Hay viñátigos, fayas, barbuzanos, mocanes, sanguinos, brezos, madroños, delfinos, acebiños, cedros, sabinas y laureles. Ya había pasado por aquí varias veces, hace mucho, pero entonces no sabía nada de árboles canarios. Ya me gustaba mucho este paseo con vistas, y ahora me gusta más todavía. Unos cinco minutos más tarde paso otro barranco (Las Rosetas) que tiene en las laderas grandes laureles frondosos con frutos del tamaño de aceitunas. El día está seco y caluroso, y continuamente hay vistas hacia la planicie de viñedos. Tras una casa aislada, la última, sigo por un sendero con escalones de piedra y subo a una loma desde tengo vistas de un valle (El Cuervo) y la trasera de las montañas que rodean La Laguna (del Púlpito a El Español, con su enjambre de antenas), pero también de mi objetivo del día: la montaña del Infierno, un cono volcánico con un gran cráter inclinado. Y más allá está la Mesa de Tejina. El origen volcánico de Tenerife es muy evidente aquí.
Del mirador en el extremo de la loma retrocedo un poco y tomo por un sendero que rodea por la izquierda la ladera de la montaña (del Púlpito) y en uno o dos minutos tuerzo a la izquierda en una bifurcación. El sendero está esculpido a machete y tijera en un zarzal inmenso, con zonas grandes, también, de helechos. Lo deben de estar limpiando y cortando continuamente sino se cerraría enseguida. Voy hundido entre las zarzas y otras plantas y siguiendo el recorrido que da muchas curvas. Según el cartel que vi al principio por aquí hay restos de casas, no las veo, deben estar sepultadas por las zarzas. En los lados del sendero hay hierbas pulgueras, una planta silvestre pequeña y muy recta de flores amarillas, parecida a la altabaca, alegran mucho el camino. Y aislados y dispersos hay laureles no muy grandes y pinos. En un llano de la bajada y bajo unos pinos grandes encuentro un descansadero. Aquí exploro un sendero que sale a la derecha. Estrecho, entre la vegetación densa (inciensos, granadillos, codesos, pencas, bejeques, mosqueras, piteras) va llaneando hacia una valla que va rodeando y después baja con más pendiente y llego delante de un viñedo donde confluyo con un camino ancho (que debe ser el del camino del Portezuelo que he abandonado al lado de los pinos). Ha sido muy emocionante seguir ese sendero, son de los que me gustan, de los que no vienen en el mapa. Sólo por cuadrar las cosas decido subir por el camino ancho para asegurarme que es el camino del Portezuelo. Subo un gran tramo recto y tras una curva llego a los pinos del descansadero. Y aquí, por qué no, decido volver a recorrer ese sendero, el que va hacia la valla. Mi sorpresa es que antes de que empiece a bajar más descubro una bifurcación en este sendero a la derecha y bastante pegada a la valla, lo sigo, aquí hay montones de senderos. Efectivamente estoy en lo alto de una ladera donde hay una red de senderillos, parece zona de cazadores, y los senderillos van por zonas de pencas mantenidas a raya muy pequeñas, pero con todos sus pinchos intactos. Esto es inacabable ¡cómo me gusta! Llega un momento en que ya tengo bastante de esto y decido centrarme en lo mío de hoy (subir a la montaña del Infierno) y de alguna manera logro volver echándome a la izquierda y por una pista medio sepultada por plantas a la zona de viñedos y al camino del Portezuelo.
Sigo bajando y veo que a la izquierda y sobre la ladera hay más senderos, y veo un cartel de zona de adiestramiento de perros. Llego al barrio del Infierno, está en la ladera de una montañita y salgo a la carretera, cruzo el barranco del Infierno (aquí muy pequeño) y ya tengo delante de mí la montaña del Infierno con las laderas cubiertas de rabo de gato, su parte más alta debe estar unos cien metros más arriba. Hay una carretera estrecha que sube a la derecha, pero no es aquí por donde se sube a lo alto, sino por otra un poco más adelante que tiene un cartel que dice “Camino Privado”, aunque no tiene barrera ni cadena, el paso franco. Por aquí estuve (excursión 31) y un hombre de la zona me informó, entonces, de que se podía subir a lo alto, y ahí, en mi memoria, ha estado, como en barbecho, esa posibilidad, la de subir, seis años, y ahora, estoy como loco por hacerlo, muy ilusionado, hasta nervioso. Subo por un camino ancho rodeado de rabo de gato y pronto encuentro a la derecha un sendero que sube. Va por el borde de una cantera de picón abandonada. Pronta la supera y sigo subiendo por un sendero fino casi borrado por el rabo de gato. El sendero es en zigzag con largos tramos rectos más o menos llanos y curvas en subida. El suelo es de picón rojizo. Después el rabo de gato es completamente sustituido por la mosquera (lengua de pájaro) que es una planta no tan apretada y densa y permite más el paso. Pero me alucina el cambio radical, ahora ya no hay nada de rabo de gato y todo es mosquera. El sendero en las curvas en subida está apoyado en escalones formados por troncos clavados al suelo. Parece cuidado, o al menos, que regularmente lo despejan. El hombre con el que hablé en la excursión 31 me dijo que toda la montaña pertenece a muchos propietarios, cada uno con un pequeño trozo y que algunos no dejaban que se pasase por ellos. Ya veremos. De momento la cosa va bien y me está encantando este sendero serpenteante que sigue y sigue subiendo, y con el simple hecho de poder seguir ascendiendo ya voy muy contento. Y llego a lo alto, al borde del cráter, una hoya inclinada de unos 300 metros de diámetro. Debe ser tras el cráter del Pico Viejo el de mayor diámetro de Tenerife. En los bordes del camino veo palo de sangre, pero muy pequeño. No hay nada cultivado, si hubo parcelas, hace mucho que se dejaron de cultivar.
Por el borde derecho sigo subiendo. Hay un grupo grande de pinos canarios un poco más arriba. Unos cincuenta metros más arriba y entre mosqueras altas y muy juntas llego al punto más alto con vistas hacia El Español y El Púlpito, también hacia todas las montañas cerca del mar. No puedo progresar más, está cerrado de mosqueras. Regreso por donde subí. Al llegar al sitio por donde accedí sigo hacia el otro lado. Encuentro un depósito de agua, también una cadena, sigo por la izquierda de un muro de piedra, lo salto y me meto en el cráter por un sendero, no puedo bajar mucho, más allá la pista sigue, pero un cartel de privado y prohibido el paso me cierra el paso. Regreso al lugar por donde accedí al cráter y encuentro una pista bastante cubierta de plantas y bajo por ella hacia el punto más bajo del cráter, de la hoya. Es fascinante todo este gran espacio, ahora abandonado y con las plantas recuperando todo el espacio, todavía queda algún laurel que también está reclamando su hábitat. Vale. Suficiente. Regreso hasta el sendero. Lo bajo disfrutando más ahora, ahora que sé que se puede, aunque en la parte del rabo de gato tengo que tener auto confianza para seguir mi instinto y lograr seguir el camino. Todavía sigo descubriendo muchos mundos aparte. Bajo a la carretera y sigo a la derecha, unos cien metros más allá, tuerzo a la izquierda por la calle Camino Barranco del Infierno. Algunas casas y detrás viñedos por todos lados. El camino está señalizado (marcas verde y blanca) en algunos sitios. Paso algunas casas aisladas. Unos tres minutos después la calle tuerce a la derecha en un ángulo de 90 grados. Un hombre con un pequeño tractor levanta polvo al roturar un campo extenso. Descubro un precioso drago a la izquierda, grande y ramificado. Sigo recto en una bifurcación y paso al lado de un pozo (San Gonzalo, 340m de profundidad y una galería abajo), la profundidad del pozo es aproximadamente la altitud sobre el nivel del mar en este punto. Poco después salgo a la carretera del Socorro (TF-154), mucho tráfico. Pierdo la oportunidad de tomar una guagua pequeña que sube hacia La Laguna, así que tengo que seguir hacia Valle Guerra (calle Alcalde Juan Hernández, camino Los Mohos, camino Pico Bermejo).
Son los minutos de la basura después de las emociones de los senderillos de cazadores y la subida a la montaña del Infierno, es el momento en que tengo que recordarme ir despacio, con calma, para evitar lesiones. Aunque todavía el paisaje merece la pena y logro sacarle un poquito más, sobre todo, las vistas a la dorsal, que tengo en mente hacer pronto, la dorsal que va de Valle Molina entre el valle del Boquerón y este por dónde voy, y que llega a lo alto del picacho de Los Lázaro. Me parece larguísimo. Tras el Pico Bermejo y su cruz, apenas visible desde la calle, bajo por la pendiente de cemento hasta la carretera de Valle Guerra (TF-16) a la parada de Titsa (18.49h, la 1929). Un cuarto de espera y me monto a lo que es un refugio, el asiento duro de plástico en la 051 (19.04h). Más madera.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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El Portezuelo. Montaña del Infierno