• Excursión 603. 16 Febrero de 2017. Jueves.
Municipio: Arona. Adeje.
ENP: Reserva Natural Especial Barranco del Infierno
De 12.34 a 18.30h. De 630 a 144 a 15m.
(a) Arona a Fañabé. Distancia: 10,7km.
(b) Adeje al Duque. Distancia: 4,4km.
Distancia: 15,1km. Duración: 5h 56m
Recorrido entre Arona y Fañabé (Adeje) por un viejo camino real con tramos claros y otros muy confusos con un desvío a la parte alta de la espectacular Caldera del Rey. El trayecto es por un campo árido y abandonado en el límite de urbanizaciones modernas por la parte inferior de un gran valle rodeado de grandes riscos. Una segunda parte de la excursión es por un camino de peregrinos (Camino la Virgen) entre Adeje y la playa del Duque donde tengo un incidente con un perro guardián
Sigo una excursión de Francisco Fariña (FF).
(a) Arona a Fañabé
Al poco de acceder a la autopista del Norte me doy cuenta de que me duele mucho la parte superior de la espalda cerca del cuello. Debe ser una contractura que me dio por la noche por dormir como un tronco en una mala postura. Enseguida me viene a la mente Violeta, la fisioterapeuta a la que suelo ir últimamente. Tengo que encarar este asunto antes de poder hacer ninguna excursión. Me duele realmente. En La Laguna dejo el coche en el aparcamiento cerca de la Concepción. Afortunadamente hay poca gente en el gabinete de Violeta y me atiende sobre la marcha. Como está fresquito el problema me lo resuelve en menos de diez minutos. Mientras me deshace la contractura (“era fuerte” dice) yo le cuento la excursión que pretendo hacer hoy. Gracias. Muchas gracias Violeta. De vuelta al coche muy aliviado, pero todavía dolorido ya no me preocupa este dolor que sé que se irá disipando.
En Arona dejo el coche al lado de una farmacia en una callecita lateral que va hacia Vento (calle Carmen Pérez Mola). Nubes (pocas) y claros (muchos). Bajo por la calle Domínguez Alfonso con casas bajas, muchas antiguas hasta una plaza ajardinada (Avenida de la Constitución) y llego a la carretera por la que sigo bajando (Carretera Arona, TF-51). Cuando estoy abandonando las últimas casas de Arona tengo la sensación de lugar exótico y desconocido, lo es totalmente para mí. Esa mezcla de talleres y bares al final de un pueblo, de lugar arrinconado. Algo de tráfico en la carretera. Tras un km desde la plaza de la Constitución encuentro la desviación a la derecha para ir hacia Adeje (Camino Viejo de Adeje), mi objetivo de hoy.
Me cruzo con unos turistas al cruzar el cercano cauce de un barranco cerca de un barranco (La Arena) con una preciosa pared de capas basálticas. Los turistas con sus móviles hacen fotos de las plantas y el risco vertical. El ambiente es seco y el día muy soleado. En menos de cinco minutos cruzo el cauce de otro barranco (El Rey) y sigo en ligero descenso. Por un tramo recto del viejo camino paso terrenos sin cultivar y campos abandonados. Alguna finca en el borde. Aire desolado de lugar seco y perdido. Unos diez minutos después del barranco del Rey (700 metros) cuando el camino hace un recodo y sube hacia un roque (470m) malinterpreto las indicaciones de FF y estoy un buen rato dando vueltas al roque. Desde lo alto del roque hay muy buenas vistas de la costa y de una parte profunda y dramática del barranco del Rey, son los riscos de Bisechi de profundas y verticales paredes marrones. Por fin me doy cuenta de mi equivocación y sigo adelante dando la vuelta al roque al lado de un canal. El camino baja en zigzag por terreno pedregoso donde se conserva partes del empedrado. Una parte llana es cómoda porque el suelo está húmedo y acolchado. Se puede seguir al lado del canal (13.50h, 400m) pero FF recomienda bajar por el sendero, que me resulta bastante complicado de seguir). Lo sigo, en el suelo veo pequeñas marcas verdes hechas con spray y que deben señalar el camino. Hay vistas de la Caldera del Rey (un Monumento Natural). No es fácil seguirlo por este campo abandonado donde se ven muchos restos de muros de terrazas. Pero por aquí hay un premio: una era perfecta (15m Ø) con radios bien definidos y murito, un círculo de piedras concéntricas que casi parece una obra de extraterrestres que hayan dejado como muestra de su estancia. La era (320m) está aislada en medio de la vegetación salvaje autóctona (inciensos, tabaibas, balillos, tabaibas, verodes, cerrillos, cornicales y cardones) que ha vuelto a colonizar sus territorios, también la intrusa tunera india con sus inmensos pinchos.
Esto me da muchos ánimos para seguir como un sabueso el “sendero”. Pero voy a dar a unas construcciones por encima de una depuradora de aguas residuales. Lo he perdido. Ahora mirando el mapa de FF donde sólo están las líneas de nivel y el recorrido, pero prácticamente ningún nombre tengo que adivinar por dónde ir. Por una pista que sube y siguiendo una tubería metálica voy hacia una degollada. Distingo ahora muchos caminos entre la vegetación salvaje. Subo por la ladera y llego a un camino (360m) (sin saberlo he logrado volver al Camino Viejo de Adeje), tuerzo a la izquierda y llego a la arista de una loma entre dos valles. Sin saber claramente qué hacer o por dónde seguir decido explorar la loma y la empiezo a recorrer hacia la costa. Enseguida encuentro una casa antigua abandonada. Con techo y su portón tirado en el suelo, dispuesto ahora como una alfombra para entrar. Rodeado de tuneras indias pinchonas. Vistas hacia la urbanización de las Torviscas (derecha). Decido parar a comer desde este sitio airoso (14.27h, 355m). Delante tengo los chalets y las casas de esta urbanización. No sé por qué mientras mastico lentamente la comida me pongo a pensar en la gente (que no veo) pero seguro que ahora mismo está allí dentro de sus casas tratándose con cariño, no haciendo el amor, simplemente teniendo una palabra agradable o cuidándose ¿Cuántos son? No me separa de estos pensamientos el ruido de una pala que en una obra araña las piedras en un trabajo constante. Es música ambient real. No me molesta. Estoy en estado de gracia, lo acepto todo.
Terminada la comida (14.50h). Repuesto. El cielo despejado, el sol no pica. Instintivamente sigo recorriendo la loma hacia el mar. Después de una primera parte rocosa y con tuneras indias diseminadas aleatoriamente encuentro un muro grueso en proceso de destrucción, cayéndose. A su lado descubro un sendero que va pasando de un lado al otro del muro. Bien. Lo sigo. Llego a una pared rocosa de unos cuatro o cinco metros de alta. Forma un muro que tapa las vistas hacia la caldera del Rey. Me encaramo a ella tratando de memorizar por dónde subo. En lo algo empiezo a tener buenas vistas de la caldera. Sigo por arriba. Parece existir un sendero entre las rocas picudas irregulares. En sí mismo el risco rocoso es una maravilla con sus tonos amarillos, marrones y naranja, que se lo da el tipo de roca y los líquenes que la colonizan. Poder pasar por encima es fantástico. Algunas plantas crecen encima, tengo que sortearlas, sobre todo los cornicales con sus rejos reptantes. Crecen grupos de cardoncillos tan fotogénicos. Un grupo tiene todos sus tubos de forma helicoidal. No me lo puedo creer. Perfectos para primeros planos del paisaje. Pero es largo el recorrido, parece que ya voy a llegar al punto culminante, pero surge otro. Por fin 300 metros después de la casa llego al pico más alto (Morro Meveñe). Es el punto más alto de la caldera del Rey (365m). Vistas impresionantes. (Es curioso como las vistas impresionantes están sólo en un lugar concreto, yY hasta que no llegas a él no tocas el cielo). Debajo se extiende la gran caldera del Rey (Monumento Natural), tiene forma de concha y está ocupado totalmente de plantaciones de plátanos, algunas cubiertas de plásticos refulgen al sol. Puede tener una extensión de 1,5 km de largo por 1 km de ancho. Repleto de plataneras. Tengo que controlar mi excitación para no despeñarme tratando de buscar el mejor punto para hacer fotos panorámicas de esta maravilla. Siempre tengo muy presente que después de estar un rato haciendo fotos encaramado es peligroso el momento de volver a moverme, primero tengo que ver bien dónde estoy y después moverme muy despacio para dar el primer paso. Me quedo un buen rato extasiado en este mirador tratando de asimilar todas las formas. Las placas rectangulares de los invernaderos cubiertos de plástico contrastan con las filas que puedo ver. En los bordes de la caldera creo distinguir aguacateros. Alguna balsa de agua también hay.
Mirando la continuación del borde derecho de la caldera veo un roque que destaca (Morro Negro) y parece que hay un sendero que sigue por el borde. Otro día. Yo ya tengo un plan hoy. Más tarde me entero que B. tiene un recorrido por ahí llamado “Picos Las Américas” (lo seguiré en la excursión 733). Regreso hasta la casa y después accedo a la calle superior (Melilla) de la urbanización (Torviscas) donde una hormigonera está vaciando cemento en el descampado: esto es el salvaje oeste. Sigo toda la calle buscando la sombra, en el extremo (calle Andorra) un operario descargando un camión me saluda sonriente. Me gustan mucho estos cortos y agradables contactos humanos. Vuelvo a salir al campo árido, vuelvo a ir por el Camino Viejo de Adeje. Nada más salir de la urbanización cruzo una loma (Lomo Corto). Sigo el camino entre vegetación alta hasta llegar a la curva de una pista y sigo recto por otra que sale del ángulo, y a aproximadamente la misma altitud que el sendero por el que venía (creo que hay un hito en el suelo señalando el camino correcto). Tras unos diez minutos desde el Lomo Corto llego a otra loma (Lomo el Cardón, 15.47h, 320m) donde hay una finca de cabras (se huele) y una era con los bordes deshilachados (Era Lomo el Cardón).
Cruzo la loma y sigo en ligero descenso por una pista hacia un valle donde hay unas instalaciones hípicas (relinchan caballos) y veo inmensos y faraónicos depósitos de agua. Hacia arriba el pico de Imoque y los Brezos (dos picos cercanos entre sí) culminando una hilera fantástica de riscos (Riscos de Fañabé), una vista espectacular. (Al escribir esto consulto las anotaciones que voy haciendo durante el camino en un pequeño cuadernito, pues bien, en este caso, entre las 15.47h del lomo del Cardón y las 18.06h del camino de la Virgen –leer más adelante- no hay sino puntos suspensivos y un signo de exclamación en mi cuadernillo, dos horas y cuarto en blanco en el cuaderno es un reflejo de la dura prueba que voy a pasar. Por otro lado el track de la excursión del tramo hasta la urbanización Fañabé es aproximado, claro). Con sol fuerte paso al lado de los depósitos. Abajo el aire relajado de los jinetes montando sus caballos. Algunos invernaderos. Las indicaciones de FF son tremendamente confusas o a mí se me empieza a ir la olla, no sé cuál. El caso es que me confundo pista arriba, bajo de nuevo, regreso hasta el último punto verde (en un depósito), vuelvo hasta el barranco, me meto en el cauce del barranco (La Castellana), regreso a la pista, rodeo unos invernaderos abandonados junto a un camión antiguo igualmente abandonado donde hay un ambiente inquietante. Y por fin veo el pequeño puente de cemento que menciona FF. Al lado del puente la pista ha desaparecido por una riada del barranco. Bajo al cauce y vuelvo a subir. Vale ya estoy a las puertas de las instalaciones hípicas en asfalto. Pero no encuentro el sendero que debe subir la loma ahora al lado de una tubería vieja. Está la tubería, pero no en sendero. Avanzo buscándolo. Subo campo a través, Regreso al principio del asfalto. En lo alto algunos parapentistas dan vueltas. Oigo sus gritos de alegría y excitación. Vuelvo a recorrer la pista, pero me da la impresión que algunas autoridades han capado el sendero, la sensación que no quieren que la gente acceda al barranco del Infierno desde aquí. Mirando hacia el valle por debajo de donde los caballos veo una casa antigua preciosa de dos plantas (Casa de los Negros) en medio de plantaciones. Un parapentista casi aterriza sobre mi cabeza. Yo no lo veo. En el suelo hablo con él. Es francés. Le pregunto por el sendero. No ha visto ninguno. Sigo un rato deambulando como un perro de presa que se le ha escapado el conejo pero que no puede volver a su amo con la boca vacía. Por fin entro en razón y decido seguir adelante por una pista ancha.
Llego a una urbanización (Fañabé, calle Montaña Clara). Un hombre está sentado en el bordillo. Le pregunto por el nombre del sitio, no lo sabe, por el nombre de la calle, no lo sabe. Llega un todo terreno y lo recoge, le pregunto al conductor si va hacia Adeje y si me puede llevar, se lo piensa, accede, gracias, muchas gracias, le repito varias veces. Dice que esto es Fañabé. Pronto llegamos a Adeje que está a la vuelta. Cuando veo el cementerio le pido que me dejen. Como el cementerio es el punto final del recorrido entre Arona y Adeje estoy decidido a hacer el trozo pequeño que me falta desde aquí. Pero cuando encuentro la pista por dónde va el recorrido y veo que una barrera me impide el paso con un cartel que dice “prohibido el paso a toda persona ajena a las instalaciones” o algo similar abandono la idea de hacer ese tramo. Ya está claro que las autoridades no quieren que pase por aquí. También en el libro de B. hay recorridos que parten del cementerio. Ahora se terminó. Segundo knock out.
(b) Adeje al Duque
En el moderno, vibrante y ágil Adeje estoy un poco sonado. Mi cabeza no piensa con claridad. Ahora tengo que encontrar una parada de guaguas para ir hasta la estación de guaguas de Las Américas (Costa Adeje) y desde ahí tomar otra que me lleve a Arona, este es mi plan. Pero una vagancia extrema me impide subir ni medio metro más, así que me dejo llevar cuesta abajo buscando una parada. Las guaguas pasan. O sea que voy bien. Pero la parada no la veo, no existe. Y camino y camino hasta llegar a la rotonda de la autopista. Con precaución y determinación la rodeo y cruzo al otro lado en dirección a Adeje (La Caleta, bahía del Duque). Más guaguas pasan. Sigo por el arcén derecho de la carretera, dispuesto a ir caminando hasta el Duque. Un poco más de medio km después veo un portón abierto. Me acerco curioso y ¿qué veo?: un sendero señalizado. El camino de la Virgen (18.06h, 120m). Un camino tradicional para los romeros, los devotos de la virgen. Es parte del Camino de la Enramada que en la parte final pasa por el barranco del Infierno y termina en la ermita de S. Sebastián. Salvado por la campana. Ahora toda mi confusión y mi despiste tiene un sentido: tenía que encontrar este sendero. Vale, para relajarme me pongo a escuchar un poco de música soul. Me cruzo con algunos caminantes que suben. El sendero es ancho y bien señalizado con filas de rocas paralelas. Paso al lado de una era (100m) bien conservada (11m Ø) con ochos radios perfectos y empedrado en buen estado. Muy bien. Poco a poco voy sintonizando con el sendero y el paisaje desértico de barrancos pelados y redondeados. Al otro lado plantaciones de plataneras con el plástico deshilachado y las ramas saliendo, como huyendo. Me paro y miro hacia arriba algunas veces para disfrutar de los riscos de Fañabé con luz dorada. En unas antiguas canteras enormes rocas de color anaranjado tienen formas bellísimas. Rocas formadas por arena compactada de color anaranjado. De nuevo cobra sentido todo el rodeo al ver estas rocas. Tenía que ver esto. Cerca del final cuando estoy viendo ya una calle, de repente me da una especie de descarga eléctrica, confusión tremenda, otra descarga, no entiendo, y cuando miro hacia el suelo lo entiendo: un perrillo me está mordiendo, todavía me muerde otra vez antes de escapar. Toda la tensión acumulada y estallo en improperios contra el perro, más cuando aparece el dueño que vive en una rulot al lado. Le digo de todo. Me bajo los pantalones. El perro cabrón me ha mordido en la corva y en la pantorrilla. Siento como si me hubiesen cortado con cuchillas de afeitar. Me calmo un poco cuando le pregunto si el perro está vacunado y me asegura que tiene su librito en regla y está vacunado de todo y cuidado. El perrillo estaba atado a una cuerda y yo escuchando música no lo he oído.
Después de las frustraciones de la jornada la experiencia del perro le quita el sentido a este sendero de la Virgen ¡la virgen! Una pareja de turistas mira con aburrimiento el cartel que hay al final del sendero (18.30h, 15m), después se van a cenar. Estoy ya en la calle y busco una parada de guaguas de nuevo. Pero ya está bueno. Paro el primer taxi que pasa y le pido que me lleve a Arona. El taxista es acogedor y enseguida se interesa por lo que hago y por lo que he hecho. Le cuento. No le digo nada del perro, lo quiero olvidar. Por su acento parece colombiano. A su padre también le gusta el senderismo. Me anima esta conversación. Nos toca ir detrás de una grúa que lleva un coche encima, él dice que es un Dodge, y yo le digo que es un Volvo. Yo gano. Azul pálido de color y cubierto de polvo, muy antiguo, matrícula TF-21969. Le gusta el número, saca un bloc y lo escribe, para la lotería me dice, le pregunto si le funciona el método, sólo sonríe. Más arriba se indigna con un inconsciente que baja por una calle de dirección única. Me dice que en su país si había muchos Dodge. Me deja en Arona al lado de la farmacia (19.03h, 16€). Le digo que me ha encantado hablar con él y le pregunto su nombre (Antonio). Nos damos la mano y me desea un buen, resto, de día. La corva me pica bastante, la tela gruesa y ruda del pantalón me molesta. Paso. Me monto en mi cochito y me concentro en la conducción tratando de olvidar el p. perrillo.
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Pulsar en el siguiente enlace para descargar el track de la excursión
Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
Arona a Fañabé:
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Adeje al Duque
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Arona a Fañabé
Adeje al Duque