• Excursión 1247. 14 Abril de 2021. Miércoles.
Tabaiba. Canal Araya. Barranco Hondo.
Municipios: El Rosario. Candelaria.
De 14.47 a 19.02h. De 157 a 280 a 125 a 410 a 135m.
Distancia: 11,7km. Duración: 3h 15m.
Mi objetivo hoy es recorrer la ladera vacía de edificaciones entre Tabaiba y Barranco Hondo, es algo tan singular que exista este espacio sin urbanizar tan cerca de grandes núcleos urbanos. Una ladera donde sólo hay algunos pequeños edificios, medio en ruinas, en una finca pegada a la carretera general.
Me bajo de la guagua en la parada de Tabaiba, la que está en la autopista al final de una recta en bajada. Es la parada con la pequeña barquita. Cuantas ganas tenía de bajarme aquí, la he visto tantas veces desde el coche o la guagua al pasar. El cielo está despejado y la tarde algo calurosa cuando empiezo a subir, a la izquierda, por la calle (Verodes), que se va elevando sobre la autopista muy rápidamente. En la curva al final una desviación lleva a dos casas con piscina, yo giro con la curva y sigo subiendo, me meto a la derecha por la primera calle que puedo (Violeta) pero enseguida me doy cuenta de que no tiene salida, así que vuelvo a Verodes y sigo subiendo. Los edificios de dos o tres plantas están muy pegados a la carretera y entre sí y no hay apenas espacio para la acera. La subida es fuerte y me voy entreteniendo con las vistas hacia la costa. Sólo me llama la atención una casa de una sola planta a la izquierda, que parece que fue de las primeras en edificarse aquí. Tiene un aire más antiguo y original que los otros, muy convencionales. Al final de la recta me salgo por la derecha en otra curva de 180 grados y me encanta descubrir un viejo sendero que rodea el cauce de un barranco (Higueras) ante un buen salto. Abajo, en el fondo, distingo enseres y escombros que ningún agua ha logrado arrastrar. Al otro lado hay un descampado y siguiendo en ligera subida doy a una calle, Camino Candelaria, un nombre muy apropiado. Las casas por aquí están muy mezcladas, chalets nuevos y edificios humildes de pueblo. Giro a la izquierda por la primera calle que puedo y después por otra (Malibú) salgo a la carretera general del Sur y tuerzo por ella a la izquierda y en unos dos minutos llego a un cruce (el que conecta Tabaiba Media con Tabaiba Alta) y yo sigo por la carretera general entre ambas.
Tengo la sensación al avanzar por la carretera de estar abandonando una ciudad y entrar en el puro campo a pesar de que todavía tanto por arriba como por abajo tengo a la vista los chalets de las dos Tabaibas. No sé qué es exactamente lo que me produce esta sensación. Tras medio km desde el cruce y al llegar a un barranco (Los Guirres) ya desaparecen los chalets y los edificios y por las laderas incluso llego a ver pinos dispersos además de grandes balos, retamones y vinagreras y una vegetación densa de tabaibas, bejeques y aulagas por las laderas tanto hacia arriba como hacia el mar. En otro medio km paso otro barranco de tamaño medio (Las Ánimas) y enseguida llego a la finca semi abandonada con una barra pintada en rojo y blanco en la entrada. La rodeo y empiezo a bajar hacia una caseta. En medio de la pista hay hojas de palmeras secas y restos de vegetación, todo está manga por hombro. Paso entre una caseta cuadrada y otras dos alargadas y ya después la pista está muy llena de vegetación y baja haciendo grandes eses. Y por aquí y no muy lejos de las casas encuentro una hermosa era con el suelo de cemento y en buen estado, debe ser de las últimas que se construyeron poco antes de que todo se fuese al carajo y fuese más barato traer el grano de fuera que cultivarlo y procesarlo aquí. Ahora ya la pista es solo reconocible por la gran muesca en el terreno, está llena de piedras, de arena, de plantas, está muy erosionada, una hermosa pista abandonada, de las que me gustan.
Toda esta ladera está cubierta de pequeños muros de terrazas, terrazas que debían llegar mucho más abajo de por donde pasa actualmente la pista. Y la pista que sigue bajando en zigzag se va echando hacia la derecha, hacia un pequeño barranco (Los Juncos) que sugiere un pasado en el que fluía algo de agua. Ya estoy muy cerca de la autopista que ha sido una presencia fortísima durante toda la bajada, con su ajetreo, su dinamismo y su estruendo. Justo un poco antes de llegar al cauce del barranco la pista de tierra va en paralelo al cauce y, me emociona cuando veo que conserva piedras en línea recta marcando el límite con el barranco. Aquí se vuelve a reconocer muy bien el trazado de la pista gracias a esas piedras. Y más abajo son los cardones los que le dan volumen y carácter a la ladera, con sus brazos verticales formando castillos verdes con pequeñas almenas. Un poco antes de llegar la autopista me echo a la derecha y trepo a una pequeña meseta que he estado viendo como una referencia durante la bajada. Y aquí arriba localizo una estupenda era, con murito de piedras, ligeramente inclinada y el suelo de barro compactado y descascarillado. Desde aquí hay una estupenda vista de las dos Tabaibas, la baja y la media. Ahora justo el cielo se ha cubierto completamente y empieza a caer una lluvia muy fina que tan repentinamente como ha empezado termina. Es una sensación curiosa la que tengo. Estoy en medio del puro campo, y sin embargo, a la vista de sitios muy urbanizados y la autopista que como un río ruge a mi espalda. En el suelo crecen unas plantas pequeñas de flores como las de la margarita y hojas verdes arrugadas (joriadas menudas), son plantas ruderales (que crecen en los caminos) y mezcladas con otras más pequeñas terminadas en borlitas forman un fondo uniforme en el que me hago un selfie de las puntas de los zapatos. Hay maravillas por todos lados.
Por encima de mí se extienden las terrazas abandonadas que ocupan casi todas las laderas, todas menos una con más pendiente. Y ahora, para recorrer y conocer mejor la ladera decido subir campo a través por las terrazas, trepando de una a otra. Desde la era y en perpendicular a la autopista subo lo más recto que puedo. De lo que se cultivó una vez no queda nada, ahora crecen las tabaibas, los balos, los cornicales, alguna jara, es toda la vegetación original que vuelve a crecer donde siempre lo hizo, apenas veo tuneras. Con más o menos dificultad voy subiendo por la ladera y sólo se hace más complicado al acercarme a la carretera general. A la que llego un poco antes de otro barranco (El Capitán) y así, sobre la marcha decido subir por la ladera, que es mucho más agreste y abrupta, aquí nunca se cultivó nada y subo porque he visto una vieja presa a la que me acerco. Tiene unos muros de piedra masivos, es maciza y ocupa el cauce del barranco de El Capitán. El terreno es muy disuasorio hacia arriba así que decido bajar hasta la carretera a ver si investigo una pista que sube un poco más adelante. Cuando estoy bajando por la ladera diviso, no muy lejos de por dónde subí desde la era otra presa que tiene agua, un agua verde que parece, de lejos, petrificada. Y por la ladera veo viejos canales de agua, de esos hechos con piezas individuales de tosca.
De nuevo en la carretera giro a la derecha y en unos 300 metros me desvío a la derecha por una pista que sube. Ha vuelto a salir el sol y hace bastante calor cuando ataco las primeras cuestas. A medida que voy subiendo por esta pista en zigzag voy percibiendo el ruido rítmico que proviene de un edificio grande (El Valito) que no sé qué puede ser. En previsión de problemas por que sea una fábrica privada en la tercera curva a la derecha me salgo campo a través hacia la derecha en dirección a la arista de una lomita. La vegetación no es tan densa que me impida pasar, pero tengo que ir despacio. Al llegar a la arista sigo por su derecha y en paralelo a ella hacia arriba, la arista es rocosa y muy abrupta. Subiendo me parece distinguir los restos de una vieja pista que subía por aquí. Con más que menos dificultad logro progresar hasta una parte con muy poca pendiente y cruzo un canal seco y roto (Canal Güímar-Santa Cruz, 380m) y un poco más arriba alcanzo el canal de Araya (400m), cubierto de losas planas. Sigo hacia la izquierda por el canal. No tenía planeado ir por el canal, pero ahora que surge lo acepto bien, aunque no sé qué me deparará. Unos metros antes de meterme en un barranco me cruzo con un hombre que viene del otro lado, va ligero y tiene aspecto de ser pobre. Le pregunto por el estado del canal y me dice que tiene partes complicadas que él viene desde el otro lado, después se enzarza en un monólogo repetitivo sobre las actividades agropecuarias. Logro terminar el monólogo y le doy las gracias por la información sobre el canal. Nada más entrar al barranco (Las Vinagreras) veo que es profundo y angosto, y que el canal va bastante expuesto, aunque al ser ancho puedo ir seguro yendo despacio. Lo más emocionante es cruzar un acueducto que salva el cauce, un acueducto con barandilla minimalista, pero suficiente para darme algo de seguridad, y diciéndome constantemente mientras lo cruzo “no mires hacia abajo”. Aunque no padezco de vértigo, no me fío nada y tengo que repetirme esa frase para no caer en la tentación de empezar a mirar el fondo del barranco.
Al otro lado ya me siento otro y dispuesto a más dificultades. Después de este viene otro barranco menos angosto (La Asomadita) y por encima de mí y no demasiado lejos veo la plaza donde está la ermita del Rosario. Después viene un tramo largo sin atravesar barrancos por donde voy caminando por encima del canal que va elevado sobre el terreno, sobre un mar de vegetación densa. Voy despacio, no me quiero tropezar desde mi alfombra mágica. Es un paisaje de laderas suaves sin ninguna ocupación humana y por debajo voy viendo el otro canal, el seco y muy roto, que va en paralelo a este. (Me asombra la cantidad de dinero que invirtierno los antiguos en transportar agua). Sigo atravesando la gran ladera de puro campo, sin edificios, entre Tabaiba y Barranco Hondo, todo un lugar. Después de unos 500 metros, larguísimos 500 metros, llego a un camino, un camino real, el camino de Candelaria. Y como me ha gustado mucho ir sobre el canal y me veo con margen, margen psicológico quiero decir, no continúo por el camino real sino que me vuelvo a encaramar en el canal y poco a poco me voy alejando del camino real y me empiezo a adentrar en un sistema de tres barranquitos (Hoya del Rosario, Fuente el Cuervo, Siete Fuentes) por el canal, que ahora va muy elevado y sin barandillas. Realmente pienso por momentos que a lo mejor es el momento de volver por mis pasos, pero ya con todo lo que he hecho me da un chute de valentía y me atrevo con este largo paso elevado. Un poco después vuelvo a confluir con el camino real y aunque podría continuar por el canal ahora ya doy la cosa por concluida y sigo por el camino de Candelaria, ya tengo suficiente.
Este camino tiene un firme muy irregular y demandante, pero a mí ahora me resulta tan liso como el pasillo de mi casa. En cinco minutos y antes de llegar a Barranco Hondo me desvío a la izquierda por una pista asfaltada que pasa al lado de una presa sin agua. Después de un par de curvas la pista va con vistas hacia las traseras de las casas de Barranco Hondo que se distribuyen linealmente al lado del borde del barranco (el Hondo, claro). La manera en que bajando aparecen de repente las casas de Barranco Hondo es tan dramática que lo repito otra vez. Tengo la sensación de un aventurero que vuelve de un gran viaje y empieza a ver las primeras casas. Lo más maravilloso ocurre ahora porque empiezo a ver pequeñas matas de salvia blanca, las preciosas flores blanca blandas. Por esta pista que tiene un tramo final con mucha pendiente llego a la carretera general del Sur (Tf-28) y giro a la derecha. Pasan ciclistas rápidos y silenciosos y por fuera de un bar mucha gente toma sus bebidas. Avanzo un poco y tuerzo a la izquierda por una calle estrecha (Picacho) y salgo a un espacio descampado por donde antes hubo un camino real (Camino La Playa) pegado al borde del barranco que es profundo e impresionante, pero el viejo camino ya no existe y tengo que regresar, echarme a la derecha (calle Adolfo Peña Ramos) por donde sigo bajando entre casas nuevas. En cuanto puedo giro a la izquierda (calle Palmeras) hasta que vuelvo al borde del barranco y aquí por la trasera de unos adosados modernos y con vistas también impresionantes hacia el barranco bajo hasta que se cierra el camino a la vista de la carretera por abajo. Tengo que dar toda la vuelta a los adosados para acceder a la calle que baja (Concejal Florentín) y que describe una gran curva hacia el barranco y cuando termina la curva me desvío a la izquierda por algo que parece una pista y llego al borde del barranco otra vez, que ejerce una gran atracción sobre mí, y todo el rato pensando por dónde se podría bajar al cauce, por aquí parece posible pero estoy ya demasiado fundido para intentarlo. Campo a través y sin cambiar mucho de altitud vuelvo a la carretera que baja y ya por ahí cruzo la autopista hasta la parada de guaguas donde sólo tengo que esperar cinco minutos para que aparezca una guagua (la 124) que me lleva a Santa Cruz.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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Tabaiba a Barranco Hondo por el canal de Araya