• Excursión 1025. 18 Noviembre de 2019. Lunes. (Anaga 167ª).
Canal Guañaque. Valle Grande. Valle Crispín.
Municipio: Santa Cruz de Tenerife.
ENP: Parque Rural de Anaga
De 14.53 a 18h. De 50 a 280 a 200 a 280 a 15m.
Distancia: 9,5km. Duración: 3h 7m
En un día desabrido y húmedo recorro un tramo del canal alrededor de la bocamina de la galería de Guañaque que recorre una zona verde con un sauzal hermoso y frondoso. Después de un gran rodeo completo otro tramo del canal atravesando un túnel con charcos y salgo por un terreno privado después de un forcejeo verbal
En Santa Cruz está nublado y lluvioso cuando tomo un taxi en el intercambiador para que me lleve hasta Dos Barrancos, la confluencia de Valle Grande y Valle Brosque (9.35€, 14.53h). Vengo preparado para todos los problemas que me puedan causar el agua: pantalones impermeables en una mochila colorada pequeña, chaquetón en la cintura, paraguas en el bolsillo del chaleco. Se anuncian más lluvias. Tomo a la izquierda para empezar por el barranco de Valle Grande. Subo por la carretera asfaltada por el valle estrecho con cultivos y depósitos de agua cerca del cauce. En el pequeño caserío de El Cabo hablo con un hombre que resulta ser el canalero del canal de Guañaque. Cuando le pregunto por los detalles del canal su actitud es ambivalente, por un lado, me da información de por dónde va el canal y que se puede cruzar por un túnel, pero por otro me dice que está prohibido ir por el canal y que a él le pueden amonestar si personas caminan por el canal o a su lado. Entiendo bien su situación, pero yo le pregunto más y él… me da más detalles. Tengo claro que estoy en “terreno” peligroso pero mi curiosidad es más fuerte. Creo que él no me dice todo lo que sabe, más tarde me doy cuenta y creo que me habla porque yo le demuestro con mis comentarios que conozco bien la zona, abre mucho los ojos cuando le digo que el canal llega hasta la degollada sobre La Cardonera. Otro que pasa le saluda y dice que viene lluvia de arriba. Le doy las gracias y sigo, yo sigo.
Unos 300 metros después del caserío de El Cabo, y poco después cerca de una tubería que atraviesa por encima la carretera me meto por una pista (a la derecha) que baja al cauce, que lleva agua, paso al lado de una casa y después por un sendero bajo un viejo farrobo sigo primero llaneando y después en ligera subida hasta una gran roca con una marca pintada, es la letra griega psi, aunque no estoy seguro que sea la letra, también se puede entender como un cruce de caminos. Logro “ver” el canal (de Guañaque) de tosca medio oculto y hacia la derecha. Entonces con determinación rodeo la gran piedra con el signo Ψ y descubro que se puede pasar por un andén (cornisa) estrecho, expuesto, con una gran caída a la izquierda (cuando después vaya la ladera de enfrente veré cuanto), pero el andén es seguro y rocoso y atraviesa una puerta de la que sólo queda el marco de cemento. De lo más emocionante este principio, sí, por aquí descubro el canal (Guañaque) relleno de tierra que va siguiendo los contornos de los pliegues de las montañas y el agua dentro de una gran tubería. Al lado del canal veo hermosos farrobos. Por debajo hay una finca en explotación de aspecto precario y apretado. Yo estoy en vilo y en encantado al mismo tiempo, pronto llego a la bocamina de la galería de Guañaque (1052 metros de longitud). Pero lo que primero veo es una pequeña caseta y un enorme y retorcido y poderoso laurel de indias. Qué lugar tan exótico. Dentro de la caseta veo restos de botes, latas y envases, parece como si se hubiesen ido en medio de una comida. El laurel tiene una presencia tan potente, tiene un volumen enorme y “llena” este recodo del barranco. Además, sale el sol un momento y puedo ver mejor este lugar mágico a la sombra del laurel.
A continuación, sigo por el canal de tosca, tosca que debieron obtener de aquí mismo, hay muchas laderas de esta tosca rojiza con una gran tubería por encima. Después y bien pegado a la ladera llego al cauce del barranco (Bufadero/Valle Grande) que cruzo por un puente con la tubería gruesa y un espacio ancho a su lado para atravesarlo. Llueve un rato débilmente. Cesa. Al otro lado sigo al lado de la tubería y el canal y tengo que sortear un túnel por una escalera sobre la roca. Por aquí hay una puerta, no está cerrada. Más adelante hay una valla cerrando el paso, pero es sólo para animales. Voy siguiendo los contornos de las laderas del barranco. Por debajo está el cauce que se hace profundo y al otro lado una finca en la ladera casi vertical. Me encanta que el recorrido del canal sea largo y revirado. Todo está tan verde, el cauce cubierto de sauces. Paso otro segundo barranquillo y sigo al lado del canal hasta cerca de la finca de cabras (excursión 395) a donde salgo a la carretera y empiezo a bajar por ella. Justo antes de un depósito de agua va el canal de Guañaque y me la sensación de que se puede transitar (por la noche y con el programa Basecamp compruebo que tiene 2,2km de largo, que atraviesa hasta el barranco de Valleseco por un túnel y que después baja por una tubería hasta el cauce; y todavía más, un lugareño me dirá más adelante que se puede atravesar el túnel). Vale lo dejo para otro día. Todavía observo con los prismáticos el recorrido del canal y para mi sorpresa veo dos perros blancos que lo recorren ligeros. Veo algunas puertas, están abiertas.
Sigo bajando hasta el lugar por donde cruce el barranco al principio de la excursión. Me meto de nuevo por ahí y llego a la gran piedra con la letra griega psi. Ahora me echo a la derecha por la apenas visible traza medio enterrada del canal y pronto lo veo claro y sobresaliendo. Complicado de seguir, está muy invadido de vegetación, de tuneras con púas y de cardones, pero lo sigo. Llueve un poco. Abro el paraguas. Y sigo y sigo hasta que llego a la entrada del túnel. Me resulta de lo más hostil. Tengo que bajarme del canal hasta el suelo del túnel. El canal con agua abierto y rumoroso entra también al túnel además de una tubería. El suelo está lleno de charcos. Por un momento tengo una disociación y me veo como si por arte de magia hubiese aparecido aquí a la entrada del túnel y me siento como si nunca hubiese hecho nada de senderismo, ni atravesado túneles, ni metido en líos, y me digo ¿por qué, por qué tengo que meterme en este túnel oscuro, angosto, y lleno de agua? Pero esta ensoñación sólo dura unos segundos.
El túnel está horadado en un terreno de piedra gris y la bóveda está formada por lascas anchas de piedra vertical que parecen hechas a propósito para sostener el techo, pero no, es un agujero hecho a lo bestia en la montaña. Cierro el paraguas, y saco el casco con luz de la mochila, con parsimonia me lo pongo, y venga “pa´dentro”. El agua del canal abierto y mi chapoteo en los charcos no es que resulten tranquilizadores, pero me dan ritmo. El túnel es más alto de lo que pensaba y puedo caminar erguido. Voy despacio. No se ve el final. No se ve la luz al otro lado. Después el suelo ya está seco, mullido, silencioso y el agua del canal también se calla. Avanzo. Avanzo. Sin prisas. Por fin veo la luz, la salida y ya cerca del exterior tengo que ir por el filo fino del canal porque el suelo está lleno de agua. Y salgo al exterior (160 metros de túnel). Qué bueno. Maravilloso. Afuera el tiempo está más fresco que al entrar, y huelo a madera quemada, leña de chimeneas. Estoy en el barranco Valle Crispín. Veo enseguida la carretera y algunas casas, pero sé que llegar a ella no va a ser fácil. Hay sendero, con desniveles y rocoso, pero sendero. Paso al lado de una casa abandonada, y después de otra, también abandonada. Oigo perros que ladran y jadean y un hombre que va con ellos, pero son como sombras que se desplazan rápidamente. El sendero me va llevando, no recto para cruzar el barranco, sino en ligera bajada por la ladera y por fin llego a una finca con perros y también personas.
En cuanto me acerco a la entrada, a la valla por debajo de la casa un hombre se encara conmigo y me dice ¿cómo va a seguir si yo no le dejo pasar, se va a meter por esos andurriales? Me lo repite varias veces y remacha con “esto es un camino privado”. Además de su hostilidad me ataca también el humo apestoso, fuerte del cigarro-puro que le rodea la cabeza, y casi lo oculta detrás de una nube gris. Me lo tomo muy en serio y con toda la humildad que puedo y con el pensamiento de que podría vender a mi madre para me dejase pasar, le digo que si no me deja pasar tendré que volver por donde he venido, y también y más de una vez que por favor, me deje pasar. La puerta de la valla que sale a la carretera está prácticamente al lado, así que mientras le ruego y él me repite lo mismo yo sigo avanzando. Un hombre bastante mayor a su lado me mira muy serio. Cuando una mujer, también mayor y delgada aparece con una taza de café me ve se queda asombrada pero ahí mi suerte empieza a cambiar y por fin me deja pasar. Gracias. Gracias. Aliviado y con el olor fortísimo del tabaco negro en las fosas nasales ya sigo por la carretera.
Me gustan los grandes farrobos que hay al lado de la carretera. Ya los demás de la excursión es la asimilación/digestión del paisaje, de los pasos estrechos, de la caseta rustica al lado de la bocamina, del humo apestoso. Cuando estoy bastante abajo me sobrepasa un coche, de copiloto va el hombre del cigarro que me saluda subiendo el brazo, va a resultar que al final me he hecho su amigo. Yo le saludo también, claro. No llueve más. Paso todo María Jiménez y llego a la parada de la guagua en la avenida marítima (18h). Un joven sentado al verme llegar me pregunta si me quiero sentar, para cederme sitio. Yo me siento de maravilla, pletórico, pero qué cara debo tener para que el joven me haya ofrecido sitio enseguida. El joven no vuelve a mirarme mientras hago mis estiramientos. La 910 llega pronto (18.07h) y me bajo en el intercambiador (18.28h) donde he dejado el coche.
En la protección de mi coche y cuando voy subiendo por el túnel de 3 de Mayo voy pensando que como en un día tan poco auspicioso, triste, desabrido, lluvioso he logrado sacar una fantástica excursión, es algo milagroso y desde luego la entrada al túnel encharcado ha sido el mejor momento de toda la excursión.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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Valle Grande a Canal Guañaque a Valle Seco