• Excursión 1364. 5 Enero de 2022. Miércoles.
Valle Jimenez - Las Mesas - El Toscal - Barrio Nuevo.
Municipio: Santa Cruz de Tenerife
De 15.30 a 18.28h. De 350 a 540 a 100 a 130m.
Distancia: 7,4km. Duración: 2h 58m
Subida a la montaña Las Mesas desde el valle de Jiménez. Recorrido por la cumbre y bajada hasta el camino de Las Lecheras para finalizar en el Barrio Nuevo
Para evitar entrar en Santa Cruz, es víspera de Reyes, dejo el coche en el aparcamiento de Alcampo, en La Laguna y tomo un taxi en la parada. El conductor está más que harto del tráfico imposible de la navidad y ataja fantásticamente por Finca España y me lleva al caserío del Toscal en muy poco tiempo (12€). Al lado de un bar (350m), ya hace mucho cerrado, empiezo. Cruzo al otro lado, hacia la montaña (Las Mesas) y me meto por la calle Camino El Pedregal que se va separando de la carretera y pasando algunas casas bajas hasta que en la última y bajo unos pinos empieza el sendero. No lo parece al principio, pero es un viejo sendero que va ascendiendo entre muchos tasaigos y pencas. Tras la larga subida confluye con una pista y por esta a la izquierda llego a una carretera, ya estoy en el Lomo de Las Casillas. El día está nublado, algo fresco, sopla un viento suave, me pongo la bufanda. Enfrente de la parada de guaguas (450m) y a la izquierda de un armario de instalaciones eléctricas subo casi sin camino lo más cerca que puedo de una tubería por la arista (no muy remarcada) de la montaña. Existe y no existe el sendero. A veces tengo que atravesar montones de piedras y rodear los arbustos. Y así voy subiendo y en la ascensión las vistas va mejorando dramáticamente, hacia: la gran presa vacía, la cordillera de varios picos por encima (cordillera Los Campitos), el valle del Toscal/María Jiménez, la montaña de Guerra, los edificios de La Cuesta, las montañas hacia La Laguna. Es una vista espléndida. El sendero también es interesante, por las rocas protuberantes de la arista, con líquenes de varios colores y la vegetación baja, densa y abundante. La pendiente se va aflojando y llego a lo alto de la montaña de Las Mesas (530m).
La parte superior es amplia y bastante llana, de ahí quizás le viene el nombre a esta montaña. Me echo a la derecha de un depósito de agua y me dejo llevar por un camino ancho de gravilla limitado por bloques de cemento (de los que se usan para las aceras). Hay una gran abundancia de árboles, sobre todo sabinas, de cierto tamaño, la mayoría con buen aspecto, también hay fayas, pinos, acebiños, acebuches. Los debieron plantar hace unos cuarenta años y los han dejado a su aire, este parque está más bien abandonado, tan cerca de Santa Cruz, pero con unos accesos complicados. Ni siquiera hay un sendero decente que lo conecte con la ciudad. Me gusta muchísimo este recorrido alargado y que haya tantas sabinas. No es fácil encontrar un lugar donde haya tal abundancia. Para este lado de la montaña las vistas son sobre todo hacia la montaña de Guerra y Santa Cruz. Con un recorrido de mucha curva me lleva hasta la carretera que circunvala la montaña.
En la carretera voy hacia una cercana torre de electricidad. La pista que lleva a la torre tiene una barrera al principio. La paso. Camino unos cien metros y paso por la derecha de un murito y una valla que rodea la torre. Estoy en una arista rocosa, preciosa, debajo tengo el caserío del Toscal, donde he empezado. Sin un sendero claro y sin separarme mucho de esta arista voy bajando hasta que poco antes de que termine me echo a la izquierda cuando atisbo un ligero sendero y por ahí voy bajando. No llego a tener nunca la sensación de ir por el camino correcto, voy bajando más o menos campo a través hasta una planicie verde. Mi referencia es una gran marca vertical (son arbustos alineados) que hay abajo. Cuando llego a la parte más llana sí que encuentro y muy clarito el camino, con marcas de ruedas de motos que me lleva en perpendicular hasta el camino de Las Lecheras, pasadas las últimas casas del Toscal.
Me encaramo en un espolón rocoso con marcas de coto de caza y me quedo un rato arriba admirando el barranco profundo (Valle Hilario/Guerra) que me separa de la montaña de Guerra, que tiene hacia la izquierda una pista que baja hacia un pozo y por debajo un canal (intransitable) la recorre. Más allá la ciudad parece atestada de edificios, pero es lo que tienen las ciudades: edificios. Aquí, sentado, y tranquilo pienso que ahora que empieza el año debería cambiar mi manera de hacer excursiones, debería hacerlas más cortas de distancia, con más paradas para admirar por donde voy. La temperatura es muy buena, me siento privilegiado de estar aquí y ahora en este sitio. De entre las rocas recubiertas de líquenes sobresalen plantas: cornicales, bejeques, cerrajones. S
algo de mi ensueño y empiezo a recorrer el camino de Las Lecheras hacia Santa Cruz. Está en muy buen estado, pronto llego a una esquina (La Calera), un cartel lo dice, parece que aquí hubo una. Después se abre la vista hacia la falda de la montaña que forma un gran arco separado por aristas verticales. La vista es muy expansiva y me pone contento por lo larga que es, un buen recorrido. Han puesto también barandillas formadas por postes y cables en los lugares más expuestos. Paso una zona de rocas y cuevas, una tiene muy buena pinta como lugar de vigilancia. Y llego a una esquina bajo un gran salto (Las Goteras) con marcas blancas de escorrentías en el basalto gris. Para pasar este barranquito hay muros de sustentación en ambos lados que lucen muy bien de lejos. Más adelante hay un precioso mirador (El Terrerito de las Brujas), tan bonito el mirador como el nombre del sitio. Ya parece que está muy cerca Barrio Nuevo, pero todavía tengo que pasar un par más de barranquillos: Hoya El Muerto y Hoya Honda. En las laderas dominan los cardones y están pespunteadas de rabo de gato. La ciudad crece al otro lado del barranco (Santos). Estoy disfrutando tanto de esta excursión tranquila, relajada, con muy poco esfuerzo físico.
De la ciudad me llega una cacofonía de sirenas histéricas y voces amplificadas anunciando cosas que no logro entender, es la cabalgata de Reyes. (Cuando por la noche regreso a casa también en Tacoronte un coche de policía con las mismas bocinas va anunciando el paso de la caravana). El último tramito antes del Barrio Nuevo es muy empinado y enrevesado, va por encima de unas grandes cuevas de material rojizo (Cueva Roja). Me echo a la derecha al llegar a la carretera y me asombra el tamaño enorme de las cuevas. En la bajada le echo un vistazo a un canal que recorre la ladera que podría hacer algún día (es el que recorrí en la excursión 965). Sigo hasta el final de la calle asfaltada y sigo por una calle estrecha (Camino Las Lecheras) que me lleva por dentro del laberíntico Barrio Nuevo, este barrio que debió crecer anárquicamente desde su base aprovechando toda la ladera hasta las cuevas. La temperatura es maravillosa, me llega un ligerísimo olor perfumado que no identifico, no me puedo sentir mejor, por aquí no veo a nadie, no oigo nada, deben estar todos en la cabalgata.
Las casas pequeñas pegadas están cuidadas y en una pequeña huerta crecen algunas plataneras, también tiene su pequeña parte de ruinas de viejos edificios de bloques de tosca beis. Todo está muy limpio. Sigo todo recto por la calle Camino de Las Lecheras y más abajo tuerzo por Atarjea Tahodio y salgo a la carretera de Los Campitos que atraviesa la parte de abajo del Barrio Nuevo. Rodeo el hospital y cruzo el barranco de Santos por un gran puente (Javier de Loño Pérez). Sin apenas vistas hacia el barranco desde el puente me quedo mirando entre las rendijas para ver si podría recorrer el cauce de esta parte del barranco. Pasado el puente encuentro una posible bajada hasta el cauce. Lo dejo para otro día. Ya simplemente sigo caminando hasta la avenida de Venezuela.
---------
Pulsar en el siguiente enlace para descargar el track de la excursión
Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
drive.google.com/file/d/12OMNgtK9ytzuRa6zJ7r6Cnn0yoZKdnpX/view?usp=share_link