• Excursión 1260. 13 Mayo de 2021. Jueves.
Las Dehesas. Pista Anocheza. Güímar
Municipio: Güímar
ENP: Parque Natural Corona Forestal.
De 10.03 a 18.50h. De 1120 a 1615 a 1530 a 1805 a 20 a 100m.
Distancia: 25,3km. Duración: 8h 47m.
Gran recorrido empezando por una zona de viñedos (Las Dehesas), subida por un sendero por una loma y al llegar a una pista (Anocheza) recorrerla entera hasta la carretera general del Sur. Al final por senderos poco frecuentados bajada hasta cerca del mar
Me levanto temprano, antes de las siete, para aprovechar este día. Aunque estoy dudando hasta el último momento a donde ir. El mal tiempo en el norte me decide por fin, voy a Güímar. En el norte ha estado lloviendo por la noche y todavía por la mañana llueve fino. Sólo al llegar a Santa Cruz mejora el tiempo. En el Sur está estupendo. Llego en mi coche a Güímar a eso de las nueve y media. El taxista que me lleva hacia Las Dehesas me resulta muy amable y me cuenta cosas personales, estuvo en coma por un accidente grave trabajando como conductor de máquinas especiales y ahora trabaja como asalariado en un taxi, le tengo que dirigir por las calles de Güímar, nunca había estado en el camino de Las Vistas, él lo conoce como Piedra Blanca, le gusta mucho esta carretera estrecha de asfalto renegro en medio de las escorias negras como la pez. Cuando me deja al final de la pista de cemento acanalado, junto a la bifurcación a Las Dehesas (1110m, 10h, 12€) me dice que volverá con su mujer para pasear por aquí. Es un buen comienzo para una excursión.
Por la pista llego en menos de diez minutos a los primeros viñedos de Las Dehesas al lado del cauce de un barranco (Tamay). Sigo por la pista y en unos dos minutos de fuerte subida, llego a una bifurcación (1190m) donde tomo a la derecha y empiezo a subir esta gran zona dedicada al viñedo por una pista acanalada de cemento que hace cómoda la caminata y la pendiente, Me voy elevando sobre el paisaje casi como si subiese en una noria y fuese cobrando altura de una manera ingrávida y suave. Hay un débil olor a azufre y los primeros tajinastes rojos están saliendo en los bordes de los viñedos. Los castaños ya tienen todas sus hojas. El día está fantástico y de momento no puedo abrir el paraguas porque hace un poco de viento. Tras la última finca con viñedos empiezo a subir por el sendero (1375m) que rodea a la última caseta por arriba. Entre jaras recorro unos cien metros subiendo por el sendero hasta la resbaladera (1430m) que marca la subida por la loma. Ok. Subo por la resbaladera y enseguida llego a un sendero.
Me gustan tanto las subidas serpenteantes por las lomas, por las lomas bien definidas. El sendero por donde subo va distribuyendo la pendiente en largas eses, todavía se conserva bastante bien, probablemente por el paso de motos o bicicletas de montaña. Es una larga subida, casi toda a la sombra de los pinos, sólo hay un tramo algo confuso, pero en general está bien marcado el surco del sendero. Llega un momento (1600m) que tira decididamente hacia la izquierda y me lleva a un surco muy erosionado que va a dar al final de una pista (Anocheza), que es mi objetivo de hoy, recorrerla. Vale, ya he salvado mi primera cosa complicada del día y “sólo” me ha llevado una hora desde que me baje del taxi. Más relajado ahora sigo por la pista, algo pedregosa, en este día estupendo de sol. Ahora sí puedo abrir el paraguas para protegerme del sol, y me pongo unas gafas grandes de sol. Se respira tan bien aquí arriba en el pinar. El recorrido por la pista tiene sus subidas y sus bajadas, no es completamente llano, pero el desnivel no es nunca fuerte. Unos 40 minutos por la pista y llego a una bifurcación, de la que sale, a la izquierda, una pista en bajada, sé que no tiene salida, la exploro por si acaso descubro algún sendero. Tras descender unos 60 metros de desnivel llego al final, compruebo que no tiene continuación, sólo tiene rastros de perros de cazadores (mierdas blanqueadas). De nuevo en la pista Anocheza sigo a la izquierda y en unos cinco minutos paso una desviación a la derecha (punto A). Yo sigo recto.
Tras unos diez minutos, cuando la pista empieza a bajar (camino del Reventón, al final de este camino se llega al canal de Fasnia, al final del recorrido de las Mil Ventanas) me salgo de la pista por la derecha (1625m) y empiezo a subir, campo a través, por la ladera de una loma. Tengo un mapa con líneas de nivel precisas y bien marcados los barranquillos y quiero atajar hacia el camino de La Hidro y San Juan (excursiones 599 y 1114), simplemente por el placer de hacerlo y para resarcirme de otra excursión en la que lo quise hacerlo y no pude (excursión 479). Hoy, 700 excursiones después, ya tengo la suficiente experiencia para atreverme a ir campo a través por estos pagos. Subo a la loma, paso un barranquillo incipiente (Yaguafo) y sigo subiendo por otra loma somera, y con confianza y tranquilidad llego a conectar con el camino de La Hidro en menos de 10 minutos. Fantástico. Hoy todo me sale bien. Subo un poco más, un par de minutos, y llego a la pista de Anocheza (1760m) completando el atajo. Si hubiese girado a la derecha en la última bifurcación (punto A) habría llegado a este mismo sitio, pero tras un largo rodeo y, desde luego, no habría sido tan emocionante. Sigo a la izquierda por la pista Anocheza.
El tiempo aquí arriba está estupendo y, por abajo, las nubes que subían por el barranco de Badajoz se están difuminando. Me encuentro una bifurcación poco después y sigo por la derecha, parece más transitada. Y al poco llego a otra bifurcación que tampoco tengo en el mapa. La de la derecha es muy aparatosa y está cerrada con una barrera que dice “pista forestal cortada” y, además, un cartel advierte de desprendimientos. Tomo a la izquierda bajando, pero cuando empiezo a ver un gran barranco a mi derecha me doy cuenta de que era la otra, la cortada, por donde tenía que ir. Vale. Subo y rodeo la barrera. Y en unos cinco minutos, y de la manera que me gusta: repentinamente, llego a un mirador imponente, algo inesperado. En la esquina que forma la pista (1800m) e instantáneamente se presenta el tajo profundo de un barranco (Badajoz). Enfrente tengo una pared de piroclastos con capas de varios colores: blanco, beis, marrón, café con leche, es un abismo impresionante. Y por encima una sucesión de lomas paralelas cubiertas de pinos que, como ríos, como fluidos, corren hacia abajo cubriéndolo todo. No es una masa verde compacta, adivino las tiras de los barrancos, por eso me parecen corrientes separadas. Es muy impactante, me recuerda una vista parecida: la del pinar de la hoya de Pedro Gil (el valle del volcán de Las Arenas en Arafo) vista desde la montaña de Ayosa. Y curiosamente, también está coronada por el mismo pico, por el pico de Cho Marcial. Algunas nubes ligeras enmarcan la masa del pinar de intenso verde oscuro, por debajo. Como me pone esto. Glorioso. Totalmente inesperado. Y que este tajo enorme sea el del nacimiento del barranco de Badajoz hace justicia al dramatismo de este barranco en varios tramos de su recorrido, como los meandros profundos por debajo del Pico Gordo, y el arco de la fuga de Cuatro Cuartos, por donde van las ventanas del canal de Fasnia, la famosa ruta de las Mil Ventanas. Y me llega el perfume a canela de los codesos, que están en flor, además de los hermosos escobones, con sus flores blancas. Y en el borde de la pista y en flor también crecen también los alhelíes de cumbre (lila), las magarzas (blancas), la yerba pajonera (amarilla), y alguna retama blanca por encima.
En este día claro esto es una fiesta. Además, al estar la pista en una ladera muy vertical las vistas hacia el valle de Güímar, son casi continúas, más imponentes en los salientes de la pista que son como balcones, terrazas. Hago la pausa para comer (14.45-15.10h) en uno de estos balcones. Después sigo por la pista. Cómo me atrae este paisaje. Me tengo que sentar otro buen rato para localizar determinados lugares en el este inmenso paisaje. Sobre todo, me interesa el final de la ladera de Araya (una de las paredes que encierra el valle de Güímar), su parte inferior. En esa parte he estado este lunes y martes y me falta otra excursión más por ahí. El tiempo sigue estupendo y abro un rato el paraguas (nuevo, Sea to Summit, 35€) que todavía tiene todos sus radios en perfecto estado.
Tras unos dos km confluyo con una pista (1700m, excursión 725, pista que comunica con Izaña) en una parte llana. Unos cinco minutos después paso a la izquierda el principio de la pista (1660m) que baja a la galería de La Paloma. El recorrido de la pista desde la curva impactante ha sido bastante relajado y en ligero descenso. Pero ahora tras unos 300 metros desde la pista de La Paloma vuelve la emoción cuando me desvío a la izquierda (1620m, señalado con un gran hito) para tomar un atajo que baja vertical y con bastante pendiente (unos 200 metros de desnivel) por un camino ancho y despejado bajo cables de electricidad. Y tras regresar a la pista (1430m) pronto tomo otro atajo que también sale a la izquierda al lado de una placa metálica para bajar otros 200 metros de desnivel por un camino también muy pendiente, son dos pequeños pasillos paralelos entre la jara aromática y algunos amagantes en flor. Estos dos atajos son dos descensos vertiginosos alejados de la pista que a veces veo por la derecha. De nuevo en la pista de Anocheza (1170m) paso por la doble fila de cupresos, la entrada al sendero de las Mil Ventanas, las antenas y el gran pino de Don Tomás. Sigo bajando por la pista ancha muy erosionada, pero sin muchas piedras sueltas, la pista que hace una gran curva a la izquierda con vistas hacia el valle, fantásticas vistas, y antes de que vuelva a hacerse vertical me sorprende, a la derecha, toda una ladera cubierta de bejeques rosados con sus copetes floridos, preciosos. Pero sólo en una ladera, en la de enfrente no hay ni uno.
Paso el segundo grupo de antenas y empiezo a bajar por la pista de cemento acanalado. Ahora empiezan las rachas de viento. Se hace un poco desagradable. Me entretengo mirando el valle desde la pista de salida de los parapentes. Sigo bajando y buscando ya un sendero (un viejo camino real) que sale a la izquierda entre terrazas, lo localizo en los 600m. Es complicado de seguir, todo está muy erosionado y el sendero va entre terrazas polvorientas y muros caídos, se dirige hacia una pequeña caseta gris, que es mi punto de referencia. Las vistas continúan hacia Güímar y los inmensos agujeros, como zigurats invertidos, que hay por la planicie, abajo. Llego a la caseta (520m), que está fantásticamente limpia ¡qué bueno! son dos pequeñas habitaciones con tres ventanas que enmarcan preciosamente el paisaje y según me muevo por la habitación va cambiando el cuadro enmarcado que veo. Sigo bajando al lado de unas tuberías y me sorprenden las formaciones de bejeques copudos, de todos los tamaños, todos bien enhiestos sobre su tallo y con el florete rosa cónico sobredimensionado. Maravilloso. Y alcanzo el Camino Real (señalizado y con carteles, 480m) y me echo a la derecha por él, al llegar a una carretera bajo por ella hasta la estatua de un luchador canario (Francisco Brito Chinea, “Paquito”) que está en un mirador (Mirador de Pájara).
Sigo por la carretera a la izquierda unos 200 metros hasta una pista que baja a la derecha que enseguida tiene una barrera, la paso y sigo bajando. Esta parte es nueva para mí. Al llegar a la puerta cerrada de una finca me echo a la derecha por los restos de un viejo camino que rodea la verja de la finca y llego a una pista anchita (390m). Sigo, campo a través, lo más recto que puedo entre las viejas terrazas y los preciosos bejeques, que están por todos lados, pero es demasiado trabajo. Regreso a la pista y sigo bajando por ella, después de una curva la pista baja muy recta por terreno duro y en esta bajada tengo que soportar un viento racheado muy fuerte, de abajo me llega el rumor de la autopista y veo los bloques de casas del puertito de Güímar y los tres conos volcánicos, que parecen la versión redondeada de las pirámides de Gizah. Por los alrededores de la pista no hay plantaciones, ni fincas, sólo laderas con vegetación baja donde domina el bejeque florido, pero que el viento fuerte me impide apenas ver y disfrutar. Constantemente consulto mi mapa para ubicarme en este entorno, bello pero hostil por el viento. Tras una larga bajada por terreno más bien duro y muy irregular la pista gira a la izquierda (160m). Después de un par de curvas ya encaro los invernaderos de plataneras y bajo a su nivel (40m) por donde sigo por una pista hacia la derecha. Recto, directo me dirijo al túnel bajo la autopista, tengo la intención de bajar hasta la playa y después seguir para el Puertito de Güímar para tomar alguna guagua que desde allí que me lleve a Santa Cruz. Pero cuando acabo de cruzar el túnel bajo la autopista descubro a la izquierda un sendero con muchas huellas de suelas de zapatos en la arena. Y, automáticamente, lo sigo, este sendero va paralelo a la autopista, unos metros más abajo, de manera que no veo los coches, sólo oigo su estruendo, lo cual me trasmite un sentido de urgencia, de darme prisa, y, por otro lado, me gusta mucho haber encontrado este sendero, del que no sabía nada.
Sólo quiero que dure, que dure hasta un volcán que es por donde está la parada de la guagua en la autopista, ahora he cambiado de opinión con respecto a la guagua, y me parece mejor ir hasta allí para tomar la 111 que va directa a Santa Cruz. El entorno es agreste y voy pasando al lado de grandes túneles dobles, son los desagües de los barrancos de Güímar y a mi derecha algunos grandes huecos ocupados ahora por invernaderos. Voy siguiendo las marcas de unas zapatillas playeras, unas concretas que distingo bien. Unos misteriosos postes bajos blancos con una extraña marca (dos círculos conectados) que voy encontrando a lo largo del sendero parecen delatar que esto es un circuito. Pero el entorno es más bien desangelado y el viento fuerte racheado lo empeora un poco más. Pero, para mí, esto es parte de la aventura, y lo tomo bien. En ligera subida el sendero y, por fin, llego al volcán (Montaña Amogio), el volcán que tiene una ladera excavada para permitir el paso de una carretera de salida a la autopista. Subo hasta la autopista, y sigo por el arcén hasta la parada de la guagua. Cuando llevo un rato ocioso y estoy, por casualidad, mirando mis carnets me doy cuenta de que no tengo el ticket del parking de Santa Cruz, y, entonces, me doy cuenta de que el coche no lo he dejado en Santa Cruz sino en Güímar, se me había olvidado completamente. Lo que tengo que hacer es subir a Güímar. Vale. Sobre la marcha bajo hasta la carretera, cruzo el túnel y busco más arriba, en la carretera a Güímar, una parada de Titsa. Cuando la encuentro llamo a información y me dicen que la guagua tardará 21 minutos en llegar. Demasiado para esperar aquí, en esta parada abierta a los vientos fuertes que vienen de todos lados. Llamo un taxi… que viene enseguida y un conductor muy amable me lleva a Güímar.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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Camino Las Vistas a Pista Anocheza
Pista Anocheza a San Juan a TF-1