• Excursión 422. 22 Marzo de 2016. Martes.
Lomo de Mena. Barranco Erques.
Municipio: Güímar.
ENP: Monumento Natural del Barranco de Güímar y Fasnia
De 16.45 a 19.15h. De 530 a 380 a 530m.
Distancia: 9,2km. Duración: 2h 30m
Recorrido del camino real de Güímar entre Lomo de Mena y el barranco de Erques. Un paisaje de antigua actividad agrícola, de terrazas con jables, muy antropizado donde la vegetación original resurge con una mezcla de casas viejas y nuevas con los hermosos copetes de los bejeques punteros como protagonista. Con el remate final de la visión del gran barranco de Erques (un monumento natural)
Excursión tomada del blog de Francisco Faiñas que recorre un camino real y que en parte sigue un sendero local (SL 263). Nublado casi todo el rato, sólo sale el sol un poco hacia el final de la excursión.
Me cuesta mucho ponerme en marcha. La sensación de inutilidad y de hartazgo en el camino de ida hasta el punto de inicio de la excursión es grande. Conduzco tratando de gastar lo mínimo de atención en la carretera y hacer la digestión del potaje de calabaza y la dorada al horno más la torta de Inés Rosales de los martes. Voy hasta El Tablado (km 30 de la TF-1) y por ahí subo 6 km hasta la TF-28 (la antigua carretera del Sur) por el km 37,5 (en El Escobonal), giro a la derecha hasta el Lomo de Mena (km 34,5).
Es decir, mucha vuelta y revuelta de carretera para encima encontrarme con un día nublado y un lugar desierto dónde sólo veo a dos niños jugando con un patinete. Uno de ellos se cae y llora desconsoladamente hasta que su abuelo lo consuela. Abuelo que está tranquilo sentado en un banco al lado de la puerta de su casa y al que pregunto para que explique por dónde va el camino real. Me cuesta todavía un rato mental y temporalmente cambiarme los zapatos y chequear todas las cosas que necesito, mochila, agua, etcétera.
Sin embargo, todo este agobio de los prolegómenos desaparece como por arte de magia en cuanto he recorrido ni cien metros del hermoso e interesante camino real que empiezo por el Lomo El Bueno y que ha comenzado justamente en el cruce de las calles Lomo el Bueno y Camino Real. El recorrido va por caminos asfaltados, de tierra, o por senderos empedrados o de tierra. Va serpenteando a una cierta distancia por debajo de la antigua carretera del sur, la carretera general del sur actualmente. Y hay abundantes carteles indicativos puestos por el ayuntamiento de Güímar. A los lados hay fincas, campos cultivados, campos abandonados y muchas plantas en los bordes del camino: magarzas, tabaibas y bejeques. Veo por primera vez los bejeques punteros de Tenerife que tienen un gran cono con flores rosadas. También me gusta otra planta llamada tabaco moro que se ve mucho por aquí. Atravieso muchas lomas que son como cataratas de piedra ensanchándose y sobre las lomas también se van ensanchando terrazas delimitadas con bloques de piedras blancas.
Unos 200 metros después de empezar el sendero se estrecha al meterse a un barranco (Las Goteras/ Amea) que baja al cauce y sigue por él un buen tramo (50 metros), gira bruscamente a la izquierda y remonta por un sendero empedrado. Unos cinco minutos y paso otro barranco (Llanera/ Gimona). Este barranco es transitable para coches por una pista de tierra donde veo una furgoneta blanca abandonada. Cerca hay una parcela con coches en buen estado. Las casas renovadas se alternan con las antiguas que son bloques rectangulares con tres puertas, o una puerta y dos ventanas. Más fincas abandonadas que cultivadas, se nota un gran pasado de actividad agrícola, claramente en decadencia. Algún campo sembrado con papas, algunas vides en esos campos cubiertos de esa arena blanca que debe ser las tobas piroclásticas desmenuzadas, el jable. También veo alguna finca de aguacateros que ahora están en flor.
El día está nublado y no puedo hacer buenas fotos. También supongo que a pleno sol sería muy penoso este camino, no hay sombra en ningún momento.
Me encantan los depósitos de agua estrechos, largos y profundos, casi todos vacíos. De color beige claro en su interior con escaleras estrechas que llevan hasta el fondo. Algunos están comunicados entre sí. El camino tiene alguna subida, en general desciende. Sale el sol en algún momento. Los muros hechos de piedra blanca parecen terrones de azúcar derritiéndose por su textura granulosa. Paso por un lugar con vistas a un barranco (Delgado/ La Cesta) recubierto de plantas que parece que nunca ha sido plantado. Más adelante paso por otro barranco por un sendero empedrado (Hendía) y poco después de bajar una cuesta donde hay un perro histérico al lado de un canal con agua corriendo, y muy cerca del otro barranco, atravieso el barranco de Achacay (que es el que fotografié en la excursión 323 y que más arriba se llama barranco Redondo). Aquí hay un Pozo (Salto Achacay) que tiene 380 metros de profundidad. El paso por el barranco es por un camino polvoriento y después bajando por la otra ladera del barranco veo un gran salto (Saltadero del Achacay). Me impresiona, es muy alto, lijado y limado por el agua durante siglos. El salto da a un tramo del barranco con fondo arenoso y encerrado por paredes casi verticales. Este barranco según dice un cartel tiene tramos inaccesibles con endemismos y sabinares en las laderas verticales.
Muy cerca de este salto veo un campo abandonado de viñedos delimitado por palés de madera en vertical que a su vez son el sostén de cuerdas para sujetar los viñedos, más secos que bacalaos. Todo este recorrido me está encantando. Todo me gusta, este aire desértico que le da la piedra blanca y los campos abandonados me gustan mucho. Pero no es un desierto en absoluto, tiene una gran riqueza y variedad de plantas y muchas casas ocupadas y en buen estado.
Llego a la TF-617 que es la carretera por la que he subido desde la autopista. Aquí un cartel me indica que es un sendero local (SL-263) y que falta 1,3 km para el barranco de Erques. Ya son las seis y cinco y me parece un poco tarde pero traduzco la distancia en tiempo y me lanzo. Al principio sigue habiendo fincas, poco a poco se van haciendo espaciando. Predomina el suelo claro (de los piroclastos sueltos) con muros bordeando el camino del mismo material. Un hombre con pantalones de camuflaje riega con mucho cuidado las plantas al otro lado de su terreno que es un vergel. Más adelante hay terrenos vallados donde no hay nada plantado y también un estanque vacío con una pequeña habitación debajo sin puerta donde hay una tabla a modo de mesa y una botella abandonada. Poco después ya veo el barranco de Erques que me deja turulato, me impresiona muchísimo.
Algunos cernícalos vuelan en lo alto del barranco y chillan ruidosos (ya está aquí, ya está aquí, parecen decir). Accedo por una curva del barranco (380m) que tiene un promontorio en primer término y que recorro con avidez para no perderme ningún detalle de esta magnificencia, esa grandiosidad del enorme hueco de la curva y de la contra curva con sus estratos bien visibles y ninguna señal humana excepto el letrero metálico azul de zona protegida. Con paredes de setenta a cien metros de altura. La vegetación está dispuesta como en una exposición: los bejeques, los cornicales, las tabaibas, los matorriscos bien separados los unos de los otros. Después del recorrido que he hecho terminar aquí es el colofón perfecto y eso que ya no luce el sol en el interior del barranco. Me puedo imaginar cómo ha de ser con sol en todas las paredes. El cauce es un lecho arenoso que sube practicable, hacia abajo parece haber un salto grande insalvable. No atravieso el cauce, lo dejo para otro día después de ver por dónde va el sendero que baja y el que sube enfrente.
Para regresar por el mismo recorrido me pongo a escuchar una ópera de Philip Glass: Satyagraha. Vuelvo casi un metro por encima del suelo con los cánticos (en ruso y sánscrito, creo), y ese tono repetitivo y obsesivo con leves variaciones de la música de Glass. Todavía me da tiempo a admirar otro poco el paisaje salvaje del camino real y de que el bardino fiero que está al lado de una caída de agua me ladre con rabia cuando me pongo a fotografiar el agua y a él de paso. Cuando me alejo todavía con sus ladridos en la espalda me inquieta un poco que se escape y me ataque.
Maravillosa excursión. En el coche tengo casi una sensación voluptuosa y me alegra conducir por las vueltas de la carretera y abajo por la autopista. Una canción me gusta tanto que la repito varias veces: “Out on the weekend” del disco Harvest de Neil Young, con su doliente armónica y su tono triste.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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