• Excursión 353. 29 Octubre de 2015. Jueves.
Los Pelados.
Municipio: Güímar.
ENP: Parque Natural Corona Forestal
De 16.30 a 18.30h. De 770 a 1280 a 1120m.
Distancia: 2,5km. Duración: 2h.
En un estado mental de abatimiento y preocupación recorro una pista de tierra por la zona agrícola de Los Pelados en la parte alta de Güímar. Los Pelados es un valle inclinado donde se cultiva la vid. No es el mejor día para visitarlo
Durante la mañana en mi trabajo me entero de un par de cosas que me dejan muy preocupado, en una encuesta los alumnos me han calificado muy bajo en la pregunta “se entienden las explicaciones del profesor”; estoy rabioso porque no entienden lo que digo porque no dan palo al agua y como se trata de una asignatura que hay que entender lo anterior para comprender lo siguiente no se enteran de nada. Tan desasosegado me quedo que incluso pienso en cancelar la excursión de los jueves, la maravillosa excursión de los jueves. Por otro lado, el tiempo está muy nublado y lluvioso, así que no hay escapatoria porque incluso en el sur hace mal tiempo. Pero me hago el fuerte y decido usar mi excursión como terapia.
No comienzo bien comiéndome los dos sándwiches de rigor conduciendo camino de Güímar, nada sensato por mi parte. Con el reciente cambio horario anochece una hora antes y ya, prácticamente, a las seis y medio hay muy poca luz. Así que, por eso, y por ahorrar el día he decidido comer conduciendo. Mal hecho.
De acuerdo con mi plan subo hacia Los Pelados, que es un valle inclinado en lo alto de Güímar, entre los 800 y los 1300 metros sobre el nivel del mar. La carretera de acceso pasa por delante de San Pedro Arriba, que es por donde empecé la excursión (la 323) en la que recorrí un canal hasta San Juan. El día está muy oscuro. En los 600m paro y me pongo la ropa de excursión. Sigo en el coche subiendo por una pista de un solo carril. Pista que progresivamente está en peor estado hasta que alcanzo los 770m en dónde tengo que aparcar porque se acaba el asfalto. A partir de aquí la pista es de tierra, nada de cemento (años después la cementaron). Además, hay grandes charcos. Con el paraguas abierto empiezo a subir. Y llueve tanto que no lo vuelvo a cerrar hasta que me encuentro con un hombre que está trabajando en su finquita. Tras el breve encuentro lo vuelvo a abrir. Llueve sobre mí y dentro de mí, porque las preocupantes noticias del trabajo no me abandonan, lo más que consigo es no pensar todo el rato en ello. Me siento abandonado, injustamente tratado por los estudiantes y procurando que la lamida de lágrimas no me impida ver el camino y me caiga en cualquier recodo de la pista. A pesar de todo me empeño en disfrutar de la excursión que físicamente es dura porque la pista sube y sube con una inclinación constante y fuerte. Alrededor no se ve prácticamente a nadie, la niebla lo oculta todo. Sé que desde esta loma en condiciones meteorológicas buenas hay unas fantásticas vistas de Güímar y de los dos barrancos que la rodean.
Tampoco el día da para muchas alegrías fotográficas. En algún momento de la subida me sobrepasa un todoterreno, saludo con la mano al conductor. Inmediatamente pienso que por qué no le he pedido que me lleve hasta arriba, me va a costar un rato olvidar esta falta de atención. Pero yo sigo y sigo por esta pista que serpentea con señales muy claras de que ha llovido mucho recientemente, todos los desviaderos de agua del camino están erosionados y con marcas de corrientes. En las curvas hay unas salidas para que el agua no siga por el camino y lo destruya. Y la lluvia constante y fina sobre mí y dentro de mí. Traigo un reproductor musical, pero no me pongo música.
Como no tengo una idea clara de cómo es el valle y no he interpretado bien el mapa (me pareció un valle plano, es todo lo contrario) sigo y sigo subiendo, 1000m, 1100m, 1200m, hasta 1280m. Y sólo me paro porque la pista se termina en dos terrenos vallados y con portones.
Al menos así se termina la tortura de esta subida ingrata. Cuando empiezo a bajar me pongo a escuchar una música relajada (canciones de Rodgers y Hammerstein interpretadas por diversos cantantes). Cuando comienzan las notas de “My Favourite Things” interpretada por Julie Andrews me empiezo a calmar y me paso un rato entretenido haciendo fotos de gotitas de agua sobre las plantas y sobre las vallas metálicas y por fin puedo disfrutar plenamente del día. Más tarde en la bajada (1120m) me meto (a la derecha) por un camino llano y lo sigo un rato hasta que me doy cuenta de que un hombre me hace gestos. Me quito los cascos. Me pregunta qué hago por aquí y me advierte que queda muy poca luz. Pienso por un momento en decirle que creía que me quedaba tiempo, en vez de eso y por prudencia le digo que vale, que me volveré ya, y entonces él se ofrece a bajarme.
Me acerco a su terreno que está después de una curva y me ofrece un vaso vino y después una cerveza, pero yo le digo que con agua tengo suficiente. Me da un botellín de agua de Lanjarón. Resulta llamarse José Manuel y aquí está cuidando sus viñas y su terreno. Me explica que tiene que subir para hacer diversos trabajos como quemar la yerba, arreglar muros, trasegar el vino y simplemente estar. Después nos ponemos en camino. Ir en un todo terreno por estas pistas de firme tan irregular es como ir en un barco en mar agitado. Continuamos hablando y me dice que tiene un bar en Güímar (Molondra). Se muestra bastante sorprendido de que vaya sólo y me dice que por allí no va nadie, ni siquiera los fines de semana. Me habla del recorrido del canal de Las Mil Ventanas y me señala al pasar (1020 m) donde se cruza el canal con la pista por la que bajábamos, y que por ese canal suele ir mucha gente sobre todo los sábados o domingos, pero que no tiene comunicación con esta zona. Se interesa por mí y le digo que todavía no me he jubilado, y por simplificar le digo que por las mañanas trabajo en la universidad y por las tardes me voy de excursión. También le hablo de los sitios que he visitado en Güímar, Arafo y Candelaria.
Es un hombre muy amable. Bajarme hasta mi coche ha sido una gran ayuda. Y, efectivamente, yo me había despistado con el tiempo y no tenía tanto tiempo para llegar al coche antes de que se hiciese de noche, así que ha sido providencial en mi estado de preocupación. ¡Ah! También me preguntó si conozco a Catalina, una mujer que trabajó en la ferretería del Cantillo, pero que ya se jubiló hace más de quince años y que ahora vive encima de Correos, no, no la conozco. José Manuel también me cuenta de un Land Rover de gasolina que eso sí que subía por aquellas cuestas, mucho mejor que el todo terreno que tiene ahora.
Después, ya en mi coche, me tuve que concentrar bastante en la bajada porque la pista es muy estrecha y sin iluminación no se ve nada de nada, cualquier despiste podía ser fatal. En Güímar me cuesta bastante salir hacia La Hidalga para alcanzar la autopista. Hay mucho tráfico, llueve y ningún cartel de cómo llegar a la autopista. Le tengo que preguntar a un jovencito que está delante de un instituto (¿o era un polideportivo?).
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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