• Excursión 392. 28 Enero de 2016. Jueves.
Guaza.
Municipio: Güímar.
De 16.15 a 17.50h. De 270 a 330 a 270 a 330 a 270m
Distancia: 4,7km. Duración: 1h 35m
Debido al mal tiempo hago una pequeña excursión deambulando por las calles agrícolas del barrio de Guaza en Güímar. Gracias a la música alegre que escucho le doy dimensión cinematográfica a la exploración de viñedos con suelos de jable
Llego a Güímar a eso de las cuatro. Los cielos nublados y grises me obligan a cambiar mis planes de subir al Pico Chico y al Pico Grande (por encima de San Juan). Callejeo con el coche por las fincas de Güímar que hay entre la autopista y la carretera general. Terreno desolado y desolador. Algunas fincas de plátanos. Otras de extracción de áridos. Me paro en un sitio desde el que se divisa el Pico Chico y con los prismáticos voy recorriendo los sitios donde estuve el día anterior (excursión 391). Se distinguen muy bien las casas que hay en el lomo y el propio lomo también con su forma afilada. Pero un poco más arriba de esos sitios está completamente cubierto.
Por no tirar el día y ya que estoy aquí conduzco hasta Güímar y me decido por hacer una excursión por Guaza, lo que salga. Aparco el coche cerca del bar El Puente, al lado de una gasolinera y un semáforo. El día está gris y un poco ventoso, pero no frío. Deambulo un poco antes por la calle que está encima y descubro el bar de La Molondra, que es el bar de Juan Manuel (excursión 353), está cerrado. Desisto de ir más lejos por Güímar y me voy hacia Guaza.
Al cruzar el puente y a la izquierda veo un grupo de casas cerradas que me llaman la atención por su geometría, están cerradas, pero no abandonadas. Recorro un pasillo por debajo de las casas y llego hasta el barranco (Chiñico), pero no llego a ver nada interesante. Vuelvo a la calle. Como el día está realmente gris me pongo música de las oberturas de los musicales de Rodgers y Hammerstein para hacer un poco cinemática la experiencia y porque es una música alegre. Recorro varias curvas de la carretera sin entrar en ninguna de las calles hasta que llego a la calle de El Lomito, que es una de las últimas del barrio. La subo y enseguida ya no hay casas y empiezan las fincas. Un perro me ladra dentro de una finca. El paisaje es un poco desolado y anárquico. Según subo a la derecha mirando la trasera de una calle de Guaza, y en este día gris se resaltan las diferencias entre las casas, algunas modernas, otras abandonadas, entre ellas terrazas baldías de arena blanca. Me gusta que el camino sea en subida. Exploro unas terrazas plantadas con vides de las que me llama la atención el suelo, que es de arena beis casi blanca (jable). Muy limpio de maleza y las vides casi sin hojas. Y la limpieza resalta la simetría de la disposición de las vides.
Recorro tres terrazas hasta llegar al borde de un barranco que es muy poco profundo y está plantado con papas un poco más abajo. Vuelvo al sendero y ya la música es la que me sostiene en este paisaje un poco desértico. Penetro en otra finca que tiene un girasol y cebollas y otras plantas muy bien organizadas, claramente es un terreno privado, pero al no tener vallas ni cercados paso tranquilo, y además a esta hora no va nadie a trabajar. También hay pequeñas macetas de plástico, trapos y útiles de labranza. Voy de una terraza a otra y me subo a un altozano donde hay una buena vista de algunas calles de San Juan y también de la ladera donde está el mirador de Don Martín. Solo el hecho de meterme por donde no me llaman y llegar a ese mirador me da buena sensación. Y cuando logro una buena visual de San Juan hago un par de panoramas y ya entro en calor interno por sacar petróleo del desierto. El sitio donde estoy es un campo abandonado lleno de plantas bajas y más abajo hay un depósito de agua. No muy atractivo, pero llegar hasta aquí ya es algo y la vista también merece la pena. Animado vuelvo al camino y sigo subiendo.
La pista de tierra se convierte en un sendero después de pasar una casa con algo de encanto. Sigo hacia arriba hasta llegar a un campo sembrado de papas. Muy cuidadas las hileras y recién regadas, es tan prometedor. Paso por el borde y subo unos escalones de piedra hasta otra terraza con más papas y de tan buen aspecto como las otras. La recorro, pero el sendero termina. Las casas de las calles quedan demasiado arriba así que tengo que regresar.
Al bajar intento pasando un campo abandonado llegar al barranco, pero no veo la manera de cruzarlo, y además si lo cruzo voy a terminar dentro del terreno de alguna casa así que decido volver.
Regreso a la carretera y subo por la siguiente calle, de la que vi la parte trasera al subir. El día sigue igual de gris pero la música de Rodgers y Hammerstein me sigue sosteniendo y dando alas. En esta calle donde hay algunas casas antiguas mezcladas con casas de todas las épocas me gusta mucho una enorme flor de pascua muy florida que sobresale por encima del muro de una casa y que tiene al lado una pala amarilla abandonada y casi sepultada por plantas trepadoras. Al lado hay un túnel en la densa vegetación y dentro un coche medio ladeado. La casa a la que pertenece es una de esas casas de los años cincuenta con cierto toque racionalista, pero muy venida a menos.
Recorro algunas calles laterales para ver si atraviesan el cauce del barranco, pero ninguna lo hace. Bajo hasta la carretera y regreso por ella. Al pasar por delante de una casa donde estuvo el partido socialista me gustan sus ventanas redondeadas, muy originales, de aire modernista. Más adelante me detengo enfrente de una calle que sale hacia arriba con bastante desnivel y en la que hay un cartel indicando que por allí se va a San Juan. La casa donde está el cartel que está a la izquierda de la subida es blanca, pero se le nota el tráfico que tiene que aguantar. Y al otro lado hay una casa abandonada y en ruinas con una higuera en el pequeño espacio entre la casa y la carretera. Y me quedo un rato observándola y me llega a emocionar al comprobar que la higuera sobrevive muy verde y rodeando la casa la protege mucho después de que las personas que la plantaron abandonaron la casa. Para darle un toque mágico al momento aparece un jinete muy ufano y sube la calle a buen trote en su hermoso caballo. A mi lado una mujer sale de su casa, justo enfrente de la subida y me mira, pero no me llega nada de su mirada y después se queda sentada mirando la carretera con aire de estar muy aburrida.
Vuelvo al bar de La Molondra, pero sigue cerrado.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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