• Excursión 930. 11 Abril de 2019. Jueves.
Montaña Mojón. Barranco Mara. Risco Bisechi. Roque Vento.
Municipio: Arona.
De 11.40 a 17.24h. De 190 a 287 a 190 a 550 a 430 a 487 a 407m.
Distancia: 12,9km. Duración: 5h 44m
Larga excursión en la que visito un gran volcán (Mojón), un risco impresionante (Bisechi) y un escultural roque (Vento). Los conecto siguiendo pistas, senderos, caminos tradicionales y también calles de los barrios alrededor de Arona. Los tres lugares son fantásticos miradores
Una semana después de la herida en la mano (excursión 929) me animo a salir. Podría haber salido antes pero me ha parecido prudente convalecer una semana para darle tiempo a la herida para que se cierre bien. Ningún problema de momento.
(En una excursión por el barranco de Juan López me caí y s.Se me desgajó un trozo de piel de la palma de la mano, me tuvieron que dar varios puntos)
Con claros y nubes y no muchos pasajeros salgo en la 110 (10.30h) hacia Los Cristianos. Llego una hora más tarde (11.25h). Aquí está totalmente despejado. Sobre la marcha me subo en la 480. Me bajo en el hospital (11.40h, 190m) al lado de un carrito muy animado con mucha gente consumiendo. Mucha alegría en el ambiente en este día luminoso. Directamente me encamino a la montaña Mojón, otro cono volcánico en forma de herradura con dos picos. Relativamente aislado en la llanura. Me dirijo por una pista hacia una edificación de aspecto descuidado y la evito por la izquierda cuando oigo los ladridos de perros. Y simplemente me pongo a subir por la ladera lo más recto que puedo evitando las tuneras indias y las tabaibas que crecen ralas y dispersas en toda la ladera. Pensaba que me iba a costar más subir después de una semana en dique seco, pero despacio no me canso casi nada. Enseguida empiezan las vistas estupendas de la llanura, del hospital, y de una urbanización hacia el oeste (Chayofa).
Llego a lo alto (11.54h, 260m) y sigo por la cresta derecha hasta su extremo. La vista es fantástica: amplia, de 360 grados. Al estar esta montaña en una llanura tengo acceso visual a todo. Me gusta mucho encaramarme en estos picos, que están relativamente cerca de núcleos urbanos. Me encanta ver los coches circulando por la autopista, como hormigas, qué diferente de cuando he tenido que ir por el arcén de la autopista. El día está fresco y luminoso, todo parece nuevo, yo también, después del susto de la herida y de mi semana fuera de combate. En tantas ocasiones que me ha pasado algo gordo en una excursión me parecía que esa era la última que me pone eufórico cuando vuelvo y hago otra. En la cresta hay cardones, tabaibas y gamonas además de las escorias propias de los conos volcánicos. Desde el final del extremo derecho recorro toda la cresta hasta el otro extremo, con vistas ligeramente diferentes, y del propio valle interno de la montaña donde hay colmenas, no sé si con actividad. Bajo ladera abajo hacia unos garajes donde parece haber un bar y también campo a través, tal como subí, pero muy despacio. Extremo las precauciones, tengo demasiado presente la caída de la semana pasada, bajo planeando cada paso y sin arriesgarme, y en oblicuo para minimizar el desnivel hasta que localizo un sendero ya casi cuando estoy abajo del todo. Ahora, una vez abajo, atravieso zonas desoladas, áridas, restos de pistas cegadas o de terrenos de movimientos de tierras. Y voy directo hacia la parte baja de la urbanización de Chayofa, paso a la derecha del hospital y cruzo la carretera (la que sube de Arona a La Camella) y campo a través por terreno muy erosionado, con zonas de placas de barro y cerca de unas instalaciones valladas llego a unas pistas muy anchas con marcas de ruedas de camiones y corteza costrosa crepitante, me encanta caminar por aquí. A la vista tengo las terrazas de las casas de la urbanización y oigo los gritos de niños divirtiéndose en piscinas que no veo. Sigo por la pista hasta que se termina y me obliga a pasar por una calle asfaltada (Risco Viseche), pero enseguida vuelvo a salir hacia la izquierda a una pista muy erosionada y sin circulación.
Y me salgo enseguida por un sendero que sube pegado al borde de un barranco (Mara) de aspecto muy seco, de paredes marrones, muy irregulares e interesantes, con muchos huecos y columnas. El sendero va subiendo bastante derecho y cerca del borde. Por debajo veo una valla metálica, que me resulta totalmente incongruente ¿qué protegerá? Y es que el barranco es árido y el cauce salvaje y lleno de piedras, por no hablar de un gran salto que hay un poco más arriba. Cuando paso cerca del salto me alejo del sendero para ver mejor el cauce (por encima del salto) y las oquedades que hay más abajo. Me resulta arrebatadoramente bello este barranco, con tantos tonos de marrón y formas diferentes. Ahora he llegado a una zona de terrazas abandonadas y puedo caminar por llano por un terreno arenoso y con costra del agua que ha caído recientemente. Es una sensación que me encanta, la de ir dejando mis huellas en la superficie lisa y llana de los bancales. Los muritos no son muy altos y son fáciles de trepar. El día sigue radiante, fuerte, muy luminoso. Llego a una pista y poco después a un canal, con agua, milagro (300m, Canal Intermedio). Me resulta un prodigio ver el agua fluir por estos terrenos tan áridos. La pista me lleva hasta una parte cementada para pasar el canal y sigo recto hacia arriba por una zona de terrazas amuradas y secas hace mucho, cuya superficie parece piel de cocodrilo. Después veo un foso profundo y largo, es muy dinámico por sus curvas y su profundidad pero sin una gota de agua. Más arriba hay otro canal, este cubierto y más ancho. No logro localizar una era que hay por aquí.
(Ahora que reviso esta crónica para publicarla puede ver la era en el mapa fotográfico de Grafcan, está muy desvaída, apenas destaca, 19 metros de diámetro, en los 425m de altitud sobre el nivel del mar).
El camino me va llevando hacia la izquierda, hacia el cauce del barranco, el mismo que he estado viendo en toda la subida. Y hasta aquí sigue la valla, que tiene una abertura. Paso el cauce y sigo por la otra ladera hacia abajo por un sendero estrecho. Me alejo del sendero y me acerco al borde para ver las formas fantásticas de las paredes del barranco, del canal cubierto, con losas rotas, y de la vegetación densa del cauce. Al elevar la vista veo el gran roque del Conde. Son vistas muy saturadas, muy ricas en detalles. Y todavía me falta lo mejor, las mejores cosas de esta excursión. Sigo por el sendero hacia abajo hasta una protuberancia rocosa de color marrón claro, muy dramática. Vuelvo a pasar la valla, aquí caída, y me subo hasta lo alto de las rocas. De formas y colores preciosos. Es un saliente sobre un gran risco (14h, 420m) y enfrente tengo otro, bien iluminado por el sol (el risco Bisechi), un gran abismo, de líneas verticales. Al otro lado y por encima pasa el camino viejo de Adeje. Y me acuerdo de la vez que estuve en lo alto de un promontorio al otro lado (excursión 733) y vi este risco, el risco sobre el que estoy ahora, como me gusta esta sensación de completar las vistas, de haber estado en un lado admirando otro sitio y después estar en ese sitio admirando el primero. Este lugar es una maravilla, no me canso de ver las formas de las rocas por donde paso, salto o trepo. Me acerco todo lo más que puedo al borde y descubro una sabina, pequeña, que está en el puro borde, azotada por el viento que sube del fondo del abismo, qué capacidad de supervivencia. Me empiezo a poner nervioso, no sé para dónde mirar, todo es tan espectacular. Tengo vistas hacia la costa de Adeje y lo más llamativo es la gran caldera del Rey. Con los pies bien plantados hago panoramas con la cámara de fotos. Por fin, me zafo del encantamiento y bajo el roquedal. Lo rodeo y empiezo a subir cerca del borde, y entonces me doy bien cuenta de lo peligroso que hubiese sido acercarme a la sabina, y es que está sobre el abismo, parte en el abismo, parte agarrada a la pared y ahí sigue moviéndose con el viento. Me mantengo lejos del borde y sigo embobado mirando el risco de Bisechi. Un poco más arriba logro ver el cauce, es ancho y parece que se puede llegar y transitar por él fácilmente (excursiones 1150 y 1266).
Este es el barranco del Rey, que también tiene un salto de un gran desnivel. Aquí todo es superlativo. Sigo subiendo por este lado del barranco, al llegar a la curva por donde crucé el barranco Mara sigo por una pista que sube a la izquierda y que pronto se convierte en un sendero, precioso, estrecho, que va por el borde del barranco, no muy profundo aquí, enfrente hay unas cuevas, con muros, las cuevas están en la pared opuesta del barranco. Una gran casa aislada en lo alto. Llego a una pista (la que lleva a esa casa) y subo por ella pasando por algunas parcelas donde están construyendo casas. Tampoco logro localizar otra era por aquí. Sin darme cuenta llego (490m) al camino viejo de Adeje. Lo sigo hacia la derecha y por él llego casi a la carretera (15.01h, 515m, muy cerca ya de Arona). A la sombra de unos balos me quedo a comer. Todavía estoy viendo el risco de Bisechi.
Algo repuesto, hace mucho sol pero a mí no me importa cruzo la carretera y por el otro arcén la recorro unos diez minutos y después de de sobrepasar la calle Real Vento me meto por una calle a la derecha (calle Cementerio). Paso al lado de una pista de baloncesto, y después dejo el cementerio de Arona a la derecha para seguir bajando. Toda esta zona está asentada en un cono volcánico, pero está muy embutido en el paisaje por arriba, de manera que sólo es palpable cuando se ve desde abajo. Es un punto de referencia de Arona desde los barrios de la llanura de Arona. Me alejo del barrio bajando hacia una carretera (Camino Arenado) que paso de largo hasta otro pequeño barrio. Y me meto por la segunda calle (Picamolinos en mi mapa, pero creo que tiene otro nombre en un cartel in situ). Es un barrio de casas pequeñas de una o dos plantas, que termina enseguida. Sigo ya por una pista con vistas al volcán, con la típica forma en uve, como la montaña Mojón. En algún momento me despisto del recorrido del mapa y sigo campo a través bajando al lado de un canal y después una pista hasta toparme con una casa que está aquí en medio. La evito por la izquierda y tras ir por terrazas hacia la izquierda logro encontrar el recorrido por dónde quería ir, me agrada encontrar que es un camino tradicional con muro de rocas y firme rocoso. Me gusta mucho descubrir estos viejos senderos que siguen intactos y que probablemente seguirán intactos durante siglos.
Confluyo al final con la calle Camino Arenado por donde sigo hasta una carretera (calle Los Morales). Tras un depósito tuerzo a la derecha (Camino Sabinita Llano Vento) y subo pasando varias calles laterales hasta meterme por el Camino Llano Vento. Es una zona de casas dispersas y terrenos agrícolas en menor o mayor uso. Ya voy teniendo muy a la vista el tercer objetivo del día: el roque Vento, un roque muy puntiagudo que parece inexpugnable.
Tras pasar una última casa aislada donde una mujer y unos operarios están luchando frustrados con unos cables llego a la base del roque donde hay un depósito de agua. Por la derecha del depósito me pongo a subir, un poco a las bravas, entre grandes rocas y vegetación con muchas ramas y algunas pencas. Viene un fuerte y apestoso olor a excrementos de gallinas. No estoy seguro de que esté en el sendero correcto pero no me importa porque puedo ir subiendo y subiendo hasta llegar a la parte más baja de los salientes rocosos del roque Vento. Recorro un andén, un verdadero pasillo, que está a la sombra, y que se alarga recto por la pared vertical. Es impresionante estar aquí, la vista es maravillosa, el sitio es maravilloso, todo es fantástico. Es el mismo tipo de rocas que las del roque de Iguere y que el de Jama: grandes lascas, grandes piedras redondeadas en tonos anaranjados y marrón claro. Me quedo un rato sobre el andén. Después tengo que trepar un poco para salvar unas grandes rocas y seguir trepando por grandes bloques pulidos por la parte al sol del roque. Aquí sólo hay un camino y tengo que recordarlo para poder bajarlo después. Subo y subo y por fin llego a la parte más alta del roque. Estoy eufórico y completamente nervioso ¡qué sitio! El roque es un conjunto de esculturas apiladas, amontonadas, por las que salto y voy recorriendo. Me sorprende la presencia de varios pinos aquí arriba. Y las vistas, las vistas son maravillosas. Repaso los roques que ya he visitado y los que me faltan por visitar, los que están entre Aldea Blanca y Buzanada. Me quedo un buen rato con los prismáticos mirando las piscinas vacías de las urbanizaciones cercanas. La bajada del risco es emocionante, con un sol fuerte, y ahora sí que bajo por el sendero correcto el que va por la derecha (bajando) del depósito de agua.
Ahora pretendo ir a Valle Lorenzo para terminar ahí. Regreso por la misma calle que vine y unos 150 metros más abajo me meto a la derecha por una pista polvorienta que va a chalets aislados y campos de cultivo pero está todo cerrado. Tengo que bajar otro poco y torcer a la derecha por la calle Carretera Sabinita-Roque Vento. Algunas casas aisladas terreras que parecen haber estado aquí desde hace mucho, en una de ellas una mujer mayor está sentada a la puerta y un hombre de su edad revuelve cosas en un pequeño corral al otro lado. Los saludo, apenas es audible lo que dice la mujer. Cruzo una carretera (que une Arona con Valle Lorenzo) y sigo un poco más arriba (calle Chimaca) porque creo que hay caminos antiguos para ir hacia Valle Lorenzo. Efectivamente a unos 200 metros del cruce me meto a la derecha por una pista (Camino Lomo Chimaca) que termina enseguida pero que tiene continuación por un camino tradicional con pequeño muro de piedras y algo de empedrado y ligeramente elevado sobre un barranquillo. Bien. Me gusta. Pero termina muy pronto y llego a una parte confusa porque me topo con una carretera (la misma de antes) y tengo que evitarla, no cruzarla, por un senderillo que me lleva a una pista (Camino Pinto) y por ella sigo en dirección a Valle Lorenzo.
A la izquierda hay una gran nave donde parece que están trabajando y la pista me va llevando hacia un gran valle con varias balsas, todas vacías, hechas en los cauces de los barranquillos. Encuentro después de un espacio amplio con restos de grúas otro camino tradicional. Este más hermoso, con doble muro alto, ancho, que va bajando y con plantas en los bordes y por fuera. Esta sí que es una buena manera de llegar a mi destino. Cuando termina llego a una parte muy degradada de la ciudad donde hay aparcamientos salvajes y todo muy polvoriento y feo. Y llego a las primeras calles con edificios de tres o cuatro plantas. Y poco después a la carretera general (17.24h, 427m) donde reina una gran animación. Bastante tráfico. Muchas personas con bastante diversidad étnica. Muchos comercios. Me compro una botella de agua con gas y otra sin gas en un súper (0,75€ las dos). La 418 (17.45h) viene con un conductor que le está enseñando la ruta a dos nuevos y hablan de las cosas de conductores: los peligros de los badenes (a veces se rompen las lunas de las guaguas cuando bajan bruscamente después de haber pasado el badén, los horarios estrafalarios -se levanta a las cuatro de la mañana para empezar su turno). Me gusta identificarme con lo que se siente al empezar un nuevo trabajo. Y se me hace largo, media hora para llegar a Los Cristianos (18.15h), donde tengo que esperar casi media hora más a la 110 (18.41h). Me siento delante y la vuelta me resulta fantástica. Ahora estoy en uno de los mejores momentos de las buenas excursiones, estoy sentado en la primera fila de la guagua, la temperatura es perfecta, voy como ingrávido con el ligero sube y baja de la buena suspensión de la guagua, la carretera y los alrededores son como una gran pantalla de cine, y yo estoy cansado pero sin heridas y sin caídas puedo ir repasando las cosas que he hecho, las cosas que he visto al mismo tiempo que no pierdo ojo de la carretera, esto es un nirvana, además hay una luz cálida preciosa que le da un toque dorado a todo lo que veo, y todo esto sin música, se me acabó la batería del reproductor musical. Gracias, gracias a la vida, que me ha dado tanto.
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Track orientativo, no obtenido durante la excursión, elaborado después de realizarla
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