Historia
No se llama así por la ciudad de Nápoles, en Italia, sino por el restaurante Nápoli de Jorge La Grotta, donde se vendió por primera vez en Buenos Aires a finales de la década de los 40. Se la llamaba milanesa a la Nápoli. El establecimiento se encontraba en la calle Bouchard entre la Avenida Corrientes y la calle Lavalle, en frente del estadio cubierto Luna Park, en la Ciudad de Buenos Aires.
Según cuentan un habitué llegó después de que el cocinero hubiera terminado su turno y ordenó (como todas las noches) una milanesa, que fue cocida por un asistente. La milanesa se pasó de punto y no quedaba otra en el local. Para no desairar al cliente, La Grotta le propuso al asistente que removiera el pan rallado quemado y cubriera la milanesa con salsa de tomate, jamón y queso, y la gratinara en el horno. Al cliente le gustó tanto la nueva versión que El Nápoli la incluyó en la carta como especialidad de la casa.
Según descendientes de Jorge La Grotta, la leyenda sobre la milanesa pasada de cocción es simplemente una leyenda, y el origen es más bien producto de crear un menú original combinando otras costumbres culinarias de Italia como la pizza Napolitana y la cottoleta a la milanese; esto es: la primera milanesa a la Napoli era una milanesa recubierta con una salsa de tomate y de albahaca luego otros restaurantes copiaron la idea y le añadieron el queso y el jamón etc, motivo por el cual la familia La Grotta exigió que no se la llamara la Napoli aunque quedo consagrado el nombre «a la napolitana».
Receta:
Para la milanesa proceder igual que con la receta anterior.
Luego cubrir la milanesa con salsa de tomate, jamón, muzzarella y unas arvejas.
Suele acompañarse con papas fritas, ensalada rusa o ensalada de lechuga, tomate,
remolacha, palmitos, etc.
También hay quien le pone un huevo frito por encima.
En algunos lugares, si se pide una milanesa napolitana completa, viene con todo lo arriba mencionado, siendo casi imposible que una persona se la coma toda.