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Dicen que es diferente levantarte teniendo un objetivo concreto en la vida. Debo admitir que es cierto, incluso cuando ese objetivo sea quitarle la vida a alguien más. Lo sé, suena desquiciado, pero la otra parte es Garondolf Baskerville: Mi malvado padre y líder del mundo criminal en el Reino Slayer. Personalmente, considero que eliminarlo sería hacer un gran servicio a la humanidad. Además, no es que disfrute con ello; simplemente comprendo que, si no lo hago yo, él terminará matándome tarde o temprano. Lo mío, al final, es legítima defensa.
Claro, también es posible que falle y acabe muerto de todos modos, pero al menos me iría sabiendo que hice todo lo que estuvo a mi alcance por sobrevivir.
Convencido de ello, lo primero que hice fue pedir un cuaderno en blanco. Allí empecé a escribir un registro minucioso de todo lo que sabía sobre el juego de DunBrave: los monstruos, los laberintos, los objetos mágicos, las ubicaciones principales, el trasfondo, los personajes y los eventos importantes que desencadenan la aparición de los artículos más poderosos. Escribí todo en japonés, por si algún espía de mi padre en la mansión Comencé a trabajar en plena madrugada y, cuando llegó el mediodía, ya había llenado más de treinta páginas. Suena poco comparado con lo que produciría usando una laptop, lo sé, pero quiero verlos escribir con pluma y tinta, iluminados apenas por velas. Y pensar que tantas veces me quejé de lo inútil que era Wikipedia, debido a que mucha de su información estaba equivocada, exceptuando temas de cine, juegos y cultura popular. Irónicamente, justo ahora que más falta me hacía ese tipo de información acerca de DunBrave, no la tenía disponible. Pobre de mí.
Aun así, estoy orgulloso de lo que logré con lo que tenía a mano. Estas treinta páginas podrían ser literalmente la diferencia entre vivir o morir, no solo para mí, sino para muchos otros.
—Bien. Creo que con esto cubrí lo esencial —murmuré, dejando la pluma a un lado.
El siguiente paso era tomar decisiones cruciales. La primera, por más obvia que pudiera parecer, era elegir cómo viviría de ahora en adelante. Este cuerpo no me pertenece originalmente, pero ahora estoy encarnando a Zenón Baskerville. Debía decidir si abrazaría su identidad por completo o intentaría construir una distinta.
«Lo más sensato es moverme según lo que sé de la trama de DunBrave. Solo así podré asegurarme de que León Brave cumpla su misión y salve este mundo. Para ello, lo mejor es continuar siendo Zenón Baskerville. Quiero vivir con libertad, sí; pero para lograrlo necesito existir como alguien real en este mundo. Así que, aunque me cueste, debo aceptar que seré Zenón desde ahora y hasta el fin de mis días. Para bien o para mal».
Mi mejor carta para sobrevivir es mi conocimiento de los eventos futuros. Si me alejo de León y de la trama principal, no sabré qué está ocurriendo ni si algo se está desviando de lo que debería ser. Y ya estoy notando un efecto mariposa: pequeños cambios que podrían crecer hasta volverse irreversibles. No puedo permitir que eso continúe.
«Espero que el Rey Demonio siga sellado como se supone…»
Si León Brave cae, no conozco a nadie más que posea la Sangre del Héroe, y sin ella es imposible sellar al Rey Demonio. La consecuencia sería el fin del mundo, lo que también implica una espantosa muerte para mí. No habría forma de huir.
Por eso, no tengo otra alternativa que permanecer cerca de la órbita de León para poder vigilarlo, aunque sea desde una distancia prudencial.
Una vez resuelto lo relacionado con mi identidad y mi rol en la trama, quedaba el desafío mayor: derrotar a mi padre. Los Baskerville eran una familia que valoraba la fuerza individual por encima de todo, hasta el punto de que la sucesión solo se consideraba válida cuando el heredero vencía personalmente a su predecesor. Garondolf era el producto de siglos de ese sistema. Seguramente era un oponente formidable, y mis posibilidades de vencerlo en un enfrentamiento directo son casi nulas.
Pero asesinarlo envenenándolo o contratando ayuda externa sería un suicidio político. Los miles de agentes de la familia, muchos de los cuales ni siquiera conozco, jamás aceptarían una victoria obtenida así. Es más, probablemente buscarían vengarse de mí. En cambio, si lo derroto en un duelo oficial, no tendrían derecho a objetar nada. Ese es el único sendero posible, pero recorrerlo exige que me vuelva mucho más poderoso.
—¿Cómo debería fortalecerme? —musité mientras revisaba el diario.
DunBrave tenía una particularidad importante: no existía un Sistema de Niveles como en la mayoría de juegos de rol. En su lugar, el crecimiento dependía del Grado de Competencia de cada habilidad. Cuanto más desarrollabas una habilidad, más fuerte se volvía el personaje, de manera gradual.
Inicialmente, el personaje de Zenón Baskerville poseía dos habilidades de combate: Esgrima y Magia Oscura. Además, tenía una habilidad única llamada Sujeción, diseñada para dominar y someter a las mujeres… algo que espero no tener que utilizar jamás, así que no pienso preocuparme por su progreso.
—Estado —susurré.
La ventana se materializó frente a mí, mostrando la información de mi personaje:
ZENÓN BASKERVILLE
CLASE: CABALLERO RÚNICO
HABILIDADES:
Esgrima 20
Magia oscura 20
Sujeción 20
«Veinte puntos en las habilidades iniciales no está mal, pero considerando que el máximo para cada una es cien, definitivamente hay mucho margen para mejorar».
La mejor forma de desarrollar las habilidades era utilizarlas contra los objetivos correctos. Cada vez que una habilidad alcanzaba su máximo, el jugador obtenía la oportunidad de cambiar su CLASE a una superior, mucho más poderosa.
—También necesito conseguir objetos… —murmuré, frunciendo el ceño.
Naturalmente, subir de clase era muy importante, pero también lo era equiparme con Objetos Mágicos poderosos que me permitiesen explotar todo el potencial de mis habilidades y aumentar mi poder. Las armas y armaduras eran prioritarias, pero los amuletos y accesorios también eran cruciales: podían reducir el daño recibido, expandir mi capacidad mágica o acelerar la recuperación de energía. Tener el objeto adecuado podía significar la diferencia entre sobrevivir o morir.
La única forma de obtenerlos era comprándolos en las tiendas, aventurándome en laberintos para conseguirlos por mi cuenta o completando ciertos eventos y misiones que los ofrecieran como recompensa.
Pensé primero en la posibilidad de comprarlos. Como el hijo de un Marqués de un reino poderoso, naturalmente poseía algo de dinero, quizá suficiente como para adquirir objetos comunes o de rango medio. Sin embargo, los verdaderamente poderosos solo aparecen en subastas exclusivas, a precios tan absurdos que podrían superar incluso el presupuesto anual del reino. Solo controlando a toda la familia Baskerville tendría una posibilidad de obtenerlos, y aun así sería un camino impráctico.
La opción más realista era aventurarme en los laberintos y derrotar monstruos. Algunos objetos estaban en lugares fijos que podía recordar, pero otros aparecían de forma aleatoria. La ventaja de este método era que podía obtenerlos al mismo tiempo que mejoraba mis Habilidades y obtenía un botín para aumentar mi riqueza. También estaban aquellos que solo podían obtenerse durante eventos determinados y tenía que estar muy atento para poder obtenerlos.
Sin embargo, este también era el método por el cual el protagonista del juego se hacía más poderoso. León Brave necesariamente tenía que conquistar los diferentes laberintos para obtener su indumentaria y los niveles necesarios. De hecho, esto no solo se limitaba a León, sino que lo mismo aplicaba para su séquito de heroínas: si ellas no crecían en poder, no podrían acompañarlo en la batalla final contra el Rey Demonio.
—¡Vaya dilema! Debo volverme más fuerte lo antes posible, pero dejando suficientes artefactos para León y su ejército —comenté con una sonrisa sarcástica—. Además, quiero evitar por todos los medios la ruta Netorare, así que lo mejor será abstenerme de cualquier encuentro con las heroínas tanto como sea posible.
Me llevé una mano al mentón, reflexionando.
«Entonces, quizás lo más lógico sería recuperar los objetos yo mismo para luego entregárselos a León. Pero si lo hago así, él no superaría suficientes desafíos como para fortalecer sus propias habilidades.»
Suspiré, alzando la mirada hacia el techo como buscando respuestas.
«Entonces mi única opción es ir tras los Objetos Raros y Únicos, esos que son más difíciles de conseguir porque no están relacionados exclusivamente con la trama principal. Encima, debo hacerlo sin contar con la ventaja del crecimiento acelerado que da el atributo de Sangre de Héroe.... Y, por si fuera poco, tengo un límite de tiempo: Debo tener éxito antes de que mi padre decida asesinarme.»
Me eché a reír, aunque no estaba seguro de si era por nerviosismo o pura ironía.
«¡Ja, ja, ja, ja! ¡Esto es como jugar en modo Ultra Difícil, con un mando que no funciona bien y una sola vida! En el Peor Final, el mundo termina aniquilado; en el Normal, yo muero. ¡Y solo hay un Final Oculto en el que quizá consiga sobrevivir!»
El problema era que no tenía otra opción más que intentarlo.
Mientras reflexionaba en silencio, tratando de asimilar la inmensa tarea que tenía por delante, escuché un suave golpeteo en la puerta de la habitación, seguido por la voz familiar de una mujer.
—Amo Zenón, ¿puedo pasar?
—Dije que no quería ser molestado —respondí automáticamente, sin apartar la vista del escritorio.
—Lo siento mucho, pero como no ha desayunado ni almorzado, pensé que quizás querría algo de comer.
Miré el reloj y me di cuenta de que ya eran más de las tres de la tarde. Llevaba más de diez horas trabajando sin pausa. Apenas caí en cuenta, mi estómago comenzó a protestar.
—Gracias, Levienna —respondí, guardando rápidamente el cuaderno en el cajón del escritorio—. Puedes pasar.
La puerta se abrió y la criada entró empujando un carrito con varias bandejas de comida.
—¿Se encuentra bien, amo Zenón? —preguntó mientras servía los alimentos en un plato con movimientos ágiles y precisos, propios de alguien acostumbrada a estas tareas.
—Mi cuerpo ya está bien, pero el hambre estaba empezando a ganarme. Muchas gracias, Levienna —respondí mientras me sentaba a la mesa en mi habitación.
—Me alegra oírlo. Disfrute de su comida —respondió Levienna con una sonrisa serena antes de dar un paso atrás, dejando el plato frente a mí.
De inmediato comencé a comer. En el plato principal descansaba un estofado de carne en su punto justo, acompañado de trozos de zanahorias y papas tiernas bañadas en una salsa espesa y aromática. A un lado, un pan dorado y crujiente esperaba ser untado con mantequilla. También había una ensalada fresca con hojas de espinaca, nueces caramelizadas y rodajas de manzana, todo sazonado con un delicado aliño cítrico. Para terminar, un pequeño pastel de crema de almendras y frutas confitadas.
Mientras comía, no pude evitar reflexionar sobre la dedicación que aquello demostraba. La elección y la preparación de cada plato estaban pensadas para ofrecerme nutrientes, pero también para alegrar el paladar. No era solo una comida, era un recordatorio del cuidado que Levienna ponía en cada detalle, del esmero con el que intentaba que mi recuperación fuese lo más llevadera posible.
«Es más que una criada», pensé mientras tomaba un sorbo de caldo caliente. «Es alguien que genuinamente desea que mejore, quizás más de lo que yo mismo deseo en este momento».
En DunBrave, la comida tenía efectos curativos y de apoyo, pero estaba seguro de que lo que sentía en ese momento no tenía nada que ver con el juego. Era pura y simplemente la amabilidad de Levienna.
—Todo está delicioso. Muchas gracias —dije, incapaz de evitar sonreír.
—Ah, no… Como su leal sirvienta, hice lo que tenía que hacer. No tiene por qué agradecerme, joven maestro…
—Aunque así sea, quiero hacerlo —insistí, mirándola con gratitud—: Muchas gracias por estar siempre a mi lado, Levienna.
—Auu…
En cuanto pronuncié esas palabras, Levienna se desplomó como si sus rodillas hubieran dejado de sostenerla. Apenas logró evitar caer al suelo, llevándose una mano a la boca. Me levanté de inmediato para ayudarla, pero me detuvo con un gesto de su mano libre.
—¡¿Qué pasó?! —exclamé.
—D… disculpe, joven… amo… Yo volveré… luego, para recoger los platos.
Levienna salió de la habitación a toda prisa y, en cuestión de segundos, ya no podía verla. Sin embargo, en esa fracción de tiempo, noté que todo su cuerpo temblaba. Estaba ruborizada hasta las orejas y, aunque trataba de taparse la boca, parecía estar haciendo un esfuerzo enorme para no sonreír.
«¿Es posible… que se emocionara tanto cuando le agradecí que tuvo un ataque de nervios?»
Eso da miedo. Mucho miedo.
Simplemente no podía comprender cómo esta criada tan dedicada había llegado a querer tanto a alguien tan despreciable como el Zenón original. Definitivamente, algo no estaba bien en su cabeza. Tal vez incluso fuera masoquista. Pero, más allá de eso, había algo importante que rescatar de todo esto.
«¿Ves cómo no estabas solo, Zenón Baskerville?» pensé, dirigiéndome al dueño original de este cuerpo: «No estabas solo. No necesitabas convertirte en un psicópata ni arrebatarle las mujeres a León. Tu vida fue miserable, sí, y tu padre un monstruo... ¡pero eso no te daba excusa para ser una basura!»
Tras soltar esa frase, sacudí la cabeza y me concentré en terminar mi comida.
Después de almorzar, revisé con detenimiento el armario en busca de ropa con la que pudiera pasar desapercibido. Mi intención era aprovechar las últimas horas de luz para hacer una primera inspección de la ciudad, un lugar que recorrería muchas veces en el futuro. No planeaba hacer nada más ese día; solo quería verificar que los enclaves principales del lugar coincidieran con los que conocía. Además, al día siguiente debía asistir a la Academia, sin importar las torturas de mi padre o mis propios conflictos internos.
Me dirigía hacia la puerta principal cuando una figura surgió para bloquear mi camino.
—Buenos días, joven maestro Zenón.
—… Ah, tú eras Zaius, ¿verdad?
Frente a mí estaba Zaius Oren, el mayordomo de la familia Baskerville, encargado de organizar todos los asuntos de la casa. Era un hombre de apariencia imponente, con cabello grisáceo que caía hasta sus hombros y un bigote cuidadosamente arreglado en estilo káiser, que acentuaba la severidad de su rostro. Llevaba un monóculo sobre su ojo izquierdo, que brillaba bajo la luz, dándole un aire distinguido que contrastaba con su imponente físico.
Aunque su postura recta y sus movimientos medidos transmitían la elegancia de un sirviente competente, su musculatura descomunal rompía completamente con la imagen tradicional de un mayordomo. Su cuerpo parecía la escultura de un guerrero, con hombros amplios y brazos tan gruesos que su traje ajustado parecía una armadura a punto de ceder bajo la presión. Los botones de su chaqueta se mantenían en su lugar por pura resistencia, y su sola presencia transmitía una mezcla inquietante de disciplina y amenaza.
La combinación de su comportamiento impecable y su fuerza evidente era desconcertante. No era difícil imaginarlo rompiendo el cuello de alguien con sus propias manos, si la situación lo requería. Por un instante, me pregunté si realmente servía a la familia como mayordomo o si era un sicario de mi padre, listo para matar a cualquier enemigo.
En cualquier caso, no podía demostrar que me intimidaba. Lo miré con desdén y dije:
—¡¿Qué quieres?! Sal de mi camino ahora mismo; no quiero perder la luz del día.
—Lamento quitarle su valioso tiempo, Joven Maestro. Es solo que no lo vi en el campo de entrenamiento esta mañana, ni tampoco bajó a almorzar en la tarde. Por eso me preguntaba si no se sentía bien.
—Mi entrenamiento matutino no es obligatorio. Y hasta donde recuerdo, mis horarios o lo que hago con mi tiempo no te conciernen, Zaius.
Mi mal humor no era fingido. Después de todo, mi padre me había torturado la noche anterior. Y a este mayordomo le parecía normal que estuviera entrenando al amanecer como si nada hubiese ocurrido. Traté de avanzar, pero él volvió a interponerse.
—El Maestro desea que usted crezca y se convierta en un hombre poderoso, digno de la familia Baskerville, Joven Maestro. Si descuida su entrenamiento… tendré que informar al Marqués.
—Je, je. ¿Quieres decir que, si me relajo, mi padre vendrá y me castigará de nuevo? No tienes que dar tantos rodeos para amenazarme. Haz lo que quieras, informa a quien quieras, pero no vuelvas a hacerme perder el tiempo, mayordomo.
Garondolf Baskerville casi siempre estaba fuera de la capital y solo hablaba conmigo en raras ocasiones, generalmente para castigarme. Dado que ya se había marchado, era poco probable que regresara pronto. Solo si mis malas calificaciones se hacían oficiales tras el examen, aparecería para torturarme nuevamente.
En cuanto a mi madre, supuse que sería alguna amante de Garondolf. No podía ser nadie importante, ya que su trasfondo ni siquiera aparecía en el lore del juego.
—No es mi intención amenazarlo —replicó Zaius, entrecerrando los ojos—: El Marqués espera mucho de usted, Joven Maestro.
—Las expectativas de alguien que saluda a su hijo torturándolo con magia me importan poco. Pero puedes estar tranquilo —respondí con desagrado—: No pienso avergonzar a la familia Baskerville. Me volveré más fuerte, pero no por él, sino por mí. Y lo haré a mi manera, así que acostúmbrate a que habrá muchos días en los que no pondré un pie en el campo de entrenamiento.
—¡¿Oh?! —respondió Zaius, con una sonrisa intrigada y una mirada impasible ante mi desdén—: ¿Acaso tiene un plan para volverse más fuerte sin entrenar todos los días?
—¿Quién te dijo que no entrenaré todos los días? —respondí, encogiéndome de hombros mientras avanzaba—. Solo que no me limitaré a blandir una espada en silencio. Me volveré fuerte… lo suficiente para arrancarle la cabeza a mi padre y colgarla en una pica frente a esta mansión.
Pensé que Zaius intentaría detenerme nuevamente, pero, para mi sorpresa, se hizo a un lado con una reverencia, permitiéndome pasar sin decir nada más. Eso sí, podía sentir su mirada fija en mi espalda, pero decidí ignorarlo.
Aquella tarde cumplí mi objetivo de memorizar las partes más importantes de la ciudad. No encontré cambios notables en las infraestructuras, lo que significaba que los eventos previstos en la capital seguramente no serán interrumpidos.
Con esa tranquilidad, regresé a la mansión al anochecer. A partir de ese momento, me dediqué a leer todos los libros de historia del reino que pude encontrar, decidido a comprender más profundamente el mundo que ahora habitaba. Por las mañanas, cumpliría mis obligaciones en la Academia. Por las tardes, seguiría mi propio camino.
Hola amigos. En este capítulo decidí arriesgarme y rehacer por completo los diálogos, ya que la mayoría eran repetitivos y no aportaban mucho en comparación con lo que ya se había mencionado en capítulos anteriores. Me dediqué a modificar y mejorar gran parte de la escritura, asegurándome de preservar la esencia de la historia.
Uno de los cambios más notorios es la franja de tiempo. En la versión original, el diario de Zenón se escribió en apenas unos minutos antes de ir a la escuela, pero eso resultaba poco realista. Sería como intentar escribir una guía de videojuegos completa en dos horas: algo imposible sin un equipo y tecnología avanzada.
Espero que disfruten esta versión actualizada que les comparto, junto con las imágenes que la acompañan. ¡Gracias por su apoyo!