Caín y Abel
Génesis 4, 1-26
Génesis 4, 1-26
El relato de Caín y Abel personifica la lucha del hombre contra hombre.
Cuando vemos rencor, envidias, peleas y hasta muerte entre hermanos, nos preguntamos: ¿Por qué no hay fraternidad entre los miembros de una misma familia o pueblo? ¿Qué hay en el corazón de la persona que no acepta a su hermano?
De estas realidades de envidia y pelea, de no aceptación del diferente, de violencia del fuerte contra el débil trata Gn 4,1-16. Es la historia de Caín y Abel, dos hermanos iguales y distintos.
Caín significa “querido por Dios” y Abel “soplo, fragilidad”. Caín es agricultor, un oficio más estable y seguro, en tanto que Abel es pastor, vive en la inseguridad y migra de un lugar a otro. Caín ofrece los frutos de la tierra a Yahvé y Abel los primeros animales nacidos de su rebaño.
Dios escoge la ofrenda de Abel, no porque sea mejor, sino porque es el más débil. Entonces Caín, sintiéndose más fuerte, pero desplazado, busca eliminar a su hermano, porque ve en Abel el competidor que le roba el cariño de Dios.
En estas circunstancias, Dios asoma en la vida de Caín diciéndole que no se deje llevar por el enojo y la envidia. Pero Caín no hace caso a las palabras de Dios y mata a Abel.
Pero Caín no puede estar tranquilo; su conciencia lo acusa. Escucha la voz de Dios que reclama por su hermano débil, pero no se arrepiente, niega su actuación y da a Dios la peor respuesta. Dios exige justicia, porque la sangre de Abel grita desde la tierra.
Dios, que no quiere la muerte de sus hijos, salva a Caín haciéndolo errante. Es la vuelta a la debilidad. Ahora que es débil, errante y peregrino, Dios se compromete a protegerlo.
“¿Qué has hecho?”
La expresión “¿qué has hecho?” habla del horror de Dios ante la acción humana de destruir la vida del hermano. Dios había asignado tareas al ser humano, donde no estaba incluida la facultad de asesinar al próximo, destruyendo lo que Dios había creado.
La razón del asesinato es la envidia, el querer ser el otro, desear el destino del próximo y no aceptar el propio. Esta narración nos presenta la imagen del pecado como una fiera que acecha, como una fuerza que se apodera del hombre, pero a la cual puede resistirse.
Caín matando a Abel. Daniele Crespi, 1618
Capítulo 4
Caín y Abel
1 El hombre se unió a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín. Entonces dijo: «He procreado un varón, con la ayuda del Señor».
2 Más tarde dio a luz a Abel, el hermano de Caín, Abel fue pastor de ovejas y Caín agricultor.
3 Al cabo de un tiempo, Caín presentó como ofrenda al Señor algunos frutos del suelo,
4 mientras que Abel le ofreció las primicias y lo mejor de su rebaño. El Señor miró con agrado a Abel y su ofrenda,
5 pero no miró a Caín ni su ofrenda. Caín se mostró muy resentido y agachó la cabeza.
6 El Señor le dijo: «¿Por qué estás resentido y tienes la cabeza baja?
7 Si obras bien podrás mantenerla erguida; si obras mal, el pecado está agazapado a la puerta y te acecha, pero tú debes dominarlo».
8 Caín dijo a su hermano Abel: «Vamos afuera». Y cuando estuvieron en el campo, se abalanzó sobre su hermano y lo mató.
9 Entonces el Señor preguntó a Caín: «¿Dónde está tu hermano Abel?». «No lo sé», respondió Caín. «¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?».
10 Pero el Señor le replicó: «¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu hermano grita hacia mí desde el suelo.
11 Por eso maldito seas lejos del suelo que abrió sus fauces para recibir la sangre de tu hermano derramada por ti.
12 Cuando lo cultives, no te dará más su fruto, y andarás por la tierra errante y vagabundo».
13 Caín respondió al Señor: «Mi castigo es demasiado grande para poder sobrellevarlo.
14 Hoy me arrojas lejos del suelo fértil; yo tendré que ocultarme de tu presencia y andar por la tierra errante y vagabundo, y el primero que me salga al paso me matará».
15 «Si es así, le dijo el Señor, el que mate a Caín deberá pagarlo siete veces». Y el Señor puso una marca a Caín, para que al encontrarse con él, nadie se atreviera a matarlo.
16 Luego Caín se alejó de la presencia del Señor y fue a vivir a la región de Nod, al este de Edén.
Los descendientes de Caín
17 Caín se unió a su mujer, y ella concibió y dio a luz a Henoc. Caín fue el fundador de una ciudad, a la que puso el nombre de su hijo Henoc.
18 A Henoc le nació Irad. Irad fue padre de Mejuíael; Mejuíael fue padre de Metusael, y Metusael fue padre de Lamec.
19 Lamec tuvo dos mujeres: una se llamaba Adá, y la otra, Silá.
20 Adá fue madre de Iabal, el antepasado de los que viven en campamentos y crían ganado.
21 El nombre de su hermano era Iubal, el antepasado de los que tocan la lira y la flauta.
22 Silá, por su parte, fue madre de Tubal Caín, el antepasado de los forjadores de bronce y de los herreros. Naamá fue hermana de Tubal Caín.
El canto de Lamec
23 Lamec dijo a sus mujeres: «¡Adá y Silá, escuchen mi voz: mujeres de Lamec, oigan mi palabra! Yo maté a un hombre por una herida, y a un muchacho por una contusión.
24 Porque Caín será vengado siete veces, pero Lamec lo será setenta y siete».
Set y su descendencia
25 Adán se unió a su mujer, y ella tuvo un hijo, al que puso el nombre de Set, diciendo: «Dios me dio otro descendiente en lugar de Abel, porque Caín lo mató».
26 También Set tuvo un hijo, al que llamó Enós. Fue entonces cuando se comenzó a invocar el nombre del Señor.
Caín y Abel. Pietro Novelli (1603-1647)
Caín y Abel, por Andrea Schiavone, 1542
La muerte de Abel, por Santiago Rebull, 1851
La muerte de Abel. John Wood.
Abel es hallado muerto por Adán y Eva. Cuadro de William-Adolphe Bouguereau, El Despertar de la Tristeza (1888).
Los textos e imágenes que se muestran en esta web se acogen al derecho de cita con fines didácticos, que pretenden fomentar el conocimiento de las obras y tienen como único objetivo el análisis, comentario o juicio crítico de las mismas.