La Anunciación en el arte I
Arte Paleocristiano, Bizantino y de la Edad Media
Arte Paleocristiano, Bizantino y de la Edad Media
AUDICIÓN RECOMENDADA
Conciertos para oboe de Albinoni
En la tradición católica y ortodoxa, la Anunciación se refiere al evento en el que el arcángel Gabriel apareció ante María para decirle que había sido elegida por Dios para dar a luz a su hijo, Jesús. La Anunciación se presenta como inicio de la historia de la salvación, como cumplimiento de la Verdad revelada en las profecías.
Es sorprendente al estudiar la historia, conocer que el tema más representado en el mundo del arte, es el sí de una mujer. ¿Por qué el sí de María que para algunos es mitología y para otros eternidad es el tema que ha cambiado el mundo del arte?
La razón podría ser el misterio o la belleza que esconde este relato, donde el Verbo se hizo carne en el silencio de la mañana y la soledad de un pueblo llamado Nazaret; o porque el sentido de ese misterio da sentido a nuestra propia realidad.
El caso es que todo artista desde el siglo III, que se encontró la primera representación en una de las catacumbas de Roma hasta el siglo XXI, ha pasado por este misterio para dejar su huella en el mundo del arte.
Las representaciones más notables de esta escena incluyen un antiguo fresco romano en las catacumbas de Priscilla (una cantera utilizada para entierros cristianos en el siglo III); una pintura a gran escala muy detallada del pionero del Renacimiento nórdico Jan van Eyck; un cuadro simbólico de un joven Leonardo da Vinci; y, por supuesto, una compleja serie de obras de Fray Angélico, el fraile toscano cuyas pinturas ayudaron a dar forma al Alto Renacimiento. Otros artistas destacados han sido: El Greco, Botticelli, Rafael Sanzio, Caravaggio, Luis de Morales...
ÍNDICE
Relato de la Anunciación y Profecía de Isaías.
Significado de la Anunciación.
Símbolos de la representación en el arte.
Basílica de la Anunciación en Nazaret.
Arte paleocristiano
La Anunciación (siglo III). Anónimo Catacumbas de Priscilla. Vía Salaria. Roma
Anunciación de Braccioforte (siglo V). Anónimo. Sarcófago de Braccioforte. Rávena.
Mosaico de la Anunciación (432-440). Anónimo. Santa María de Maggioer. Roma
Arte bizantino
Anunciación de Ustiug (1200). Anónimo.
Fresco de la Anunciación (s. VII-XI). Anónimo. Ábside del Monasterio de Deir a-Suriani,
Anunciación (1405). Andrej Rublëv.
Anunciación (s. XIV). Anónimo
Románico
Fresco de la Anunciación (1033-1101). Anónimo. Panteón de los Reyes
Miniatura de la Anunciación (1150). Anónimo. Evangeliario de Suabia.
Anuncio de Gabriel a la Virgen María (1163-1250). Louis Charles Auguste Steinheil.
Relieve de la Anunciación (ca. 1200). Maestro Mateo? Monasterio de Santo Domingo de Silos.
Gótico
Frontal de altar de Aviá (1200). Anónimo.
La Anunciación (1200). Maestro de la sonrisa. Catedral de Reims
Mosaico de la Anunciación de María (1291). Anónimo.
La Anunciación (ca. 1300). Anónimo. Manuscrito iluminado en la letra R.
La Anunciación (1302-1305). Giotto Di Bondone
Anunciación (ca. 1310). Duccio di Buonasegna.
La Anunciación (1333). Simone Martini
La Anunciación (s. XIII). Anónimo. Monasterio de Santo Domingo.
La Anunciación de la Porziuncola (1393). Ilario da Viterbo.
Anunciación del retablo de Felipe el Atrevido (1394-1399). Melchior Broederl.
Relato de la Anunciación y Profecía de Isaías
En la Biblia, la Anunciación es descrita en el Evangelio de Lucas 1:26-28, pero además la escena está narrada con mayor lujo de detalles en los evangelios apócrifos:
Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en tu seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.»
María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?»
El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios.»
Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel, dejándola, se fue.
Evangelio de Lucas 1:26-28
"Y, al cabo de pocos días, sucedió que los sacerdotes se reunieron en consejo, y dijeron: Mandemos hacer, para el templo, un velo que será expuesto en el día de la gran fiesta, ante la congregación de todo el pueblo, y que realzará el esplendor del culto en el santo tabernáculo. Entonces el Gran Sacerdote ordenó que se convocase a las mujeres y a las vírgenes que estaban consagradas a Dios en el templo, y que pertenecían a la tribu de Judá y a la estirpe de David. Y, cuando las once vírgenes hubieron llegado, Zacarías se acordó de que María pertenecía a aquella tribu y a aquella estirpe, y mandó que fuesen a buscarla. Y, cuando María llegó, el Gran Sacerdote dijo: Echad a suertes, para saber quiénes habéis de tejer la muselina y la púrpura, lo encarnado y lo azul, y, echadas las suertes, la púrpura y la escarlata tocaron a María. Y, tomándolas en silencio, regresó y comenzó por hilar la escarlata, ante todo."
Evangelio Armenio de la Infancia. (IV, 8)
“Cierto día cogió María un cántaro y se fue a llenarlo de agua. Más he aquí que se dejó oír una voz que decía: «Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres.» Y ella se puso a mirar entorno, a derecha e izquierda, para ver de dónde se podía provenir esa voz. Y, toda temblorosa, se marchó a su casa, dejó el ánfora, cogió la púrpura, se sentó en su escaño y se puso a hilarla.”
Protoevangelio de Santiago (XI, 1-2)
“Al día siguiente, mientras se encontraba María junto a la fuente, llenando el cántaro de agua se le apareció el ángel de Dios y le dijo: «Dichosa eres, María, porque has preparado al Señor una habitación en tu seno. He aquí que una luz del cielo vendrá para morar en ti y por tu medio iluminará a todo el Mundo.»
Tres días después, mientras se encontraba en la labor de la púrpura, vino hacia ella un joven de belleza indescriptible. María al verlo quedó sobrecogida de miedo y se puso a temblar. Mas él le dijo: «No temas, María, porque has encontrado la gracia ante los ojos de Dios. He aquí que vas a concebir en tu seno y vas a dar a luz un rey cuyo dominio alcanzará no sólo a la tierra, sino también al cielo, y cuyo reinado durará por todos los siglos”»
Pseudoevangelio de Mateo (IX, 1-2)
"Y, en aquellos días, es decir, desde los primeros tiempos de su llegada a Galilea, el ángel Gabriel fue enviado a ella por Dios, para anunciarle que concebiría al Señor, y para exponerle la manera y el orden según el cual las cosas pasarían. Y, entrando en su casa, inundando con gran luz la habitación en que se encontraba, y saludándola muy graciosamente, le dijo: Salve María, virgen muy agradable a Dios, virgen llena de gracia, el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres, bendita eres por encima de todos los hombres que hasta el presente han nacido.
Y María, que conocía ya bien las fisonomías angélicas, y que estaba habituada a recibir la luz celeste, no se amedrentó ante la visión del enviado divino, ni quedó estupefacta ante aquella luz. Únicamente la palabra del ángel la turbó en extremo. Y se puso a reflexionar sobre lo que podía significar una salutación tan insólita, sobre lo que presagiaba, sobre el fin que tenía. Y el ángel divinamente inspirado previno estas dudas, diciéndole: No temas, María, que mi salutación oculte algo contrario a tu castidad. Has encontrado gracia ante el Señor, por haber escogido el camino de la pureza, y, permaneciendo virgen, concebirás sin pecado, y parirás un hijo.
Y él será grande, porque dominará de un mar a otro, y hasta las extremidades de la tierra. Y será llamado hijo del Altísimo, porque, naciendo en la humildad, reinará en las alturas de los cielos. Y el Señor Dios le dará el trono de David su padre, y prevalecerá eternamente en la casa de Jacob, y su poder no tendrá fin. Es, en efecto, rey de reyes y señor de los señores, y su trono durará por los siglos de los siglos.
Y, a estas palabras del ángel, la Virgen, no por incredulidad, sino por no saber la manera como el misterio se cumpliría, repuso: ¿Cómo eso ha de ocurrir? Puesto que, según mi voto, no conozco varón, ¿Cómo podré dar a luz, a pesar de ello? Y el ángel le dijo: No pienses, María, que concebirás al modo humano. Sin unión con hombre alguno, virgen concebirás, virgen parirás, virgen amamantarás. Porque el Espíritu Santo descenderá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra contra todos los ardores de la pasión. El que de ti saldrá, por cuanto ha de nacer sin pecado, será el único santo y el único merecedor del nombre de hijo de Dios. Entonces, María, con las manos extendidas y los ojos elevados al cielo, dijo: He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra."
Evangelio de la Natividad de María (IX, 1-4)
La profecía de Isaías, contemplada en el Antiguo Testamento, establece el nexo de unión entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, que también expresa el cumplimiento de la promesa de salvación.
"En aquellos días, el Señor habló a Ajaz y le dijo: “Pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo”. Respondió Ajaz: “No lo pido, no quiero tentar al Señor”. Entonces dijo Isaías: “Escucha, casa de David: ¿no os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel (que significa “Dios-con-nosotros”). Comerá requesón con miel, hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien".
Isaías 7, 10-15
Significado de la Anunciación-Encarnación
Cada año celebramos la Solemnidad de la Anunciación, cuando el Arcángel Gabriel apareció ante la Virgen María para anunciarle el nacimiento de Cristo. En esta nota te explicamos por qué es importante este día.
1. ¿Qué significa la palabra “Anunciación”?
Se deriva de la misma raíz que la palabra "anunciar". El Arcángel Gabriel anuncia el nacimiento de Cristo con antelación. "Anunciación" es simplemente una manera antigua de decir "el anuncio".
Aunque este término suele aplicarse al nacimiento de Cristo, se puede utilizar también en otros casos. Por ejemplo, en su libro “La infancia de Jesús”, Benedicto XVI escribe frases como "La anunciación del nacimiento de Juan" y "La anunciación a María" porque el nacimiento de Juan Bautista también se anunció con antelación.
2. ¿Cuándo se celebra la Anunciación y por qué a veces se cambia la fecha?
La Solemnidad de la Anunciación se celebra el 25 de marzo, es decir nueve meses antes de Navidad (25 de diciembre), por los nueve meses que Jesús estuvo en el vientre de la Virgenn María.
Sin embargo, la Anunciación coincide a veces con Semana Santa, cuyos días tienen un rango litúrgico superior a esta Solemnidad. Según el Misal Romano: “Cada vez que se produce esta solemnidad durante la Semana Santa, se transfiere al lunes siguiente al segundo domingo de Pascua”.
3. ¿Por qué esta historia es paralela al nacimiento de Juan Bautista?
El nacimiento de Juan el Bautista fue también anunciado con antelación. En ambas historias hay similitudes:
El Arcángel Gabriel hace el anuncio.
Se anuncia a una sola persona: Zacarías en el caso de Juan Bautista, y María en el caso de Jesús.
Se anuncia el nacimiento milagroso de un individuo que tiene un lugar prominente en el plan de Dios.
En ambos casos realizan una pregunta al ángel (Zacarías pregunta cómo puede saber si lo anunciado sucederá; María pregunta cómo va a suceder).
Una señal milagrosa es presentada como prueba (Zacarías se quedó mudo; a María se le informa del embarazo milagroso de Isabel, que se encuentra en su sexto mes).
Gabriel se aparta.
4. ¿Por qué la reacción de María es diferente a la de Zacarías?
A primera vista la reacción de María ante Gabriel podría parecerse a la reacción incrédula de Zacarías pero es fundamentalmente diferente:
Zacarías preguntó cómo podía saber si lo que decía el ángel sería verdad. Su actitud era de escepticismo.
María, en cambio, se pregunta cómo se cumplirán las palabras del ángel. Su actitud es de una fe que busca comprender.
5. ¿Cómo responde el Arcángel Gabriel a la pregunta de María?
Gabriel le dice: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios”.
Aquí el ángel indica la participación de las tres Personas de la Santísima Trinidad: a través de la acción del Espíritu Santo, el Padre hace que el Hijo sea concebido en forma humana. No habrá ningún padre humano, dejando claro el hecho de que el Niño va a ser el Hijo de Dios.
Como un ejemplo más del poder de Dios, el ángel acota que Isabel, aunque anciana y aparentemente estéril, ha concebido milagrosamente un hijo y está en el sexto mes de embarazo. "Para Dios no hay nada imposible".
6. ¿Por qué el “Sí” de María es importante?
La aceptación de María de este papel es trascendental porque ella será la Madre del Hijo de Dios. A pesar de los sufrimientos, en sus diversas formas, ella se colocó por completo al servicio de la voluntad de Dios convirtiéndose en protectora del Niño que un día nacería y salvaría con amor al mundo.
Anunciación y Encarnación: iconografía e interpretación
Iconográficamente existen dos momentos muy parecidos en la historia del arte sobre un pasaje de la vida de la Virgen María en un espacio-tiempo casi instantáneo.
Este es el segundo que transcurre entre La Anunciación y La Encarnación de María.
La Anunciación de María o Salutatio Mariae
Es el momento en el que el arcángel San Gabriel se presenta en casa de María. Saluda y dice: «Dios te Salve María llena eres de Gracia, el señor es contigo».
Esa situación fue recogida por los artistas que representaron una escena íntima y un pequeño gesto. Mostrando a María, turbación o temor al ver la imagen del arcángel. Él baja del cielo ataviado con ropajes sedosos y con la vara de azucenas como símbolo de virginidad y pureza. María, en estado de asombro, mira en dirección al ángel -está cubierta por un velo blanco que le tapa parte del pelo, una capa azul y un vestido, en forma de túnica, rojo-. Estos tres colores, comunes en casi todas las representaciones de la Virgen, tienen el significado de pureza, humanidad y cielo.
En algunas ocasiones, y según la época, un halo de santidad rodeó su cabeza.
Otros elementos que decoran la escena son los angelotes o querubines, la paloma blanca (símbolo del Espíritu Santo) o la figura masculina y barbada de Dios.
La Encarnación de la Virgen
Es el momento justamente posterior del saludo del arcángel: «No temas María, porque has hallado gracia delante de Dios. Vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús».
Ese momento, único en el cristianismo, fue llevado a cabo por pintores y escultores con la representación del arcángel postrado a los pies de María.
La inclinación de San Gabriel, la flexión de su rodilla, es la señal de sumisión, de docilidad y de obediencia. El momento de humildad y reverencia en el que el Espíritu Santo encarna a la Virgen. El instante más importante.
En esa secuencia María agacha la mirada para ser atravesada por la Luz. En algunas obras aparecerá con su vientre ligeramente abultado y sus manos cruzadas que denotan ese rubor propio del momento.
Estos dos momentos, casi justos, de la Virgen y San Gabriel suelen llevarnos a equivocaciones a la hora de nombrar la obra siendo, casi todas, «Anunciaciones» sin diferenciar la actitud del ángel o el momento exacto de la escena.
En cambio, en un edificio religioso, en un contexto de espacio sagrado, es de suma importancia hacer bien esa diferenciación. Represente lo que represente la obra de la portada.
A tener en cuenta entre «La Anunciación» y «La Encarnación».
Siempre, la entrada a un templo cristiano, la obra debe leerse como «Anunciación», ya que esta palabra, como ya hemos mencionado anteriormente, significa Salutatio Mariae. Por tanto, toda portada es una salutación al creyente o catecúmeno que pasa y al cual se le invita a entrar: «Dios te salve a ti también hombre de fe».
Sin embargo, en el altar mayor o retablo ha de leerse como una «Encarnación», ya que allí es el lugar donde se encarna, cada día, a Jesús en la hostia mediante la consagración de la misa.
El momento más representado es, sin duda, La Encarnación por ser el momento más valioso del cristianismo; pues no debemos de olvidar que los judíos ya anuncian la llegada de un Mesías.
Es por esto que hay una pequeña diferencia entre «La Anunciación» y «La Encarnación».
Símbolos de la representación en el arte
La Anunciación es seguramente uno de los temas iconográficos más habituales en la historia del arte cristiano. Su representación pictórica sigue un modelo arquetípico, en el que aparece la Virgen María vestida de azul en un interior arquitectónico, y el ángel San Gabriel irrumpiendo desde el exterior, en el extremo opuesto de la composición. Sobrevolando estas dos figuras se distingue siempre una paloma blanca que simboliza al Espíritu Santo, y en ocasiones también unos rayos de sol u otro elemento alusivo al poder de Dios Padre, quien también puede aparecer representado. Además de lo expuesto, la escena se completa con otros símbolos, como un jarrón con flores o un ramo de azucenas, que hacen referencia a la pureza, inocencia y belleza de la Virgen María.
Vamos a analizar estos símbolos y significado, que son muy comunes a tantas obras:
Posición de María: En la escritura latina e griega procede de izquierda y la mirada se posa a la derecha donde se encuentra la Virgen María.
Posición del ángel Gabriel: A finales del medioevo se representaba a los ángeles con una rodilla plegada hacia la dama. En las pinturas del renacimiento se representa a este de pie, mientras que María aparece de rodillas en actitud de oración.
La vestidura roja: Pertenece a la tradición mariana, que significa caridad y sacrificio, pero también alude a la pasión de Cristo.
El manto azul o celeste: Es símbolo de espiritualidad, contemplación, cercanía a lo divino. El dorado en el borde representa lo divino en la trascendencia.
El velo: Es un signo de consagración a lo divino. En los primeros siglos María, era representada con los cabellos sueltos, como las vírgenes en su tiempo.
Gesto de María: Durante el Renacimiento se llegaron a configurar hasta cinco tipos iconográficos distintos, dependiendo de la reacción mostrada por la Virgen María ante el mensaje comunicado por el ángel Gabriel. Estos tipos, identificados por el historiador del arte M. Baxandall, son «conturbatio» (turbación), «cogitato» (reflexión), «interrogatio» (interrogación), «humiliatio» (humildad), y «meritatio» (mérito).
Las manos de María: En algunas pinturas las palmas de las manos se dirigen hacia el ángel, como signo de humildad y retraimiento. En otras se posan en su pecho, como signo de acogida y oración. Los dedos de la mano derecha dirigidos al cielo, remarcan de donde proviene el mensaje. Si apuntan a la Biblia, subrayan el cumplimiento de las escrituras.
El libro: Representa la oración y la meditación, que han preparado a María para la venida de Dios.
Las vestiduras del arcángel: Vestimenta larga que recuerda una vestidura sacerdotal y anticipa la jerarquía de la Iglesia.
El lirio: Es la flor símbolo de la pureza, y también representa la virginidad de María, antes, durante y después del parto.
La puerta: En muchas representaciones se puede ver una puerta o ventana, que conduce el ojo del observado hacia el exterior, y da significado al pasaje del espacio humano (edificación) a aquel divino (naturaleza).
El jardín: El jardín con todas sus flores y frutos, representa a María misma y todas sus innumerables virtudes.
La labor: El Pseudoevangelio de Mateo describe como la Virgen estaba tejiendo realizando la "púrpura", refiriéndose a que tejía el velo del Templo que tanto significado tenía para el Pueblo Judío.
El pozo: En algunos iconos bizantinos se puede ver en las cercanías de la escena del encuentro con el arcángel el pozo del que habla el Protoevangelio de Santiago, donde María tiene el primer encuentro con el ángel.
El presente del arcángel: En la mayoría de las representaciones el ángel porta unos lirios blancos simbolizando la pureza de la Virgen. En otros casos lleva una rama de olivo significando el mensaje de paz que lleva. En los primeros siglos, el ángel llevaba una vara recordando el caduceo clásico empleado por Mercurio que caracteriza a los mensajeros de los dioses. Por último también puede portar un cetro dando dignidad y realiza al mensaje celestial.
El Espíritu Santo: Suele estar representado en forma de rayos luminosos que parte del cielo donde está Dios Padre y que culminan en el vientre de María donde se produce la encarnación. En otros casos se emplea una paloma blanca, icono que ya los primeros cristianos utilizaron en las catacumbas para representar a la tercera persona de Dios.
La filacteria: Las palabras del encuentro forman parte esencial de la escena y es por eso no son pocos los artistas que han buscado diversos recursos para representarlas. A veces se emplea una filacteria que es una banda de tela o pergamino con las extremidades enrolladas que porta el arcángel. En otras ocasiones las letras se escriben entre el espacio que une la boca del que anuncia y los oídos del que escucha.
Es la iglesia más grande de la ciudad moderna de Nazaret. La Basílica está cavada en una roca que, según la tradición de la Iglesia, celebra el anuncio del arcángel Gabriel a María de que iba a ser la madre del Mesías. La tradición ortodoxa griega sostiene que este evento ocurrió cuando María estaba sacando agua de un manantial local en Nazaret, y la Iglesia Ortodoxa Griega de la Anunciación se construyó en ese lugar alternativo.
Para la mujeres, quienes se ocupaban de los rebaños en los tiempos pasados, la importancia del pozo era tanto práctica como social. Durante siglos, el Pozo de María y la Fuente de la Virgen fueron considerados como el sitio donde tuvo lugar la aparición.
En el año 365 d. C. la Emperatriz Santa Elena erigió un altar sobre la pequeña Gruta de la Anunciación donde, según la tradición, estaba parte de la casa de María y recibió la embajada del ángel.
Las investigaciones arqueológicas han descubierto un baptisterio prebizantino con restos paleocristianos, junto con inscripciones cristianas y pilastras de la catedral cruzada construida por Tancredo.
Esto se ha demostrado con las abundantes excavaciones realizadas durante las décadas de 1950 y 1960, que revelaron restos de un piso de mosaico bizantino y una columna de piedra donde habían sido grabadas en la antigüedad las palabras "Ave María". También se han encontrado gran cantidad de estuco polícromo con inscripciones ("grafitos") de carácter cristiano que demuestran, la veneración cristiana de este lugar en los cuatro primeros siglos.
La iglesia actual es un edificio de dos plantas construido en 1969 sobre el emplazamiento de la etapa bizantina anterior y después de la era de la iglesia de los cruzados. En el interior, la planta baja contiene la Gruta de la Anunciación, considerada por muchos cristianos como los restos de la casa de la infancia de la Virgen María. Se yergue majestuosa cerca de la Fuente de María, que recibe tal nombre, porque la tradición cuenta que hasta ella iba todos los días la Virgen María para llevar agua para la casa.
La nueva basílica, el santuario cristiano más grande en el Medio Oriente, fue consagrada en 1964 por el Papa Pablo VI durante su histórica visita a Tierra Santa el 23 de marzo de 1969. Días después en una ceremonia ecuménica participaron prelados y clérigos de las iglesias ortodoxa griega, armenia, copta, etíope, siria y luterana.
Basílica de la Anunciación.
Interior de la Basílica.
Gruta de la Anunciación.
Documental sobre la Basílica.
Pozo o fuente de María.
Inscripción en griego del Ave María.
La Anunciación en el arte paleocristiano (1-312)
Anunciación (270). Catacumbas de Priscilla, Roma.
Una de las primeras representaciones de la Anunciación de las que se tiene constancia es en las catacumbas de Priscila, situadas en la Vía Salaria Nova de Roma. Aquí en el techo de una pequeña estancia pintada al fresco, dentro de un círculo, aparece una figura femenina sedente en lo que parece un trono y un joven vestido con dalmática, prenda habitual en las representaciones del bajo imperio. La dalmática era una prenda de lujo que podía ser usada tanto por hombres como por mujeres, de ahí que en muchas representaciones paleocristianas cause cierta confusión a la hora de reconocer el tema o el personaje representado. Estas pinturas se vienen fechando en el siglo III, aunque hay autores que quieren adelantar la datación, ya que las catacumbas empezaron a construirse en el siglo I.
Este primitivo ejemplo no tuvo gran trascendencia posterior, pues durante los siglos del medievo, muchas de las catacumbas romanas cayeron en el olvido, siendo redescubiertas en el siglo XVI, al calor de nuevas corrientes espirituales, como los oratorianos de San Felipe Neri, que promulgaban un retorno al cristianismo primitivo. Fruto de este redescubrimiento, se publicó la obra de Antonio Bosio Roma Sotterranea (1632) donde se recoge en estampas las principales imágenes de esta catacumba, incluída la Anunciación. Es reseñable cómo Bosio no entendió el tema representado, pues a principios del siglo XVII, estaba más que codificado el modo de representación del mismo. Así no identificaba al arcángel por ser una figura que va sin las características alas, ni a la Virgen en la representación femenina sedente, que no coincide con las escenas tal y como se interpretaban en la tradición occidental.
Anunciación de Braccioforte (siglo V)
De principios del siglo V sería el relieve de la Anunciación que aparece en una de las caras laterales del sarcófago ravennense del Quadrarco di Braccioforte, también conocido como sarcófago del profeta Elías o Pignatta, por ser reutilizado por una familia de este nombre en siglos posteriores. En el relieve del sarcófago aparece la Virgen sentada, trabajando la púrpura, y el ángel vestido con toga romana y con unas amplias alas, mostrando ya la imagen prototípica. Esta representación sirve como nexo entre la tradición paleocristiana y la bizantina, por el papel de la ciudad de Ravenna al final del Imperio Romano y su pertenencia a Bizancio con Justiniano en el siglo VI. La escena sin referencia espacial ninguna, se enmarca por unas pilastras clásicas y están muy detallados los pliegues de los ropajes, en un evidente eco de la tradición clásica. Es una obra de algo más de medio relieve. Lo que nos habla de los excelentes talleres de mármol en la ciudad de Ravenna en las postrimerías del Imperio.
Mosaico de la Anunciación (432-440)
La iconografía de la Anunciación se mantiene en otro de los ejemplos más tempranos: el mosaico del arco triunfal de la basílica de Santa María Maggiore en Roma, fechado entre los años 432 y 440. Éstos son las fechas del pontificado de Sixto III, Papa que encargó la construcción de la Basílica tras el concilio de Éfeso (431) y que reconocía el dogma de la maternidad divina de la Virgen, es decir, María como Madre de Dios o Theotocos. Los mosaicos del arco triunfal son el vestigio de esta primitiva basílica. El conjunto narra mediante una serie de bandas la historia sagrada de la infancia de Cristo, desde la Anunciación, sacada de los textos apócrifos del protoevangelio de Santiago y del Pseudo-Mateo. Su lectura comienza en la parte superior izquierda del arco, hasta la parte inferior donde aparecen las ciudades de Belén y Jerusalén. En este ejemplo de Anunciación, además de mantenerse el motivo de la Virgen con el huso para hilar la púrpura con la que confeccionar el velo del templo, se muestra a María como una emperatriz romana, es decir, al modo que luego va a permanecer en el mundo bizantino. Los ángeles dobles que la acompañan en la parte izquierda son un trasunto de la guardia que custodiaba a las personas de la familia de los emperadores. Tanto el arcángel de la Anunciación, como los que hacen de guardianes y un tercero que sobrevuela la escena junto a la paloma del Espíritu Santo, van vestidos con togas blancas a la romana y portan alas.
La Anunciación en el Arte Bizantino (312-1453)
Fresco de la Anunciación (s. VII-XI)
En el Imperio Bizantino, dentro de la iglesia oriental, tanto antes como después de la querella iconoclasta (s. VIII-XI), las representaciones del tema de la Anunciación estuvieron presentes en numerosos ejemplos por todo el Imperio. La escena aparece dentro de grandes ciclos narrativos de la historia de la Redención, destinándose para ello el arco triunfal del presbiterio. Ejemplo de esto lo tenemos en la iglesia de los Arcángeles en Zemo Krichi (Raca, Georgia) datados en el siglo XI, o en la iglesia de Hagios Christos (Verria, Grecia) con frescos de Georgios Kalliergis. Asimismo, se usó en el desarrollo de temas del Nuevo Testamentos con ejemplos tan tempranos como las pinturas coptas del Monasterio de los Sirios (Wadi al-Natrun, Egipto) con una Anunciación en el ábside, los ciclos de la Iglesia de San Jorge (Kubonobo, Macedonia) o el de la iglesia de los Santos Nicolás y Pantelemón (Bojana, Bulgaria). En la mayoría de estos ejemplos es fácilmente identificable el huso y el cesto de la púrpura en la Virgen.
Anunciación de Ustiug (1200). Anónimo
El icono de la Anunciación (en ruso Blagaviéschenie) llamado de Ustiug, es uno de los pocos que se conservan del periodo anterior a la invasión de la horda tártaro-mongola (mediados del siglo XIII), que supuso para Rusia una notable ruptura con el mundo cristiano y un fuerte encastillamiento en sus fronteras. Los iconos de esta época rezuman aún aromas bizantinos y reflejan todavía fuertemente los cánones iconográficos y las formas grandiosas propias de Constantinopla.
La grandiosidad de formas y colores, el fondo dorado, la ausencia de perspectiva, la armonía que se respira en la composición, la serenidad de los rostros... todo es una invitación al creyente a entrar en el ámbito divino, sólo accesible a los ojos contemplativos, a través de la ventana abierta del icono.
El iconógrafo ha reducido la escena a lo esencial: los personajes, sin decorados que distraigan la atención de lo sublime. A la derecha, María en pie, vestida como madre de Dios: azul oscuro (túnica) y rojo púrpura (omophorion o vestido superior), sobre una especie de alfombra o podio, para indicar su dignidad. Su rostro, de ojos grandes, está ligeramente inclinado hacia su interlocutor. El retrato de Gabriel es primoroso en sus proporciones y detalles. Los colores ocre claro de su túnica y el azul pálido del manto, así como la abundancia de trazos de oro yuxtapuestos (axisto) ponen de relieve su inmaterialidad y su sagrada quietud. .
Originariamente llevaba un largo báculo, como manda la tradición iconográfica, pero se ha perdido. Con su mano derecha hace el gesto griego de la palabra, cumpliendo su misión de mensajero de Dios. María no habla, acoge. Por eso su mano derecha está vuelta hacia el corazón, donde guarda la Palabra y la medita asiduamente. Con una técnica extraña para nosotros, acostumbrados a las secuencias temporales de imágenes, el icono nos ofrece una visión total y simultánea de la Anunciación. Al mismo tiempo que el ángel habla, María ya ha concebido en su seno al hijo de Dios, que está sentado en el trono del cielo. Jesús aparece en forma de un niño con nimbo, sin apenas ropa, pero que es el Logos de Dios (gesto de la palabra). María, al mismo tiempo que acoge en su seno la Palabra, nos indica el camino de encuentro con ella. El niño está relacionado en diagonal con el Logos sentado en majestad en la gloria del cielo, rodeado de serafines, del que desciende un rayo de luz azulado, hoy apenas perceptible, hacia la Virgen.
¿Virgen? ¿Cómo reflejar lo invisible, la concepción virginal de la Palabra? El iconógrafo ha recurrido a una cita conocida en la iconografía desde el siglo IV. Ha colocado en las manos de María una madeja de púrpura. Se trata de una historia recogida por uno de los evangelios apócrifos que habla de la estancia de María niña en el templo de Jerusalén. En uno de los juegos de las jóvenes, echaron a suertes, para ver quién de ellas era la reina de las vírgenes. Decidieron que sería la que sacase al azar el hilo de púrpura del cestillo de los hilos con que trabajaban. Y le tocó a María. Colocando en sus manos este símbolo, se confiesa su virginidad en el momento mismo de asumir su maternidad.
Todo el icono transmite serenidad y habla de escucha, de acogida orante, de encuentro entre el cielo y la tierra virginal de la humanidad y armonía silenciosa. Estamos en el comienzo mismo de la plenitud del tiempo futuro, en la aurora de la salvación. Este mensaje cobra aún mayor valor si tenemos en cuenta que este icono se pintó en un contexto histórico de disgregación, de fuertes luchas internas en Rusia, de predominio de la violencia y la ambición de poder. Todos los mensajeros que llegaban traían malas nuevas. Por eso el iconógrafo presentó a María en el misterio de la Anunciación como el sueño de un pueblo nuevo, deseoso de buenas noticias de reconciliación, de acogida y de unidad. A través de la ventana abierta del icono, un rayo del futuro llegaba a nuestra tierra invitando a todos a hacerlo posible.
Anunciación (1405). Adrenj Rublëv
La trama del icono se basa en una de las fiestas centrales de todos los cristianos, que representa la ofrenda de las Buenas Nuevas de Gabriel. La escritura bíblica dice que el Arcángel Gabriel vino a la tierra para anunciar la elección de la Santísima Virgen para realizar la Encarnación. Ese día, la Virgen María se enteró de que el destino de todo el mundo humano se le había confiado. En honor a la Anunciación, los cristianos celebran la fiesta todos los años, el 25 de marzo.
La creación de la Anunciación se remonta a 1405. Las características únicas del icono están representadas por innovaciones del experto pintor de iconos como la riqueza de la paleta de colores, la transición de la pintura canónica de iconos con sus formas y líneas poco realistas y poco realistas a figuras más suaves, la aparición de las primeras emociones en los rostros de los santos (que anteriormente era una ocurrencia rara en la pintura de iconos).
Además, la forma rara de escribir del artista es visible por características estilísticas como la negación de imágenes abarrotadas, montones de composición. Andrei Rublev estaba convencido de que para una mayor respuesta emocional de los creyentes no es necesario acumular la trama con una gran cantidad de detalles, por el contrario, para que la escritura bíblica no cambie su esencia, es necesario hacer que la trama sea lo más transparente posible. El iconostasio es una estructura grande que, según el artista, debe leerse desde lejos. Por lo tanto, cada creyente, al ingresar a la iglesia ortodoxa, debe comprender de qué hablan los íconos, qué historias se basan en ellos.
Anunciación (s. XIV). Anónimo.
El presente icono representa el pasaje lucano: Lc 1, 26-38, primera fuente iconográfica de esta escena. Esencialmente viene a subrayar el contenido dogmático sobre la Encarnación del Verbo, la concepción por obra del Espíritu Santo y el nacimiento en el seno de una Virgen.
La segunda fuente iconográfica es el propio oficio litúrgico para el día de la fiesta. Son muy hermosas las alusiones que encontramos: “tierra no fecundada”; “zarza incombustible” (el primero que nos habla de María aludiendo a Ex 3,2 es de San Gregorio de Nisa en su Vida de Moisés); “abismo inescrutable”; “puente que hace pasar al cielo”; “escala elevada contemplada por Jacob” (Gn 28, 12); “divina urna que porta el maná” (Ex 16, 33); “liberadora de la maldición” (Gn 3, 15); “retorno de Adán desde el exilio”; “amplio espacio y lugar de santidad” (Sal 131, 8); “aquel que cabalga sobre querubines” (Sal 17, 11). Es muy hermoso venerar este icono, acogiendo a todas las imágenes bíblicas que nos aporta. Os invito a ir escrutando la Sagrada Escritura contemplando esta ventana del misterio de la Encarnación. Dentro del oficio además de los himnos propios y sus tropos, se incluyen tres pasajes bíblicos: Gen 28, 10-17; Ez 43, 27 - 44,4; y Pr 9, 1-11.
El icono se colocaría el primero en la segunda fila del iconostasio monumental, ya que es la primera de las doce grandes fiestas. El tema es evidente, pero nos lo indica el propio icono en la parte superior el rótulo: Ho chairetismós (“La Anunciación”). Principalmente destacan en el icono cuatro elementos fundamentales: el arcángel Gabriel, la Virgen María, el pozo y el haz de luz que se proyecta desde arriba. Los dos primeros se pueden identificar por sus nómina sacra: “Madre de Dios” y “Arcángel Gabriel”.
Si observamos el escenario, vemos que es muy estático, en contraste con el dinamismo del arcángel, con el movimiento de sus piernas, los vestidos y sus alas. Se presenta ante María como un torbellino y la Mujer se retrae hacia atrás. Es un momento muy expresivo que intentan mostrar el estupor de María ante el anuncio y el misterio.
El arcángel Gabriel
El blanco de sus vestidos es el de la aurora, que anuncia un nuevo nacimiento y el origen de la vida. Pero vemos que destaca una franja azul en su manga, color de pureza e inmaterialidad. En su mano, un cetro símbolo de la autoridad del mensajero y a su vez del peregrino, aunque podemos encontrar alusiones a la vara con la que se mide la Ciudad celeste, la Nueva Jerusalén. Su mano derecha se extiende para mostrar el anuncio, que pasa a la otra persona, a su vez bendice señalando con la mano la unidad de la Trinidad (el Hijo es el que se encarna, que ya existía desde la eternidad) y la doble naturaleza del que va a nacer. A la mano acompaña la mirada.
El arcángel está colocado sobre un pedestal cuadrado de color azul, nos marca un acontecimiento celeste en medio de la historia, ya que lo cuadrado nos remite a lo terreno, como el azul a lo eterno. El gesto del mensajero es de estupor ante el misterio que revela y el conocimiento de una criatura tan pura como es María.
La Virgen María
Se encuentra sentada, su cabeza se cubre con un manto, en el que se colocan las tres estrellas (nos indican que es virgen antes, durante y después del parto). Es una túnica de un azul muy intenso, que representa su humildad y, de aquí, “humus”, tierra virgen, preparada desde la eternidad para recibir al Germen. Del mismo modo que Adán fue formado de tierra virgen, sobre la que no había llovido y que no había sido pisada (Gn 2, 5-7). Ésta es María, Nueva Eva (Gn 2, 21-25). Su seno es fértil y puro; Ella es Virgen y Esposa. En la lectura de vísperas de la fiesta se escoge el pasaje de Ez 44, 1-4. Resuena en el corazón del creyente las siguientes palabras: «este pórtico permanecerá cerrado. No se abrirá nunca y nadie entrará por él, porque el Señor, Dios de Israel ha entrado por él. Por eso quedará cerrado» (v. 2). María como “cuidad viviente” y “puerta espiritual”, “piedra no tallada que cae” (Dn 2, 34)
María se sienta en un trono dorado (“celeste cátedra del Rey”) y colocado sobre una peana, pero sus pies se apoyan a su vez en un pedestal, ya que ha sido colocada sobre los ángeles y demás seres celestes (Ez 1, 10).
El azul de su túnica es contrastado por el rojo de sus sandalias, el cojín y la tela dosel. Estos tres significan la categoría de realeza. La púrpura estaba relacionada directamente el emperador y la emperatriz bizantinos. De modo que María no es coronada como en occidente, sino que se le incluyen estas sandalias púrpura, y un pie más adelantado que el otro, para indicar que a la emperatriz-reina se le besaba en el pie derecho. Del mismo modo que el trono es dorado, símbolo de realeza y majestad.
Pero existe otro detalle púrpura dentro del icono. María lleva un ovillo de este color y está hilando con la rueca. María, con su sí al mensaje del ángel, está tejiendo la Carne concreta del Salvador en su seno virginal, del mismo modo que teje la túnica púrpura de su Rey-Esposo, que es su cuerpo (Heb 10, 20).
El velo purpúreo del dosel alude al pasaje apócrifo en el que María fue consagrada al Templo y se dedicó a tejer el velo que estaba en el Tabernáculo, también aludiendo al velo de la carne de Cristo. María se ve como nuevo Tabernáculo y nueva Arca de la Alianza.
La Anunciación en el Románico (s. XI y XII)
Fresco de la Anunciación (1033-1101)
En la pintura del Románico cabe destacar la enorme riqueza y variedad de ejemplos en España, cuyo estilo deriva del influjo de modelos italo-bizantinos y franco-románicos, lográndose la plenitud del género y los mejores ejemplos en el siglo XII. De entre estos conjuntos sobresalen las pinturas del Panteón de Reyes de la basílica de San Isidoro de León. En ellas se desarrolla todo un ciclo de escenas de los Evangelios y el Apocalipsis. En uno de los muros se sitúa la escena de la Anunciación junto con una Visitación. Todo el conjunto está realizado en temple, con un dibujo muy marcado usando líneas gruesas negras o blancas, con una recreación en lo decorativo de los pliegues. Las representaciones utilizan un fondo blanco en el que resaltan las figuras pintadas con colores vivos, destacando los rojos y azules.
San Gabriel lleva una vara, recuerdo del caduceo clásico, que sostiene con la mano velada por el manto, símbolo de respeto. De la vara salen unos rayos dorados que simbolizan el hecho de la Encarnación, siguiendo así la iconografía que deriva del texto del pseudo-Mateo. La Virgen, que se hallaba sentada sobre una especie de trono, del que vislumbramos el rico cojín azul y el remate decorativo del extremo, se ha levantado ante la presencia angélica y alza las palmas de las manos en señal de aceptación. No hay ninguna referencia espacial, salvo el asiento. En el muro se reproducen los textos de la salutación de San Gabriel y también se identifica a éste mediante su nombre escrito. Las figuras están hechas a base de estereotipos, tanto para los rasgos faciales como para las vestimentas y sus plegados, buscando lo decorativo. El canon de las figuras es alargado y hay evidentes desproporciones en alguna de sus partes, como las manos de la Virgen, posiblemente para reforzar el mensaje gestual.
Miniatura de la Anunciación (1150). Evangeliario de Suabia
Muy interesantes resultan también algunos ejemplos de miniaturas, como el realizado en Suabia en un Evangeliario conservado en la Landesbibliothek de Stuttgart y que se fecha en torno a 1150. En éste la Virgen deriva de modelos bizantinos, pero se la representa con el gesto de aceptación mostrando la palma de la mano, mientras que el Arcángel despliega sus alas elegantemente, transmitiendo ese movimiento al manto y túnica.
Anunciación Vitral Catedral de Chartres (1163-1250).
Louis Charles Auguste Steinheil.
Al hacer un recorrido por las iglesias y catedrales con los vitrales más destacados nos encontramos con la Catedral de Chartres, en Francia ya que sus vitrales son los más bellos y mejor conservados de Europa. Está formado por 146 ventanas con 1359 temas de los cuales el vitral de «Notre-dame de la Belle-Verrière» es el más famoso.
El gran maestro de esta obra fue Louis Charles Auguste Steinheil quien comenzó la construcción observando la luz que reinaba en el claustro como era la costumbre medieval antes de diseñar los cartones de las vidrieras. En ellos se representaba en tamaño real los vitrales, incluyendo no solamente bocetos de la escena y la decoración sino también los colores, la posición y el espesor de los plomos.
A continuación el artista, recorta los patrones en cartón para cada trozo de vidrio utilizando tijeras de tres cuchillas. Se procede entonces al corte de los vidrios, colocándolos sobre una mesa se les corta con una punta de diamante. Originalmente se utilizaba un hierro al rojo haciendo estallar el cristal por el lugar oportuno. Después del corte viene la pintura y la cocción donde se utilizó el procedimiento de la “grisalla”. Se trata de aplicar un óxido de hierro sobre el vidrio con un pincel. Esta técnica se empleaba en el caso de los vestidos, caras, edificios y adornos vegetales, así como para las leyendas en latín al pie de las escenas.
Por último, los trozos de vidrio de diferentes colores son ensamblados y sostenidos por barras flexibles de plomo en forma de H mayúscula ajustadas con precisión a los vidrios y soldadas en conjunto con estaño. Algunos de estos plomos tienen por función resaltar los contornos, otros separar en dos una superficie de vidrio grande que se pueden disimular haciéndoles pasar por una rama de árbol.
Relieve de la Anunciación (ca. 1200). Maestro Mateo?
En las representaciones románicas el tema de la Anunciación aparece con frecuencia, tanto por su importancia en la historia de la Redención como por su relevancia dentro de los ciclos narrativos de la vida de la Virgen y de Cristo. La vinculación de los modelos bizantinos con el arte románico es más que evidente, pero en la iconografía, aunque en ocasiones se siga el modelo oriental, se va a ir perfilando una nueva manera de representar el tema, ajena a la narración de los apócrifos. Ahora se preferirá señalar el papel de aceptación de María del destino divino, que suele reflejarse con el levantamiento de la palma, de una o de las dos manos, ante la presencia del Ángel y se comenzará a enriquecer la iconografía con la aparición de nuevos elementos simbólicos. También las actitudes de los dos personajes cobrarán importancia. Así en Gabriel, que representa la vía activa, suele captarse cierto movimiento, bien por el hecho de estar descendiendo o bien por iniciar una genuflexión; mientras que en María, que representa la vía pasiva, se denota un gesto de aceptando de su destino con humildad y sencillez.
Una de las mejores representaciones escultóricas del tema en el Románico, es el relieve del claustro de Santo Domingo de Silos. En él, María está siendo coronada por unos ángeles y aparece sentada bajo cortinajes, elementos que derivan de la tradición clásica, y que representan un espacio palaciego. Sorprende la riqueza y el detallismo en los pliegues de las telas, así como la jerarquía en los tamaños, en el que la Virgen ocupa un lugar más destacado.
La Anunciación durante el Gótico (s.XIII y s.XIV)
La llegada del Gótico, no sólo comportará un cambio estético, sino que también se desarrollará todo un cambio sociocultural que se acompañará de una profunda renovación espiritual. El surgimiento de las órdenes mendicantes provocará una nueva religiosidad basada en el acercamiento del hombre como camino de Dios, en el que los santos y la Virgen van a ejercer de intercesores y de ejemplo con sus vidas. Esto dará como resultado la necesidad de narrar mediante grandes ciclos decorativos tanto las vidas de éstos como la del propio Cristo. Además, el papel de las Universidades, con el surgimiento de la Escolástica, dotarán de mayor base teórica y teológica a los temas representados. Pensemos en lo fundamental que fueron los textos de San Bernardo para la iconografía de la Anunciación en el mundo occidental, como hemos comentado al hablar de la Leyenda Dorada. La nueva espiritualidad bajomedieval va a tratar de hacer de la experiencia religiosa algo más íntimo, más recogido y cercano. Es por ello que en el Gótico van a predominar los interiores domésticos para la recreación del pasaje evangélico, lo que no impide que haya ejemplos diferentes, como las representaciones de la Anunciación dentro de un templo o de una catedral, pero la habitación con el lecho al fondo y un reclinatorio o atril en primer término va a ser lo más frecuente. Ante la imagen de la Virgen hierática, que muestra la palma de la mano como símbolo de aceptación, propia del Románico, en los siglos del Gótico se va a preferir a la Virgen lectora, meditando sobre las sagradas escrituras y las profecías que anunciaban la llegada del Mesías. El ángel va a cambiar también su imagen, ahora va a ser frecuente verle iniciando una genuflexión, gesto proveniente de la práctica feudal, como símbolo de sumisión, o del teatro litúrgico.
La estética del Gótico busca la belleza de la naturaleza como medio de llegar a Dios, todo se ve en clave trascendente. Así frente a los rígidos y estereotipados esquemas del Románico, en donde la divinidad era un ser distante, el Gótico propicia un acercamiento a la naturaleza como reflejo de esa divinidad. Ahora se busca el movimiento, el volumen, la expresión de sentimientos y la capacidad para lograr plasmarlo se verá en la propia evolución del estilo.
La nota común que va a definir a todas las etapas del gótico desde el punto de vista compositivo es la preocupación por el dibujo, la luz, el color y el espacio que van a tratar de ser lo más cercanos al natural, evitando las formas estereotipadas del Románico, y acercándose más a la experiencia de la realidad. A esto hay que unir la preocupación por la expresión y la capacidad narrativa. El sentido de conjunto tanto en la producción de vitrales, miniaturas, frontales de altar y retablos, así como la facilidad para la difusión de este tipo de imágenes y el creciente mercado artístico que favoreció el intercambio, logró que las imágenes estereotipadas se repitiesen en su esquema básico, adecuándose eso sí a las características propias de cada autor y etapa.
Frontal de altar de Aviá (1200)
Ya en la transición al Gótico, pero con una concepción derivada totalmente del Románico, el tema de Anunciación siguió su progresión ascendente en cuanto a su representación. Es por ello que podemos encontrarlo también en una serie de frontales de altar realizados en el ámbito catalán. En ellos puede rastrearse el influjo de la escuela italo-bizantina. En ese sentido suele aparecer el tema de la Anunciación en aquellos frontales dedicados a la figura de la Virgen. Seguramente el más conocido sea el Frontal de Avià (Museo Nacional de Arte de Cataluña), proveniente de dicha localidad, cerca de Lluçà, y realizado en el siglo XIII. La representación se configura entorno a una figura central de la Virgen con niño, rodeada de cuatro escenas: Anunciación y Visitación, Reyes Magos, Natividad y Presentación en el Templo.
La pequeña escena de la Anunciación, separada de la Visitación mediante el recurso ya visto de una arquería con columnilla, se reduce a los personajes esenciales y a la gestualidad de las manos de éstos. El predominio del dibujo y cierto carácter más naturalista, en el tratamiento de los pliegues de los ropajes, nos dan la pista de su proximidad al incipiente gótico lineal.
Anunciación (1200). Maestro de la sonrisa. Catedral de Reims (Francia)
Uno de los ejemplos más conocidos en escultura es el grupo de la Anunciación, en la portada occidental de la catedral francesa de Reims, realizada por el llamado Maestro de la sonrisa. La escena se compone sólo de dos figuras, pero destaca la naturalidad del arcángel que se puede resumir en la fantástica sonrisa. Su contraposición con las figuras de la Visitación, realizadas por el llamado Maestro de las figuras antiguas, no puede ser más llamativa. Mientras que el Maestro de las figuras antiguas muestra sus conocimientos de los ejemplos de la estatuaria clásica, claramente visibles en los pliegues de los ropajes, el Maestro de la sonrisa presenta una mayor preocupación por mostrar emociones en el rostro.
Mosaico de la Anunciación de María (1291). Anónimo.
Aunque no se le mencione en ningún documento conocido antes del año 1473, Cavallini fue el pintor más influyente de su tiempo. Se formó en la tradición del arte bizantino, pero abandonó la estilización de aquel y buscó en el arte de la Antigüedad clásica su modelo. Las obras de Cavallini son ciclos decorativos monumentales realizados al fresco o en mosaico. En 1291 firmó los cartones para los mosaicos del ábside de Santa María in Trastevere en Roma. Los frescos del coro del Monasterio de Santa Cecilia de los que solamente se conservan las partes superiores del Juicio Final y de la Anunciación, fueron pintados probablemente en 1293. El Juicio Universal por su solidez y severidad formal , el empleo dramático del color y la sencillez monumental es lo más imponente de las obras del artista que ha llegado hasta nosotros. El fresco prácticamente en ruinas y muy restaurado del Cristo en la Gloria, en el ábside de san Giorgio in Velabro, en Roma, podría fecharse de 1295 en adelante. Después de la muerte del cardenal Matteo dÁcquasparta acaecida en el año 1302, Cavallini con la ayuda de colaboradores pintó un fresco de la Virgen y el Niño con Dos Santos y el Cardenal Arrodillado en el Huerto situado sobre la tumba del cardenal, en Santa María in Ara Coeli, en Roma. Los frescos napolitanos de Santa María Donnaregina debieron de ser realizados por él y por sus discípulos más o menos en aquel periodo: el Juicio universal, Apóstoles, escenas de la Pasión de Cristo, etc. Aunque la Escuela de Pintura Romana que surgió alrededor de Cavallini decayera después de su muerte, él dio un impulso inestimable a la liberación de la pintura italiana del dominio de las formas bizantinas.
La Anunciación (ca. 1300). Manuscrito iluminado en la letra R.
De la primera etapa, el gótico lineal, los mejores ejemplos los vamos a encontrar en el campo de las miniaturas. La ilustración de códices, que en este momento empiezan a ser un bien de lujo y ostentación en las cortes y en los ámbitos catedralicios, pasará a maestros artesanos civiles, con talleres muy activos. Así encontraremos ejemplos tan interesantes como la Anunciación que se encuentra inscrita en una letra inicial, en un gradual alemán de 1300, realizado probablemente por en el monasterio de Santa Catarina en el Lago Constanza y que se conserva en el Metropolitan Museum. El predominio del dibujo, mediante una línea negra y la aplicación plana del color, característica de este periodo, no restan valor a la elegancia de las figuras y a la expresividad de los rostros que buscan una belleza natural. Como obra de este periodo, la referencia espacial es prácticamente nula, sin intento de conseguir perspectiva.
Anunciación, 1302-1305. Giotto Di Bondone
En la faja decorativa del arco de triunfo que da acceso al coro de la capilla Scrovegni, en Padua, Giotto representa la Anunciación. La parte izquierda de la escena está ocupada por el arcángel San Gabriel que, arrodillado, se dirige a la otra parte del arco, donde está María. La obra es otro alarde más en la concepción espacial del maestro italiano. Representa al ángel en el marco de una arquitectura, con dos balconadas salientes a los lados, que enmarcan su figura resplandeciente. Una efectista cortina cuelga de una de las columnas del edificio. Pero Giotto ha utilizado una gama de color y unas correcciones ópticas que ponen en relación la arquitectura figurada, esto es, el espacio del ángel, con la propia construcción del arco de triunfo. Así, el juego de realidad e ilusión une en un todo el lugar donde se desarrolla la decoración de los elementos constructivos y la decoración figurada.
A la derecha del arco de triunfo que da acceso al coro de la capilla, Giotto termina de completar la escena de la Anunciación, mostrando a la Virgen arrodillada, escuchando a San Gabriel, en el otro extremo. Aun la separación del arco, Giotto consigue continuidad y credibilidad en la escena, por la figuración de un mismo espacio, tanto en las arquitecturas representadas, como en la disposición de los personajes y el colorido similar de la obra en su conjunto. También en esta zona, Giotto nos deleita con detalles ilusionistas que crean profundidad y espacio real, como es, de nuevo, el cortinaje enrollado en la columna o el arcón de la Virgen, del que sólo vemos una parte, que se continuaría en un plano más allá del fondo. La escena se completaba con la imagen de Cristo, pintado sobre el vértice del arco, sobre el armazón de una ventana, que se abría en algunas festividades señaladas, por donde salía la paloma del Espíritu Santo. Así, Giotto conseguía una unidad completa de todo el arco, que tiene continuidad narrativa aun el espacio abierto de la arquitectura del edificio. Además, son las propias posturas de los personajes las que dan esa idea de tránsito de un extremo a otro del arco.
Anunciación (ca. 1310). Duccio di Buonasegna.
El duecento italiano, que se desarrollará en paralelo al gótico lineal de Francia, destacará por su enorme dependencia de los modelos bizantinos. En la escuela sienesa sobresaldrá la figura de Duccio di Buoninsegna, dentro del llamado dolce stil nuovo en el que predominará la captación de la ternura y el sentimentalismo, y que se va a reflejar también en un gusto por la línea curva y el aspecto sinuoso, que se acrecentará con el uso del color. En su Anunciación de la National Gallery de Londres, fechada entre 1308-1315, se nos muestra interesado en la recreación del espacio tridimensional de los edificios, que resuelve con el método de fugar cada parte del edificio de forma independiente hacia los extremos de la composición. Ésta se basa en la yuxtaposición de varios objetos con perspectivas autónomas, sin formar un espacio único, aunque con un resultado visual satisfactorio. Gabriel se aproxima a la Virgen señalándola con el dedo índice, en la otra mano sostiene una larga vara, derivación del caduceo de Mercurio. La Virgen se señala a ella misma en actitud de sorpresa o de aceptación, mientras parece que se le va a caer el libro de las manos. Su pose aparenta inestabilidad, como si la presencia angélica le hubiese sorprendido y se hubiera levantado súbitamente. En la pared del fondo aparece un jarrón con cuatro lirios blancos, símbolo de la pureza de María.
Anunciación, 1333 - Simone Martini
Simone Martini probablemente fue discípulo de Duccio di Buoninsegna y, como su maestro, fue uno de los grandes pintores sieneses. Su obra más famosa, La Anunciación (1333), fue encargo de la catedral de Siena para acompañar a la Maestá (1311) de aquél. Generalmente su autoría se atribuye conjuntamente a Simone y a su cuñado, Lippo Memmi.
Martini compartía el interés de su maestro por el color, pero su estilo era más gótico que bizantino. La delicada gracia y la minuciosidad decorativa de La Anunciación fueron muy apreciadas en Francia, donde el pinto pasó diez años trabajando en Aviñón. Allí su obra abrió el camino al estilo gótico internacional, que fue adoptado por miniaturistas de códices y pintores franceses y europeos.
La Anunciación: Entre los dos santos patrones de Siena, el arcángel Gabriel anuncia a María que será visitada por el Espíritu Santo (la paloma en el centro) y se convertirá en la Madre del Hijo de Dios, Jesucristo, 1933,
Las palabras en latín “Ave María, llena eres de gracia, el Señor es contigo” fluyen de la boca del arcángel Gabriel, y las siguientes palabras del Avemaría aparecen escritas en al borde de su túnica. El arcángel porta una rama de olivo, símbolo de la paz.
La Anunciación (s. XIII). Monasterio de Santo Domingo. Caleruega (Burgos)
Una iconografía interesante dentro del mundo hispánico es la serie de esculturas que representan el tema de la Anunciación con María en avanzado estado de gestación. Un ejemplo reseñable de esta tipología es el grupo de la Anunciación de Caleruega en Burgos. Con esta iconografía se incide en la Encarnación, el momento de la concepción divina de Cristo justo después de oír la Virgen la salutación angélica. Para plasmar las palabras del Arcángel y la respuesta de María, ambos portan una filacteria, en la que se pueden ver parte de las palabras del arcángel. Con el mensaje de Gabriel y las palabras de aceptación de María se producía la Encarnación de Cristo y el cumplimiento de las profecías de salvación. Todo esto se condensaba en la gestualidad de las manos y rostros. Seguramente se trata de una adaptación de la iconografía bizantina de la Virgen Blaquernitissa, que muestra a Cristo en su seno antes de su nacimiento. El grupo de Caleruega se compone de dos esculturas de bulto redondo hechas en piedra caliza policromada. El autor anónimo se ha preocupado de captar las expresiones de los rostros y en dar elegancia a los pliegues de los ropajes, que se acrecientan gracias a la policromía. Este grupo escultórico estaba presidiendo el convento dominico de la citada localidad burgalesa y aunque no hay acuerdo sobre su cronología, ésta se viene situando en el siglo XIV, en época del rey Alfonso XI.
Anunciación de la Porciuncola, 1393. Ilario da Viterbo
La chiesetta (iglesita) de Porciúncula (en italiano, «pequeña porción») es el lugar más sagrado para los franciscanos. San Francisco recibió esta pequeña iglesia, datada del siglo IX, de los monjes benedictinos.
La iglesia está exquisitamente decorada por artistas de diferentes periodos. Sobre la entrada hay un fresco de Johann Friedrich Overbeck (1829) que representa a San Francisco recibiendo de Cristo y la Virgen la indulgencia, conocida como el «Perdón de Asís». La pared lateral del lado derecho muestra fragmentos de dos frescos de artistas umbros desconocidos. El austero interior está decorado en un simple estilo gótico con frescos de los siglos XIV y XV. La obra más destacada es el fresco en seis partes en el ábside de esta pequeña iglesia, pintado por Ilario da Viterbo (1393). En la parte posterior, por encima de la entrada, hay un fresco que representa la Crucifixión de Pietro Perugino.
Anunciación del retablo de Felipe el Atrevido (1394-1399)
Melchior Broederl.
Dentro del Gótico internacional podemos señalar obras como la Anunciación del retablo de Felipe el Atrevido para la cartuja de Champmol en Dijon. En esta escena, que se representa junto con la Visitación, como es costumbre durante toda la Edad Media, destaca el marco arquitectónico en el que está inscrita la Virgen, una suerte de pórtico adornado con tracerías góticas, donde ésta lee la Biblia en un atril. Su posición elevada sobre el Arcángel pone de manifiesto la jerarquía, así como la genuflexión de éste. De sus manos sale la filacteria con el texto de la salutación angélica. Cada elemento arquitectónico tiene su propio punto de fuga, pero destaca la preocupación por captar el espacio. En la zona superior de la escena, de la boca de Dios padre, quien está rodeado de ángeles, sale un haz de luces hacia María, símbolo de la Concepción de Cristo.
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