Jacob y Wilhelm Grimm
Ilustración de Paul Meyerheim 1893
Audición recomendada. Cinderella - Prokofiev, 1945
Un hombre rico tenía a su mujer muy enferma, y cuando vio que se acercaba su fin, llamó a su hija única y le dijo:
— Querida hija, sé piadosa y buena, Dios te protegerá desde el cielo y yo no me apartaré de tu lado y te bendeciré.
Poco después cerró los ojos y expiró. La niña iba todos los días a llorar al sepulcro de su madre y continuó siendo siempre piadosa y buena. Llegó el invierno y la nieve cubrió el sepulcro con su blanco manto, llegó la primavera y el sol doró las flores del campo y el padre de la niña se casó de nuevo. La esposa trajo dos niñas que tenían un rostro muy hermoso, pero un corazón muy duro y cruel; entonces comenzaron muy malos tiempos para la pobre huérfana.
— No queremos que esté ese pedazo de ganso sentada a nuestro lado, que gane el pan que coma, váyase a la cocina con la criada.
Le quitaron sus vestidos buenos, le pusieron una basquiña remendada y vieja y le dieron unos zuecos.
— ¡Qué sucia está la orgullosa princesa! — decían riéndose, y la mandaron a ir a la cocina: tenía que trabajar allí desde la mañana hasta la noche, levantarse temprano, traer agua, encender lumbre, coser y lavar; sus hermanas le hacían además todo el daño posible, se burlaban de ella y le vertían la comida en la lumbre, de manera que tenía que bajarse a recogerla. Por la noche cuando estaba cansada de tanto trabajar, no podía acostarse, pues no tenía cama, y la pasaba recostada al lado del hogar, y como siempre estaba llena de polvo y ceniza, la llamaban la Cenicienta.
Sucedió que su padre fue en una ocasión a una feria y preguntó a sus hijastras lo que querían les trajese.
— Un bonito vestido —dijo la una.
— Una buena sortija, —añadió la segunda.
— Y tú Cenicienta, ¿Qué quieres? —le dijo.
— Padre, traedme la primera rama que encontréis en el camino.
Compró a sus dos hijastras hermosos vestidos y sortijas adornadas de perlas y piedras preciosas y a su regreso al pasar por un bosque cubierto de verdor tropezó con su sombrero en una rama de zarza y la cortó. Cuando volvió a su casa dio a sus hijastras lo que le habían pedido y la rama a la Cenicienta, la cual se lo agradeció; corrió al sepulcro de su madre, plantó la rama en él y lloró tanto que, regada por sus lágrimas, no tardó la rama en crecer y convertirse en un hermoso árbol.
La Cenicienta iba tres veces todos los días a ver el árbol, lloraba y oraba y siempre iba a descansar en él un pajarillo, y cuando sentía algún deseo, en el acto le concedía el pajarillo lo que deseaba.
Celebró por entonces el rey unas grandes fiestas, que debían durar tres días e invitó a ellas a todas las jóvenes del país para que su hijo eligiera la que más le agradase por esposa. Cuando supieron las dos hermanastras que debían asistir a aquellas fiestas, llamaron a la Cenicienta y le dijeron.
— Péinanos, límpianos los zapatos y ponles bien las hebillas, pues vamos a una boda al palacio del rey.
La Cenicienta las escuchó llorando, pues las hubiera acompañado con mucho gusto al baile, y suplicó a su madrastra se lo permitiese.
— Cenicienta, —le dijo— estás llena de polvo y ceniza y ¿quieres ir a una boda? ¿No tienes vestidos ni zapatos y quieres bailar?
Pero como insistiese en sus súplicas, le dijo por último:
— Se ha caído un plato de lentejas en la ceniza, si las recoges antes de dos horas, vendrás con nosotras.
La joven salió al jardín por la puerta trasera y dijo:
— Tiernas palomas, amables tórtolas, pájaros del cielo, venid todos y ayudadme a recoger. Las buenas en el puchero, las malas en el caldero.
Entraron por la ventana de la cocina dos palomas blancas, después dos tórtolas y por último comenzaron a revolotear alrededor del hogar todos los pájaros del cielo, que acabaron por bajar a la ceniza, y las palomas picoteaban con sus piquitos diciendo pi, pi, y los restantes pájaros comenzaron también a decir pi, pi, y pusieron todos los granos buenos en el plato. Aun no había trascurrido una hora, y ya estaba todo concluido y se marcharon volando. Llevó entonces la niña llena de alegría el plato a su madrastra, creyendo que le permitiría ir a la boda, pero le dijo:
— No, Cenicienta, no tienes vestido y no sabes bailar, se reirían de nosotras.
Mas viendo que lloraba añadió:
— Si puedes recoger de entre la ceniza dos platos llenos de lentejas en una hora, irás con nosotras.
Creyendo en su interior, que no podría hacerlo, vertió los dos platos de lentejas en la ceniza y se marchó, pero la joven salió entonces al jardín por la puerta trasera y volvió a decir:
— Tiernas palomas, amables tórtolas, pájaros del cielo, venid todos y ayudadme a recoger. Las buenas en el puchero, las malas en el caldero.
Entraron por la ventana de la cocina dos palomas blancas, después dos tórtolas y por último comenzaron a revolotear alrededor del hogar todos los pájaros del cielo que acabaron por bajar a la ceniza y las palomas picoteaban con sus piquitos diciendo pi, pi, y los demás pájaros comenzaron a decir también pi, pi, y pusieron todas las lentejas buenas en el plato, y aun no había trascurrido media hora, cuando ya estaba todo concluido y se marcharon volando. Llevó la niña llena de alegría el plato a su madrastra, creyendo que le permitiría ir a la boda, pero le dijo:
— Todo es inútil, no puedes venir, porque no tienes vestido y no sabes bailar; se reirían de nosotras —le volvió entonces la espalda y se marchó con sus orgullosas hijas.
En cuanto quedó sola en casa, fue la Cenicienta al sepulcro de su madre, debajo del árbol, y comenzó a decir:
Arbolito pequeño,
dame un vestido;
que sea, de oro y plata,
muy bien tejido.
El pájaro le dio entonces un vestido de oro y plata y unos zapatos bordados de plata y seda; en seguida se puso el vestido y se marchó a la boda; sus hermanas y madrastra no la conocieron, creyendo sería alguna princesa extranjera, pues les pareció muy hermosa con su vestido de oro, y ni aun se acordaban de la Cenicienta, creyendo estaría mondando lentejas sentada en el hogar.
Salió a su encuentro el hijo del rey, la tomó de la mano y bailó con ella, no permitiéndole bailar con nadie, pues no la soltó de la mano, y si se acercaba algún otro a invitarla, le decía:
— Es mi pareja.
Bailó hasta el amanecer y entonces decidió marcharse; el príncipe le dijo:
— Iré contigo y te acompañaré —pues deseaba saber quién era aquella joven, pero ella se despidió y saltó al palomar, entonces aguardó el hijo del rey a que fuera su padre y le dijo que la doncella extranjera había saltado al palomar. El anciano creyó que debía ser la Cenicienta; trajeron una piqueta y un martillo para derribar el palomar, pero no había nadie dentro, y cuando llegaron a la casa de la Cenicienta, la encontraron sentada en el hogar con sus sucios vestidos y un turbio candil ardía en la chimenea, pues la Cenicienta había entrado y salido muy ligera del palomar y luego había corrido hacia el sepulcro de su madre, donde se quitó los hermosos vestidos que se llevó el pájaro y después se fue a sentar con su basquiña gris a la cocina.
Al día siguiente, cuando llegó la hora en que iba a principiar la fiesta y se marcharon sus padres y hermanas, corrió la Cenicienta junto al arbolito y dijo:
Arbolito pequeño,
dame un vestido;
que sea, de oro y plata,
muy bien tejido.
Diole entonces el pájaro un vestido mucho más hermoso que el del día anterior y cuando se presentó en la boda con aquel traje, dejó a todos admirados de su extraordinaria belleza; el príncipe que le estaba aguardando, la cogió de la mano y bailó toda la noche con ella; cuando iba algún otro a invitarla, decía:
— Es mi pareja.
Al amanecer manifestó deseos de marcharse, pero el hijo del rey la siguió para ver la casa en que entraba, más de pronto se metió en el jardín de detrás de la casa. Había en él un hermoso árbol muy grande, del cual colgaban hermosas peras; la Cenicienta trepó hasta sus ramas y el príncipe no pudo saber por dónde había ido, pero aguardó hasta que vino su padre y le dijo:
— La doncella extranjera se me ha escapado; me parece que ha saltado al peral. El padre creyó que debía ser la Cenicienta; mandó traer una hacha y derribó el árbol, pero no había nadie en él, y cuando llegaron a la casa, estaba la Cenicienta sentada en el hogar, como la noche anterior, pues había saltado por el otro lado del árbol y fue corriendo al sepulcro de su madre, donde dejó al pájaro sus hermosos vestidos y tomó su basquiña gris.
Al día siguiente, cuando se marcharon sus padres y hermanas, fue también la Cenicienta al sepulcro de su madre y dijo al arbolito:
Arbolito pequeño,
dame un vestido;
que sea, de oro y plata,
muy bien tejido.
Diole entonces el pájaro un vestido que era mucho más hermoso y magnífico que ninguno de los anteriores, y los zapatos eran todos de oro, y cuando se presentó en la boda con aquel vestido, nadie tenía palabras para expresar su asombro; el príncipe bailó toda la noche con ella y cuando se acercaba alguno a invitarla, le decía:
— Es mi pareja.
Al amanecer se empeñó en marcharse la Cenicienta, y el príncipe en acompañarla, mas se escapó con tal ligereza que no pudo seguirla, pero el hijo del rey había mandado untar toda la escalera de pez y se quedó pegado en ella el zapato izquierdo de la joven; levantole el príncipe y vio que era muy pequeño, bonito y todo de oro. Al día siguiente fue a ver al padre de la Cenicienta y le dijo:
— He decidido que sea mi esposa, la que venga bien este zapato de oro.
Alegráronse mucho las dos hermanas porque tenían los pies muy bonitos; la mayor entró con el zapato en su cuarto para probárselo, su madre estaba a su lado, pero no se lo podía meter, porque sus dedos eran demasiado largos y el zapato muy pequeño; al verlo le dijo su madre alargándole un cuchillo:
— Córtate los dedos, pues cuando seas reina no irás nunca a pie.
La joven se cortó los dedos; metió el zapato en el pie, ocultó su dolor y salió a reunirse con el hijo del rey, que la subió a su caballo como si fuera su novia, y se marchó con ella, pero tenía que pasar por el lado del sepulcro de la primera mujer de su padrastro, en cuyo árbol había dos palomas, que comenzaron a decir.
No sigas más adelante,
detente a ver un instante,
que el zapato es muy pequeño
y esa novia no es su dueño.
Se detuvo, le miró los pies y vio correr la sangre; volvió su caballo, condujo a su casa a la novia fingida y dijo que no era la que había pedido, que se probase el zapato la otra hermana. Entró ésta en su cuarto y se lo metió bien por delante, pero el talón era demasiado grueso; entonces su madre le alargó un cuchillo y le dijo:
— Córtate un pedazo del talón, pues cuando seas reina, no irás nunca a pie.
La joven se cortó un pedazo de talón, metió un pie en el zapato, y ocultando el dolor, salió a ver al hijo del rey, que la subió en su caballo como si fuera su novia y se marchó con ella; cuando pasaron delante del árbol había dos palomas que comenzaron a decir:
No sigas más adelante,
detente a ver un instante,
que el zapato es muy pequeño
y esa novia no es su dueño.
Se detuvo, le miró los pies, y vio correr la sangre, volvió su caballo y condujo a su casa a la novia fingida:
— Tampoco es esta la que busco, —dijo—. ¿Tenéis otra hija?
— No, — contestó el marido—; de mi primera mujer tuve una pobre chica, a la que llamamos la Cenicienta, porque está siempre en la cocina, pero esa no puede ser la novia que buscáis.
El hijo del rey insistió en verla, pero la madre le replicó:
— No, no, está demasiado sucia para atreverme a enseñarla.
Se empeñó, sin embargo, en que saliera y hubo que llamar a la Cenicienta. Se lavó primero la cara y las manos, y salió después ante la presencia del príncipe que le alargó el zapato de oro; se sentó en su banco, sacó de su pie el pesado zueco y se puso el zapato que le venía perfectamente, y cuando se levantó y le vio el príncipe la cara, reconoció a la hermosa doncella que había bailado con él, y dijo:
— Esta es mi verdadera novia.
La madrastra y las dos hermanas se pusieron pálidas de ira, pero él subió a la Cenicienta en su caballo y se marchó con ella, y cuando pasaban por delante del árbol, dijeron las dos palomas blancas.
Sigue, príncipe, sigue adelante
sin parar un solo instante,
pues ya encontraste el dueño
del zapatito pequeño.
Después de decir esto, echaron a volar y se pusieron en los hombros de la Cenicienta, una en el derecho y otra en el izquierdo.
Cuando se verificó la boda, fueron las falsas hermanas a acompañarla y tomar parte en su felicidad, y al dirigirse los novios a la iglesia, iba la mayor a la derecha y la menor a la izquierda, y las palomas que llevaba la Cenicienta en sus hombros picaron a la mayor en el ojo derecho y a la menor en el izquierdo, de modo que picaron a cada una en un ojo; a su regreso se puso la mayor a la izquierda y la menor a la derecha, y las palomas picaron a cada una en el otro ojo, quedando ciegas toda su vida por su falsedad y envidia.
FIN
Cuentos para la infancia y el hogar 1812-1857
FICHA DE TRABAJO
Basquiña: Falda femenina de color negro y larga hasta los pies que generalmente forma parte de un atuendo tradicional o rural.
Bordado: Labor de relieve sobre tela o piel realizada con aguja y diversas clases de hilo.
Candil: Utensilio para alumbrar que consiste en un recipiente lleno de aceite, una mecha sumergida en él, que asoma por un pico, y un gancho para colgarlo.
Envidia: Sentimiento de tristeza o enojo que experimenta la persona que no tiene o desearía tener para sí sola algo que otra posee.
Expirar: Morir
Fingir: Representar o hacer creer algo que no es verdad con palabras, gestos o acciones.
Hebillas: Pieza, generalmente de metal, que se encuentra en un extremo de una cinta, correa o cinturón y sirve para ceñir con más o menos anchura
Hijastra: Hijo de la persona con la que está casado alguien.
Huérfano: Que no tiene padre, madre o ninguno de los dos, porque han muerto.
Lumbre: Fuego o materia que arde con llama o brasa y que proporciona luz y calor.
Mondar: Quitar la piel, la cáscara o la vaina a una hortaliza o fruta.
Pálido: Que ha perdido su color de piel natural y es más claro y menos rosado de lo normal, generalmente a causa de alguna enfermedad, del miedo, de un susto o de una sorpresa.
Piedad: Sentimiento de compasión o misericordia que produce alguien que sufre o padece.
Piqueta: Herramienta de albañilería para derribar muros que consiste en una cabeza de metal, plana por un extremo y acabada en punta por el otro, y un mango corto de madera.
Recostar: Inclinar y apoyar en un sitio la cabeza u otra parte del cuerpo.
Revolotear: Volar dando vueltas y giros en un espacio reducido.
Sepulcro: Tumba
Sortija: Anillo que se lleva como adorno en un dedo de la mano, generalmente de metal precioso y con algún trabajo, esmalte o piedra preciosa.
Suplicar: Pedir a alguien una cosa con humildad, sumisión y vehemencia.
Tórtola: Pequeña paloma que puede medir hasta 20 cm de largo, es de color gris plomo a gris más claro.
Turbio: Que está alterado por una cosa que le quita la transparencia o la claridad.
Zuecos: Calzado hecho en una única pieza de madera en el que se introduce el pie calzado, generalmente para proteger el pie y el calzado de la lluvia o el barro;
La Cenicienta es un cuento de hadas que cuenta con varias versiones, orales y escritas, antiguas y modernas, procedentes de varios lugares del mundo; especialmente del continente eurasiático. En el sistema de clasificación de Aarne-Thompson, se adscribe al grupo de los cuentos folclóricos ordinarios con ayudantes sobrenaturales y heroína perseguida, con el número 510A.
La primera versión escrita y publicada es la del italiano Giambattista Basile "La Gatta Cenerentola", 1634. Posteriormente fueron publicadas las dos versiones más populares del cuento, la del francés Charles Perrault "Cenicienta o El zapatito de cristal", que escribió en 1697; y en 1812 la versión de los alemanes hermanos Grimm (Aschenputtel), que forma parte de la colección "Cuentos de la infancia y del hogar". La versión de los hermanos Grimm varía sin embargo en muchos detalles de la italiana y de la francesa, lo que no es extraño si se tiene en cuenta que cada país europeo tenía su propia tradición oral del personaje.
En 1817 Gioachino Rossini compuso la ópera La Cenerentola, y en 1945 Sergei Prokofiev creó el ballet Cinderella.
Disney realizó en 1950 una versión de La Cenicienta que se asemeja más a la de Perrault que a la de Basile o de los hermanos Grimm, razón por la que en Estados Unidos es la de Perrault la más conocida.
Claves del cuento
Orfandad: Al igual que en muchos cuentos la protagonista se queda huérfana en las primeras líneas del texto. De esta manera comprendemos que estamos ante un relato de maduración personal en el que la protagonista debe aprender a tomar las riendas de su vida, y hacer frente a las dificultades de esta sin el apoyo de sus progenitores.
Injusticia: La protagonista se enfrenta ante un ambiente hostil dentro de su propia familia. Un padre ausente que no cuida bien a su hija, una madrastra tirana que no ve en la niña a una hija sino una sirvienta, y unas hermanas que tratan a Cenicienta con burla y desprecio.
La más pequeña: Con la llegada de sus hermanas, Cenicienta se convierte en la más pequeña de la casa, no solo en edad sino en consideración. El nombre que le asignan representa ese estatus al cual le relegan: Cenicienta. El cuento quiere enseñar al niño que, aun la más pequeña, puede llegar a ser una gran heroína.
Pruebas: Cenicienta se enfrentará a una serie de pruebas que le propondrá su madrastra y hermanas, pero aun resolviéndolas, existe una injusticia inherente que no puede superar. En el relato las pruebas son domésticas, pero sería un error pensar que el valor del cuento se reduce a una mera servidumbre en la casa. Las Cenicientas y Cenicientos de la vida se enfrentan a madrastras y hermanastras en la escuela, en el equipo deportivo, en sus puestos de trabajo, ... Según los Hermanos Grimm, la casa de Cenicienta actúa como un símbolo de un mundo que se ha convertido en un “infierno en la Tierra” un lugar donde no hay justicia ni amor de compasión. La casa es para Cenicienta, lo que el bosque supone para Blancanieves, caperucita Roja o Pulgarcito.
Consuelo: Cenicienta cuenta con el consuelo de la oración hacia su verdadera Madre que intercede desde el cielo. Esta es una clave muy importante que aportan los hermanos Grimm y que la distingue de las versiones anteriores. Esta intercesión se manifiesta con la rama de zarza que se transforma en un "hermoso árbol", y con la ayuda de los pájaros.
Los amigos: Puede parecer que Cenicienta se encuentra sola en la historia, pero no olvidemos el importante papel que desempeñan los pájaros. El cuento especifica la ayuda de dos tórtolas y dos palomas, pero luego habla de un número indeterminado de aves del cielo. Estos animales actúan de símbolo que representa a los amigos de Cenicienta que la ayudan en su descenso a los infiernos. Amigos que, por otra parte, actúan de forma providente, ya que son enviados desde el “cielo”.
La llamada: Pero la situación de nuestra protagonista no es eterna, como no lo es para ninguna persona vivir una situación continuada de injusticia y crueldad. El Rey convoca una gran fiesta que durarán "tres días". En ella su hijo elegirá a su "esposa". Quien entiende bien los símbolos cristianos que emplean Jacob y Wilheim Grimm en sus narraciones, el Rey está representando a Dios Padre, las fiestas son expresión de la Salvación Eterna, y el Hijo que escoge esposa, es Cristo que busca el alma humana (mi alma, tu alma) para rescatarla de la esclavitud del pecado (madrastra-hermanastras), casarse con ella (darla plenitud) y conducirla al Palacio-Cielo donde vivirán eternamente. Compruebe la similitud del cuento con el pasaje evangélico de san Mateo.
"Celebró por entonces el rey unas grandes fiestas, que debían durar tres días e invitó a ellas a todas las jóvenes del país para que su hijo eligiera la que más le agradase por esposa".
"Un rey preparaba las bodas de su hijo, por lo que mandó a sus servidores a llamar a los invitados a la fiesta". Mt. 22: 1-14
La ayuda sobrenatural: En todos los cuentos de hadas, los protagonistas reciben una ayuda exterior que los salva de la situación de peligro. Esta ayuda viene al rescate y se presenta en la mayoría de las veces en forma de hecho maravilloso o extraordinario. En el caso de Cenicienta para acudir al baile-banquete, ha de llevar un vestido. Aquí los hermanos Grimm hacen referencia a la parábola del evangelio según de Mateo:
"Después entró el rey para conocer a los que estaban sentados a la mesa, y vio un hombre que no se había puesto el traje de fiesta. Le dijo: Amigo, ¿Cómo es que has entrado sin traje de bodas?". Mt, 22: 1-14
Por ello los pájaros regalan a Cenicienta un traje y unos zapatos nuevos, cada noche, pues para entrar en el “Palacio” debe llevar el “traje de gala”. Un traje que cada día se hace más bello y hermoso.
El príncipe busca a la princesa: Como Cristo busca a toda alma, el príncipe del cuento sale en busca de la joven desconocida. Deja su Palacio y viene a la Tierra (casa de Cenicienta) para salvar al hombre. El signo para encontrarla está representado por el zapato que expresa su humildad. Los autores emplean el símbolo del zapato para expresar la humildad, ya que es el calzado la parte del cuerpo que está en contacto con el polvo o ceniza de la tierra.
Dios busca lo humilde. La prueba de la verdad es que el Príncipe ofrece un zapato y ella ofrece su pareja para complementarse. Las hermanastras ensoberbecidas tratan de hacer entrar su pie, pero estos no entran. A pesar de que sangren, las avecillas alertan de la falsedad de esa acción.
Juicio final: El cuento termina con un juicio final. Castigo para los que actúan mal y premio para los que obran bien. Algunos han querido ver crueldad en este final, pero el castigo forma parte de la estructura mítica del relato de un cuento, así como es de justicia un premio para los que obran bien.
José Alfredo Elía Marcos
(*) Para profundizar más en el análisis de los cuentos recomendamos el Libro de Diego Blanco Albarova: Erase una vez. El Evangelio en los cuentos de la editorial Encuentro.
ILUSTRACIONES
La Cenerentola - Gioachino Rossini, 1817
Cinderella - Sergei Prokofiev, 1945
La Cenicienta - C. Geronimi, H. Luske, W. Jackson, 1950
La Cenicienta 2 - John Kafka, 2002
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