Adoración de los pastores. Lorenzo Lotto, 1543.
En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche.
De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el ängel les dijo: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo:
Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre».
Y junto con el Angel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él».
Después que los ángeles volvieron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado».
Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre.
Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de que decían los pastores.
Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.
Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.
Lc, 2. 8-20
En las representaciones artísticas debemos señalar la existencia de dos escenas diferentes, aunque consecutivas: el Anuncio a los Pastores y la Adoración de los pastores propiamente dicha.
El número de los pastores
La mayor parte de las fuentes, entre ellas el Evangelio de Lucas (2, 8-20) y el Pseudo-Mateo (XIII, 6), no precisan el número de pastores que reciben el anuncio del ángel y acuden a adorar al Niño, pero en el Evangelio Armenio de la Infancia (x, 1-2) se indica que eran quince los pastores que fueron a ver al recién nacido. Tradicionalmente, en el mundo bizantino se solía representar a dos pastores adorando al Niño, mientras que en el arte occidental suelen ser tres, posiblemente en un claro paralelismo con los tres Reyes Magos, y, al igual que estos, presentan edades decrecientes –juventud, madurez y vejez– como símbolo de que representan a toda la humanidad. Siguiendo esa norma no escrita, El Greco y Maíno presentan a tres pastores de edades diferentes, mientras que Murillo también incluye a tres pastores, aunque con la particularidad de que uno de ellos es una mujer. Por el contrario, Pietro da Cortona y Mengs aumentan el número de pastores presentes en la escena.
Las ofrendas
Aunque en algún texto apócrifo San José comenta que los pastores acudieron con las manos vacías –y así los representa Mengs–, lo habitual es que aparezcan llevando consigo alguna ofrenda que entregar al Niño. Normalmente no suele faltar un cordero, en clara alusión al cordero pascual y al sacrificio posterior de Cristo –Morales, El Greco, Maíno, Murillo y Pietro da Cortona–, ofrenda a la que se unen también unos huevos en las representaciones de este episodio pintadas por Maíno y Murillo, que también añaden un cabrito y unas gallinas, respectivamente. Como es lógico, los pintores barrocos se recrean en la representación de esos presentes, en unas composiciones sumamente naturalistas y dotadas de un gran realismo.
Una iconografía original encontramos en El Nacimiento de Barocci, donde San José aparece indicando el lugar donde se encuentra el Niño a unos pastores que se han detenido en la puerta del establo donde se refugia la Sagrada Familia, invitándoles a entrar para adorarle.
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