Rincón Flamenco - "Reflexiones sobre el flamenco" por Eduardo Ternero Rodríguez
Eduardo Ternero - domingo, 1 de noviembre de 2026
Estábamos en la España del año 1700, cuando su rey Carlos II “el Hechizado”, el último de la casa de los Austrias, moría sin descendencia. Aquello provocó que muchas de las familias reales de Europa quisieran sentirse herederas de aquel vasto imperio español, lo que conllevaría una guerra civil en España entre los partidarios de los Habsburgo (Austrias) que eran los descendientes del Sacro Imperio Romano Germánico y los que eran afines a los Borbones (descendientes de la casa de Anjou), monarcas de Francia. El conflicto bélico denominado Guerra de Sucesión duraría desde 1701 hasta 1714, un periodo en el que, como siempre ha venido ocurriendo, se enfrentarían españoles entre sí, en una guerra cruenta para dilucidar quién heredaría la corona española; para elegir un monarca extranjero que les oprimiría, les esclavizaría…
Al final, la balanza de la contienda se inclinó hacia los Anjou. Con la firma del tratado de Utrecht (1713), España perdería territorios europeos a la vez que cedimos Nueva Escocia, Terranova, gran parte de lo que hoy es Canadá… y, sobre todo, como las hostilidades seguían, tuvimos que entregar Menorca y Gibraltar. Todo ello era válido para que subiera al poder el nuevo rey de España, que sería el francés Felipe V (sobrino nieto de Carlos II “El Hechizado”), un desquiciado que no tenía posibilidad alguna de subir al trono de Francia (pues no era el primogénito) y, sin embargo, reinaría en todo el Imperio Español, con el apelativo de Felipe V, primer Borbón de España.
El rey Felipe V , Primer Borbón
Con la llegada de Felipe V a España (un rey enfermizo, apático, que sufría largas e intermitentes demencias), se concretaron medidas que buscaban acabar con aquel imperio anquilosado, incapaz de resolver los conflictos que arrastraba, las revueltas internas y los intentos de sublevación de las colonias de ultramar. Ese parecía el principal objetivo de la llegada de los Borbones. Más pronto que tarde veríamos como todo quedaría en agua de borrajas: el imperio se fue desangrando, las clases poderosas fueron ganando terreno, los pobres fueron cada vez más pobres y los conflictos (pérdida de territorios, guerras civiles, un absolutismo exacerbado, los caprichos y amasado de riquezas de validos y la nobleza…), fueron la tónica que marcaría la historia de España durante otros tres siglos.
Como remedio a los males que, supuestamente, causaba el Pueblo Gitano a la nación, este nuevo rey continuaría con la persecución ejercida por los Austrias, endureciendo aún más su política contra los gitanos. De ese modo lanzaría una Pragmática en la que se les obligaba a los gitanos a abandonar sus lugares de residencia y a confinarse en 41 ciudades y villas que se le asignaron*, es decir dejar sus lugares habituales de residencia, abandonando bienes, casas… y conminándolos al destierro interior.
*Los lugares elegidos para ubicarlos fueron: En Castilla y La Mancha (Toledo, Guadalajara, Cuenca, San Clemente, Ciudad Real y Chinchilla). En Castilla la Vieja y León (Ávila, Segovia, Burgos, Aranda de Duero, Soria, Ágreda, Palencia, Toro y León). En Extremadura (Plasencia, Cáceres y Trujillo). En Valencia y Murcia (Játiva, Onteniente, Orihuela, Alcira, Castellón y Murcia). En Aragón (Calatayud, Tarazona, Barbastro, Daroca, Borja y Teruel). En la Cornisa Cantábrica (Logroño, Santo Domingo de la Calzada, Oviedo, Orense y Betanzos) y en Andalucía (Córdoba, Sevilla, Antequera, Ronda, Carmona, Marchena, Jaén, Úbeda, Alcalá la Real, Baeza y muchos más).
Igualmente, se le prohibía usar como lengua el caló *, vestir su indumentaria tradicional, hacer ostentación de sus costumbres y se les impedía el nomadismo. Como ya era costumbre, se les penaba con castigos como azotes, destierro y la esclavitud en minas o galeras.
El Papa Benedicto XIV
*La lengua caló es una adaptación o variedad del idioma romaní, que ha ido combinando gramática y flexión del castellano y otras lenguas romances con las propias de origen romaní de India. Hoy día está muy en desuso, se suele hablar en familia, por algunos mayores de forma tradicional y solo gitanos de España, sur de Francia y Portugal.
Para cerciorarse de que se eliminaba todo lo concerniente a la cultura y la idiosincrasia gitana se crearía la llamada Junta de Gitanos en 1721. También la iglesia española junto a la corte conseguiría del Papa Benedicto XIV la pérdida del asilo eclesiástico (protección temporal que podrían ejercer los templos y las comunidades religiosas a personas perseguidas, para evitar su detención o persecución), al que se podían acoger gitanos, moriscos… Hasta ahora, sobre todo en los primeros tiempos (siglos XV y principios del XVI), el Pueblo Gitano había sido protegido por algunos miembros de la Iglesia, pues contaban con salvoconductos de algunos miembros de la nobleza o guías papales y siempre fueron respetuosos con la doctrina cristiana; pero aquello se fue disipando y los “católicos” no vieron con buenos ojos su entrada y peregrinar por tierras peninsulares.
La iglesia católica española, aliada con la corte, transformaría su tolerancia inicial hacia el Pueblo Gitano en desconfianza. Los motivos aparentemente fueron el rechazo al nomadismo y por ende falta de control, pues las autoridades eclesiásticas eran quienes controlaban el pago de los diezmos*, a la par que se cercioraban del cumplimiento de los Mandamientos. Y, aunque los gitanos cumplían como cristianos, la Iglesia recelaba de sus prácticas culturales, del uso del idioma romaní (caló), de recurrir a la magia, la adivinación… Es cierto que, para los Tribunales de Fe, para la Inquisición, la Santa Hermandad y otros guardianes de la causa cristiana, el Pueblo Gitano, no suponía un peligro como ocurriera con los musulmanes y los judíos, aunque nunca fueron considerados como buenos cristianos.
*Diezmos: impuestos que se pagaban al rey o a la Iglesia sobre la producción agrícola y ganadera.
Hay que considerar que, por parte de los gitanos, no existió en su comportamiento herejía alguna, como se achacaba a aquellos que practicaban en sinagogas y mezquitas. Mas, los afanes persecutorios eclesiásticos sobre el Pueblo Gitano iban encaminados a la sospecha sobre su práctica de esoterismo, superstición, hechicería… Se les acusaba igualmente de delitos menores como el hurto, el amancebamiento, la bigamia y una supuesta independencia de las mujeres gitanas, impropia de sumisión de la mujer en aquellas fechas. Todo ello podía conllevar castigos físicos, reprimendas públicas, destierros, pero no podían ser considerados como delitos mayores, que los condujeran a la hoguera; aunque, ya veremos que, con el paso del tiempo, las Pragmáticas se fueron endureciendo, al igual que las condenas.
En realidad, se ocultaba su verdadera intencionalidad de aquella persecución hacia el Pueblo Gitano Español o mejor dicho Andaluz – pues la mayoría de los gitanos estaban concentrados en Andalucía –, el aprovechar aquella mala fama que arrastraban para condenarlos a los trabajos más penosos (en las minas de azogue, como remeros de la corona, en polvorines…), de forma gratuita como se hacía con los condenados por delitos de sangre. Pero, al no ser efectiva esta acción (ya había fracasado una tentativa portuguesa de expulsar a los “ciganos” lusos), se creyó conveniente enviarlos a las minas americanas o a galeras de las naves españolas de ultramar, algo que a la postre les conducía al destierro y la mayoría de los casos a la muerte.
Pedro Tellez-Girón, Duque de Osuna
Además de lo que hemos comentado acerca de la prohibición de su lengua (caló), la vestimenta tradicional, sus costumbres…, bajo amenaza de condenas y penas severas, se les conminaba a vivir separados, en una proporción estricta (una familia por cada 100 habitantes de una población), siempre bajo la estrecha vigilancia de las autoridades locales. Esta nueva ley contra los gitanos les obligaba a confinarse, pero la idea no era integrarlos, todo lo contrario, se trataba de controlar exhaustivamente sus movimientos, vigilar que se cumpliera la sedentarización forzosa y asimilación total.
Respecto a su trabajo, muchos gitanos quisieron seguir con sus oficios tradicionales, con aquellos relacionados con el campo (agricultura y ganadería), con la artesanía, el comercio ambulante…, pero la legislación les exigiría el tener que llevar salvoconductos especiales para cualquier desplazamiento laboral; aquello limitaba drásticamente su subsistencia pues, generalmente, no se les concedían dichas autorizaciones. En definitiva, se les cerraban todas las puertas para poder buscarse la vida mediante su trabajo. En cambio, muchos de los moriscos (musulmanes convertidos al cristianismo) que habían evitado ser desterrados a los distintos puntos del Mediterráneo (costa africana), entre los cuales había una gran mayoría de alarifes (labores relacionadas con la construcción), lograron camuflarse y mezclarse con los gitanos y continuaron ejerciendo sus tareas en las zonas de la Baja Andalucía.
Los propios Duques de Arcos, señores de Marchena y el Duque de Osuna, lograron mediante cláusulas y peticiones contravenir las órdenes que preconizaban las Pragmáticas de los monarcas del XVI y XVII, en las que se pedía la expulsión y castigo de los gitanos. Por estos pagos, los gitanos ejercían una excelente labor como músicos para amenizar en las fiestas y facilitaban las labores ganaderas aportando su conocimiento de los metales, la forja, la calderería… Los Ponce de León, señores de Marchena, no podían olvidar la enorme ayuda prestada por los gitanos desde su entrada por Jaén a Andalucía (1462), sobre todo durante las guerras internas entre los Ponce y los Guzmanes (Duques de Arcos y los de Medina Sidonia, respectivamente), encaminadas a conseguir grandes posesiones terrenas, que otorgaban los Reyes Católicos y sus sucesores, por sus hazañas guerreras. Más tarde, la pugna entre estas dos casas sería por el control de las almadrabas, la salazón y toda lo relativo al dominio de la costa atlántica (desde Tarifa a Portugal).
El rey Luis "El Breve"
Siguiendo con la historia, aquel rey enfermizo, Felipe V, que sufría un deterioro mental enorme (trastorno bipolar severo, con episodios depresivos profundos y delirios psicóticos), abdicaría la corona en favor de su hijo Luis en 1724; pero, aquel joven rey al que el pueblo bautizaría como “El bien amado” o “El Breve” moriría de viruela a los 17 años, tras 229 días de reinado. Por ello, Felipe V, tuvo que regresar al trono hasta su fallecimiento en 1746, continuando con su política de persecución y acoso al Pueblo Gitano. Además, se les prohibiría expresamente dedicarse a la venta y el trato de ganado.
En 1747, de nuevo endureció las penas, ampliando el número de ciudades a 75, donde obligatoriamente tenían que residir, incluyendo otra nueva cláusula: “… cualquier gitano que fuese encontrado fuera de los límites de las poblaciones asignadas, podía ser ejecutado en el acto sin necesidad de juicio”.
Imaginamos el pánico y el dolor que tuvo que sufrir el Pueblo Gitano: fueron desmembradas muchas familias, no tenían recursos para poder vivir, les estaba prohibido dedicarse a sus oficios ancestrales y las autoridades no les facilitaban salvoconductos ni les autorizaban ejercer trabajos, condenándoles a tener que mendigar y a llevar una paupérrima existencia *. Aunque muchos de ellos no se doblegaron y se lanzaron a los caminos, fueron furtivos, tenían fraguas clandestinas, hacían tratos de manera encubierta…, todo ello exponiendo sus vidas.
*El diccionario de la lengua de 1732 definía falazmente en sus páginas al gitano: Del latín “Cingarus”, “Cierta clase de gente que afectando ser de Egipto, en ninguna parte tienen domicilio, y andan siempre vagueando. Engañan a los incautos diciéndoles la buena ventura por las rayas de sus manos y la phiconomia (fisonomía) del rostro, haciéndoles creer en mil patrañas. Su trato es vender y trocar borricos y otras bestias, y a vueltas de todo esto hurtar con grande arte y sutileza”.