Rincón Flamenco - "Reflexiones sobre el flamenco" por Eduardo Ternero Rodríguez
Eduardo Ternero - domingo, 1 de febrero de 2026
Mientras la Comisión Pro monumento Pepe Marchena continuaba buscando recursos económicos para poder llevar a cabo los gastos que supondría erigir un monumento digno al ilustre genio marchenero, otros grupos y entidades (Ayuntamiento, escultor, constructor, herrero, incluso personal voluntario) – de forma paralela –, se ocupaban de otras cuestiones que completaban el proyecto. Hablamos de acometer la escultura de Pepe en sí, la talla de otros elementos de ornato que configurarían el monumento (las dos bailaoras que aparecen sentadas a los pies de Pepe Marchena, la guitarra, junto al mantón, además de los cuatro altorrelieves que completan el monolito), además de la cimentación, la composición en granito de la peana, el basamento, los zócalos… , y la reja que circunda el jardincito florido que auxilia y embellece todo el conjunto monumental. Entendemos que para llevar a cabo todo ello, para amarrar todo, se necesitarían recursos no solo económicos, sino contar con personal especializado que conociese el mundo de los materiales que se iban a utilizar.
Jesús García Solano, escritor y poeta
Tratemos primero acerca de la escultura, la figura en volumen del cantaor marchenero que sería en bronce y de cuerpo entero. Para conocer cómo se fraguó, cómo fue todo el proceso de esculpido, desde sus inicios hasta culminar la estatua y su colocación, desde la primera idea hasta el lugar donde se encuentra ubicada desde entonces, nos ponemos en contacto con Jesús García Solano. Jesús nació en Aguilar de la Frontera (Córdoba), es poeta-escritor, galardonado con infinidad de premios, autor de una veintena de libros, Doctor Honoris Causa por La Academia de las Ciencias, Bellas Artes y Buenas letras Granada Costa; Académico de la de Vélez de Guevara, miembro de la Asociación de Escritores de España, Andalucía, y recientemente, nombrado Hijo Adoptivo de Marchena, Medalla de Oro. Jesús es también un reconocido melómano, posee una vasta colección inédita de castañuelas, es inventor de varios instrumentos musicales (Guitarras Ergonómicas, clásicas y flamencas, Cencerrófono Pastoril Atonal, Castañófono Sinfónico, Cajabongo, Craneófonochinesco, y la Castañuela Terapéutica), además de ser, un enamorado e investigador del flamenco. Sería Jesús G. Solano, según nos cuenta, a petición de Rafael Armenta, quien pondría su empeño para que fuese quien llevase a cabo la ejecución de la escultura y los motivos que adornan la totalidad del monumento que se levantaría al ‘maestro’ Pepe Marchena. También se contaría con algún que otro marchenero que pudiese aportar sus conocimientos para que la figura escultórica de Pepe Marchena fuese lo más fiel posible a la imagen del cantaor, en su mejor etapa de madurez y en una pose de estar cantando, con el ademán que le caracterizaba.
Así nos lo cuenta Jesús: “Yo era miembro del PSA, partido andalucista que fundara Alejandro Rojas Marcos y al que pertenecía el marchenero Pepe Zapico (por entonces empleado en los juzgados astigitanos), el cual era íntimo amigo del escultor Rafael Armenta, que también pertenecía al partido, y al cual conocí cuando realizaba el alzado de la Fuente del “Niño”, que se encuentra en la Plaza de la Constitución de Marchena. A partir de entonces entre el escultor y yo comenzaría una entrañable amistad, compartiríamos muchas horas, incluso sería acogido en mi domicilio en muchas ocasiones. Debo decir, en honor a la verdad que, “Armenta”, no estaba muy convencido de hacer el trabajo; sin embargo, poco a poco, fue identificándose con el proyecto, con el reto de esculpir la figura de Pepe Marchena y todo lo que conllevaba. Por ello, recurrió a mí, para que le cediera fotos, recuerdos y todo el conocimiento que yo albergaba del ‘maestro’ de Marchena.
Rafael Armenta Núñez, escultor
Rafael Armenta Núñez, (1949-2025) nació en Écija y se crio en una familia de artesanos y artistas. A lo largo de su vida desarrollaría una variada actividad artística en pintura, escultura, cerámica… Fue, además, uno de los impulsores del carnaval astigitano y promotor del Museo Histórico Municipal de su ciudad. Armenta ha dejado por toda Andalucía, por toda España, multitud de obras; en Marchena fue el escultor de la Fuente del Niño, de la Fuente del Parque de la Concordia y del Monumento a Pepe Marchena. A Rafael el mundo de la arcilla le debe, por sus investigaciones, un gran progreso sobre todo en la tecnología de cocción de la cerámica prehistórica, amén de otros avances en el mundo de la escultura.
Continúa Jesús: “Yo conocía muy bien a Pepe Marchena, mi padre (de profesión Practicante) le inyectaba, cada vez que se acercaba por nuestro pueblo, unas vitaminas para fortalecer su garganta. Yo, además, era muy amigo de “Piqui”, el hijo de Pepe, pues éramos de la misma edad. Ambos estudiábamos en San Agustín y más de una vez acudíamos juntos a Osuna para examinarnos. También nos visitábamos en nuestras respectivas casas; recuerdo entrar en muchas ocasiones al pequeño piso de planta alta, que habitaba Pepe Marchena cuando venía a nuestro pueblo, en la hoy denominada Plaza del Pololo”.
Tras este paréntesis de aclaraciones, nos seguiría contando Jesús, en relación con el escultor Rafael Armenta: “Serían muchas las visitas que yo hiciera al taller de Armenta, desde que iniciara el boceto, pues la ciudad de Écija estaba en el itinerario de mi trabajo (como comercial de la empresa Aceitunera Marciense)”. Nos apunta Jesús a continuación: Cuando Rafael nos enseñó el boceto realizado en barro, nos gustó sobremanera a quienes estuvimos presente, pues me acompañaba Manuel Corona que conocía bien el flamenco, la fisonomía, poses y costumbres de Pepe Marchena”.
Pero aquello no fue nada fácil para el joven escultor Rafael Armenta, quien acababa de meterse en la treintena de años y argumentaba que esculpir no es exclusivamente una tarea técnica, basada en el manejo de la materia inerte; eso es solo una parte de la labor escultórica. El verdadero valor del escultor es dar vida, infundir emoción a un trozo de madera, barro, mármol o metal…, el principal empeño de un buen artista debe ser conseguir sacar el espíritu de lo que representa; es decir “liberar el alma”. Armenta lo decía, le costaba trabajo, desconocía al personaje y aunque reflejara fidedignamente cada una de las facciones de la cara, del cuerpo de Pepe Marchena, que veía en las fotos, no se contentaba, no veía su obra con vida, no encontraba esa personalidad arrolladora que, como le habían dicho, caracterizaba al ‘maestro’… Armenta haría varios intentos, soñaba con descubrir ese halo que distinguía al genio de Marchena: “Una de aquellas noches, harto de buscar, soñé que hablaba con Pepe Marchena ¡fue algo mágico!, el cantaor se abría, se acercaba a mí, mantenía una conversación íntima conmigo y fue entonces cuando conseguí reflejar su espíritu, cuando fui capaz de expresar con el barro la expresión, la fuerza que el cantaor marchenero me ofrecía”.
Escultura en barro, Armenta, Solano y Corona
Jesús continuaba sus visitas a Armenta, mientras se coordinaba y hacía los planes con el escultor para cada uno de los procesos que conllevaba la escultura y su fundición. La Comisión Pro-Monumento, entretanto, continuaba haciendo rifas, preparando festivales, vendiendo discos, y hasta se hizo una réplica del monumento, en tamaño pequeño para recaudar fondos, para ir sufragando los gastos que conllevaría la realización de dicho monumento. Igualmente, el Ayuntamiento de Marchena, ya había decidido, junto a la propia Comisión, el terreno donde se ubicaría la obra que, como ya dijimos sería en la segunda glorieta de los Jardines de Isidro Arcenegui, en un lugar que hoy se denomina el Parque del Príncipe. Paralelamente, el personal de la Oficina Técnica del Consistorio marchenero, trazaba el alzado del conjunto monumental; Arquitecto y Peritos diseñaban los planos y detallaban las medidas pertinentes.
Por fin, a finales de 1983, la escultura en barro quedó finalizada y a gusto de todos los implicados en el proceso. Nos lo sigue relatando Jesús: “… entonces decidimos que el modelo en bronce habría que llevarse a cabo en una fundición de prestigio, en Madrid. Para ello nos desplazamos, como en muchas ocasiones, en mi coche y aprovechando mi trabajo, y con permiso de mis jefes, a la capital de España Armenta y yo. Allí me informé, en la Sociedad de Autores, de una casa fundidora propiedad del escultor Agustín de la Herrán, y los altorrelieves que ocupan cada una de las caras del prisma cuadrangular que le sirven de basamento.
El jefe de la fundición, el escultor Agustín de la Herran, visitaría el lugar de Marchena donde se instalaría la escultura y durante todo el proceso entablaría amistad con Jesús G. Solano; así nos lo refiere el mismo: “Vimos, Rafael Armenta y yo, que, tanto la escultura, las dos féminas esculpidas, así como los altorrelieves (dedicados a “Los “Cuatro Muleros”, “La Rosa”, la poesía que escribiera José Vázquez “El Leñador” y el escudo del Ayuntamiento de Marchena), estaban perfectamente ejecutados. Tanto fue así que le solicité a Rafael Armenta y al fundidor, si sería posible que me hiciesen una réplica de uno de los cuatro altorrelieves de bronce que completan el monumento, precisamente el de “Los Cuatro Muleros”; claro está, pagando el precio del metal empleado y los derechos de autor de Armenta. Así se me hizo y desde entonces, la belleza de ese trabajo del genial Armenta adorna una de las paredes del patio de mi casa.
José Zapico Berdugo, entonces Concejal del Ayuntamiento de Marchena
El tiempo va pasando, el fundidor cobró lo estipulado; pero había otro problema que solucionar, la forma de traer desde Madrid la escultura, pues de eso nada se había hablado y por supuesto que el hecho de traerla hasta Marchena ampliaba el presupuesto de partida. La solución, según nos cuenta Jesús G. Solano, pasaba por él mismo, pues junto a Armenta se había hecho responsable de todo lo concerniente a la escultura: “Yo seguía en mis continuos viajes a Madrid y toda España, como jefe comercial de la Empresa Marciense, la cual me tenía en gran estima, por lo que decidí confiar a mis jefes una idea para poder traer la escultura, proponiéndole que me permitiesen hacer un trato con Vicente Vázquez “Vicente el del Camión”, un transportista marchenero que realizaba trabajos para nuestra empresa. Le pedí llevar un porte de aceitunas, que yo distribuí por todo Madrid y para la vuelta, en el reporte, sin coste alguno, trajera desde la fundición la escultura de Pepe Marchena, debidamente embalada. Mis jefes aceptaron la propuesta, y además me permitieron, que mientras se ubicaba en su lugar definitivo, la escultura, se quedaría depositada en una de las naves de la empresa”.
Terminado todo el proceso del esculpido y fundición de la imagen de Pepe Marchena, se citaría a Rafael Armenta a una reunión, una especie de puesta en común en la que estaban presente algunos representantes del Ayuntamiento marchenero, miembros de la Comisión Pro-monumento, parte de la directiva del Club Pepe Marchena… Así nos los relataba Jesús: “… en aquella reunión, Rafael Armenta, me obliga a asistir, para, de cierta manera, agradecerme públicamente, y que constara, mi contribución en todas las gestiones del monumento, Rafael, por ser, persona tímida que jamás se pronunciaba y menos se quejaba, abogaría hacia mi persona diciendo: que la escultura: se había llevado a su fin, y que había sido posible gracias a los contactos, a la ayuda desinteresada y a las gestiones que había hecho yo, Jesús García Solano. Sin embargo, aquel ninguneo, hacia mi persona, no quedó solo en la falta de gratitud que se me debía, sino que ni siquiera se tuvo la deferencia de invitarme a la inauguración del monumento, por el que tanto me había preocupado”.