Rincón Flamenco - "Reflexiones sobre el flamenco" por Eduardo Ternero Rodríguez
Eduardo Ternero - domingo, 14 de diciembre de 2025
Durante todo el invierno y sobre todo en la primavera de 1976, Pepe, se sintió mal. El cantaor marchenero estaba perdiendo mucho peso, no sentía ganas de comer, solía tener ardor continuo y malestar al tragar. Pepe, que frecuentemente visitaba a sus amigos médicos madrileños – por aquella hipocondría que había sufrido a lo largo de su vida –, temeroso, recibiría el primer diagnóstico de la grave enfermedad que padecía. Marchena recurre a la consulta de otros especialistas, pero todos confirman lo avanzado del cáncer de esófago-estómago que padece; es más, todos los galenos que visitó le auguraron pocas esperanzas. Desde el primer momento, el genio marchenero asumiría, aparentemente y con resignación, el destino que la vida le tenía reservado y quiso ir despidiéndose de sus amigos más íntimos, de los aficionados, de su público.
Valderrama visita a Marchena en la Clínica
Con total seguridad volvió un par de días a Marchena y se despidió del padre Francisco Álvarez Hurtado y de varios amigos marcheneros. Volvió a Madrid, donde visitó por última vez al empresario Pascual Saavedra y otros amigos íntimos. Debilitado, ingresaría en el hospital madrileño Francisco Franco para ponerse en manos del Dr. Hidalgo Huertas. Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos y pruebas médicas que le hicieron, no se pudo llevar a cabo operación alguna, era demasiado tarde. Todos los especialistas confirmaron que aquello estaba muy avanzado y no había nada que hacer.
La prensa, los mentideros…, todos los medios de comunicación se hicieron eco de la grave enfermedad que padecía Pepe Marchena. El rumor de que estaba “herido de muerte” como lo anunciara su gran amigo y periodista radiofónico Rafael Santisteban corrió de boca en boca, de pueblo en pueblo…, por toda la geografía española. Juanito Valderrama, uno de sus más fieles amigos y admirador suyo, acudiría a su encuentro. Pepe sabía que Juan no le iba a fallar; aquel, que en los momentos más difíciles y críticos siempre había estado a su lado, ahora no iba a ser menos. La Voz de Albacete, el 18 de noviembre del 76, recogía la noticia en sus páginas: “El popular cantaor flamenco José Tejada “Pepe Marchena” se encuentra gravemente enfermo y hoy ha sido trasladado desde Sevilla a Madrid. Pepe Marchena, que cuenta en la actualidad con 73 años de edad, sufre una grave dolencia de tipo gástrico y en la capital de la nación se cree será reconocido por el doctor Hidalgo Huerta”. El diario de Burgos y otros muchos, daban aquel mismo día la noticia y con las mismas palabras.
Cuenta Gonzalo Rojo que, Marchena, mantuvo también una charla con el fotógrafo linense Manolo Blanco, íntimo amigo de Pepe, al que confesaría, entre otras cosas: “Hoy tengo dos alegrías, una, que si Dios me ha dicho que me vaya con él y aquí estoy yo para irme. La segunda, que si me curo, ¡qué mayor alegría que esa!”. Pero no habría segunda, la suerte estaba echada.
Pocos días después, y en este punto no se ponen de acuerdo sus biógrafos ni lo aclara Valderrama, Marchena ingresaría en la Clínica Sagrado Corazón de Sevilla; no sabemos si durante el homenaje había estado en Madrid o en su casa sevillana. Si sabemos que fueron muchos de sus amigos marcheneros los que fueron a visitarle, a animarle, entre ellos de nuevo el “Cura Paco” Francisco Álvarez Hurtado, al que Pepe le diría entrecortado: “Dios quiere un ángel que le cante y me llama allí para que me vaya a cantarle”.
José Luis Pecker, periodista y locutor
También, comenta Eugenio Cobos, lo que Isabelita dijera a Manuel Cerrejón, las que fueron algunas de las últimas palabras de Pepe; “Dios me ha llamado a filas y tengo que acudir”. Aquellos días, por la Clínica, pasarían infinidad de personas interesadas por el estado de Pepe, entre ellos el torero Antonio Márquez, marido de Concha Piquer, quien se ofreció a Isabelita para lo que le hiciera falta; fue entonces, cuando ella cerró la cortina de la habitación, pues Marchena estaba adormilado; en ese momento despertaría y soltaría esa frase lapidaria: “No me cierres la cortina. Déjame que vea la luz del día, que bastante tiempo me espera de ver la oscuridad”.
En sus memorias, Juanito Valderrama, contaba que una vez que Marchena deja Madrid volvería a su casa de Sevilla. Allí, Pepe, acongojado y muy desmejorado por la enfermedad, le pidió a Juan que le ayudara: “Juan, me voy a morir y debo setecientas mil pesetas a la caja de ahorros y no quiero que, cuando yo me muera, echen a mi mujer a la calle. Organice usted cualquier cosa de beneficio”. Juan, como el amigo incondicional que fue, le susurró al oído: “Usted descuide, Pepe, que eso nos ponemos a organizarlo hoy mismo”. Valderrama fue un gran hombre, coherente en sus acciones; una gran persona, con unos principios y una educación que demostraría a lo largo de toda su vida y cumpliría con creces lo prometido.
El 23 de noviembre de 1976 se anunciaba en el diario “Pueblo” el homenaje que los compañeros del espectáculo darían al maestro Marchena. El propio Valderrama había buscado y haría el compromiso a casi todos los artistas que colaborarían en aquel acelerado homenaje al ‘maestro’ de Marchena. Juan conocía a cada uno de ellos, sabía los favores que había hecho Pepe y a quienes se los había hecho a lo largo de su vida: Así, para el 28 de noviembre de 1976, a las 11’30 de la mañana, en el Teatro Alcalá Palace, se anunciaban los siguientes artistas: La Niña de la Puebla, Perro de Paterna, Adelfa Soto, Antonio Molina, Valen, Amina, Encarnita Polo, Dolores Abril, Jarrito, Gracia Montes, Rafael Farina, Lola Flores, Paul Brando, Juanita Reina, Manolo Alegría, Juanito Maravillas, Manolo Escobar, Marian Conde, Marifé de Triana, Paquita Rico, Rocío Jurado, Carmen Sevilla, Perlita de Huelva, Porrinas de Badajoz, que el hombre se encontraba enfermo de cáncer y que fallecería tres meses después; pero como admiraba tanto a Pepe no quiso estar ausente de aquel homenaje a su querido amigo y maestro.
Por supuesto que también cantaría Juan Valderrama en aquel sentido homenaje. Al acto también se sumarían, además, muchos guitarristas y otros músicos. Y como presentadores: Carmen Sevilla, Pepe Fernández, Bárbara Rey, Boby Deglané, Ángel de Andrés, y José Luis Pécker.
Francisco Valenzuela "Valen", cantautor
El día 27 de noviembre, el mismo diario “Pueblo” haría un reportaje más extenso y mostraba una foto de Pepe Marchena extremadamente delgado, casi moribundo. Sobre él posaba el traje de luces del Manuel Benítez “El Cordobés” que se subastaría en dicho homenaje. El reportaje lo firmaba el periodista Jesús María “Amilibia” quien, a nuestro parecer, explicitaba el texto de manera un poco cruel: “Pepe se encuentra en estos momentos hospitalizado en la Clínica Francisco Franco y, según todos los pronósticos y diagnósticos, se muere irremediablemente: el cáncer va acortando lentamente sus días. Doloroso y terrible pero cierto”. “Amilibia”, a pesar de tan desconsolado escrito, pedía a los lectores su participación en dicho homenaje pues la cuestión económica de Pepe estaba muy mal y continuaba: “Sí, sé que debería existir otra forma de solucionar estos problemas, pero ¿Qué quieren?, así están las cosas. Cómo estará la situación para que se tenga que subastar el disco de Oro que recibiera el artista, antes de su muerte”. “Amilibia”, ese mismo año, sería juzgado por presentar un libro pasado de erotismo y formas y en 1988 dispararía a un conductor que tuvo una discusión con él y que resultaría muerto. En este caso criticaba dos cuestiones fundamentales que los artistas hasta entonces habían descuidado, la Seguridad Social y el ser un poco más hormiguitas. En eso llevaba mucha razón, la mayoría llegaba a la vejez con una “mano delante y otra detrás” y eso que, Marchena, había sido el que más dinero había ganado en la historia del flamenco y de otras muchas artes.
El día 28 de noviembre se celebraría aquel festival-homenaje. Para dar entrada al sentido acto, Valderrama exaltaría la figura del ‘maestro’ con un lastimero poema en el que se pudo escuchar, entre otros versos: “… Y volviendo al ruiseñor/ pido justicia y respeto/ para el artista creador/ y Marchena lo es completo/ como lo fuera Chacón/…” . A continuación se fueron presentando y actuando los artistas programados y paralelamente se fueron subastando, para engrosar la recaudación: el Disco de Oro que Pepe recibió por sus “Memorias Antológicas del Cante Flamenco”, un traje de luces de Manuel Benítez “El Cordobés”, que donó el fotógrafo José Rubio y un gran retrato ampliado de Pepe Marchena que le había hecho su amigo y también fotógrafo Manolo Blanco hacía algunos años y por el que pagaría el torero Antonio José Galán (ahijado de Marchena) 301.000 pesetas de 1976.
Jesús María Amilibia, periodista y escritor
Por supuesto que hubo una fila 0 en el que se recogieron donativos de toda España. Sumando todo, la recaudación de aquel magno festival, alcanzaría algo más del millón y medio, no llegando a los dos millones de pesetas.
Pepe, desde su lecho, enviaría un texto de agradecimiento y despedida para que se leyera en el acto-homenaje y que nosotros vamos a transcribir íntegro:
“Si he consentido que se celebre este acto es porque siento ya mi hora final y antes de rendir cuentas a Dios he querido despedirme de todos los públicos de España y ante a la imposibilidad de hacerlo pueblo a pueblo, como hubiera querido, acepté que, desde Madrid me despidieran para siempre de toda España.
Pido perdón a quienes se hayan sentido ofendidos por algo que dije o hice durante los sesenta años que he sido cantaor flamenco, pues nunca tuve intención de molestar a nadie.
Fue mi norma de conducta llevar el cante andaluz con el máximo de dignidad, con la pretensión de alcanzar las más grandes cotas. Gracias a todos y adiós para siempre”.
Firmado: Pepe Marchena.
Al día siguiente del homenaje, el 29 de noviembre, el propio Amilibia sacaba otro gran reportaje en “Pueblo” en el que exalta las extravagancias y virtudes de Pepe Marchena: “El genial cantaor, el que viviera como un príncipe árabe, el primero que cantó con ‘smoking’, el que nunca supo leer ni escribir, el que llevaba siempre una corte de 10 o más atrás… Aquel que soltaba cien duros al compañero necesitado como si tuviera mil más y no los tenía, el que siempre invitaba, el que ganaba y lo gastaba todo, el siempre elegante, fino y señorial Pepe Marchena…, el mismo que un día no cantaba aunque le pagaban doscientas mil pesetas y otro día iba gratis a cantar a Dos Hermanas. El mejor representante de una época que se fue, está en los huesos, con apenas treinta y tantos kilos por un maldito cáncer que el doctor Hidalgo Huerta no ha querido ni abrirlo. Ayer mismo salió de la Clínica Francisco Franco rumbo a Sevilla, para que muera en casa”.