Rincón Flamenco - "Reflexiones sobre el flamenco" por Eduardo Ternero Rodríguez
Eduardo Ternero - domingo, 11 de enero de 2026
Existen tantas referencias en prensa, libros, revistas, grabaciones…, acerca de Pepe Marchena, a lo largo de su ajetreada existencia que no queremos dejarnos nada en el tintero y continuamente, cuando seguimos indagando, siguen saliendo hechos relevantes, anécdotas. Y es que, como dijera González Climent, “Marchena fue un revolucionario, un hiperbólico. Fue un hombre fascinante y antojadizo de formas y fórmulas; un ser histriónico, con una dialéctica prodigiosa…” Hasta el punto que Climent lo compara con un faquir: “… es como una especie de mago que nos embauca, que es capaz, con su parla y con un solo tercio de fandangos invadirnos y conducirnos al hechizo”. Pero no solo González Climent; fueron muchos intelectuales los que se rindieron ante el carisma que tenía Pepe Marchena, ante su forma de conducirse por este mundo, cuya falta de cultura letrada era manifiesta. Pepe la suplía con su enorme experiencia vital, aquella memoria tan prodigiosa y una coherencia natural que conformaban en él un hombre ‘cabal’, una persona cualificada que sabía estar en todos los círculos y en todos los ámbitos.
Anselmo González Climent, flamencólogo
A la par, el cantaor marchenero era de una sencillez, de una sensibilidad que a veces rayaba en una extraña humildad, impropia de un genio admirado por medio mundo. Un ejemplo de ello nos lo contaba Antonio Beltrán Lucena: “… después de una actuación de Pepe Marchena en tierras malagueñas, me acerqué a saludarlo y felicitarlo. Me dijo que lo acompañara a Benalmadena. Una vez allí, nos dirigimos a una casa, llamó a la puerta y al momento salió un hombre que le abrazaba mientras le decía: ¡Hay que ver, esta no te la perdono!, a lo que Pepe contestó: he estado cantando en Alhaurín el Grande, en Álora, Fuengirola, Málaga… y como no te he visto he pensao que estarías malo…; le echó el brazo por encima del hombro, le hizo varios cantes y se despidieron. Yo pensaba que, a lo mejor, no andaba bien de dinero; este hombre se llamaba Antonio Cánovas un singular guardacoches de Benalmádena, un buen hombre, un seguidor incondicional del ‘maestro’. Cuando volvíamos me dijo Marchena: Yo no podía irme de Málaga sin decirle unos cantes, este señor es un buen aficionado, un buen amigo”.
También contaba, que un camionero llamado Manuel España Ríos, un hombre de la ruta, que transitaba la N-340, hoy la A-92, para llevar de un lado a otro mercancías y que una noche paró en el Bar los Tres Gatos del Arahal a tomar un café y un tentempié. Al ir a pagar le dijeron que ya estaba pagado. Manolo preguntó quién lo había invitado, pues no conocía a nadie allí: “Lo ha pagado el ‘maestro’, aquel señor de la gorra”, le apuntó el camarero.”.
Como estas, le ocurrían a Pepe en muchísimos lugares por los que transitaba: bastaba que viese a alguien que estuviese trabajando, fatigado… o que él pensase que podía estar apurado, en una situación escasa, para que saliese a socorrerlo, a hacerle más liviano aquel momento… En cambio, otras veces, era capaz de estar en una reunión de potentados, de gente con muchos medios y recursos económicos, invitar a todos los presentes y después cargar la cuenta a otros o irse sin pagar. El ‘maestro’ aducia que en aquel momento no tenía liquidez, pero con una altanería que todos le perdonaban e incluso como decía el torero Antonio Márquez: “Hasta para no pagar, como hace Pepe Marchena, hay que tener arte”.
Oscar Wilde, poeta inglés
Muchos de los grandes admiradores que tuvo Marchena fueron sus propios compañeros, algo sumamente difícil, pues entre los miembros de una misma profesión, como todos sabemos suele haber cierto tipo de recelos, envidias, tensiones, fricciones… Eso es algo inevitable y casi razonable, pues se trata de anteponer muchas veces el valor y el nombre de un compañero al tuyo propio, lo que en ocasiones le daría más caché al otro y por ende mayor repercusión en los medios y a la hora de ser contratado. A Marchena lo idolatraban sus propios compañeros. Así lo contaba La Niña de la Puebla (Dolores Jiménez Alcántara), en una entrevista que le hicieron en la revista cultural y semanal “Dígame”: “Me preguntaron quién era el mejor cantaor para mí y yo le contesté que, sin duda alguna, era Pepe Marchena”. Algunos compañeros empezaron a zaherir, a ‘calentar’ a Juanito Valderrama, pues la Niña de la Puebla y su marido Luquitas de Marchena iban, por entonces, en la Compañía de Valderrama: “¡Anda, Juan, tú los llevas contratados y ellos diciendo que el mejor de todos es Marchena!”. Uno de esos días en los que Valderrama estaba con unos cuantos artistas y periodistas departiendo, poco antes de salir al escenario, Luquitas, seguramente para animarlo le dijo: ·”Entonces, Juan, ¿quién manda en el cotarro?, ¿quién es el que mejor canta?”, refiriéndose a quien dominaba mejor el cante. A lo que el maestro de Torredelcampo contestaría: “¡Tú lo sabes Lucas, igual que to el mundo, quien va a ser Marchena!”
En otro orden de cosas en referencia a la personalidad, a la manera de ser de Pepe Marchena, queremos ocuparnos aquí de las mujeres que rodearon, influyeron o tuvieron algún tipo de relación con el cantaor marchenero a lo largo de su vida. Según declaraciones del mismísimo Pepe Marchena, la mujer a la que más quiso, la que más influyó en él fue a su madre: Rita Tejada Martín, de quien no se quitaría ni sus apellidos a pesar de que fuese reconocido como su padre: Juan Perea. Pepe siempre tuvo una deuda pendiente con su madre, pues no le dedicó el tiempo suficiente; su carrera, sus viajes, su estilo de vida no le dejaron estar todo el tiempo que quiso estar junto a su progenitora.
Boda de Lola Flores y "El Pescailla"
Nosotros, después de este extensivo estudio hemos comprobado que fueron muchas las mujeres que, literalmente, se enamoraron de él, desde artistas, compañeras de escenario (cantaoras y bailaoras), como Lola Montes, la Niña de la Puebla, la mismísima Niña de los Peines, Carmen Amaya, Concha Piquer, Imperio Argentina… y un largo etcétera. Sin embargo, muchos quedaron en amores platónicos, cargados de admiración, bien hacia la persona o hacia el artista marchenero y en muchas ocasiones confundidas entre las muchas personalidades de Pepe; recuerden lo que decía el gran Charlie Chaplin aquel que fuera un mujeriego empedernido: “Yo le tengo mucha envidia al Niño de Marchena, con él se emocionan las mujeres, conmigo se ríen”. La propia Lola Flores tenía a Pepe Marchena en un pedestal, hasta el punto que el día de su boda, casi secreta ( el 27 de octubre de 1957), Lola, vestida de novia, le estuvo esperando un gran rato en la puerta de la Iglesia de El Escorial, mientras el “Pescailla” se encontraba desesperado en la escalinata del altar mayor…, cuando por fin apareció, Pepe, “La Faraona” se fue hacia él y le dijo: “¡Pepe de mi arma, creí que no venías y si tú no estás en mi boda, no me caso!”
A lo largo de toda la vida del genio de Marchena saldrían en las páginas de muchas revistas de la época, las mujeres a las que se ligaba sentimentalmente; recuerden que ya les hablamos que tuvo como amante a una señora de Jaén, casada con un médico, con el cual, según apuntaban las noticias, Pepe llegaría a las manos… Aquel incidente pasó y nunca se habló más de él. Otras veces se escuchaba en la prensa que Pepe tenía una hija en América de la relación con una actriz argentina, o se le adjudicaban hijos en Madrid, o en cualquier lugar de España, pues no había año que no saliera una fémina diciendo que aquel retoño era de una relación con Marchena…, algo que sigue ocurriendo con los artistas de fama, sea verdad o no, para que se hagan responsables de los gastos de la criatura, lleve sus apellidos… Hoy, con las pruebas de ADN, la cosa se dilucida con certeza, en los tiempos de Pepe Marchena, la cosa no era tan fácil.
Pepe con Carmen Amaya
Pepe, además, por no saber leer ni escribir, se perdía esos acercamientos personales y tan seductores que se enviaban los amantes mediante declaraciones en cartas, postales… algo tan normal durante el tiempo que le tocó vivir. Pepe recibía muchas cartas y misivas de mujeres que le confesaban su amor, sus intimidades, pero solo sus amigos más íntimos llegarían a conocerlas, cuando se las leían. Entendemos que muchas de estas cartas se quedarían sin respuesta y que las interesadas, las enamoradas quedarían a la espera de una respuesta, desilusionadas y muchas no volverían a escribirle.
A nosotros se nos hace muy difícil definir el tipo de relación que tuviera Pepe con el sexo femenino. Nos hemos encontrado artistas, mujeres que estuvieron a punto de llevar al altar al cantaor de Marchena, mujeres que tuvieron una amplia relación con él; sin embargo, todo quedaría en papel cuché de la prensa. Un ejemplo de ello fue cuando Pepe conoció a Carmen Vargas, en una juerga entre artistas. Ella era una bailaora e impresionó tanto a Marchena que se enamoró de ella. Impactado por aquella gitana de bronce, improvisó este fandango: Cuando te veo bailar/Me dan ganas de adorarte/Yo te quisiera rezar/Como a la Virgen del Arte/Y ponerte en un altar. Tras el cante la abrazó y dicen que fue el comienzo de un idilio entre ambos. En 1933, Pepe, anunció en Huelva que se iba a casar con Carmen Vargas, pero de boda no hubo nada.
También, en 1935, la prensa habló un posible casamiento de Pepe Marchena. Decían que el marchenero había encontrado la mujer apropiada y que había anunciado que se iba a casar con María Fernanda Gascón, la primera actriz de su compañía. Tampoco. Se casaría con ella. No sería hasta el 8 de noviembre de 1969, cuando finalmente y después de 25 años de vivir junto a Isabel Domínguez Cano, contraería matrimonio, celebrando la ceremonia en su propio chalé. Con Isabel seguiría el resto de su vida.
Nosotros, a estas alturas del XXI, cuando han pasado 150 años desde que naciera el genio marchenero y tras el análisis que hemos podido ir viendo a lo largo de su existencia, creemos que Pepe fue en todos los sentidos un adelantado, un vanguardista, un ser diferente en todo, incluso en el amor. Creemos que Pepe amaba lo bello, la belleza en general; ni nos atrevemos a decir que tuviese tendencia sexual alguna, pues no hemos encontrado certeza de ello; lo único que podemos hacer son elucubraciones basadas en sus relaciones. En aquellos años del XX, la cuestión sexual podía ser relevante, incluso definitoria, para la vida de un artista de la talla de Pepe Marchena y, por ello, jamás podremos conocer, algo tan personal de nuestro protagonista. Recuerden que a lo largo de la historia, ha habido personajes de los que se habló abiertamente de su promiscuidad, su homosexualidad o su tendencia bisexual como Julio Cesar del que dijera el pueblo: “… es el marido de todas las mujeres y la mujer de todos los maridos de Roma” por la cantidad de relaciones que tenía, al igual que se dejaba Alejandro Magno, Leonardo da Vinci, Oscar Wilde, Frida Kahlo, Virginia Woolf…, es decir no fueron ni son causa de menosprecio o desmerecimiento. Sin embargo, la España Franquista no consintió, todo lo contrario perseguiría, condenaría cualquier tendencia sexual que no fuese “normal”, es decir, la heterosexualidad. Por ello, creemos que muchas personas, incluidos artistas, políticos, etc. tuvieron que ocultar su tendencia sexual.