Rincón Flamenco - "Reflexiones sobre el flamenco" por Eduardo Ternero Rodríguez
Eduardo Ternero - domingo, 29 de diciembre de 2024
Estamos en una de las etapas más difíciles de la historia de España por lo que concierne a la clase más deprimida, a los pobres, los vencidos, los enfermos… Ya hace casi 7 años que concluyó la Guerra Civil y las cosas no mejoran. El hambre, la falta de higiene, las enfermedades, castigan a las clases menos pudientes. El régimen autárquico impuesto nos hará retroceder en el tiempo; la falta de recursos para educación, para levantar la economía, el progreso industrial… – que hacen avanzar a Europa –, nos dejaría a la cola de los países de nuestro entorno. Para más inri, 1946, registrará una de las sequías más grandes del siglo XX, lo que agravaría, aún más, nuestra maltratada situación. Aquel año, el pan, la carne, la leche, los huevos, el azúcar y muchos otros alimentos eran casi prohibitivos, para conseguirlos había que buscarlo y pagarlo en un alto precio en el estraperlo o recurrir, como una necesidad perentoria, con una receta médica.
José Muñoz, "Pena Hijo"
Habíamos dejado al protagonista, a Pepe Marchena, en una triunfal gira de éxitos por los colmaos y teatros de Buenos Aires. El divo del flamenco, amigo de Carlos Gardel se ha enamorado de la pasión que inspira y supone para el mundo de la música el tango argentino, su música le fascinaba. Pepe es un hombre de mundo que sabe adaptarse a todos los ambientes. Allí sigue siendo tan espléndido, tan derrochador como lo ha sido hasta ahora en España, juega a las loterías, apuesta en carreras de caballos, trasnocha en los casinos… Desde hace 4 meses su vida transcurre en Buenos Aires y algunos escarceos para visitar otras ciudades. Pensamos que tal vez se acercaría a la ciudad de Mendoza, una gran ciudad pegada a Chile, donde vive uno de sus discípulos más aventajados, José Muñoz Martín “Pena Hijo”, al que Pepe había llevado en varias giras por España y que se exiliaría durante la Guerra Civil a Mendoza, la capital más occidental de la Argentina. “Pena Hijo”, recordaran, fue un gran cantaor que aportó al flamenco del XX antiguos cantes de Sebastián Muñoz “El Pena”, su padre (el aire de la petenera y sobre todo una cabal de la seguiriya arrastrada desde Silverio); aunque, “Pena Hijo” supo adaptarse a las influencias de la Ópera Flamenca, consiguiendo durante varios años estar en lo más alto, incluso teniendo su propia Compañía y ofreciendo espectáculos en los grandes escenarios españoles como el Teatro Price o el Pavón madrileños.
Marchena, pasea por las calles de Buenos Aires, como el príncipe de la canción, como el rey del flamenco. Serían muchos los españoles, residentes en Argentina, los que acudirán a sus espectáculos; unos exiliados durante la guerra, otros venidos para buscar fortuna desde la Madre Patria. Todos ellos se acercarían a los teatros, a los recintos donde actuaba para verle, para recordar aquella parte sentimental y musical que había quedado grabada en sus memorias y que ahora el maestro de Marchena y sus acompañantes volvían a rememorarles. Hay que decir en honor a la verdad que Angelillo, el Pena, la mismísima Carmen Amaya, Concha Piquer… y muchos otros, también harían en aquellas fechas las Américas; era cuestión de nostalgia el que los públicos emigrados a las tierras de ultramar quisieran recibir noticias de su país de origen, de su tierra, en forma de recuerdos musicales, de aquello que invoca los sentimientos, que alientan el alma.
Félix Argüelles, guitarrista
Dejamos atrás 1945 e iniciamos un año nuevo, sin saber lo que se avecinaba, pues parecía que la apertura y la ayuda que podía venir del exterior desde que estrenara la presidencia de los Estados Unidos el demócrata Harry S. Truman. El Régimen impuesto por Franco pensaba que la propaganda que se estaba haciendo, aquel odio y afán de exterminio hacia el comunismo tendría el éxito esperado. Creían que los aliados olvidarían el apoyo español al III Reich y al Eje (germano-italo-japonés); aventuraban una apertura y por ende el avance de la economía española y el bienestar de una gran mayoría de españoles. Sin embargo, no fue así, sobre todo para las regiones andaluza y extremeña que parecían sumidas en la pesadilla de la postguerra y en una pobreza y hambre tal que, unidas a la represión política, hizo que muchos decidieran marchar hacia Cataluña y otras ciudades industriales. En aquellos años, más de 50 mil almerienses y otros tantos de las distintas provincias andaluzas emigrarían, no tuvieron más remedio. Andalucía no les ofrecía más que miseria; aunque, inexplicablemente, muchos de ellos serían deportados, devueltos a su origen por el entonces Gobernador de Barcelona, Felipe Acedo Colunga, (aquel que comprara el cortijo Bilbao en el término de Marchena), el cual defendía el modelo de la Inquisición española y los preceptos fundamentales del derecho penal nazi, argumentando el exterminio físico, moral y económico de la ideología republicana, masónica, anarquista o comunista.
Pero, para aquellos pobres andaluces, volver significaba la desgracia, no tener trabajo, ni vivienda y pasar de nuevo hambre; no había existencia alguna de alimentos considerados como esenciales en la dieta española (arroz, legumbres, pescado, carne, huevos, verduras, pan, aceite...). Y, sin dinero, no podían recurrir al estraperlo. Por tanto, hubo que alimentarse con plantas silvestres como alcaparras, espárragos, morras o ese cardo mariano llamado “escardancha” y cazando animales prohibitivos como cigüeñas, lechuzas y un largo etcétera; incluso se decía que las calles se habían quedado sin gatos; por ello se volvería a retomar el dicho tan español del medievo dar “gato por liebre”.
Fco. Manzano "Faico", bailaor
.Entretanto, Marchena, da el salto a Uruguay. En su capital, Montevideo, estará actuando prácticamente todo el mes de enero de 1946, desde su debut el día 8 hasta el 31. Por entonces, su Compañía se verá reforzada con la incorporación de varios artistas. Casi el mes completo, Pepe y su troupe, más algunos actores uruguayos y agentinos actuarían, bajo la dirección del maestro de Marchena, en el Teatro 18 de Julio de la capital uruguaya (el nombre del recinto venía dado porque ese día se celebra el “Día de la Independencia” pero en realidad fue la jura de la Constitución del nuevo estado de Uruguay, que ocurriera el 18 de julio de 1830).
Para ver el despliegue de artistas que en aquellos momentos llevaba la Compañía de Pepe, nos detendremos en comentar uno de los carteles en los que se anunciaba precisamente su actuación, el día 20 de enero de 1946, en el Teatro 18 de Julio en Montevideo, la capital de Uruguay. En primer lugar, como siempre, encabezaba con el nombre de Pepe Marchena con un rótulo añadido “El Divo Máximo de la Canción Flamenca”. Le acompañaban Jesús Perosanz y el Chato de Valencia como cantaores y como bailaor Francisco Manzano Heredia “Faico”, nacido en Madrid en 1932, apenas un niño de 13 años, el cual se había enrolado con tan solo 11 años en la Compañía de Concha Piquer y, por tanto, daría el salto con ella hacia las Américas, donde sería contratado por los promotores de Pepe Marchena. No debemos confundirlo con otro famoso bailaor también "Faico". Francisco Mendoza Ríos (Sevilla 1880), ya que este moriría en Madrid en 1938 tras muchas penalidades según recogía el periódico “La Libertad” del 18 de mayo de 1929 en el que se decía que “Faico” “camina triste y pobre por las calles madrileñas”. Así, era para la mayoría de los que dedicaron su vida al bello arte del flamenco durante aquellos años, que terminaban sus días en la más profunda miseria y relegados al olvido del público.
Continuando con la larga lista de artistas que intervenían en la gira, estaba Fernando Chicharro un cantaor cómico, Carmen Llambí y Luisa de Córdoba como cantantes y actrices como María Luisa Ortiz o la argentina Pepita Lucientes; bailaoras y bailarinas como la “Sevillanita”, Jacinta Brieva, Zoraida Gómez, Antonia Arias y un grupo de bailaoras llamadas “Las Sevillanas”. Entendemos que la Compañía llevaría al menos tres guitarras, pero, en los prospectos de la obra, en sus carteles solo nombran como guitarrista a Félix Argüelles.
Pepe, con su troupe en América
Estas comedias-flamencas solían representarse en dos funciones, una llamada del Vermouth que se hacía generalmente a media tarde (sobre las 18 o 19 horas) y otra representación nocturna a partir de las 22 horas; aunque en algunas ocasiones se incluía una “matinee”, que solía darse por las mañanas o a primera hora de la tarde; en este caso era a las 16 horas. A las funciones “matinees” concurría el personal más joven y su repertorio, generalmente, era más liviano, menos picante. Esta palabra, “matinee” es derivada del francés “matín” que significa “por la mañana” y la adoptaron algunos países sudamericanos y casualmente algunos pueblos andaluces como Marchena, pues, solíamos denominar así al cine de la tarde.
Pepe termina su gira también por Uruguay y da el salto al distrito federal de Brasil donde está enclavada su principal ciudad, Río de Janeiro. Por entonces, la ciudad carioca contaba con más de 2 millones de habitantes. Allí, la troupe de Marchena vuelve a coincidir con la de Carmen Amaya. La prensa no cesa, sigue volcada en elogios hacia Pepe Marchena y su Compañía. Es tal su éxito que, sus representantes y sus contactos americanos, empiezan a sugerirle ampliar las actuaciones, firmar nuevos contratos; sin embargo, Pepe, quiere volver a España, añora su tierra, su gente…
El marchenero decide volverse a España, pero trae consigo un cajón de recuerdos de América, el cariño y la admiración de los exiliados españoles en Argentina, Uruguay, Brasil… Incluso, vuelve extrañado de lo hondo que sigue calando el flamenco en aquellos emigrantes que nunca olvidaron sus raíces. Viene sorprendido de lo que gustan aún escuchar cantes de Chacón, de Torre, de Fosforito el Viejo… de aquel cante clásico que quedó prendido en ellos, antes de la llegada de la Ópera Flamenca y que, Pepe, les había llevado guardado en el cofre de su memoria y en su prodigiosa garganta.