Rincón Flamenco - "Reflexiones sobre el flamenco" por Eduardo Ternero Rodríguez
Eduardo Ternero - domingo, 8 de febrero de 2026
Transcurrirían cuatro años (desde 1982 que surgiera la iniciativa por parte de Juan Borrego, desde que se iniciaran las primeras gestiones para la realización del proyecto Pro Monumento a Pepe Marchena, hasta su inauguración en el verano de 1986). Fueron cuatro años, en un ambiente de embarazo, de buscar recursos con los que poder financiar aquel propósito. Cuatro años en los que hubo muchas reuniones de la Comisión, de montar festivales, peticiones de favores, pedir apoyo a la ciudadanía y las instituciones…, todo con el fin de recaudar los medios monetarios necesarios para llevar a cabo aquella misión. Fueron cuatro años entre proyectos y obras, en realizar la escultura y ultimar las obras pertinentes para construir la peana, la base y los adornos que acompañarían a la figura del ‘maestro’. Asimismo, hubo que contar con las actuaciones de jardineros, herreros, y personal del Ayuntamiento que adecentaron el lugar elegido para ubicar el monumento que merecidamente recordaría al hombre que había llevado el nombre de su pueblo por toda la geográfica de los cinco continentes: José Tejada Martín, “Pepe Marchena”.
Miguel García Colorado, constructor oficial del monumento
Si ya hemos conocido el esfuerzo y la constancia que tuvo la Comisión (que nos comentara Juan Borrego) para reunir los medios necesarios con el fin de poder sufragar el coste de todo lo que conllevaba el monumento. Si hemos conocido igualmente el proceso de la talla de la escultura y los avatares (como nos ha contado Jesús G. Solano), que conllevaría desde el boceto hasta la traída desde Madrid a Marchena, ahora vamos a intentar poner en pie y nunca mejor dicho, todo el proceso seguido para la ubicación y el levantamiento de la escultura de Pepe Marchena, hablamos no solo de la cesión del terreno, elaboración de los planos, elección de materiales… sino de la propia construcción de la peana o basamento en el que se instalaría la estatua y la colocación de los ornamentos y esculturas que componen todo el conjunto del monumento.
Para conocer todo el recorrido, desde la elección del lugar donde se ubicaría aquel monolito pétreo que serviría de sostén a la escultura de bronce, hasta el día de la inauguración, vamos a informarnos a través de Miguel García Colorado por entonces operario oficial de la empresa constructora de José María Martín “Chía”. Miguel, pariente de “Chía”, a pesar de su edad, pues entonces tenía 24 años, ya realizaba trabajos como oficial de albañilería de la empresa desde hacía varios años. Miguel, que sería quien llevara a cabo la obra directamente como oficial, nos cuenta todo el proceso: “Se nos encargó por parte de la empresa constructora que fuésemos cuatro hombres para hacer un cerramiento, durante los fines de semana.
El lugar determinado por el Ayuntamiento de Marchena y la Comisión para levantar el Monumento a Pepe Marchena fue en los Jardines de Isidro Arcenegui. Allí comenzamos los trabajos Juan Mª Rodríguez Recacha oficial, los peones Ramiro Rodríguez Recacha, Manuel Moreno Jiménez “Cibeles” y yo, también como oficial de la obra”.
“En un principio, en el año 1983, se nos indicó, exclusivamente, tapiar un espacio de forma cuadrangular en el que hoy se denomina Jardines del Príncipe, ubicado en la segunda glorieta ajardinada. Aquello se cerró con un marco de aproximadamente 7X7 metros, con una citara de ladrillos y una altura aproximada de dos metros”.
“Durante el tiempo que estuvimos en esa tarea, muchos miembros de la Comisión, personal de la constructora y Oficina Técnica del Ayuntamiento se acercaron por allí (eran además precursores del monumento). También se acercaban los sobrinos de Pepe, los hermanos Díaz: Alfonso, que tenía su bar en los propios jardines Manuel que regentaba el bar “Los Muleros” y Alberto, que llevaba por entonces el bar “Avenida”, un bar al que todos seguíamos llamando por su antiguo nombre ‘La casa de Cartón’. En definitiva, aficionados, promotores…, a todos se les veía colmados de ilusión, puesto que parecía que aquel proyecto iba por buen camino. ¡Por fin se iniciaban las obras!”
Miembros de la Comisión, albañiles y sobrinos de Pepe Marchena
Sin embargo, no fue tan sencillo. Nos lo sigue refiriendo Miguel: “Terminado el cerramiento y adecentado el terreno donde se ubicaría la peana, hicimos entre los operarios, la constructora “Chia” y varios miembros de la Comisión el ritual de colocar la primera piedra del que sería el monumento; ejerciendo de protagonista José Vázquez “El Leñero”. Como recordaran Vázquez el Leñero, fue ese poeta del pueblo que tanto había luchado, había escrito y se había desvivido por todos los asuntos relacionados con Pepe Marchena, al que idolatraba”.
A partir de entonces, hubo un espacio temporal en el que dejamos aparcada la obra; un tema que desconozco; nunca supimos si fueron motivos políticos, económicos.... Mientras tanto, supongo que la Comisión seguiría haciendo sus festivales, las ventas de discos, sus rifas…, para ir saliendo al paso de los gastos que conllevaba todo. Sin embargo, en el transcurso de los años 84 y 85, otro grupo de albañiles, también de la constructora “Chía”, al frente del cual estaba como oficial Mariano Moreno Montes, hicieron, dentro del recinto que nosotros habíamos delimitado, los cimientos que reflejaban los planos, dejándolo a una altura de unos treinta centímetros del suelo”.
¿Entonces, cómo y cuándo se continuaron las obras? Le preguntamos a Miguel: “Recuerdo que, entre finales de abril y principios de mayo de 1986, volvieron a llamar al constructor José María “Chía” que, de nuevo, confiaría en mí para continuar los trabajos como oficial encargado y además, el Ayuntamiento, nos enviaría hombres del P.E.R. (Plan de Empleo Rural) para ejercer como peones y, si mal no recuerdo, quisiera rememorar sus nombres aquí; pues hicimos una gran amistad tras casi cuatro meses que estuvimos juntos: José López Borrego, José Jiménez Díaz y Antonio Álvarez López. Allí estuvimos, prácticamente, hasta la conclusión total de la obra; es decir casi hasta unas dos o tres semanas antes de su inauguración que fue a finales de agosto de 1986, a pocos días del comienzo de la Feria de Marchena de aquel año.”
Colocación de la primera piedra
Llegados a este punto le pedimos a Miguel que nos aclare otras partes del proceso: “Claro, los planos del monumento los había realizado la Oficina Técnica del Ayuntamiento de Marchena, al frente del cual estaba como Arquitecto Municipal D, Jesús Salvago Andrés, y como perito aparejador D. Francisco Lebrón Martín que precisamente era el presidente de la Comisión Pro-Monumento y que personalmente estaba muy implicado en el proyecto. Nosotros, con papeles en mano, deberíamos seguir y así lo hicimos – al milímetro –, cada uno de los pasos, tal como estaba detallado en los planos de alzada. Debo decir aquí, que desde un primer momento, muchos de los miembros de la Comisión, al igual que personal de la Oficina Técnica del Ayuntamiento, visitaban a menudo el transcurrir de las obras.”
Entonces, cuando llegasteis vosotros ¿aún quedaba mucho por hacer?: “Mucho, quedaba por construir todo el soporte de la estatua, el basamento, los agarres… había que consolidarlo, ir encajando las piedras como un puzle, pues venía en un gran número de piezas de mármol numeradas de las canteras de Gilena. El material nos llegaba desde la empresa de Manuel Ruiz Haro, quien, incluso nos facilitaría el montaje enviándonos un operario de su fábrica (recuerdo que se llamaba Antonio), para su composición; pues el monumento lleva infinidad de placas marmóreas que había que encajar, colocar los zócalos, dejar los huecos para los cuatro altorrelieves…”
Sigue explicándonos Miguel: “… en total estamos hablando de un basamento escalonado con columnas, frontales… de 3’78 X 3’28 centímetros de perímetro. Por último, había que rematar con una pequeña columna de estilo dórico sobre la que se apoyaría la imagen de bronces de Pepe Marchena, rodeado por las figuras adyacentes (las dos bailaoras, la guitarra y el mantón), que completan el monolito; en total casi 5 metros de altura y con un peso total aproximado de más de 10 mil kilos; pues solo la estatua debe pesar unos 2000 kilos y las figuras que la circundan eran de una aleación de minerales y metales que (según J. G. Solano) solo conocían el escultor (Armenta) y el fundidor (De la Herrán). Todo aquello, además, hubo que delimitarlo con 8 bolardos de piedra unidos con gruesas cadenas que rodearían y ampararían al conjunto y al pequeño jardín que embellecería el monumento”.
Monumento a Pepe Marchena finalizado
Entendemos que aquellos pequeños pilotes de piedra y aquellas cadenas, en poco tiempo, no fueron impedimento para que muchos animales de compañía y algunos desaprensivos tuviesen reparo alguno y considerar a aquel monumento como lugar donde asirse o hacer sus necesidades y por ende maltratar aquella bella obra. Así que el Ayuntamiento, pasado algún tiempo, consideró necesario poner amparo a todo el monumento. Nos lo comenta Miguel: “Si, al jardincito que rodea todo el monolito, hubo que ponerle una reja de filigranas que hiciera Santiago Perea Falcón “Santi”, que trabajaba con el también herrero Manuel Salvador Falcón (ambos hacían trabajos para la constructora “Chía”) y que por supuesto embellecieron aún más todo el recinto.”
Como anécdota y a modo de recordatorio, nos relata Miguel: “… bajo la columna que sostiene la escultura de Pepe Marchena, poco antes de cerrarlo todo, quise dejar constancia para la posteridad, con una relación en la que aparecieran los nombres de aquellos que habían sido partícipes en la obra de albañilería, en levantar aquel bello monumento. Para ello cogí una botella y le introduje un papel con el nombre de cada uno de los que nosotros; desde la constructora, arquitecto, perito, oficiales, albañiles…, a continuación, lacré la botella y la enterré en el hueco que quedaba entre la peana y la columna que sostiene el cuerpo en bronce de Pepe Marchena”.
Nos sigue ampliando Miguel: “Y así, poco a poco, la parte de albañilería se fue consolidando: se culminaron las obras (se encastraron los cuatro altorrelieves de bronce que se habían preparado para cada uno de los laterales: el frontal con el escudo de Marchena, en la espalda una poesía de José Vázquez, y en los laterales uno dedicado a “Los Cuatro Muleros” y otro al “Romance de la Rosa”). “Se dejaron preparados los anclajes donde se apoyaría la estatua y desde ese momento nuestra tarea se dio por finalizada. Creo, sin mal no recuerdo que eso fue aproximadamente a inicios del mes de agosto de 1986”.
El tiempo transcurre y solo faltaba colocar las dos bailaoras, la guitarra y el mantón que descansan a los pies de la imagen de Pepe Marchena. Pero de eso se encargaría el Ayuntamiento: llevar la escultura en bronce hasta el lugar, y los demás adornos, izarla mediante una grúa y anclarla en los vástagos dispuestos para ese fin; pero, ese menester lo realizaría el escultor Rafael Armenta junto a sus ayudantes.
Tras cuatro años de incertidumbre, de buscar los medios para financiar aquel eterno homenaje al que fuera el mayor representante del nombre de Marchena por medio mundo, los miembros de la Comisión Pro Monumento y quienes se habían preocupado en llevar a cabo aquella obra escultórica se dieron por satisfechos. Hay que decir que también gracias a la colaboración del Ayuntamiento y a muchas personas que de forma desinteresada ayudaron con sus aportaciones, su trabajo, su preocupación… En definitiva, Pepe Marchena, merecidamente, tendría una estatua en su pueblo que le recordaría para la historia y para el conocimiento de las generaciones posteriores.