La heroína: una de las sustancias más dañinas de la segunda mitad del siglo XX.


La heroína (“caballo” en el argot callejero) se elabora a partir del opio, del jugo de la adormidera (Papaver somniferum), es un derivado semisintético de la morfina. Fue sintetizada en 1874 por el químico C.R. Wright como alternativa a la morfina y buscando incrementar la capacidad antitusígena (supresión del reflejo de la tos) y analgésica de la misma. En 1898, Heinrich Dreser, de la casa Bayer, la presentó en un congreso de médicos y naturalistas como un nuevo narcótico y analgésico, absolutamente inofensivo. Se pensó que funcionaría para reducir la dependencia a la morfina, pronto se comprobó que era aún más adictiva, debido a su mayor capacidad para acceder al sistema nervioso central. Se convirtió en una de las sustancias más dañinas de la segunda mitad del siglo XX.

Es un polvo de color blanco, aunque, debido a la adición de distintos adulterantes, toma un color de beige a marrón.

La heroína se administra normalmente por vía intravenosa, disolviéndola en agua acidificada con el zumo de un limón. También se inhalan los vapores desprendidos al calentarla sobre un papel aluminio. Los efectos son similares por las dos vías, aunque varía la intensidad y la rapidez de acción.

Los principales riesgos se asocian a la vía de administración. Por vía intravenosa puede dar lugar a enfermedades vasculares como flevitis o arteritis, infecciones locales, y lo más grave, contagio de enfermedades como SIDA o hepatitis. También se han descrito reacciones anafilácticas (reacción inmunológica) asociadas a las distintas sustancias con las que se adultera la droga.

Es también especialmente preocupante la posibilidad de sobredosis, ya que el consumidor no puede saber realmente la cantidad de droga pura que hay en una muestra. Esta sobredosis ha ocasionado la muerte de gran número de usuarios, debido a la inducción de depresión respiratoria, coma y parada cardiorrespiratoria.

Al contrario de lo que mucha gente cree es un depresor del sistema nervioso central. Tras su administración aparece un efecto placentero muy intenso, pero breve, que es seguido de una fase de euforia. Estos efectos presentan una rápida tolerancia, y las siguientes dosis ya no logran obtener la misma intensidad. Tras la fase eufórica, aparece una etapa depresiva, sobreviene un estado de apatía, sosiego intenso, supresión de preocupaciones, indiferencia ante la realidad, tendencia al sueño, disminución de la memoria y lenguaje farfullante.

Al contrario de las anfetaminas y la cocaína, la dependencia de los opiáceos es sobre todo física. La heroína produce una dependencia mucho más fuerte y desagradable, por lo que la mayoría de los toxicómanos no se inyectan heroína para conseguir placer, sino para evitar los sufrimientos del síndrome de abstinencia.

Esta necesidad imperiosa y tiránica de consumir droga es la que produce todo tipo de actos, incluso delictivos, para conseguir la dosis diaria. La dependencia física es tan intensa que se estima que en menos de un mes de consumo habitual el sujeto queda “enganchado”, y sufre un “mono” (síndrome de abstinencia) al dejar de tomarla.

Este síndrome de abstinencia es muy molesto pero prácticamente inocuo si no existen enfermedades subyacentes. Comienza sobre las 6 a las 12 horas después de la última dosis, alcanzando un máximo a las 24-48 horas. Si se resiste sin nuevas dosis desaparece a la semana o semana y media. Se manifiestan en una primera fase con bostezos, sudoración, lagrimeo y moqueo, dilatación de pupilas y “piel de gallina”. Estos signos se agravan produciéndose gran intranquilidad, agresividad, temblores, calambres musculares, sudoración, vómitos, insomnio, taquicardia, palpitaciones, fiebre y respiración rápida, todo debido a la hiperestimulación del sistema nervioso central. La intensa ansiedad que produce este síndrome resulta ser tan extremadamente desagradable que la mayoría de los médicos recomiendan un plan de desintoxicación que alivie las molestias. Esta cura resulta obligatoria en el caso de adictos con otra enfermedad por el peligro de descompensación de la enfermedad subyacente durante la abstinencia espontánea.

En las curas de desintoxicación se aconseja que la persona manifieste claros deseos de dejar el consumo de heroína y que tenga un apoyo familiar o social cercano que ayude durante la cura. Lo ideal es ingresar para ello en un centro especializado, aunque si esto no es posible puede efectuarse en el domicilio del paciente, recibiendo atención de forma ambulatoria, siempre que la familia cercana se encargue de la supervisión y administración de los medicamentos.

Una vez desintoxicado, y libre de la amenaza del síndrome de abstinencia, comienza la segunda etapa de tratamiento, mucho más larga y crucial, donde resulta fundamental el abordaje psicológico del problema. Para ello se utilizan técnicas de psicoterapia muy diversas, individuales o en grupos. En concreto, obtiene buenos resultados un tipo de tratamiento bastante peculiar y que rompe concepciones clásicas de estos problemas, el llamado “Proyecto Hombre”. Sin duda, estos tratamientos en el que intervienen diversos especialistas y donde se implican estrechamente a la familia del paciente tienen mucho más éxito que los tratamientos individuales en consultas privadas.

Cuando el paciente no desea la desintoxicación se puede emplear el “tratamiento con agonistas opiáceos”, que son fármacos con una acción similar a la heroína o a la morfina pero cuya vía de administración es oral con lo que se evitan riesgos de contagio de enfermedades transmisibles. La idea es tener una vía de administración más cómoda y controlable con la que poder ir disminuyendo la dosis poco a poco. Las indicaciones de estos agonistas se establecen en pacientes con las siguientes características: no abstinencia tras programas de desintoxicación, fracasos terapéuticos repetidos y durante el embarazo de pacientes heroinómanas.

En algunos lugares, como ciertas ciudades suizas, se está empezando a suministrar directamente heroína pura y material de inyección estéril a muy bajo costo para su uso supervisado por personal sanitario en dispensarios públicos. Los primeros resultados han sido muy prometedores en lo referente a la reinserción social, a la mejora de la salud general de los adictos y a la reducción de tráfico y la delictividad de este colectivo. Aunque genera una fuerte controversia social, ¿será la solución final al problema de la heroína?