El sistema defensivo de nuestras vías respiratorias

TEMAS:   Nuestro sistema defensivo
                Funcionamiento de nuestro cuerpo


La primera inspiración de un recién nacido viene acompañada de un intenso llanto; a partir de entonces, la respiración se produce de forma automática, incorporando la cantidad exacta de oxígeno necesario en cada momento para el organismo. Este proceso está delicadamente regulado por mecanismos de los que no somos conscientes, permitiéndonos una continua adaptación al medio en que nos encontramos (por ejemplo, al ambiente poco oxigenado de la alta montaña) y a las distintas necesidades de oxígeno que el organismos precise (por ejemplo, según el nivel de actividad física que realicemos).

Además de su función principal como intercambiador de los gases de la respiración a través de los alvéolos pulmonares, ciertos órganos respiratorios tienen otras funciones importantes.

El sistema de conductos ramificados (vía respiratorias) que permite el paso del aire desde la atmósfera hasta los alvéolos preparan el aire para su mejor utilización filtrando las impurezas que contiene, calentándolo y humedeciéndolo. Los distintos órganos que componen las vías respiratorias son conductos huecos de calibre decreciente con el siguiente orden: fosas nasales, faringe, laringe, tráquea y bronquios.

La fosas nasales es la primera barrera que bloquea el paso de las partículas grandes (como el serrín, por ejemplo) y previene la inhalación accidental de insectos. Presenta tres abultamientos llamados cornetes nasales, encargados de crear turbulencias en el aire que inhalamos. Gracias a ello, el polvo u otras partículas del aire chocan y se adhieren al moco espeso producido por la mucosa nasal impidiendo el paso de partículas de tamaño superior a 5 micras (5 milésimas de milímetros). La mucosa nasal humedece el aire y los cornetes con su abundante irrigación sanguínea funcionan como auténticos radiadores de calefacción sobre el aire que tocan, de forma que al llegar a la tráquea el aire alcanza una temperatura de 35-36ºC. Estos mecanismos nos permiten respirar en ambientes extremadamente fríos sin daño para las vías respiratorias. En general el aire muy frío y con poca humedad resulta irritante para las vías respiratorias. Por ello es aconsejable evitar el exceso de aire acondicionado en viviendas y vehículos, y emplear sistemas de humidificación ambiental. La calefacción excesiva también elimina la necesaria humedad del aire ambiental.

En general las personas que se ven obligadas a respirar por la boca (por desviación del tabique nasal o por cualquier otro motivo de obstrucción) están más fácilmente expuestas a la irritación y a las infecciones respiratorias.

La faringe es el conducto que continúa transportando el aire desde las fosas nasales hacia el interior de la aparato respiratorio. En realidad es compartido por el aparato respiratorio y el digestivo. Para evitar el ahogamiento por la entrada de alimentos en la vía respiratoria existe una coordinación perfecta entre ambas funciones.

La laringe es el siguiente conducto de la vía respiratoria, evita la penetración de todo lo que no sea aire en las vías respiratorias inferiores, para impedir los ahogamientos, cerrando su comunicación con la faringe mediante un esfínter llamado epiglotis durante la deglución de los alimentos.

Sigue la tráquea igualmente tapizada en su interior por un recubrimiento de glándulas productoras de moco y células con microscópicas vellosidades móviles. Gracias a ellos se pueden expulsar hacia la faringe aquellas partículas del aire que por su tamaño hayan escapado del filtro de las fosas nasales. De este modo sólo llegan a los alvéolos pulmonares partículas menores de 0,5 micras.

Los bronquios se forman por la división de la tráquea en dos conductos, uno para cada pulmón, a su vez se dividen en otros de menor calibre llamados bronquios lobares. Éstos a su vez se dividen en ramificaciones cada vez de menor calibre hasta llegar a los bronquiolos terminales de un milímetro de diámetro, que acaban ensanchándose para formar los alvéolos pulmonares (en forma de sacos) donde se producen los intercambios respiratorios.

El color normal de un pulmón varía con la edad, pasando de un tono rosáceo en el niño pequeño a un color gris oscuro o negruzco a medida que crecemos por el depósito de las sustancias contaminantes del aire inhalado.

Cualquier trastorno que impida una respiración nasal normal (congestión nasal, desviación del tabique, pólipos nasales, etc), predispone a la vía respiratoria a irritaciones e infecciones. No debe olvidarse que buena parte de las congestiones nasales se deben a un abuso de aerosoles nasales, que alivian momentáneamente pero después recrudecen el cuadro. Evite su uso, salvo indicación médica expresa.