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Cómo interpretar tu examen de sangre


TEMA:   Diagnósticos

El análisis de sangre consiste en la extracción de una cantidad de sangre para determinar la cantidad de los elementos que se alteran en ciertas enfermedades.

La sangre fuera del organismo se coagula mediante un proceso de solidificación de sus células y proteínas. 


Este proceso se denomina coagulación y es un mecanismo de defensa que impide que muramos desangrados ante cualquier herida. La parte líquida, que se denomina suero, es la que puede ser analizada en pruebas bioquímicas.




Además, pueden tomarse muestras de sangre para realizar cultivos y observar si crecen microorganismos que causan enfermedades infecciosas.

Si centrifugamos la sangre con un anticoagulante para evitar la formación de coágulo, las células formarán un sedimento y el líquido sobrenadante no será suero, sino plasma, ya que al no haber coagulado tendrá fibrinógeno, que no existe en el suero. El fibrinógeno es una proteína producida por el hígado, que ayuda a detener el sangrado al favorecer la formación de coágulos de sangre. Un examen de sangre se puede llevar a cabo para determinar qué tanto fibrinógeno tiene una persona en la sangre.

¿Qué se analiza de la sangre?

Pueden analizarse la mayoría de los compuestos del suero y los tres tipos de células sanguíneas: los glóbulos rojos llamados también hematíes o eritrocitos, los glóbulos blancos o leucocitos y las plaquetas.

A continuación se describen los análisis más frecuentes.

PARÁMETROS HEMATOLÓGICOS:

Glóbulos rojos, eritrocitos o hematíes

Son las células más numerosas de la sangre. En su interior contienen hemoglobina, que es la proteína encargada de llevar el oxígeno y que da el color rojo a la sangre. Se encargan del transporte del oxígeno que recogen en los pulmones y llevan a todas la células donde estas extraen de él la energía, recogen el dióxido de carbono procedente del metabolismo celular y lo llevan a los pulmones, donde se elimina por la respiración.

Se consideran valores normales para adultos:

  • Mujeres: 4,2 - 5,6 millones/mm³.

  • Hombres: 4,8 - 6,2 millones/mm³.

Una cifra superior a la normal se denomina poliglobulia, y una inferior a la normal, anemia. Las causas de esta última pueden ser muy variadas, como la falta de hierro, de vitamina B12 o de ácido fólico. Un sangrado excesivo, como por ejemplo en mujeres con menstruaciones muy abundantes o el sangrado inevitable en una intervención quirúrgica son también causas frecuentes del descenso del número de hematíes.

Hemoglobina

Es una proteína de estructura compleja que existe en el interior de los glóbulos rojos y que transporta el oxígeno. Por lo general la cantidad de hemoglobina que tenemos es proporcional al número de hematíes. Los valores normales varían, pero en general son:
  • Hombre: de 13.8 a 17.2 g/dL

  • Mujer: de 12.1 a 15.1 g/dL

Nota: g/dL = gramos por decilitro.

Sus alteraciones reciben el mismo nombre que las de los glóbulos rojos.

Leucocitos o glóbulos blancos, los policías del organismo

Los cinco tipos de leucocitos tienen funciones específicas que contribuyen a la defensa frente a agentes nocivos externos o internos. Los cinco tipos son: neutrófilos, linfocitos, monocitos, basófilos y eosinófilos.

El valor normal del número total de leucocitos oscila entre 3.500 y 11.000/mL.

Su elevación refleja la respuesta a un agente nocivo como una infección, pero también se eleva en procesos no infecciosos que causan estrés en el organismo, como el infarto de miocardio.

La cifra total agrupa la suma de todos ellos; si uno de estos tipos está elevado o disminuido, puede afectar a la cifra global.

  • Neutrófilos: son los más numerosos. Se encargan de atacar a las sustancias extrañas, sobre todo infecciones bacterianas. El valor normal está entre 2.000 y 7.500 por mL. En situaciones de infección o inflamación su número aumenta en la sangre. En estos casos se observan algunos que son inmaduros y se denominan cayados (aludiendo a su forma de bastón) o segmentados, cuya aparición refleja la necesidad de sobreproducción de la médula ósea.

  • Linfocitos: aumentan sobre todo en infecciones por virus o parásitos. Las cifras normales están entre 1.000 y 4.500 por mL. Existen dos tipos, los linfocitos T y los linfocitos B, responsables de la producción de las inmunoglobulinas llamadas familiarmente <<defensas>>.

  • Monocitos: se elevan casi siempre por infecciones originadas por virus o parásitos. Las cifras normales varían entre 200 y 800 por mL. Cuando maduran se convierten en macrófagos que pueden ingerir bacterias y desechos celulares.

  • Basófilos: se cuentan de 0,1 a 1,5 células por mL en sangre, comprendiendo un 0,2-1,2% de los glóbulos blancos. Segregan sustancias como la heparina, de propiedades anticoagulantes, y la histamina que contribuyen con el proceso de la inflamación.

  • Eosinófilos: presentes en la sangre de 50 a 500 células por mL (1-4% de los leucocitos). Aumentan sobre todo en enfermedades producidas por parásitos, en las alergias y en el asma.

Plaquetas o trombocitos, protectores de hemorragias

Son las células de la sangre encargadas de taponar las heridas, iniciar la formación del coágulo sanguíneo e impedir la pérdida de sangre por hemorragia.
El fibrinogeno se transforma en unos hilos pegajosos y con las plaquetas forman una red para atrapar los glóbulos rojos que se coagula y forma una costra para evitar la hemorragia.

Su cifra normal es entre 130.000 y 450.000 por mL.

Su exceso o trombocitosis se observa en algunos procesos infecciosos, y su descenso es frecuente después de hemorragias.

Velocidad de sedimentación globular: algo está inflamado

Se relaciona directamente con la tendencia que tienen los glóbulos rojos a formar acúmulos y con la cantidad de proteínas que hay en plasma.




A mayor edad, es mayor el rango del límite de valores normales:

  • Hombres: hasta 15 mm/h.

  • Mujeres: hasta 20 mm/h.

  • Niños: hasta 10 mm/h.

  • Recién nacidos: 0-2 mm/h.

  • Embarazadas: 40 mm/h a 45 mm/h.

Aumenta en infecciones y en enfermedades inflamatorias crónicas como las de tipo reumático. Es un valor muy inespecífico porque aumenta con la edad, la menstruación, el embarazo, la toma de anticonceptivos y situaciones patológicas como infecciones, tumores, anemias, enfermedades autoinmunes y muchas otras.

PARÁMETROS BIOQUÍMICOS

Glucosa, la energía

Es, junto al oxígeno, uno de los principales nutrientes para las células. Se denomina familiarmente azúcar, y cuando circula por la sangre se llama glucemia.

Cuando la glucemia se mide en ayunas se denomina glucemia basal y su cifra debe estar entre 60 mg/dL y 110mg/dL. En el caso de determinarla después de comer se denomina glucemia postpandrial y su valor no debe superar los 126 mg/dL.

La glucemia aumenta en pacientes con diabetes mellitus y disminuye tras el ayuno prolongado, algunas dietas o el ejercicio intensivo.

Creatinina, la alarma del riñón

En una proteína segregada por los músculos. Solo puede eliminarse por el riñón, por lo que cuando el riñón está alterado la eliminación de la creatinina en orina disminuye y aumenta su cifra en sangre.

El valor normal oscila entre 0,6 y 1,2mg/dL.

Aumenta cuando el riñón no funciona correctamente, es decir, presenta insuficiencia renal. El aumento de creatinina puede deberse a que la persona esté deshidratada y los riñones intenten retener agua disminuyendo la cantidad de orina. También puede producirse lo mismo en estado de buena hidratación por procesos que afecten al tejido renal.

Urea

Mide también la capacidad depurativa de los riñones. La urea es el resultado final del metabolismo de las proteínas. Se forma en el hígado a partir de la destrucción de las proteínas. La urea que aparece en sangre es eliminada por la orina. Si el riñón no funciona bien la urea se acumula en la sangre y se eleva su concentración. .

Las cifras normales están entre 10 y 40 mg/dL. Es otra medida de la función renal y también de grado de hidratación y de la masa muscular.

Ácido úrico

Es el producto final del metabolismo de algunos aminoácidos, que son los componentes de las proteínas. Se elimina fundamentalmente por la orina.

El valor normal está entre 3,4 y 7 mg/dL.

Su aumento en sangre produce depósitos en el riñón, la piel y las articulaciones. En esta última provoca inflamación, que es el signo principal de la artritis (inflamación de las articulaciones) gotosa.

Colesterol

Es un lípido o grasa que circula por la sangre y que está presente en las membranas celulares de la mayoría de los órganos. Circula en el plasma unido a varias lipoproteínas, porque al ser una sustancia grasa no es soluble en el agua de la sangre. Cumple funciones imprescindibles. Sin embargo, ha adquirido una inmerecida mala fama, cuando solo tiene efectos dañinos una de sus fracciones.

Las lipoproteínas más conocidas son la LDL, responsable del transporte del colesterol a los tejidos periféricos, que al aumentar puede contribuir a formar depósitos en las arterias (arteriosclerosis), y la HDL, que al contrario, retira el colesterol de los tejidos y lo lleva al hígado, reduciendo el riesgo cardiovascular (por eso se llama popularmente colesterol <<bueno>>).

El valor normal del colesterol total debe ser inferior a 200mg/dL.

Si la cifra es normal, el nivel de grasas en el organismo es bueno. En caso contrario deben analizarse sus dos fracciones:

Colesterol LDL o <<malo>>: es el que va unido a proteínas poco densas (en inglés Low Density Lipoproteins), que son las responsables de fijarlo a los vasos sanguíneos y producir oclusiones que después podrán ser las responsables de un mayor riesgo de infarto de miocardio y otras enfermedades cardiovasculares. En la actualidad se recomiendan niveles por debajo de 100mg/dL. Como regla mnemotécnica recuerde que el colesterol malo es el <<Ladrón De Ladrones>> (LDL).

Colesterol HDL o <<bueno>>: es el que transporta las proteínas de alta densidad (en inglés High Density Lipoproteins) que se encargan de eliminar el colesterol a través del hígado y el intestino. Las cifras elevadas son protectoras del sistema cardiovascular, de forma que no solo no importa tenerlo alto, sino que es el objetivo de algunos tratamientos, que esta cifra se eleve, al menos por encima de 35mg/dL. Como regla mnemotécnica recuerden que el colesterol bueno es el <<Héroe Derrotador de Ladrones>> (HDL).

Triglicéridos, cuidado con ellos

Conocidos también como <<grasas neutras>>, corresponden a la grasa que ingerimos en la dieta y sirve de transporte y almacén de energía. Lo mismo que el colesterol, resultan imprescindibles para el metabolismo, pero en exceso pueden ser perjudiciales.

Su valor normal debe ser inferior a 150mg/dL.


Bilirrubina, el pigmento amarillo

Es la sustancia que se forma al destruirse la hemoglobina. Es captada y transformada por el hígado y se elimina en la bilis.

Las cifras de normalidad están entre 0,2 y 1mg/dL.

Aumenta cuando existe una incapacidad del hígado para metabolizarla, se destruyen demasiadas hematíes (anemias hemolíticas) o se produce una obstrucción física al paso de la bilis. Como es un pigmento amarillo, la disminución en su eliminación y la consiguiente acumulación en los tejidos pueden dar ese color a la piel, conocido como ictericia.

La ictericia consiste en el color amarillento de la piel, las membranas mucosas y la esclerótica (parte blanca) del ojo que se produce debido a una alta concentración en sangre de la bilirrubina, un subproducto de los glóbulos rojos viejos. Aparece en muy diversas enfermedades. El color de la piel depende del nivel de bilirrubina. Si está moderadamente elevado, el color es amarillento, mientras que cuando el nivel es alto, tiende a adquirir un color marrón.

Transaminasas, la alarma del hígado

Son enzimas que se encuentran en el interior de las células hepáticas o hepatocitos. Su elevación reflejan inflamación o destrucción de dichas células.

Existen tres tipos principales:

  • GOT o Transaminasa Glutámico Oxalacética: valor normal inferior a 37 U/L.

  • GPT o Transaminasa Glutamato Pirúvica: valor normal inferior a 41 U/L.

  • GGT o Gamma Glutamil Transpeptidasa: valor normal entre 11 y 50 U/L. Su determinación sirve para medir la función del hígado. Aumentan en procesos inflamatorios de dicho órgano como la hepatitis por virus, alcohol o tóxicos.