EL PODER EXCESIVO SIN NINGÚN TIPO DE CONTROL: Dos acontecimientos funestos en la Roma antigua.
La Historia, aunque algunos dicen que no sirve para nada, pues se siguen cometiendo los mismos errores del pasado, sí que nos muestra lo que sucede en determinadas ocasiones con ejemplos de hechos acaecidos.
Primer acontecimiento: el caso de Virginia
Esto ocurrió durante el “decenvirato”.
El “decenvirato” fue una institución de la República romana, que tuvo lugar en el siglo V a. de C.
Se trata de una magistratura extraordinaria que dispone de “poder consular” (el poder máximo), que fue creada en el contexto de la lucha entre “patricios” (descendientes de los primeros “padres” de Roma (los fundadores) y los “plebeyos”, los que no tenían “gens”, es decir, los que no podían remontar su origen a las primeras familias que míticamente fundaron Roma.
En un principio casi todos los “derechos” los tenían los “patricios” y los “plebeyos” apenas tenían algunos.
De ahí que siempre hubiera una lucha de los “plebeyos” por conseguir los mismos derechos que tenían los “patricios”.
Una de las primeras reivindicaciones de los “plebeyos” fue que las leyes fueran escritas y que estuvieran a la vista de todos para conocerlas. Esto ocurrió en el siglo V a. de C.
Anteriormente las leyes se basaban en la costumbre: “mores maiorum” = las costumbres de los antepasados, y era el colegio sacerdotal de los “pontífices” el que conocía estas “costumbres”, y las aplicaban a los procesos judiciales.
Estos “pontífices”, en un principio, sus miembros pertenecían a los “patricios”.
Entonces, para que se escribieran estas leyes, se creó esta magistratura del “decenvirato”.
Se trataba de diez magistrados que disponían, durante el tiempo de su función, de un “poder consular”.
Los decenviros ejercieron la autoridad suprema y los cónsules quedaron sujetos a ésta, y como contrapartida se eliminó la figura de los “tribunos de la plebe”, que, en principio, defendían al pueblo frente a las malas prácticas de los magistrados.
La misión de los “decenviros” era redactar nuevas leyes para regular las relaciones entre los ciudadanos, y el resultado fue la “Ley de las XII tablas”, que podemos considerar el primer texto jurídico romano.
En los dos años que mantuvo “el decenvirato”, fue ocupado por dos colegios sucesivos.
El primero formado por “patricios”, fue presidido por Apio Claudio Craso, y las leyes que redactó fueron inscritas en diez tablas.
El segundo, formado por “patricios” y “plebeyos”, o según el historiador Tito Livio sólo por “patricios”, con la misma presidencia, fue menos efectivo, pues su labor se limitó a dos tablas.
Los decenviros empezaron a actuar en los “Idus de mayo” del año 450 a. de C.
Durante este período, los decenviros abusaron de su poder, y gobernaron con despotismo, despreciando a la “plebe”, e ignorando al Senado.
La “Ley de las XII tablas” no se trata de un código legal, sino de una sucesión de normas de todo tipo de derecho: procesal, familiar, sucesorio, de propiedad, y penal.
Fueron inscritas en doce tablas de bronce que estaban expuestas en la “Curia”, en el “Foro romano”.
Primer acontecimiento: EL CASO DE VIRGINIA
La historia de Virginia (ca. 465 -449 a. de C.) la cuenta el historiador Tito Livio en su obra “Ab urbe condita”.
El pueblo de Roma estaba airado con los “decenviros” por no convocar elecciones, aceptar sobornos y otros abusos.
Parecía que se estaba volviendo al gobierno de la “monarquía”, que había sido derrocado hacía varias décadas e implantada la “república”, cuyo mando supremo estaba en manos de los cónsules.
En el año 451 a. de C., Apio Claudio Craso, el principal de los “decenviros” empezó a codiciar a Virginia, una hermosa joven plebeya, hija de Lucio Virginio, respetado centurión.
Virginia estaba prometida a Lucio Icilio. Cuando rechazó al decenviro Apio Claudio, éste hizo que uno de sus “clientes”, Marco Claudio, la reclamara como esclava.
Marco Claudio secuestró a Virginia mientras iba de camino a la escuela. La multitud del Foro se opuso a esta acción, pues tanto Virginio como Icilio eran muy respetados, y forzó a Marco a llevar el caso ante los decenviros, que estaban presididos por el propio Apio Claudio.
Virginio fue llamado para defender a su hija e Icilio, después de amenazas de violencia, consiguió devolver a Virginia a su casa, mientras que el tribunal esperaba a que apareciese su padre.
Apio Claudio trató de interceptar con sus seguidores a los mensajeros enviados a Virginio, pero llegaron demasiado tarde para impedir la llegada de éste.
Cuando Virginio llegó dos días después, reunió a sus partidarios en el Foro. Sin embargo, Apio Claudio no le dejó hablar y declaró que Virginia era, de hecho, esclava de Marco Claudio.
Apio Claudio había traído una escolta armada y acusó a los ciudadanos del Foro de sedición.
Los seguidores de Virginio dejaron el Foro y él pidió interrogar a su hija personalmente.
Apio Claudio se lo concedió, pero Virginio agarró un cuchillo y apuñaló a Virginia en el templo de Venus Cloacina, el único camino que encontró para mantener la libertad de ella.
Virginio e Icilio fueron arrestados. Sus seguidores volvieron a atacar a los “lictores”(especie de escolta de los magistrados) y destruyeron sus “fasces” (haz de varas con un hacha (segur) que indicaba el poder de los cónsules romanos).
Esto llevó a derrocar a los decenviros y a restablecer el poder de los “cónsules” de la república romana.
Al saber de la noticia de la muerte de Virginia, de la que se consideró responsable al decenviro Apio Claudio, los soldados de una columna del ejército en la frontera de los ecuos y de los volscos, se amotinaron y vinieron a acampar en “el monte Aventino” romano.
Otro movimiento similar agita un ejército dirigido por jefes plebeyos en campaña contra los sabinos.
Los dos ejércitos pasan al “monte Sacro”, amenazando en convertir la insurrección en secesión.
Ante esta situación, los “decenviros” se ven obligados a dimitir, y se suicidan o son condenados al exilio.
Segundo acontecimiento: EL CASO DE PUBLIO CLODIO TRASEA PETO
Publio Clodio Trasea Peto es un senador romano del siglo I d. de C. Fue “cónsul sufecto” (consul suffectus) en el año 56 d. de C. y gobernador provincial.
Es conocido por su oposición a los principios del emperador Nerón y su interés por el estoicismo.
El emperador Nerón gobernó el Imperio romano desde el año 54 d. de C. hasta su muerte en el año 68 d. de C. Cuando falleció tenía 30 años de edad.
Fue designado emperador cuando sólo tenía 16 años.
La característica de su gobierno era tiránica y extravagante. Perseguía a sus supuestos opositores, que él catalogaba como “enemigos del emperador”. Los acusaba de traidores, y bastantes de ellos tuvieron que exiliarse y en los casos más graves, muchos fueron forzados a suicidarse.
Se trataba realmente de un Imperio de terror bajo su mando y, durante su gobierno, había mucha desconfianza. Las sospechas podían recaer sobre cualquier persona que no estuviera de acuerdo con él. Al parecer, al emperador le fascinaban las teorías conspirativas contra su nombre y lo usó para deshacerse de unos cuantos nobles. Incluso fue capaz de ejecutar a su propia madre Agripina y a Británico, su hermanastro.
Su gobierno duró catorce años, y durante éste, impuso un orden político que se basaba en la primacía de una sola persona: el emperador.
En Roma, los emperadores no ostentaban todo el poder: existía el Senado para poner límites al abuso del poder.
Por este motivo, Nerón decidió que el emperador se encontraba en un escalón más arriba, por encima del Senado.
En este contexto es en el que transcurre la vida de Publio Clodio Trásea Peto.
Según el historiador Dión Casio, Trásea perteneció a una familia distinguida y rica. Es cierto que esta familia venía de Patavium (Padua), pero se desconoce si nació allí o en Roma.
En el año 57 d. de C., Trásea apoyó la causa de los cilicianos, acusando a su último gobernador de “extorsión” y la acusación tuvo éxito aparentemente en gran medida a través de su influencia.
Pero la primera referencia del historiador Tácito en los “Anales” se refiere al año siguiente, cuando sorprendió tanto amigos como a enemigos al hablar en contra de una moción rutinaria en el Senado, una solicitud de los siracusanos de exceder el número legal de gladiadores en sus “Juegos”.
Las objeciones a esto, que Tácito atribuye a sus “detractores” (anónimos) muestran, si es cierto, que Trásea ya tenía una reputación de oposición al “statu quo” y de dedicación al ideal de la libertad senatoria.
En la primavera del año siguiente, mostró abiertamente su disgusto por el comportamiento de Nerón y la obsequiosidad del Senado después de que leyera la carta del emperador que justificaba el asesinato de su madre Agripina, y se propusieron mociones para felicitar a Nerón.
El procedimiento senatorial requería que cada individuo, a su vez, diera su opinión sobre la moción, y Trásea se decidió a abandonar la reunión “ya que no podía decir lo que haría y no diría lo que podía” (Dión).
En el año 62 d. de C., el pretor Antistio Sosiano, que había escrito poemas abusivos sobre Nerón, fue acusado por cargo de “maiestas” por el viejo enemigo de Trásea, Cosuciano Capitón (quien recientemente había vuelto al Senado por influencia de su suegro Tigelino (Prefecto del pretorio de la Guardia Pretoriana durante gran parte del reinado de Nerón).
Trásea discrepó de la propuesta de imponer la pena de muerte y argumentó que la pena legal adecuada para el delito era el exilio.
Su punto de vista obtuvo el asentimiento de la mayoría, a pesar de una respuesta claramente desfavorable de Nerón, a quienes los cónsules habían consultado para realizar la votación.
El año siguiente dejó en claro el disgusto de Nerón con Trásea. Cuando una hija del emperador nación en Antium, el Senado en bloque le felicitó, pero Trásea fue expresamente excluido por Nerón.
Tales “renuncias de amistad” por parte del emperador eran normalmente el preludio de la muerte de la víctima, pero inesperadamente, Nerón pareció haber cambiado de opinión en este punto, tal vez debido a la dinámica de poder fluctuante con Tigelino, quien como suegro de Capitón podría suponerse que tuviese un fuerte motivo para desear la eliminación de Trásea.
Se dice que cuando Nerón le dijo a Séneca que se había reconciliado con él, Séneca lo felicitó por recuperar una valiosa amistad, en lugar de alabarlo por su clemencia.
Sin embargo, en esa época, Trásea se retiró de la vida política.
Podría ser una forma definitiva de protesta.
Durante este tiempo, Trásea continuó cuidando los intereses de sus “clientes”.
Probablemente también en este tiempo, Trásea escribió su “Vida de Catón”, donde elogió la defensa de la libertad senatorial contra César, en consonancia con Catón, quien también compartió interés en el estoicismo.
En el año 66 d. de C., Cosuciano Capitón (su enemigo) finalmente logró convencer a Nerón para que se moviera contra Trásea.
Nerón pensó “enterrar” su ataque contra Trásea y simultáneamente sobre Barea Sorano actuando durante la visita del rey armenio Tirídates a Roma. En cualquier caso, comenzó excluyendo a Trásea de la recepción de Tirídates.
Tal vez, como sugiere Tácito, deseaba asustarlo para que entrara en algún tipo de sumisión, pero la reacción de Trásea fue simplemente preguntar cuáles eran los cargos en su contra y pedir tiempo para preparar una defensa, lo que implica que no había base legal para proceder contra él. Probablemente fuera cierto, a juzgar por la extraña naturaleza de algunas de las pruebas alegadas por Capitón (como el no hacer sacrificios a la Voz Celestial del emperador), pero el juicio tendría lugar en el Senado.
Las causas reales, probablemente fueron que había defendido la dignidad del Senado frente al autoritarismo de Nerón, que se negó a participar en los votos anuales de lealtad al emperador y que rechazó aplaudir los espectáculos teatrales del emperador.
Trásea, después de consultar con sus amigos, decidió no asistir.
También rechazó la oferta del joven Aruleno Rústico, uno de los tribunos, de usar su “veto tribunicio” contra el decreto del Senado, diciendo (Trásea) que tal acción simplemente pondría en peligro la vida del tribuno sin salvar la suya.
El día del juicio, el lugar de reunión del Senado estaba rodeado de cohortes armadas de la Guardia Pretoriana.
Se leyó una carta de Nerón, sin mencionar nombres, pero culpando a los senadores de alto rango por descuidar sus deberes públicos. Luego Capitón habló en contra de Trásea, y fue seguido por Eprio Marcelo, a quien Tácito consideraba el orador más efectivo.
No se mencionan discursos para la defensa. Los senadores no tenían otra alternativa que votar la pena de muerte en la forma de “libre elección de la muerte” (liberum mortis arbitrium), es decir, una orden de suicidio.
En una acción separada, Barea Sorano (senador romano, que fue cónsul sufecto, y que pertenecía a los filósofos estoicos que se oponían al gobierno tiránico de Nerón) y su hija Servilia también fueron condenados a muerte.
Cuando la noticia llegó a Trásea en su villa suburbana donde estaba con sus amigos y simpatizantes, entre otros su yerno Helvidio Prisco y el filósofo Demetrio el Cínico, y tras impedir que su esposa Arria imitara el trágico acto de su madre, rogándole que viviera para cuidar de su hija, se retiró a una habitación y se abrió las venas de ambos brazos.
Y es que su suegra, Arria la Mayor, que estaba casada con Cecina Peto, que había sido condenado a muerte (u obligado a suicidarse) por participar en una revuelta fallida contra el emperador Claudio (Al parecer, con esa revuelta quería volver a instaurar en Roma la “república”), se quitó la vida a la vez que su marido.
Arria la Mayor, al ver dudar y flaquear a su marido ante la idea de quitarse la vida, tomó el puñal y se lo clavó a sí misma en el pecho y, antes de morir, se lo extrajo para extendérselo a su marido diciendo la célebre frase: “Paete, non dolet” (Peto, no duele).
Plinio el Joven inmortalizó este acto en sus cartas como el máximo ejemplo de valentía, amor conyugal y convicción estoica.
Al llamar al “cuestor” que había dictado la sentencia de muerte contra Trásea para testificarlo, identificó el derramamiento de su sangre como una “libación para Iuppiter liberator” (Júpiter que da la libertad).
Su muerte, aunque dolorosa y prolongada, contenía alusiones a la muerte de Sócrates y Catón, y fue evidentemente presentada por su biógrafo Aruleno Rústico, y probablemente construida por él, como un modelo de fin digno, tranquilo y humano.
(Wikipedia)
Segovia, 7 de noviembre de 2026
Juan Barquilla Cadenas.