SALUSTIO: Lucha de partidos. Optimates y populares.
Cicerón, en el libro II “De oratore”, dice de la Historia: “Historia vero testis temporum, lux veritatis, vita memoriae, magistra vitae, nuntia vetustatis”.
(y la Historia es testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida del recuerdo, maestra de la vida y comunicadora de la antigüedad).
Pues bien, Salustio es uno de los más importantes historiadores romanos del siglo I a. de C.
Salustio (87-35 a. de C.) nacido en Amiterno, en la Sabina, marchó a Roma muy joven y se zambulló en la vida política, lleno de ambiciones y de gloria.
Gracias a su amistad con César, ocupó algunos cargos públicos y, sobre todo, fue nombrado gobernador de la provincia romana de África, cargo con el que acumuló una inmensa fortuna.
Después de la muerte de César se retiró de la vida pública y se dedicó a escribir sus obras históricas.
La obra mayor de Salustio la constituyen sus “Historiae”, perdidas, y sus dos monografías, conservadas, sobre la guerra de Yugurta y la conjuración de Catilina.
Historiae: era su obra más ambiciosa, que abarcaba en cinco libros los doce años transcurridos desde la muerte de Sila (“dictador de derechas”) en el año 78 a. de C. hasta el 67 a. de C., período que le daba pie para arremeter contra el régimen silano y defender la “libertas” (la libertad) como consustancial a la política de los romanos.
De esta obra sólo nos quedan fragmentos, y cuatro discursos y dos cartas de diversos personajes. Una de las cartas es de Pompeyo que guerreaba en Hispania contra Sertorio, pidiendo ayuda al Senado.
La conjuración de Catilina (Catilina o Bellum Catilinae) narra la tentativa de Catilina de hacerse con el poder por la fuerza durante el consulado de Cicerón (63 a. de C.): cuenta las causas lejanas e inmediatas de la conjuración, las ambiciones de Catilina, noble degenerado y sin falta de escrúpulos que le llevó incluso al intento de asesinar a Cicerón, las pruebas aportadas por los allobroges, el encarcelamiento y ejecución de los principales conjurados, la derrota y muerte de Catilina en la batalla de Pistoya.
La guerra de Yugurta (Bellum Iugurthinum): Micipsa, rey de Numidia, deja como herederos al morir a sus dos hijos y a su hijo adoptivo Yugurta. Éste que se había formado militarmente en el ejército romano, asesina sucesivamente a sus dos hermanos y se proclama único rey, contra la voluntad de los romanos, que le declaran la guerra. En la lucha, que sufre diversas alternativas, mandan las tropas romanas, primero, Metelo, y luego, Mario. Sila, lugarteniente de Mario, logra que el rey Boco traicione a Yugurta y lo entregue a los romanos.
Salustio es el primer historiador romano, creador de la Historia como género literario.
César había sido un gran historiador militar. Salustio será, en la historiografía latina, el primer gran historiador político, comparable al historiador griego Tucídides (460-396 a. de C.)
Salustio es el historiador de la “revolución romana”, de las ruinas de las antiguas instituciones y el surgimiento de un nuevo Estado.
Ha rastreado las causas profundas de esta revolución y las ha encontrado en las ambiciones, el egoísmo y la depravación de la nobleza.
Catilina es, para él, el símbolo de la aristocracia corrompida.
En la “guerra contra Yugurta” expone cómo la guerra se prolonga debido a la corrupción de los senadores. Y está a favor de Mario, que representa a la facción o “partido político popular” (hoy diríamos partido de izquierdas).
En sus “Historiae” está a favor de Sertorio (122 a. de C. -72 a. de C.).
Sertorio fue un destacado político y militar romano. Era sobrino de Cayo Mario perteneciente al “partido popular” y enemigo de Sila, que pertenecía al “partido de los optimates” (conservador).
Cuando se produjo la “guerra civil” entre su tío Mario y Sila, Sertorio se trasladó a Hispania y aquí representó la oposición a la dictadura de Sila, hasta ser asesinado a traición por uno de sus compañeros, Marco Perpenna Ventón (72 a. de C.).
Es, por tanto, un claro defensor del “partido popular cesariano”. Sin embargo, en su afán de objetividad no se reprime a la hora de describir la ineptitud de la clase popular para una política de altura, así como su mezquindad, su bajeza de miras y su disposición a dejarse manipular por cualquier ambicioso.
Salustio es también un moralista. En las introducciones a sus “monografías” reflexiona sobre la brevedad de la vida humana, la superioridad del espíritu sobre el cuerpo y de las actividades de aquél sobre las de éste, la corrupción de las costumbres y el desprecio de los bienes materiales.
También nos habla del desengaño de la política, feudo de incapaces y ambiciosos. Y en su dedicación a la Historia, hace un elogio de ella: “Entre las actividades que se practican con el espíritu, hay pocas de tanta utilidad como el recuerdo de los hechos históricos”.
Y, después de dejar la política y dedicarse a la Historia, dice: “De este ocio mío le viene a nuestra república más ventajas que de los negocios (actividades) de los otros”.
Dice que no es fácil escribir Historia, porque “hay que alcanzar con meras palabras la altura de los hechos. Y, además, los lectores achacan a envidia las críticas del historiador, y a invención lo que ellos no son capaces de realizar”.
Salustio tiene un sentido dramático de la Historia, por eso elige personajes y situaciones conflictivas. Según sus palabras eligió a Catilina “por lo inaudito de su maldad y de los peligros que trajo consigo”; y la “guerra de Yugurta” “en atención a su magnitud, encarnizamiento y variedad de éxitos”.
La caracterización de los personajes se logra mediante los “retratos” que el autor dibuja y los “discursos” que pone en boca de dichos personajes.
Destacables son los retratos de Catilina, de Sempronia, de César y Catón en “La conjuración de Catilina”. Y en “La guerra de Yugurta” los de Mario, Sila y Boco.
En cuanto a los “discursos”, merecen mencionarse en “La conjuración de Catilina” los de Catilina y los de César y Catón. Y en “La guerra de Yugurta”, el de Micipsa en su lecho de muerte, el de Memio exhortando al pueblo a la venganza y, sobre todo, el de Mario ante el pueblo después de haber sido elegido cónsul.
También son características de Salustio las digresiones, como la descripción de la geografía de África o la del sacrificio de los hermanos Filenas.
El estilo de Salustio, opuesto al de Cicerón, se caracteriza por la “concisión”, la “asimetría” o “variatio” y el “gusto por el arcaísmo.
(A.Holgado – C. Morcillo. “Latín COU”. Edit. Santillana).
A continuación, muestro un texto de Salustio traducido que aparece en la “Guerra de Yugurta”, 41.
En él aparecen las situaciones en las que la “República romana” va a ir descomponiéndose poco a poco hasta culminar en las “guerras civiles” y llegar a la “dictadura de César y, tras su muerte, aunque algunos quieren restaurar la República, al final con la victoria de Octavio Augusto se inicia otra forma de gobierno, “el Principado” y después “el Imperio”.
Optimates y Populares:
“Por lo demás, los conflictos entre “el partido popular” (partido de las clases medias y bajas, de la plebe) y el “partido de la nobleza” (optimates: clases altas y ricas) y también todas las intrigas subsiguientes se hicieron habituales en Roma pocos años antes, a raíz de la tranquilidad y de la abundancia, cosas que los mortales consideran prioritarias.
Pues antes de la destrucción de Cartago, el Pueblo y el Senado romano dirigían, de común acuerdo, la “República” apacible y prudentemente y no había entre los ciudadanos lucha por los honores, o por el poder.
El miedo al enemigo mantenía a la ciudad en la práctica del bien.
Pero, cuando aquel temor desapareció de sus mentes, se apoderaron de ellos el desenfreno y la soberbia, vicios que son inherentes a la prosperidad. Así la calma que habían ansiado tanto en las situaciones adversas, una vez conseguida, les resultó más dura y más cruel que la adversidad misma.
Pues la nobleza (optimates) empezó a poner al servicio de sus pasiones su grandeza y lo mismo hizo el pueblo con su libertad; buscaban sólo su provecho individual, se llevaban a la fuerza lo que les venía bien, robaban.
De este modo, los dos bandos trataban de apropiárselo todo y la “República”, que estaba en medio, quedó hecha jirones.
Por lo demás, la nobleza tenía más poder por la propensión de los de su clase a asociarse, en cambio, la fuerza de la plebe, que era más numerosa, quedaba debilitada al estar desunida y dispersa.
El capricho de unos pocos nobles lo manejaba todo tanto en la guerra como en la paz y en poder de ellos estaba el erario (tesoro del Estado), las “provincias”, las magistraturas, los honores (cargos) y los “triunfos”.
El Pueblo se sentía oprimido por el servicio militar y la indigencia.
El botín de la guerra se lo repartían los generales con unos pocos.
Entre tanto, los padres o los hijitos de los soldados, cuando tenían la desgracia de ser vecinos de uno más poderoso, eran expulsados de sus moradas (casas).
Así de la mano del poder había irrumpido la avaricia sin límite ni freno, que lo contaminaba y lo arrasaba todo, no tenía miramientos ni respeto por nada, hasta que produjo su propia ruina. Pues tan pronto como aparecieron entre la nobleza hombres que anteponían la verdadera gloria al poder injusto, la ciudad empezó a agitarse y surgieron las discordias civiles”.
(Antología de la Literatura latina. Alianza Editorial. “Guerra de Yugurta, 41”. Trad. De Montero Montero M.)
Aquí Salustio nos cuenta cómo se produjo el fin de la “República romana”, en la que había existido un equilibrio entre la clase dirigente (los Optimates), es decir, las clases altas y adineradas, y el Pueblo, que participaba en las “Asambleas” (Comitia) con su voto y también en algunas “magistraturas” importantes, como los “tribunos de la plebe”.
Pero el dinero que llegaba a Roma después de la victoria contra Cartago y la expansión del poderío romano por todo el Mediterráneo, al que llamaban “mare Nostrum” (mar nuestro), trastocó el sistema de valores y se apoderó de toda la sociedad la ambición por las riquezas y el ansia de poder, y esto produjo un enfrentamiento cada vez mayor entre las facciones/ partidos de los “Optimates” (hoy diríamos “partidos de derechas”, conservadores) y los “Populares” (hoy diríamos “partidos de izquierdas”, progresistas), hasta que llegó el momento en que se impuso lo militar sobre lo político y, al final, se llegó al enfrentamiento en las “guerras civiles”, primero, entre César y Pompeyo y, después, tras el asesinato de César, entre Octavio y Marco Antonio.
Segovia, 3 de enero de 2026
Juan Barquilla Cadenas.