LA GUERRA DE YUGURTA: “CORRUPCIÓN EN LA ROMA REPUBLICANA”
La corrupción es uno de los grandes problemas a los que se ha de enfrentar la sociedad, porque es una situación delictiva que mina los valores en los que se asienta la vida social, como es la confianza en las personas que nos gobiernan o en los individuos que constituyen esa sociedad.
Vemos cómo la corrupción está presente en muchos países, incluso en una sociedad como la europea, que se supone poseedora de unos valores más sólidos y defensora de los derechos humanos.
Dice Valerio Massimo y Fabio Manfredi en su obra “La herencia de Roma. Civis romanus sum”. Edit. Edhasa.: “Roma nos enseñó que quien no se opone a la corrupción muere por ella”.
También en Roma, en su época, centro del poder del mundo antiguo, existió la corrupción.
Existen ejemplos claros de ella que nos han transmitido los historiadores en sus obras.
Un caso claro es el de Verres, pretor de Sicilia, cuyas acciones de corrupción sacó a la luz Cicerón, como abogado de los sicilianos, en sus discursos contra Verres y que luego nos los dejó escritos en su obra conocida como las “Verrinas” (in C. Verrem).
[En el año 74 a. de C., mediante el uso de sobornos, Verres se aseguró la “pretura”.
Como “pretor”, Verres abusó de su autoridad, introduciéndose en las competencias de otros colegas magistrados sobre las que no tenía poder oficial.
Obtuvo el “gobierno propretorio” de la isla de Sicilia, una de las productoras de trigo más importante para Roma y una provincia muy rica.
Los sicilianos era en su mayor parte un pueblo próspero y feliz, pero bajo el gobierno de Verres, Sicilia experimentó una miseria peor que durante “la primera guerra púnica” o durante la reciente “segunda guerra servil” (guerra de los esclavos).
Los cultivadores de trigo y los recaudadores de impuestos se arruinaron bajo impuestos exorbitantes e injustas cancelaciones de contratos.
Los templos y las casas privadas fueron saqueadas por los agentes de Verres, que robaron todas las obras de arte por las que el pretor sentía debilidad; los ciudadanos romanos fueron simplemente ignorados] (Wikipedia).
Pero ahora nos vamos a detener en otro caso claro de corrupción ocurrido en Roma en los comienzos del siglo II a. de C.
Estos hechos de corrupción han sido transmitidos también por la literatura latina, en la obra de Salustio “Bellum Iugurthinum” (la guerra de Yugurta).
Yo voy a exponer lo que dice el historiador S. I. KOVALIOV en su “Historia de Roma” sobre esta situación de corrupción en Roma.
Dice Kovaliov que después de la muerte de los hermanos Gracos (133 y 123 a. de C. respectivamente), la nobleza (partido de los “optimates”) se mantuvo sólidamente en el poder por más de diez años.
Este grupo no era grande. Estaba dirigido por algunas familias aristocráticas, en particular por la de los Cecilio Metelo. También formaba parte de él el personaje más importante de la época, Marco Emilio Escauro, casado con la hija de uno de los Metelos.
La oligarquía dirigente adoptaba una política totalmente familiar, admitiendo en el poder únicamente a los “suyos”.
La oligarquía postgraquiana sólo pensaba en el lucro y su política se distinguió por la falta absoluta de principios. Esto dio origen a una corrupción espantosa que comprendía de arriba abajo a todo el aparato estatal; todos cometían malversaciones: desde los senadores hasta el último centurión.
Donde más se notó la corrupción fue en el ejército.
En el ejército reinaba el mayor desorden. Cada año se hacía más difícil realizar los reclutamientos, por culpa de la creciente “proletarización” de la clase campesina.
La disciplina estaba espantosamente relajada: los soldados desertaban en masa, se pasaban al enemigo, se entregaban al saqueo.
Los oficiales cometían “concusiones” con el enemigo (exigencia de pago de impuestos, multas, etc., abusando de su cargo les obligaban a entregarles bienes o beneficios patrimoniales) y pasaban su tiempo en orgías.
En los campamentos circulaban en cantidad las prostitutas, los siervos (esclavos) de los oficiales, los mercaderes, etc.
Las causas de la decadencia del organismo militar eran profundas:
La milicia ciudadana basada sobre el censo de los bienes y sobre las convocatorias momentáneas, no correspondía ya a este momento.
La degradación económica de los sectores medios de la ciudadanía privaba al ejército de sus contingentes fundamentales (pues los “proletarios (los que tenían como único bien la “prole”, los hijos) no podían formar parte del ejército y cada vez eran más los proletarios debido al empobrecimiento de las clases medias), y, por otro lado, la periodicidad del servicio militar no daba la posibilidad de llevar el adiestramiento al nivel necesario. Las continuas guerras del siglo II a. de C. requerían un “ejército permanente” y no una milicia ciudadana convocada cuando surgía la guerra.
El vergonzoso sitio de Cartago y los acontecimientos frente a Numancia (133 a. de C.) habían significado una señal de alarma, pero solamente con la “guerra yugurtina” (111 -105 a. de C.) se puso en evidencia el abismo en que se habían precipitado las organizaciones militares y estatales romanas.
La guerra con el rey númida Yugurta sólo fue una pequeña guerra de tipo colonial, pero las circunstancias en que se desarrolló la transformaron en un gran acontecimiento político e hicieron de ella el punto de partida de un nuevo brote del movimiento democrático (partido “popular” o “reformista”).
Los hechos que llevaron a la guerra fueron los siguientes:
En el año 118 a. de C. había muerto MICIPSA (amigo y aliado de Roma), hijo de MASINISA (primer rey de Numidia), dejando como herederos a sus hijos ADERBAL e HIEMPSAL y a su nieto YUGURTA, al que había adoptado.
Por disposición del testamento, el reino no debía ser dividido, y surgieron diferencias entre los hermanos.
El gobierno romano, que por tradición protegía a Numidia, envió a África al cónsul del año 118 a. de C., Marco Porcio Catón, el hijo de Catón el “censor”.
El cónsul dividió Numidia entre los herederos con el pretexto de la imposibilidad de lograr un acuerdo entre ellos, pero con la secreta finalidad de hacer más agudas las disensiones.
Yugurta se consideró ofendido. Era un digno nieto de MASINISA: hombre hermoso, guerrero intrépido, cazador infatigable, administrador enérgico y sabio, ídolo de los númidas.
[Yugurta que se ha convertido en un hombre depravado y sin escrúpulos, piensa eliminar a los herederos legales y ocupar todo el poder.
Yugurta, que cuenta con sobrada experiencia militar – había participado en el sitio de Numancia, bajo las órdenes de Publio Cornelio Escipión Emiliano, comandando el ejército de Numidia -, y conoce las tácticas militares romanas, demuestra ser un enemigo demasiado poderoso para los hermanos.
Sin apenas contratiempos, consigue asesinar a HIEMPSAL y se prepara para eliminar seguidamente a su hermano ADERBAL, aunque éste logra refugiarse en varias ciudades que le son fieles y organizar a sus partidarios para plantarle cara.] (José Manuel Franco Crespo. La sangre de Roma. Las guerras civiles y el fin de la República. Edit. Almena.)
En el año 117 a. de C., muerto HIEMPSAL por orden de Yugurta, ADERBAL invadió los territorios de Yugurta, pero fue derrotado y buscó refugio junto a los romanos, primero en la provincia africana y luego en Roma, donde pidió ayuda al Senado.
Al mismo tiempo que él, llegaron a Roma embajadores de Yugurta con costosos regalos para los senadores influyentes.
Se envió a Numidia una comisión senatorial dirigida por L. Opimio, el hombre que liquidó a Cayo Graco.
Esta comisión repartió el reino entre los adversarios, pero, corrompida por Yugurta, le entregó las zonas más fértiles. Le entregó a Aderbal la parte oriental con la capital de Numidia, Cirta, y a Yugurta la parte occidental.
No obstante, en el verano del año 113 a. de C. Yugurta invadió el reino de Adherbal y puso sitio a Cirta, donde se encontraban muchos mercaderes romanos.
El Senado envió a África, una tras otra, dos comisiones (la segunda dirigida por el propio Emiliano Escauro) que, corrompidas por Yugurta, regresaron a Roma sin haber resuelto nada.
El sitio de Cirta llevaba ya 15 meses de duración.
Adherbal, habiendo perdido toda esperanza de ser ayudado por Roma y ante la insistencia de los ítalos (romanos) atormentados por el hambre, entregó la ciudad a Yugurta con la condición de que dejara a salvo la vida de los habitantes. Pero Yugurta, con vil comportamiento, rompió la promesa. Aderbal fue crucificado y toda la población masculina de la ciudad sorprendida con las armas en la mano (incluidos los ítalos (romanos) fue masacrada.
Este hecho colmó la paciencia de los romanos. Los más especialmente irritados eran los “caballeros”, puesto que muchos mercaderes romanos habían sido asesinados en Cirta.
En el año 111 a. de C., bajo la presión de los “caballeros”, se declaró la guerra a Yugurta.
El cónsul de aquel año, L. Calpurnio Bestia, que había sido en el pasado defensor de los Gracos, dirigió una ofensiva victoriosa con cuatro legiones. Sin embargo, Yugurta, con la corrupción y pagando un tributo insignificante, logró obtener la paz, manteniendo íntegro su reino.
La indignación de los círculos democráticos (partido de los “populares” o “reformistas”) llegó al máximo. El tribuno de la plebe Cayo Memmio, apoyado por los “caballeros”, logró conseguir que Yugurta fuera hecho venir a Roma en el invierno del año 111 -110 a. de C., dándole garantías de inmunidad.
En la “Asamblea popular”, Memmio dio comienzo al interrogatorio de Yugurta, pero en cuanto pronunció la primera pregunta, el otro tribuno, C. Bebio, sobornado por Yugurta, interpuso el veto a la respuesta del rey.
Por otro lado, mientras se discutía en el Senado sobre la anulación del tratado de paz, Yugurta no perdía el tiempo. En Roma vivía MASIVA (nieto también de MASINISA) que se había declarado aspirante al trono de Numidia. Una persona del séquito de Yugurta mató al peligroso pretendiente y, al ser perseguido en nombre de la ley, huyó de Roma ayudado por el rey númida.
Este nuevo delito obligó al Senado a tomar la decisión de alejar a Yugurta de Roma.
Se dice que cuando el rey partió se dio vuelta varias veces para mirar detrás suyo y finalmente exclamó: “¡Ciudad venal, tú misma te venderías, si encontraras un comprador!”.
Las operaciones militares se reanudaron.
El ejército romano en decadencia comandado por cuadros (jefes) vendidos e ineptos, no estaba en lo más mínimo a la altura de la tarea que se proponía. Los romanos fueron vergonzosamente derrotados cerca de Sutule: el ejército fue forzado a capitular y a pasar bajo el yugo: Aulo Postumio Albino concertó la paz, en la que se le impuso la condición de que las tropas romanas, abandonarían Numidia durante 10 años. (comienzos del año 109 a. de C.).
Los triunfos de Yugurta significaron un golpe para la autoridad romana en África y las tribus norteafricanas comenzaron a unirse en torno al rey númida para expulsar a los odiados extranjeros (los romanos que estaban allí).
En Roma reinaba una gran alarma. Se creó una comisión extraordinaria para investigar los vergonzosos acontecimientos de África.
Muchas personas especialmente comprometidas fueron exiliadas (entre ellas también L. Opimio). El tratado de paz concertado por Aulo Postumio con Yugurta fue anulado.
En el año 109 a. de C. se envió a Numidia al cónsul Quinto Cecilio Metelo.
Éste, aunque pertenecía a la camarilla dirigente (partido de los “optimates” o “aristocrático”) era, rara excepción, un hombre honrado y capaz.
No tuvo temor de nombrar lugartenientes suyos a hombres de origen desconocido, como Cayo Mario, que había servido como simple soldado.
Con la llegada de Metelo a África, la situación mejoró rápidamente. En cuanto Metelo restauró la disciplina en el ejército, logró infligir al enemigo una derrota decisiva sobre el río Mutule y a arrojar a Yugurta hacia el interior del país.
Entonces el rey númida propuso a Metelo la paz, previo pago de un tributo, pero el cónsul exigió la rendición incondicional. La guerra continuó. Los poderes de Metelo fueron prorrogados para el año 108 a. de C.
Las operaciones militares de África, sin embargo, se prolongaron por más tiempo, pues Yugurta, aprovechando las condiciones ambientales, había empezado la táctica de “guerrillas”, evitando los encuentros abiertos.
Esto provocó un nuevo descontento de los “caballeros”, que acusaron a los “optimates” (partido “aristocrático”), y especialmente a Metelo, de prolongar artificialmente la guerra.
La lucha de partidos se agudizó más aún cuando el Senado prorrogó los poderes de Metelo también para el año 107 a. de C.
Entonces el partido de los “populares” (o “reformistas”), apoyados por los “caballeros”, presentaron la candidatura a cónsul de Cayo Mario.
Cayo Mario, según parece, descendía de una acomodada familia de campesinos. Los Marios eran, por herencia, “clientes” de los Metelos.
Cayo Mario se había distinguido frente a Numancia, donde había servido como simple soldado. El propio Escipión Emiliano había reparado en su valor y sentido de la disciplina.
El apoyo de los Metelos ayudó a Mario en su carrera posterior. En el año 119 a. de C. era tribuno de la plebe y presentó algunas leyes de poca importancia, una de las cuales mejoraba el control sobre la votación en la Asamblea popular.
En el año 115 a. de C. fue pretor y luego lugarteniente en Hispania.
Cuando Metelo partió para la guerra contra Yugurta, le nombró lugarteniente suyo. En la batalla que terminó con la derrota de Yugurta, Mario tuvo un papel importante y se convirtió en el primer ayudante de Metelo.
Cuando fue propuesto por los “populares” y “caballeros” para el cargo de cónsul, Metelo se burló cruelmente de las intenciones de su “cliente” de aspirar a la más alta magistratura de la República y sólo con grandes dificultades le permitió ir a las elecciones en Roma.
Durante la campaña electoral, Mario atacó violenta e injustamente a Metelo por su conducción de la guerra.
Pero no sólo fue elegido por gran mayoría de votos, sino que por un decreto especial de la Asamblea popular fue encargado del mando del ejército en África. Al mismo tiempo se anuló la decisión del Senado sobre la prórroga de los poderes de Metelo para el año 107 a. de C.
El Senado permitió a Mario efectuar un nuevo reclutamiento con la secreta esperanza de que perdería su popularidad. Sin embargo, Mario logró superar las dificultades reclutando las tropas por medio de enrolamientos voluntarios entre los propietarios que no estaban inscritos en el censo de bienes (es decir, entre los “proletarios”).
Después de su llegada a África, Mario asumió el mando, recibiéndolo de Metelo, que estaba moralmente ofendido.
En Africa, Mario se encontró frente a las mismas dificultades que ya había experimentado Metelo: Yugurta se le escapaba de las manos, y mientras estuviese vivo este peligroso enemigo, los romanos no estarían tranquilos sobre la suerte de África. Había que destruir cualquier posibilidad de resurgimiento de la antigua Cartago.
Las circunstancias favorecieron a Mario.
Yugurta tenía como aliado a su suegro, el rey de Mauritania, BOCCO. Cuando la suerte empezó a cambiar, BOCCO decidió traicionar a su yerno. Con este fin informó a Mario que estaba dispuesto a entregarle a Yugurta si se le enviaba a SILA ante él.
Lucio Cornelio Sila servía en el ejército de Mario como “cuestor”. Había nacido en el año 132 a. de C. y provenía de una familia noble, pero no rica.
Cuando este aristócrata afeminado y magníficamente educado, ídolo de todas las damas de costumbres fáciles, llegó a África, Mario le recibió bastante fríamente.
Pero SILA se granjeó muy pronto el amor y el respeto por su brío y su valor verdaderamente excepcionales.
BOCCO había conocido a SILA a través de los relatos de sus embajadores que habían estado en el campamento romano.
Por fin se decidió a aceptar la propuesta de BOCCO y SILA estuvo de acuerdo en asumir el peligroso encargo. Acompañado por el hijo de BOCCO, SILA pasó a través del campamento de Yugurta y llegó junto al rey mauritano.
Empezaron entonces largas conversaciones. BOCCO no acertaba a decidirse si entregar a Yugurta en manos de SILA o a SILA en manos de Yugurta.
Finalmente, el sobrio razonamiento y la fuerza de convicción de Sila ganaron la partida: BOCCO convocó a Yugurta haciéndole saber que le entregaría al romano. El rey númida y su séquito, según lo acordado, debían llegar desarmados.
Cuando llegaron al lugar convenido, un grupo de mauritanos les asaltó y, después de haber matado a sus compañeros de viaje, capturó a Yugurta, que luego fue enviado encadenado al campamento romano. (comienzos del año 105 a. de C.).
De este modo terminó la “guerra yugurtina”, que proporcionó gloria no sólo a MARIO, sino también a SILA.
En ella se originó la enemistad personal entre ambos, que luego se transformó en odio implacable.
Cuando llegó a Roma la noticia del victorioso fin de la guerra con Yugurta y se supo que el rey númida sería conducido a Italia encadenado, MARIO, aún ausente, fue elegido cónsul también para el año 104 a. de C., y se le destinó la provincia de la Galia.
El 1 de enero del año 104 a. de C., MARIO celebró el “triunfo” y el mismo día Yugurta fue estrangulado en la prisión como enemigo del pueblo romano.
Numidia fue dividida en dos partes: la mitad occidental fue entregada a BOCCO y la oriental al deficiente hermanastro de Yugurta, GAUDA.
Después del triunfo, MARIO partió para el norte.
(S. I. Kovaliov. Historia de Roma. Akal Editor).
Salustio en su obra “Bellum Iugurthinum” arremete contra la “nobleza”, en la que denuncia la corrupción de los patricios (los “optimates” o “aristócratas”), pero también ve sus virtudes como en el caso de Metelo, y denuncia de Mario su ambición desmesurada pese a ser de la plebe (partido “popular” o “reformista”).
Pero ya en esta guerra contra Yugurta se ve cómo la corrupción va minando el sistema de valores republicanos y que, finalmente, va a acabar con ese sistema de gobierno llamado “República”.
Segovia, 8 de enero del 2023
Juan Barquilla Cadenas.