EURÍPIDES: LAS SUPLICANTES: Pasajes diversos.
Eurípides nació en Salamina el año 480 a. de C. y murió en Macedonia el año 406 a. de C.
Según algunos autores, procedía de una familia noble, aunque otros lo hacen hijo de un tabernero y de una vendedora de legumbres.
Ciertas tradiciones, no confirmadas, dicen que se inició en el estudio de la pintura y que fue atleta. Seguramente estudió filosofía y Ciencias; el influjo de los filósofos y sofistas, Anaxágoras, Protágoras y Pródico, aparece claramente en sus obras.
Se dedicó desde muy joven a la poesía y al teatro; en 455 a. de C. estrenó su primera tragedia, “Las Pelíadas”.
Se afirma que contrajo matrimonio dos veces y fue desgraciado en los dos matrimonios. Tuvo tres hijos.
Hacia el final de su vida se retiró a la corte de Arquelao, rey de Macedonia, donde, según la tradición murió devorado por unos perros.
Compuso noventa y dos obras de teatro, de la mayoría de los cuales no se conserva más que el título o algún fragmento. Se conservan diecisiete tragedias: Alcestis, Medea, Hipólito, Los Heráclidas, Andrómaca, Hécuba, Hércules furioso, Las Suplicantes, Las Troyanas, Ifigenia en Táuride, Electra, Helena, Las Fenicias, Orestes, Ión, Ifigenia en Áulide y las Bacantes.
Además, un drama satírico: el Cíclope.
Comparado con el teatro de Esquilo y Sófocles, el teatro de Eurípides presenta muchas novedades:
- Importancia del análisis de las pasiones amorosas y de los personajes femeninos.
- Búsqueda de lo patético.
- Preocupaciones científicas y filosóficas.
- Esfuerzo para rejuvenecer los mitos y hallar nuevos temas.
- Uso de los prólogos.
- Nueva fisonomía de los coros, que se independizan casi totalmente de la acción.
- Preocupación por el vestuario y la escenificación.
- Interés por los personajes femeninos.
Estas novedades extrañaron al público ateniense; de hecho, Eurípides gozó de mediana popularidad durante su vida. Sólo cinco de sus obras obtuvieron éxito. Aristófanes se burla despiadadamente de él en las “Ranas” y opone a su obra la de Esquilo.
Pero después de su muerte creció rápidamente su popularidad; Luciano de Samosata (siglo II d. de C.) habló de la “euripidomanía” que se había apoderado del público de Atenas y de otras ciudades griegas. (Enciclopedia Larousse).
Respecto a Sófocles, Aristóteles en su “Poética” decía “que Sófocles pintaba a los hombres como debían ser, Eurípides, en cambio, los pintaba como son”.
Aquí nos vamos a centrar en la obra “Las Suplicantes”.
Es una tragedia que pertenece al “ciclo tebano”, es decir, al ciclo que hace referencia a la ciudad de Tebas, fundada por Cadmo y Harmonía.
Los hechos tienen relación con Edipo, que, al descubrir que había sido el asesino de Layo (su padre) y haberse casado con Yocasta (su madre), los tebanos le obligaron a abandonar Tebas donde reinaba, y sus hijos Eteocles y Polinices lo expulsaron cruelmente y Edipo los maldijo: pidiendo que no dividieran su patrimonio amistosamente, sino que la guerra y el odio fueran siempre su legado, y pidiendo que murieran cada uno de ellos a manos del otro.
Según la versión que aparece por primera vez en las “Fenicias” de Eurípides, los dos hermanos, después de la marcha de su padre, acuerdan gobernar en años alternos, pero Eteocles rechaza dejar el trono a Polinices tras ocuparlo el primer año, con lo que le da suficiente razón para mostrarse ofendido.
Polinices se marcha de Tebas y viaja cruzando el istmo de Corinto hasta la ciudad de Argos, donde se casa con la hija del rey (Adrasto) y consigue apoyo para una expedición contra su ciudad natal (Tebas).
La forma de conseguir el matrimonio con la hija del rey Adrasto la proporciona Eurípides:
Tras llegar a Argos por la noche, busca cobijo en el porche del palacio real, pero pronto empieza a discutir y termina peleando con otro hombre que había llegado allí con la misma intención: su nombre era Tideo, un violento príncipe etolio que había sido expulsado de su tierra natal por asesinato. El ruido que hacen es lo suficientemente fuerte como para despertar al rey Adrasto, que baja para saber qué pasaba. Al contemplar la feroz lucha, recuerda un misterioso oráculo que había recibido de Apolo, que le ordenaba casar a sus hijas con un “león” y un “jabalí”; puesto que los dos hombres parecían dos animales salvajes luchando por su guarida, les da la bienvenida y ofrece a su hija Argía a Polinices y a su otra hija Deípile a Tideo. Promete además restituirles a sus tierras nativas, comenzando con Polinices.
Adrasto no perdió tiempo, convocando un ejército de gran tamaño para atacar Tebas.
Convocó a siete aliados para dirigir el asalto, uno para cada una de las siete puertas situadas en los muros de la ciudad: Adrasto, Anfiarao, Capaneo, Polinices, Tideo, Partenopeo y Etéoclo.
Anfiarao, el más formidable de los aliados de Adrasto, era un vidente y se dio cuenta de que la expedición estaba destinada al desastre.
Sabiendo de antemano que ninguno de los líderes volvería vivo aparte de Adrasto, en un principio rehusó tomar parte en la expedición e intentó desalentar a los otros.
Polinices buscó entonces el consejo de Ifis, prominente argivo, que le dijo que Anfiarao podía ser forzado a tomar parte si su esposa Erifila lo deseaba, puesto que Anfiarao había luchado contra Adrasto por el reino, e incluso Anfiarao lo había enviado al exilio durante un tiempo. Cuando los dos resolvieron por fin sus diferencias, Adrasto entregó a su hermana Erifila como esposa a Anfiarao bajo el juramento de que ambos aceptarían la decisión de ella si volvían a discutir en el futuro. Polinices se acercó a ella en secreto y le prometió un espléndido tesoro, el collar de Harmonía, si ella ordenaba a su marido partir a Tebas.
Anfiarao, que había previsto problemas en este sentido, le había prohibido expresamente aceptar regalos de Polinices, pero la tentación resultó irresistible.
Al tener que partir por obligación y sabiendo que Erifila había sucumbido a la corrupción, ordenó a sus hijos que la mataran cuando crecieran y que organizasen una segunda expedición contra Tebas en el futuro.
Asediando la ciudad, los siete realizaron proezas que, por otra parte, resultaron vanas.
El adivino Tiresias había afirmado que los tebanos vencerían si uno de ellos se sacrificaba; se ofreció Meneceo, hijo de Creonte (el ahora rey de Tebas), que se precipitó desde lo alto de las murallas.
A partir de este preciso momento, los sitiadores empezaron a debilitarse. Capaneo escaló la muralla, pero un rayo de Zeus lo convirtió inmediatamente en cenizas; Anfiarao huyó y se lo tragó la tierra junto con su carro; Polinices y Eteocles se desafiaron en singular combate, matándose mutuamente, y todos los demás encontraron la muerte, a excepción de Adrasto, que cabalgaba en el caballo alado Arión.
Diez años después, unido a los Epígonos, los hijos de los siete reyes, Adrasto reemprendió la guerra contra Tebas y consiguió tomar la ciudad.
Las Suplicantes es una tragedia de exaltación de Atenas y de glorificación de su democracia, pero sobre todo es una tragedia pacifista, como casi todas las que escribió Eurípides durante las aciagas guerras del Peloponeso, libradas entre Atenas y Esparta y sus respectivos aliados.
El tema se aborda indirectamente sobre el horizonte de la guerra de Tebas.
Argumento:
Los tebanos se negaron, tras la guerra, a devolver los cadáveres de los argivos (los guerreros de Argos), para que pudieran ser enterrados.
Tal negación suponía una afrenta para los argivos, pues existía una ley panhelénica que obligaba a entregar a los caídos para sus honras fúnebres y entierros.
La escena se desarrolla en el lugar santo de Eleusis, cerca de Atenas; allí Etra, la madre de Teseo, rey de Atenas, está celebrando un sacrifico; ante ella se presentan Adrasto(rey de Argos) y las madres e hijos de los siete capitanes muertos en Tebas para que intercediera ante su hijo y para que éste consiguiera que los tebanos les devolvieran sus cadáveres; pues el tirano de Tebas, Creonte, se niega a entregárselos. Todos van con ramos de suplicantes (de ahí el título); al principio, Teseo se niega. Somete a Adrasto a un interrogatorio en el que se revela su condena de la expedición que condujo Adrasto contra Tebas: Dice que actuó con “ligereza y precipitación” al entregar sus hijas a Polinices y a Tideo sin comprobar si el oráculo que le ordenaba entregarlas a un “jabalí” y a un “león” se refería a estos dos jóvenes; que actuó con “hybris” (“no atravesaste Grecia precisamente en silencio”) – justamente los dos vicios cuyas virtudes correspondientes ( reflexión y comedimiento) representan Teseo y Atenas.
Adrasto solicita ayuda a Teseo, petición que se basa más en la adulación que en las razones válidas que podía haber exhibido (la “hybris” de los tebanos, las leyes panhelénicas, la desolación de las madres, etc.). Sólo alude a su mala suerte. Incluso alguna frase puede parecer un reto insolente a Teseo (“lo sensato es que los afortunados sientan temor del infortunio”).
La contestación de Teseo a Adrasto: no se puede culpar a la mala suerte; los dioses nos han dado medios para desenvolvernos bien, lo que sucede es que queremos saber más que ellos. Y rechaza la petición de ayuda.
Adrasto ordena entonces al coro que abandone sus ramos de suplicantes y regresen a Argos, pero las madres se dirigen patéticamente a Teseo y consiguen ablandar al menos a Etra.
Ésta se decide a actuar abiertamente a favor de las suplicantes y acaba convenciendo a su hijo de que preste ayuda a los argivos con argumentos basados en el humanitarismo, la piedad hacia los dioses, el respeto a las leyes panhelénicas y una llamada al honor de Teseo en particular y de Atenas en general. Teseo cede, pero va a consultar a su pueblo.
El pueblo ha aceptado su decisión de ayudar a los argivos.
Teseo da órdenes a un heraldo para que comunique a Creonte su exigencia de que devuelva los cadáveres.
Llega un heraldo tebano preguntando por el tirano de Atenas. Ante la contestación de Teseo de que Atenas no es gobernada por un tirano, sino que es libre, el heraldo tebano inicia el debate censurando a la democracia por dejar al pueblo al arbitrio de los demagogos.
La contestación de Teseo incluye una censura a la arbitrariedad de la tiranía y una alabanza de la libertad e igualitarismo de la democracia, seguida de un contraste entre los efectos que una y otra producen en la valoración de los hombres.
El heraldo comienza con intimidaciones y amenazas, pero luego exhibe argumentos – que Teseo no rebate- desde una posición muy general de pacifismo.
Los argumentos que Teseo presenta a favor de la devolución de los cadáveres se basan en el derecho internacional y en el humanitarismo, aunque también acusa a Tebas de cobardía e irreflexión por temer a unos muertos y la previsión aduciendo la mutabilidad de la fortuna.
El episodio se cierra con una orden de movilización total por parte de Teseo para atacar la ciudad de Tebas.
Se desarrolla la lucha en Tebas y un mensajero informa sobre el resultado, favorable a Atenas, de la guerra.
Hay un diálogo entre Adrasto y el mensajero en el que éste aclara la suerte que han corrido los muertos.
Adrasto interviene y reflexiona sobre la futilidad de la guerra en general.
Adrasto pronuncia la oración fúnebre por los capitanes muertos, excepto por Polinices y Anfiarao, cuyo elogio hace luego brevísimamente Teseo por no encontrarse presentes sus cadáveres.
Adrasto y Teseo deciden realizar la cremación y honras fúnebres fuera de escena (para evitar que las madres contemplen los cadáveres) y culmina el episodio con una patética intervención de Adrasto, en la que vuelve a reflexionar amargamente sobre la locura de la guerra.
Cuando parece que la acción ha terminado con la devolución de los cadáveres y sus honras fúnebres se añade un último episodio, en el que aparece el suicidio de Evadne, esposa de Capaneo. Su padre Ifis, que llora desesperadamente su lamentable situación, trata de disuadir a Evadne, pero es en vano. Luego coros de madres y niños alternan el lamento dolorido por la pérdida de sus esposos y padres con la promesa de venganza que los niños insinúan y las madres aceptan.
Y termina con un breve diálogo entre Teseo y Adrasto, en el que acuerdan un pacto de amistad.
(José Luis Calvo Martínez. Introducción, Traducción y Notas. Las Suplicantes. Edit. Planeta DeAgostini).
Pasajes de la obra:
1. Referentes al pacifismo:
1.1 Adrasto( vv.950-956):
“Miserables mortales, ¿por qué tenéis armas y os matáis mutuamente? Deteneos, que alejados de la guerra conservaréis en paz vuestras ciudades con ciudadanos pacíficos. Poca cosa es la vida y es preciso recorrerla hasta el final con la mayor tranquilidad posible y lejos de la desgracia”.
(vv.742-750):
“ Y ahora… el que entonces fue afortunado, el insensato pueblo de Cadmo ( Tebas), se ha insolentado como un pobre con riquezas recién adquiridas. Y al hacerlo se ha perdido de nuevo.
¡Fatuos mortales que tendéis el arco más de lo oportuno y recibís de la justicia innumerables males! Tomáis lecciones de los hechos, ya que no de los amigos. Y vosotros, Estados, que podéis conjurar el mal con la palabra, dirimís vuestros asuntos con la sangre, no con la palabra”.
1.2 Heraldo tebano ( vv. 481-493):
“Cuando un pueblo vota la guerra, nadie hace cálculos sobre su propia muerte y suele atribuir a otros esta desgracia. Porque si la muerte estuviera a la vista en el momento de arrojar el voto, Grecia no perecería jamás enloquecida por las armas. Y eso que todos los hombres conocemos entre dos decisiones – una buena y una mala- cuál es la mejor. Sabemos en qué medida es para los mortales mejor la paz que la guerra. La primera es muy amada de las Musas y enemiga de las Furias, se complace en tener hijos sanos, goza con la abundancia. Pero somos indignos y, despreciando tales bienes, movemos guerras y nos convertimos en esclavos del inferior, como individuos y como Estados.
2. Etra (madre de Teseo) suplica a éste que ayude a Adrasto y a las suplicantes y Teseo finalmente cede. (vv. 299-334):
“Entonces jamás se me reprochará que mi silencio de ahora fue nocivo. No pondré en manos del miedo lo que considero bueno por temor al dicho de que es inútil que las mujeres hablen bien.
Hijo, en primer lugar, te apremio a que no yerres deshonrando las leyes divinas. ¡Cuidado, no vayas a errar en esto, cuando eres sensato en lo demás!
En segundo lugar, si hubiera que ser audaz con quienes no han recibido agravio, yo me callaría de buen grado. Ahora bien, considera cuánto honor te puede reportar (a mí, desde luego, no me produce miedo aconsejarte) el constreñir con tu brazo a hombres violentos que impiden a los muertos tener su tumba debida y exequias; y poner coto a quienes tratan de violar las tradiciones de toda la Hélade.
Pues en verdad los Estados se mantienen unidos cuando todos protegen sus leyes.
Pero, además, acaso alguien dirá que te intimidaste por la debilidad de tu brazo, cuando te era posible conseguir para tu pueblo una corona de buen nombre; o que te ejercitabas en el liviano trabajo de combatir a un feroz jabalí, pero cuando tenías que poner todo tu empeño en afrontar las cimeras y las puntas de lanza te revelaste como un cobarde.
No hagas esto, hijo; no, si eres de mi sangre.
¿No ves que tu patria, vituperada por irreflexiva, mira con ojos feroces a quienes la insultan, pues se crece en el peligro?
Los Estados blandos, cuyos actos son sin brillo, miran sin brillo en su timidez.
Hijo, ¿no vas a prestar ayuda a los cadáveres y a estas afligidas mujeres que te necesitan?
No temo por ti, pues tu empresa es de justicia. Veo que el pueblo de Cadmo (los tebanos) ahora es afortunado, pero sé que hará otras tiradas con sus dados; pues dios suele dar la vuelta a todo.
Teseo:
“Madre, mis palabras anteriores tienen razón para con éste (Adrasto). Le he manifestado en qué decisiones creo que ha errado, pero también veo las razones con las que me reprendes. Veo que no es propio de mi carácter huir del peligro. Pues, por realizar muchas hazañas, he cosechado entre los griegos la fama de ser azote permanente de los malvados. Así que no es posible que me niegue al esfuerzo. Pues, ¿qué dirán mis enemigos cuando tú, mi propia madre y la que más teme por mí, eres la primera en instarme a afrontar este trabajo? Lo haré, voy a tratar de liberar a los cadáveres con la persuasión de mi palabra; pero si no es posible, lo llevaré a cabo con la violencia de la lanza y sin la envidia de los dioses”.
3. Diferencia entre la democracia de Atenas y la tiranía de Tebas. (vv.399-459):
Heraldo tebano:
“¿Quién es el tirano de esta tierra? ¿ A quién tengo que comunicarle las palabras de Creonte, dueño del país de Cadmo, una vez que ha muerto Eteocles ante las siete puertas por la mano hermana de Polinices”?
Teseo:
“Forastero, para empezar, te equivocas al buscar aquí un tirano. Esta ciudad no la manda un solo hombre, es libre.
El pueblo es soberano mediante magistraturas anuales alternas y no concede el poder a la riqueza, sino que también el pobre tiene igualdad de derechos”.
Heraldo tebano:
“Como en el ajedrez, en esto nos concedes ventaja: la ciudad de la que vengo la domina un solo hombre, no la plebe.
No es posible que la tuerza aquí y allá, para su propio provecho, cualquier político que la deje boquiabierta con sus palabras.
Al pronto se muestra blando y le concede cualquier gracia, pero enseguida la perjudica y con inventadas patrañas, la oculta sus pasados errores y consigue escapar de la justicia.
Y es que, ¿Cómo es posible que un pueblo, que no es capaz de hablar a derechas, pueda llevar derecha su ciudad?
El tiempo enseña que la reflexión es superior a la precipitación.
Un labrador miserable, aun no siendo ignorante, es incapaz de poner sus ojos en el bien común, como demuestran los hechos.
Y, en verdad, es dañino para los hombres superiores el que un villano alcance prestigio por ser capaz de contener al pueblo con su lengua, alguien que antes no era nadie”.
Teseo:
“Ingenioso es este heraldo, aunque dice palabras que no vienen al caso. Ya que has iniciado esta disputa, escucha, pues tú has sido el primero en establecer la discusión.
Nada hay más enemigo de un Estado que el tirano.
Pues, para empezar, no existen leyes de la comunidad y domina sólo uno que tiene la ley bajo su arbitrio. Y esto no es igualitario.
Cuando las leyes están escritas, tanto el pobre como el rico tienen una justicia igualitaria. El débil puede contestar al poderoso con las mismas palabras si le insulta; vence el inferior al superior si tiene a su lado la justicia.
La libertad consiste en esta frase: “¿Quién quiere proponer al pueblo una decisión útil para la comunidad?” El que quiere hacerlo se lleva la gloria, el que no, se calla.
¿Qué puede ser más democrático que esto para una comunidad?
Es más, cuando el pueblo es soberano del país, se complace con los ciudadanos jóvenes que forman su base; en cambio, un tirano considera esto odioso y elimina a los mejores y a quienes cree sensatos por miedo a perder su tiranía.
Y entonces, cómo es posible que una nación llegue a ser poderosa, cuando se suprime la gallardía y se siega a la juventud como a las espigas de un trigal en primavera?
¿Para qué atesorar riqueza y bienestar para nuestros hijos, si los mayores esfuerzos de nuestra vida son en beneficio del tirano?
¿Para qué conservar vírgenes en casa a nuestras hijas, si las estamos preparando como dulce placer de los tiranos – cuando lo deseen- y lágrimas para nosotros?
No quisiera vivir más, si mis hijas van a ser novias a la fuerza.
Estos argumentos son como dardos que arrojo contra los tuyos. Y ahora, ¿a qué vienes y qué quieres de esta tierra? Te habrías marchado llorando, por tus palabras altivas, si no te hubiera enviado un Estado”.
Como vemos, las “Suplicantes” de Eurípides es un alegato contra la guerra, que se manifiesta en el dolor colectivo de las suplicantes que lloran por sus hijos muertos y en el dolor individual mostrado en el suicidio de Evadne por su esposo muerto, Capaneo. Y también es un alegato en defensa de la paz con el uso, por parte de los gobernantes, de la reflexión y la prudencia.
Al mismo tiempo es la exaltación de la democracia de Atenas frente a los gobiernos tiránicos.
Segovia, 9 de mayo del 2025
Juan Barquilla Cadenas.