A la búsqueda de nuestras raíces.
LOS CARNAVALES
Los “Carnavales” es una de las fiestas de mayor raigambre en la cultura occidental. De todos son conocidos los carnavales de Río de Janeiro (Brasil), los de Tenerife (Canarias), los de Cádiz, Niza o los de Venecia.
Se trata de una fiesta que podemos llamar “popular”, en el sentido de que cuenta con la participación del pueblo y que no ha sido fácil de suprimir, incluso en las épocas en que fueron prohibidos, como en la época de la dictadura franquista en España.
En estas fiestas lo más característico son los “disfraces” y las “máscaras”. Éstas últimas nos recuerdan el espectáculo teatral. La palabra “máscara”, de origen etrusco (“ fersu”) pasó al Latín como “persona”(< personat = resuena), llamada así porque no sólo servía para representar a los personajes, sino que también servía de amplificador de la voz (personare= resonar).
Estos disfraces y máscaras, que también se utilizaban en unas fiestas semejantes a éstas, en el mundo antiguo tenían una finalidad “apotropaica”, es decir, se utilizaban para alejar a los malos espíritus.
Parece que estas fiestas, que coincidían con el tiempo en que ahora se celebran los “carnavales”, eran fiestas que tienen que ver con el mundo del campo (la agricultura y el ganado), pero también con los “ solsticios”(época en que el sol se encuentra en uno de los dos trópicos, es decir, la máxima distancia del Ecuador en su movimiento aparente sobre la elíptica), pues coinciden con el final del solsticio “estival” y el comienzo del solsticio “invernal”.
Así, por ejemplo, las “Dionisiacas agrarias”, que se celebraban en el mes de Diciembre, en honor de Dionisos o Baco. Estas fiestas se celebraban con un gran desenfreno hasta el punto que fueron prohibidas en Roma por el “Senado Consulto” De Bacchanalibus (año 186 a. de C.) y castigados duramente sus responsables. Parece que se vieron implicadas 7.000 personas. Algunas fueron condenadas a muerte o prisión; los cuatro sacerdotes de Baco, convictos y confesos fueron decapitados y las fiestas en honor de Baco fueron prohibidos en Roma.
Dionisos (Baco en Roma) es el dios del vino y de la vendimia. Es un dios de la vegetación, de ahí sus atributos, el pino y la hiedra (que se enrolla en unas columnas simbólicas, cerca de los altares). Presidía el culto de la viña y de la higuera. Se vio también en él a un dios de la procreación, a lo cual se debe su asimilación total o parcial con un macho cabrío o, más frecuentemente a un toro, aspecto que tomaba en determinadas fiestas. Se le representaba con un cortejo de Sátiros, Silenos, Pan, Príapo, las Ménades, las Tíades, las Bacantes, etc.
Los ritos religiosos derivaban primitivamente de la embriaguez y de la orgía, que proporcionaba la integración en la propia divinidad.
En estas ceremonias surge el “Ditirambo”, el himno consagrado a Dioniso, que va a dar origen a la tragedia griega y al teatro.
Otra de estas fiestas son las relacionadas con el ganado. Son conocidas las “Lupercales” romanas. Éstas se celebraban el día 15 de Febrero. En ellas los “lupercos” o jóvenes vestidos con pieles de cabra recorrían las tierras para ahuyentar con su látigo al lobo, el gran enemigo de su ganado.
Se celebraban en honor del dios Pan , dios griego, que los romanos identificaron con Fauno, dios de los pastores y rebaños. Al dios Pan se le representa como un genio, mitad hombre y mitad animal. Su aspecto infunde miedo al contemplarlo, de ahí la palabra “pánico”. También en estas fiestas se hacía una invocación al dios Fauno, que incluía el sacrificio del macho cabrío.
Fauno es un dios antiquísimo romano. Por su etimología aparece como un dios bienhechor. Fauno significa “que favorece”(favet= favorece). Es protector de rebaños y pastores y se identificó con el dios griego Pan.
Ovidio en su obra Fastos II, 271 y ss. escribe: “ Se dice que los antiguos arcadios veneraron a Pan, dios de los rebaños que abundan muchísimo en los montes arcadios... Pan era allí el dios de la torada, el dios de las yeguas; recibía regalos para salvar a las ovejas. Evandro se trajo consigo a las deidades silvestres... Desde entonces veneramos al dios y celebramos las ceremonias importadas de los Pelasgos”.
Me preguntas, pues, por qué corren y por qué (pues es costumbre correr de ese modo) se quitan la ropa y llevan el cuerpo desnudo?.La propia deidad se goza en correr velozmente por las altas montañas y emprende repentinas huidas. La propia deidad va desnuda y manda que sus ministros vayan desnudos, pues la ropa no era muy cómoda para las carreras....Se cuenta que los arcadios ocupaban la tierra antes del nacimiento de Júpiter y esta raza era anterior a la luna. Su vida era similar a la de las fieras, sin el ajetreo de ninguna función; la gente era todavía sin artificios e inculta. Por casa conocían las ramas, por mieses las hierbas, y el néctar era el agua que sorbían con las manos. El toro no jadeaba por la reja corva y la tierra no estaba bajo el poder del agricultor. Todavía no se empleaba de ninguna manera el caballo, cada cual marchaba por su pie. La oveja caminaba con el cuerpo cubierto de lana. Aguantaban a cielo raso y llevaban el cuerpo desnudo, hecho a soportar las lluvias y los Notos pesados.
Desnudos ahora también evocan el recuerdo de las costumbres antiguas y conmemoran los recuerdos de antaño.
Pero las fiestas más importantes, relacionadas con la agricultura, tal vez sean las “Saturnales”. Eran fiestas en honor de Saturno, un dios de la agricultura, que después, con la influencia griega, se asimiló a Cronos, dios del tiempo. Este dios, según la mitología, devoraba a sus propios hijos, temeroso de ser destronado por alguno de ellos, como él había destronado a su padre Urano. Éste estaba casado con Gea (la Tierra), que, cansada de ser fecundada y harta de los abrazos de Urano, pidió a sus hijos que la protegieran contra él. Todos se negaron excepto el más pequeño, Cronos, que preparó una emboscada y, armado con una “hoz” que le había dado su madre, cortó los genitales de su padre y los arrojó al mar.
En efecto, Saturno fue destronado por uno de sus hijos, Zeus (Júpiter en Roma). Este salvado por su madre, Rhea, al entregar a Cronos, en lugar del cuerpo del recién nacido, una piedra envuelta en un lienzo, lo va a destronar y a convertirse en el dueño del orbe.
Pero cuando Saturno fue destronado, se dice que fue acogido y ocultado en el Latium (Lacio). Latium, región de Italia donde se fundó la ciudad de Roma, tiene que ver etimológicamente con el verbo lateo= ocultar, estar oculto.
En las Saturnales se celebraba el final de los trabajos de la sementera y el final del solsticio “ascendente” que cerraba el año (latín annus =círculo).
La palabra “carnaval” parece que procede de “carrum navale”(= carro naval), una procesión que se hacía en Roma y que rememoraba la entrada de Saturno en un barco al Lacio.
Estas fiestas coinciden con el fin del solsticio “estival” y el comienzo del solsticio “invernal”. Por eso tienen que ver también con el dios Jano. Este es un dios primigenio y típicamente romano, de donde procede el nombre del mes de enero (Ianuarius), que es el mes que abre las puertas del año. Es un dios que preside las entradas de las casas y posteriormente se le identificó como dios de la guerra. Se le representaba con doble cara. Las puertas de su templo sólo se cerraban en tiempos de paz, y permanecían abiertas en tiempos de guerra, para que el dios pudiera salir a ayudar a los romanos en ambas direcciones. Ovidio en su obra Fastos nos da información sobre esta divinidad:
“Entonces el sagrado Jano, admirable por su imagen bicéfala, puso de repente delante de mis ojos su doble faz... Él, con el báculo en la derecha y la llave en la izquierda me reveló estas palabras con la primera de sus dos bocas: Los antiguos, pues yo soy un ente primitivo, me llamaban Caos: Este aire transparente y los tres elementos que restan, fuego, agua y tierra, eran una masa uniforme. Tan pronto como esta masa se desligó por discordia de sus componentes, y una vez dispersa, fue a buscar insólitas moradas, la llama buscó la altura, el espacio más cercano admitió el aire, en medio del suelo se asentaron la tierra y el mar. Entonces yo, que había sido ovillo y mole sin figura, me convertí en imagen y cuerpo dignos de un dios..... Todo lo que ves por doquier, cielo, mar, nubes, tierras, todo lo abre y lo cierra mi mano. Solamente de mí depende la custodia del vasto universo y la regulación del giro del mundo me pertenece por completo. Cuando me viene en gana dejar salir de su plácida mansión a la Paz, ésta pasea libre y sin interrupción por los caminos: todo el orbe se verá inundado de sangre mortal si los rígidos cerrojos no mantienen encerrada a la guerra. Guardo las puertas del cielo con las misericordes Horas; en virtud de mi cometido entra y sale el propio Júpiter...
“Dime, por favor, ¿por qué comienza el año nuevo con fríos, cuando más bien debiera comenzar en primavera?...” El invierno es lo primero del año nuevo y lo último del viejo; Febo (Sol) y el año toman el mismo comienzo.
“Pero, ¿por qué se dicen palabras de felicitación los días de tus calendas, y hacemos y recibimos votos recíprocamente? Los augurios suelen hallarse en los principios. A las palabras primeras dirigís vuestros oídos temerosos, y el ave que primero vio es la que tiene en cuenta el augur; están abiertos los templos y los oídos de los dioses, ninguna lengua profiere votos perecederos y tienen peso las palabras.
¿Qué significado tienen los dátiles y los higos arrugados?-dije- Es el augurio: que semejante sabor persevere en las cosas y que el dulce sueño termine su camino emprendido. “Ya veo por qué se regalan cosas dulces. Añade la razón de la moneda, para que ninguna parte de su fiesta me quede sin confirmar”. Se rió, y dijo: ...Las riquezas pueden ahora más que en los años del tiempo originario, cuando el pueblo era pobre y Roma era nueva, cuando una pequeña cabaña acogía al hijo de Marte, Quirino, y la enea del río ofrecía un lecho precario. Con dificultad se erguía por entero Júpiter en su estrecha ermita y en la diestra de Júpiter había un rayo de barro.
El Capitolio que ahora lo adornan con perlas lo adornaban con hojas, y el senador en persona apacentaba sus ovejas; no era vergonzoso tomar un descanso gustoso en la paja y poner la cabeza sobre el heno. El pretor hacía justicia al pueblo tan pronto como dejaba el arado y una ligera barrita de plata era un crimen. Pero, una vez que la fortuna de este lugar levantó la cabeza y Roma tocó con la coronilla a los dioses supremos, crecieron las riquezas y el loco deseo de riquezas y, por muchas que posean, más apetecen. Compiten por ganar para consumir y por reponer lo consumido, y las mismas virtudes sirven de pasto a sus vicios. Igual que aquellos cuyo vientre se hinchó de hidropesía, cuanta más agua beben más sed tienen. Ahora se valora el dinero: la fortuna da los honores, la hacienda, las amistades; al pobre se le abate por doquier... Antaño daban monedas de bronce, ahora mejor augurio hay en el oro, y el metal primitivo, vencido cedió ante el nuevo. También a nosotros nos agradan los templos de oro, si bien aprobamos los antiguos: esa excelencia conviene a la divinidad.
“Pero, ¿por qué en una cara de la moneda de bronce hay estampada la figura de una nave y en la otra una figura con dos cabezas?... El motivo de la nave es palmario: en una nave llegó al río etrusco el dios portador de la Hoz, una vez recorrido previamente el orbe. Recuerdo que en estas tierras fue acogido Saturno, al que Júpiter había expulsado de los reinos celestes. Por ello este pueblo conservó mucho tiempo el nombre de “pueblo saturnio”; también a su tierra se le llamó Lacio, por haberse ocultado el dios. Pero la buena posteridad estampó una nave en la moneda de bronce para dar testimonio de la llegada del dios, su huésped.
Entonces reinaba yo, cuando la tierra era soporte de los dioses y los númenes andaban mezclados con los espacios humanos. Las fechorías de los hombres no habían ahuyentado todavía a la Justicia (fue la última de los dioses de arriba en abandonar la tierra), y en lugar del miedo gobernaba al pueblo la dignidad misma sin violencia; ningún trabajo costaba hacer justicia a los justos. Yo no tenía nada que ver con la guerra: tutelaba la paz y las jambas de las puertas y- dijo mostrando la llave- esto es lo que llevo por armas.
“Pero, ¿por qué te escondes durante la paz y sales de tu encierro cuando los hombres empuñan las armas?” Mi puerta entera se abre de par con el cerrojo descorrido para que las gentes tengan patente sin ningún género de dudas su marcha a la guerra.
Durante la paz echo las contrapuertas para que no pueda escapar por ningún sitio; bajo el numen de César (= Octavio Augusto) permaneceré encerrado largo tiempo. ( Ovidio, Fastos I, 95 y ss.).
En estas fiestas en honor de Saturno se producía un cambio de “roles” o papeles en la sociedad: los esclavos eran servidos por sus amos y todo el mundo se encontraba en el mismo plano de igualdad. También había una libertad en todos aquellos aspectos en que ésta estaba restringida: en el lujo, pues todo el mundo podía gastar lo que quisiera; en el juego, pues se podía en esas fiestas jugar a la lotería, y en la libertad sexual, pues las Saturnales tenían que ver con antiguos ritos de la fecundación de la tierra.
Con esto se quería emular la “edad de Saturno”, en la que había abundancia de todo. La tierra espontáneamente producía frutos y todo el mundo era feliz.
Sin embargo, esta fiesta después fue “adaptada” por el Cristianismo y la palabra “carnaval” adquiere un significado distinto.
El término “carnaval” actual procede de la edad Media. Parece que la palabra procede del italiano “carnavale”, alteración de “carne levare” que significa “ quitar la carne”.
El carnaval es un período de tres días que precede al “miércoles de ceniza”. La palabra carnaval está unida etimológicamente a la idea de abstinencia de carne. En sentido estricto significa el primer día de la “Cuaresma”(quadragesimam diem). La Cuaresma es el tiempo litúrgico de preparación a la fiesta de la Pascua, que dura cuarenta y seis días, desde el miércoles de ceniza hasta el día de Pascua de Resurrección. Hace referencia a los cuarenta días en que ayunó Jesucristo en el desierto antes de iniciar su “pasión”. Durante el tiempo de Cuaresma el pueblo se prepara con ayunos y penitencias para el día de la Pascua.
En “El libro del Buen Amor”, del Arcipreste de Hita (siglo XV) aparecen las figuras simbólicas de “Don Carnal” y “Doña Cuaresma”, como figuras enemigas que sostienen una pintoresca lucha. Doña Cuaresma actúa como un caballero medieval y en sus huestes militaban los animales cuya comida está permitida en Cuaresma: la sardina, anguilas, truchas, atunes, langostas, etc.
Así puede verse en el texto siguiente del Libro del Buen Amor:
“Otra carta traía abierta e sellada,
una concha muy grande de la carta colgada;
aquel era el sello de la dueña nonbrada.
La nota es aquesta, a Carnal fue dada:
De mí, doña Quaresma, justiçia de la mar,
Alguaçil de las almas, que se han de salvar,
A ti, Carnal goloso, que no te coidas fartar,
Enbíote el Ayuno por mí desafiar.
Desde oy en syete días tu e tu almohalla
Que seades conmigo en el canpo a la batalla,
fasta el Sábado Santo darvos he lid sin falla;
De muerte o de preso non podrás escapalla”.
(Libro del Buen Amor (Versos 1074-1077). Colecc. Austral. Edit. Espasa Calpe.)
Como podemos ver, la finalidad de la fiesta de los “Carnavales” ha cambiado, pero no del todo el fondo de la misma: la “máscara”, con el cambio de “roles” o papeles; la libertad y la ilusión de hacer o ser, aunque sólo sea por unos días o unas horas, aquello que a cada uno le gustaría ser o rechazar; también la burla o la exageración que nos produce la risa, emoción humana que nos relaja y que es síntoma de felicidad.
Tal vez en estas fiestas, como en las “Lupercales” romanas, había un deseo de volver al mundo de la “naturaleza”, en el que el indivíduo actúa de un modo más espontáneo y natural, donde las palabras aún no han tomado todavía ningún tipo de connotación y el hombre se siente con una libertad que, en el mundo de todos los días, se hace cada vez más difícil.
Segovia, 22 de febrero del 2025
Juan Barquilla Cadenas.