EL EPIGRAMA: Algunos epigramas de MARCIAL
El epigrama tuvo su origen en Grecia.
Los griegos llamaban “epigramas” a inscripciones en verso, al principio épicas, luego elegíacas, que se grababan en las tumbas, las estatuas, los monumentos públicos o los exvotos.
Safo, Arquíloco y Simónides fueron los maestros del género. Pero fue sobre todo a partir de la época alejandrina (siglo III a. de C.) cuando floreció el epigrama; entonces ya no estaban destinados a los monumentos: eran idilios, elegías en pocos versos. (Enciclopedia Larousse).
De Grecia pasó a Roma, presentando tres etapas en su desarrollo.
- En sus comienzos fue una breve “inscripción” que, grabada sobre la piedra del sepulcro, proclamaba las hazañas o el recuerdo de alguna persona.
Por ejemplo, los “elogia” de los Escipiones narran el valor, los méritos diversos y las gloriosas hazañas del muerto. Y también los “epitafios” que escribieron para sí mismos Nevio, Plauto y Ennio.
Nevio: “Si estuviera permitido que los inmortales llorasen a los mortales, las divinas Camenas (Musas) llorarían a Nevio, el poeta. Pues desde que fue entregado al tesoro del Orco (Hades), olvidaron en Roma hablar la lengua latina”.
Plauto: “Desde que la muerte se llevó a Plauto, la comedia está de luto, el escenario está desierto; por eso la Risa, el Juego y la Broma, y los Ritmos interminables han llorado juntos”.
Ennio: “Contemplad, ciudadanos, la imagen del anciano Ennio. Éste es el que cantó los sublimes hechos de vuestros padres”.
“Que nadie me honre con lágrimas, ni con llanto me acompañe al sepulcro. ¿Por qué? Vivo, vuelo, en boca de los hombres”.
- Luego, tanto en Grecia como en Roma, se usa el término “epigrama” para designar una composición poética corta, conceptuosa y de tema amoroso, escrita en dísticos elegíacos. Esta etapa está representada por los epigramas eróticos del círculo de Lutacio Cátulo y por bastantes composiciones del poeta Catulo.
- En la última etapa, el epigrama sustituye su contenido amoroso por la crítica social con lo que viene a converger con la “sátira”. Es el “epigrama satírico”, cuyo representante más importante es el poeta Marcial.
Las características del “epigrama satírico” son, además de su concisión, su tono casi siempre festivo, y su agudeza, acentuada al final a modo de aguijón, que le hace apto para el ataque personal y la denuncia social.
Juan de Iriarte lo escribió en versos famosos:
“A la abeja semejante para que cause placer, el epigrama ha de ser pequeño, dulce y punzante” (A. Holgado – C. Morcillo. Latín COU. Edit. Santillana).
MARCO VALERIO MARCIAL (40 -104 d. de C.)
Nació en la pequeña ciudad española de Bílbilis (Calatayud), de una familia burguesa no muy acomodada. Con algo más de 20 años marchó a Roma por la vida literaria y social de la gran urbe.
Se dedicó a escribir poesías con el ánimo de conseguir algún rico protector, pero no logró encontrarse ningún espléndido Mecenas, que lo librase de una vez de estrecheces económicas.
Llegó, no obstante, a poseer una casa en la ciudad y una pequeña finca rural.
Pero tuvo que poner, sin sentido del honor, sus brillantes dotes literarias al servicio de los poderosos y de los ricos, a los que colmó de adulaciones.
Fue amigo de todos los escritores romanos de su tiempo con excepción de Estacio, quizás por considerarle un rival ante los ricos protectores. Fue amigo de Quintiliano, Silio Itálico, Juvenal y sobre todo de Plinio el Joven.
La situación de Marcial empeoró a partir de Nerva (ya Domiciano no le prestó la menor atención a pesar de haberse humillado mucho adulándole).
El año 98 d. de C. decidió regresar a su ciudad natal, donde una vieja admiradora le ofreció una finca. Era ya mayor -había estado en Roma 34 años – y sus recursos económicos escasos, de tal forma que Plinio el Joven tuvo que darle dinero para el viaje.
En su ciudad natal vivió los últimos años de su vida – unos seis años – libre de preocupaciones materiales, pero sintiendo añoranza de Roma.
Marcial escribió 1500 epigramas.
El primer libro que publicó (el año 80 a. de C.) fue el “Liber Spectaculorum” (Libro de los espectáculos). Trata de los festivales circenses organizados por los emperadores Tito y Domiciano con motivo de la inauguración del anfiteatro Flavio o Coliseo.
Pero su obra inmortal son los 12 libros de Epigramas publicado en el año 85 d. de C.
“En los Epigramas se contiene, minuciosamente captada, toda la vida de Roma del último siglo I d. de C.
Todas las clases sociales y sus modos de vida (esclavos, clientes, ricachones, magistrados, cortesanas); la topografía urbana, con sus calles, plazas, foros, mercados, basílicas, anfiteatros; las costumbres y los vicios incontables de aquella sociedad, cuya corrupción había ido en aumento desde la época de Nerón: avaros, especuladores, homosexuales, intrigantes, mentirosos, ávidas cortesanas, abogados venales, médicos asesinos, impostores, poetastros, hinchados de vanidad” (op. cit.).
Escribió otros dos libros, llamados “Xenia” y “Apophoreta”.
Los “Xenia” (regalos de bienvenida) son tarjetas que escribió Marcial para los regalos que los patronos solían hacer a sus “clientes” en las fiestas “Saturnales”.
Los “Apophoreta” (regalos que uno se lleva) son también tarjetas que escribió Marcial para los regalos que se sorteaban en los banquetes.
Un “dístico elegiaco” (dos versos) hacía referencia al regalo.
A Marcial se debe el concepto actual de “Epigrama”: composición breve conteniendo una broma mordaz, pero no irritante.
Marcial utiliza preferentemente el “dístico elegiaco” (un hexámetro y un pentámetro), pero también utiliza otros tipos de versos como el “endecasílabo yámbico” y el “escazonte” (yambos catalépticos).
La técnica del epigrama exigía brevedad y reservar el rasgo mordaz para el final.
Se critican dos cosas en la obra de Marcial: por una parte, el exceso de adulaciones a los ricos y poderosos, defecto que él mismo reconoce, pero echa la culpa a su pobreza, y, por otra parte, la obscenidad de muchos de sus epigramas. Marcial se justifica en este punto apelando a sus predecesores en el género epigramático.
ALGUNOS EPIGRAMAS DE MARCIAL
- Libro X, 4 “Al lector: sus epigramas son más útiles”.
Tú que lees sobre Edipo y el oscurecedor Tiestes y mujeres de Cólquide y Escilas, ¿qué lees sino portentos? ¿De qué te sirve a ti el rapto de Hilas, de qué Partenopeo y Atis, de qué el dormilón de Endimión, el niño despojado de sus alas deslizantes, o Hermafrodito, que odia las aguas que lo aman?
¿Por qué te deleitan las caricaturas sin sentido de un miserable papel?
Lee eso de lo que la vida pueda decir “mío es”.
Aquí no encontrarás centauros ni gorgonas y harpías: a ser humano saben mis páginas.
Pero no quieres, Mamurra, contemplar tus propias costumbres ni conocerte a ti mismo: puedes leer los “Aitía” de Calímaco.
- Libro VIII, 61 “Contra el envidioso Carino”
Carino tiene envidia, revienta, rabia, grita y busca ramas altas de donde colgarse: no ya porque soy recitado y leído a lo largo y ancho del mundo ni porque adornado con cilindros y aceite de cedro soy difundido por todos los pueblos que señorea Roma, sino porque tengo una finca de verano al pie de la ciudad y no me traslado allí en mulas de alquiler, como antes.
¿Qué le voy a desear, oh Severo, a un envidioso?
Esto anhelo: que tenga mulas y una heredad cerca de Roma.
- Libro VIII, 64 “Contra Clito que celebraba su cumpleaños varias veces al año para recibir regalos de sus amigos”
Con tal de pedir y exigir un regalo, Clito, naces ocho veces en un mismo año y, creo, sólo a tres o cuatro kalendas no las tienes por cumpleaños tuyos.
Por más que tu cara sea más lisa que los cantos rodados de una playa reseca, que sea tu cabellera más negra que una mora pachucha, que superes con la blandura estremecedora de tu cuerpo a las plumas o a una masa de leche recién cuajada, y que la turgencia te abulte unas tetillas como las que una joven en flor conserva para su marido, tú, Clito, me pareces ya un viejo: pues, ¿quién puede creer que fueron tantísimos los cumpleaños de Príamo o Néstor?
Ten de una vez vergüenza y pon fin a tu rapacidad y si nos sigues tomando el pelo y haber nacido una sola vez en un mismo año no te es suficiente, te voy a considerar, Clito, como que no has nacido ni una sola vez.
- Libro XII, 82 “Sobre Menógenes, buscón de cenas”
No es posible librarse de Menógenes en las termas y en torno a los baños, aunque tú lo pretendas por todos los medios. Con su derecha o su izquierda atrapará la fogosa pelota para apuntarte, más de una vez, como tantos las que se te escapen.
Recogerá del polvo y te entregará el blando balón aunque ya esté bañado, ya esté calzado.
Si coges tus toallas, dirá de ellas que son más blancas que la nieve, aunque estén más sucias que el babero de un niño.
Te estás arreglando tus escasos pelos pasándote el peine: asegurará que has acicalado la cabellera de Aquiles.
El mismo te ofrecerá un aperitivo de posos de una botella ahumada y enjugará sin cesar el sudor de tu frente.
Todo lo alabará, lo admirará todo, hasta que harto de mil tabarras, le digas: “Te invito”.
- Libro X, 61 “Epitafio de Eroción”
Aquí, en prematuras tinieblas, descansa Eroción, con la que acabó, por una tropelía del destino, su sexto invierno.
Quienquiera que seas después de mí el amo de mi campillo, págales a sus diminutos Manes su tributo anual: a cambio, mientras tu hogar se perpetúa, mientras tu gente goza de salud, que sólo esta lápida provoque el llanto en tus tierras.
- “La buena tierra”
Preguntas qué me da mi parcela en una tierra tan distante de Roma.
Da una cosecha que no tiene precio: el placer de no verte.
- “¿Por qué no te envío, Pontiliano, mis libritos?”
Para que tú, Pontililano, no me envíes los tuyos.
- “Tais tiene los dientes negros, Lecania blancos como la nieve”
¿Cuál es la razón? Ésta tiene unos comprados, aquélla los suyos.
- “Hasta hace poco era médico, ahora Diaulo es enterrador”.
Lo que hace de enterrador también lo había hecho de médico.
- “Elogio fúnebre”
Reserva tus elogios para los muertos, jamás aprecias a un poeta vivo.
Discúlpame, prefiero seguir viviendo a tener tu alabanza.
- “Declamador”
El libro que recitas, Fidentino, es mío; pero cuando lo recitas mal, empieza a ser tuyo.
- “Soledad en compañía”
No te sorprenda en nada que rechace tu invitación para una cena de trescientos, Néstor: no me gusta cenar solo.
- “Sobre la gloria”
Si la gloria viene después de la muerte, no tengo prisa.
Créeme, no es prudente decir “viviré mañana”. Es demasiado tarde: vive hoy.
- Lesbia jura que nunca ha sido jodida gratis. Es verdad. Cuando quiere ser jodida, suele pagar.
- Si tantos años tiene Ligeya como pelos lleva en toda su cabeza, tres años tiene.
- Tienes una minga tan grande como tu nariz, de forma que, cada vez que entra en erección, puedes olerla.
- “Nerón contra los corruptos”
Nerón quiso que Roma fuera honrada: así pudo robar él solo.
- “Doble moral”
Te compadeces del cartaginés y tratas a patadas a los tuyos.
- Miente el que te llama vicioso, Zoilo. No eres un hombre vicioso, sino el vicio mismo.
- “Globalización”
Eres muy pobre y serás más pobre.
Ahora sólo los ricos se enriquecen.
- Gemelo pide en matrimonio a Maronila, y la desea y la acosa y le suplica y le ofrece regalos. ¿Tan guapa es? – Ca, no hay cosa más fea. ¿Qué busca, pues, y le agrada en ella? – Tose.
- Libro II, 29
La fama dice, Fidentino, que lees mis libros al público como si fueran tuyos. Si quieres decir que son míos, te enviaré mis poemas gratis: si quieres decir que son tuyos, cómpralos para que no sean míos.
- Libro II, 64
Eres bonita, lo sabemos, y joven, es cierto, y rica ¿quién puede, pues, negarlo? Pero, cuando te alabas en exceso, Fabula, no eres ni rica, ni bonita, ni joven.
- Libro X, 110
Te quejas, Velox, de que escribo epigramas largos. Tú mismo no escribes nada: tú los haces más breves.
- Libro III, 8
Quinto ama a Tais. ¿A qué Tais? A Tais la tuerta. A Tais le falta un ojo, a él los dos.
- Libro X, 47 “ A Julio Marcial, sobre las cosas necesarias para una vida feliz”
Las cosas que hacen la vida feliz, mi muy entrañable Marcial, son éstas:
Una hacienda conseguida no a fuerza de trabajar, sino por herencia.
Un campo no desagradecido, un fuego perenne.
Nunca un pleito, pocas veces las formalidades, una mente tranquila.
Unas fuerzas innatas, un cuerpo sano.
Una sencillez discreta, unos amigos del mismo carácter.
Unos ágapes frugales, una mesa sin afectación.
Una noche sin embriaguez, pero libre de preocupaciones.
Un lecho no mustio y, sin embargo, recatado.
Un sueño que haga fugaces las tinieblas: querer ser lo que se es y no preferir nada, ni temer ni anhelar el último día.
Segovia, 14 de febrero del 2026
Juan Barquilla Cadenas.