LA GUERRA DE TROYA: El ardid del caballo de madera y Laocoonte
La guerra de Troya se cuenta en la obra de Homero, la Ilíada y algo también en la Odisea, obra ésta que cuenta los “nostoi” (los regresos) de los guerreros griegos a su patria después de la destrucción de Troya, centrándose sobre todo en el héroe griego Ulises.
El término “Ilíada” procede de “Ilión” que significa “Troya”.
La “Ilíada” cuenta el último año de la guerra de los griegos contra los troyanos, después de llevar peleando ya nueve años.
Los griegos habían acudido a esta guerra convocados por Agamenón, hermano de Menelao, rey de Esparta, a quien le había sido arrebatada su esposa Helena por parte de Paris, hijo del rey de Troya Príamo.
La mayor parte de los reyes de Grecia se vieron obligados a ir a la guerra para cumplir el juramento que habían realizado cuando Menelao se casó con Helena.
Pues, cuando Helena llegó a la edad de casarse, tuvo muchos pretendientes de toda Grecia, animados por la fama de su gran belleza y porque ella y su futuro esposo reinarían en Esparta.
Su padre Tindáreo, temiendo provocar una guerra entre los pretendientes rechazados, siguió un consejo de Ulises. A cambio, prometió a éste su ayuda para conseguir a su sobrina Penélope como esposa.
El consejo de Ulises consistía en arrancar a los pretendientes el juramento de acatar la decisión que se adoptase sobre quién sería el esposo de Helena y la obligación de acudir en auxilio del elegido si en algún momento su esposa le fuese seducida o raptada.
Una vez realizado el juramento, Tindáreo (padre de Helena) eligió como marido de Helena a Menelao, hermano de Agamenón, rey de Micenas, que estaba casado con su otra hija, Clitemnestra.
Cuando Helena fue raptada por Paris, que se la llevó a Troya, casi todos los reyes de Grecia fueron convocados por Agamenón para ir a la guerra contra los troyanos.
Pero, aunque muchos estaban obligados por el juramento, no todos acudieron de buena gana cuando se les convocó. Por ejemplo, Ulises se fingió loco y labraba la arena de la orilla del mar con dos animales de diferente especie y sembraba sal.
Pero Palamedes descubrió el engaño poniendo en el surco al pequeño Telémaco (hijo de Ulises), pues su padre al llegar a él, por no herirle, levantó el arado, y Palamedes lo obligó a partir con él a la guerra.
Durante el asedio a Troya, Palamedes se distinguió en muchas ocasiones por la cordura y el equilibrio de sus opiniones y por su valor. Pero Ulises no le perdonó que le desenmascarara, y con un engaño y traición consiguió que le mataran.
La madre de Aquiles, la diosa Tetis, para evitar que Aquiles fuera a la guerra, lo disfrazó de mujer en la corte de Licomedes, rey de Sciros, pero Ulises con una estratagema lo descubrió y Aquiles marchó también a la guerra.
Pero, ¿cómo Paris, el hijo de Príamo, rey de Troya, logró seducir a Helena y llevársela a Troya?
El asunto viene de muy atrás: fue en las bodas de Tetis (nereida) y Peleo (padres de Aquiles), a la que asistieron toda la nobleza e incluso los mismos dioses, que habían sido invitados excepto Eris (la diosa de la discordia), pero ésta, al final del banquete, apareció por allí y arrojó una manzana de oro con la inscripción “para la más hermosa”, y las diosas Atenea, Hera y Afrodita, que estaban presentes, querían apoderarse de ella.
Entonces tuvo que intervenir Zeus y ordenó al dios Hermes (el mensajero de los dioses) que las llevase al monte Ida y que Paris (pastor entonces en el monte) decidiera cuál de las tres diosas era la más hermosa. Las tres diosas intentaron sobornarlo ofreciéndole distintos dones: Hera le ofreció poder político y tierras; Atenea sabiduría y destreza militar, y Afrodita le ofreció la mujer más hermosa de la tierra. Esa mujer era Helena, la esposa del rey Menelao.
Paris fue enviado a Grecia para recoger la herencia de Hesione, esposa de Telamón y hermana de Príamo. Fue, pues, a Esparta, donde fue recibido hospitalariamente por Menelao y Helena.
Sin embargo, durante su estancia allí Menelao tuvo que viajar a Creta para asistir al funeral por la muerte de su abuelo materno.
Afrodita provocó que Helena se enamorase de Paris, y los amantes huyeron juntos de Esparta con el tesoro de Helena a Troya, mientras Menelao se encontraba aún en Creta.
En la guerra va a haber distintos enfrentamientos entre griegos y troyanos, y van a sobresalir en ella distintos “héroes”, pero sobre todo Héctor por parte de los troyanos y Aquiles por parte de los griegos.
Un momento importante de esta guerra se va a producir cuando Agamenón, jefe del ejército griego, rapte a Criseida, hija del sacerdote de Apolo, Crises. Éste la reclama a Agamenón, pero no le hace caso y le desprecia. Entonces Crises suplica al dios Apolo, y éste desencadena una terrible peste entre los griegos. Finalmente, Agamenón devuelve a Criseida a su padre, pero a cambio se queda con Briseida, esclava que le había tocado en suerte a Aquiles.
Aquiles, herido en su orgullo, se niega a seguir combatiendo y suplica a su madre Tetis que consiga que la diosa Hera apoye a los troyanos y cause la destrucción de los griegos.
Los troyanos ganan terreno, y Agamenón, arrepentido, envía a Ulises con una embajada para convencer a Aquiles de que vuelva a luchar, pero éste se niega.
Los troyanos asaltan el campamento griego. Ayax (combatiente griego) consigue, al final, mantenerlos a raya. Ante lo desesperado de la situación, Patroclo, amigo íntimo de Aquiles, le suplica que le deje combatir con sus armas al frente de los “mirmidones” (los soldados de Aquiles) y éste accede.
Patroclo, dejándose llevar por su soberbia, después de matar a varios troyanos, es herido por Euforbo y Héctor le mata.
Aquiles jura venganza por la muerte de su amigo Patroclo.
Aquiles vuelve al combate y mata a tantos troyanos que llega a obstruir la corriente del río Janto. Los dioses no se ponen de acuerdo a quién favorecer.
Aquiles y Héctor se persiguen ante las murallas de Troya.
Zeus pesa sus almas y concluye que Héctor debe morir.
Finalmente, Héctor, engañado por Atenea (que favorece a los griegos), muere a manos de Aquiles.
Aquiles celebra unos espléndidos funerales para Patroclo y arrastra cada mañana el cadáver de Héctor alrededor de las murallas de Troya. Los dioses se apiadan de Héctor y Zeus envía a Tetis para que amoneste a su hijo.
Príamo, padre de Héctor, va disfrazado a la tienda de Aquiles y le suplica que le devuelva el cadáver de su hijo. Finalmente, Aquiles accede y los troyanos pueden celebrar sus funerales en la ciudad.
Pero lo que va a acabar con la ciudad de Troya va a ser la estratagema del caballo de madera, ideada por Ulises. Mas la descripción de este acontecimiento no está expuesta en la “Ilíada”, sino en la “Odisea” y, sobre todo, en la “Eneida” de Virgilio, en el libro II.
Los griegos fingen retirarse a su patria, pero dejan junto a la playa un enorme caballo de madera, y hacen correr el rumor de que es un “exvoto” (una ofrenda) para conseguir una vuelta venturosa.
En realidad, han ocultado su flota en una isla cercana, la isla de Ténedos, y el enorme caballo de madera está repleto por dentro de guerreros griegos. El caballo había sido construido por Epeo (soldado griego) con la ayuda de Atenea.
Los troyanos abren las puertas de las murallas y ven la llanura, donde había estado el campamento griego, desierta y junto a la playa un enorme caballo de madera. Unos son partidarios de introducirlo en la ciudadela y otros de quemarlo y arrojar sus cenizas al mar.
En esto aparece Laocoonte, sacerdote de Apolo Timbreo en Troya, que tiene dos hijos, y recrimina a los troyanos que quieran introducirlo en la ciudadela y pronuncia la frase: “timeo Danaos et dona ferentes” (desconfío de los Dánaos (griegos) incluso cuando traen regalos), alertando a los troyanos de que podía ser una trampa, que dentro del caballo podía haber tropas aqueas (griegas) y sugirió quemarlo, pero los troyanos no le hicieron caso. Aun así, lanzó una jabalina contra el vientre del caballo que resuena hueco.
También se había opuesto a que se introdujera el caballo de madera Casandra, hija de Príamo y Hécuba, profetisa troyana, pues sabía que el caballo estaba lleno de guerreros griegos, pero no la creyeron. Casandra fue amada por Apolo, a quien no correspondió, y se atrajo el resentimiento y la venganza del dios. Para seducirla, éste le concedió el don de la profecía, pero, cuando Casandra se negó a unirse con él, hizo que pudiera adivinar lo que iba a pasar, pero que nadie la creyera. Así se reían de sus predicciones sobre las terribles desdichas de Troya.
Después de la ocupación de Troya, durante la cual fue violada por Ayax Oileo en el templo de Atenea, Agamenón la llevó a Argos como esclava y, aunque ella sabía lo que iba a pasar al llegar a casa de Agamenón, fue víctima de la matanza llevada a cabo por Clitemnestra cuando asesinó a su marido Agamenón.
En eso traen unos pastores troyanos a un hombre, que habían encontrado escondido entre los juncos, cerca de la playa. Éste resulta ser Sinón, un actor que los griegos habían dejado allí para persuadir a los troyanos de que introduzcan el caballo de madera en la ciudadela.
Sinón les dice a los troyanos que él es griego y que había escapado de ser sacrificado, a petición de Ulises, que le tenía como enemigo, por ser él amigo de Palamedes, al que Ulises ordenó matar, porque, según Ulises, se oponía a que siguiera la guerra contra Troya.
Entonces Ulises, de acuerdo con el adivino Calcante, le había señalado a él como víctima propiciatoria, porque un oráculo había dicho que, al igual que cuando salieron, tuvieron que hacer un sacrificio (sacrificaron a Ifigenia, la hija menor de Agamenón) ahora también para partir de Troya y tener un viaje venturoso, tenían que sacrificar a un griego.
Los troyanos le dicen que no se preocupe, aunque sea un griego, que a partir de ese momento ya es un troyano.
Le preguntan por qué han dejado ese caballo tan grande, y dice que es un regalo a la diosa Palas Atenea, en desagravio por el robo del “Palladion” (estatua de madera de Atenea) por parte de Ulises y Diomedes, tras matar a la guardia del alcázar, donde estaba el “Palladion”. Pues había una profecía de que, mientras el “Palladion” estuviese en la fortaleza de Troya, no podrían conquistar la ciudad.
Luego le preguntan que por qué lo habían hecho tan grande, y dice que para que los troyanos no pudieran introducirlo en la ciudadela, pues entonces Troya no podría ser conquistada al volver a estar bajo la protección de Atenea.
Y, mientras Laocoonte sacrificaba un toro a Neptuno, de repente dos serpientes enormes se dirigen hacia la orilla y, aunque se dirigen directamente hacia Laocoonte, antes cogen a sus dos hijos. Laocoonte va a defenderlos, pero él también es ahogado por las serpientes. Y, una vez ahogados padre e hijos, las serpientes se dirigen al santuario de Atenea.
Se corre la voz de que Laocoonte ha merecido el castigo por lanzar su jabalina contra la ofrenda de Atenea (el caballo de madera).
Entonces los troyanos abren las murallas de la ciudad e introducen el caballo en la ciudad e hicieron grandes fiestas.
Por la noche, Sinón abrió la puerta del caballo e hizo salir a los héroes griegos que se hallaban escondidos dentro.
Después se abren las puertas de la ciudad al ejército griego que con ayuda de la oscuridad habían desembarcado nuevamente, y prenden fuego a la ciudad, matando a los troyanos y haciendo esclavas a las mujeres.
Como se ve, en el resultado o final de la “guerra de Troya” tuvo mucho que ver la astucia de Ulises, pero también la influencia de los dioses, que son los que verdaderamente mueven los hilos de los acontecimientos.
Segovia, 28 de febrero de 2026
Juan Barquilla Cadenas.