TEOFRASTO: CARACTERES
Teofrasto (372-288 a. de C.) nació en Éreso (Lesbos) y fue discípulo de Aristóteles.
Dirigió el Liceo, como sucesor de Aristóteles, desde el 322 /321 a. de C. hasta su muerte.
Teofrasto fue considerado durante muchos siglos como un simple discípulo de Aristóteles (un discípulo que difirió de su maestro en algunos puntos, principalmente de metafísica y que prosiguió la tradición investigadora y compiladora del Liceo en un sentido preponderantemente naturalista).
Era conocido especialmente por su obra titulada “Caracteres éticos”, que influyó grandemente sobre posteriores clasificaciones de caracteres y tipos psicológicos, y que fue renovada por La Bruyère en “Les caracteres de Theophraste y les caracteres ou moeurs de ce siecle” (1688).
Pero toda la exposición de la obra de Teofrasto, en el momento presente, debe considerarse como provisional.
En efecto, por un lado, se ha mostrado que en la esfera de la Lógica su contribución fue mucho mayor de lo que solía imaginarse. I. M. Bochenski ha mostrado que Teofrasto debe ser considerado como uno de los grandes lógicos de la época.
Por otro lado, se ha indicado que la contribución de Teofrasto al “corpus aristotelicum” puede ser mayor de lo que se había sospechado.
En la lista de título de obras de Teofrasto dada por Diógenes Laercio aparece la multiplicidad de intereses del filósofo: lógica, moral, política, botánica, geología, física, historia de las opiniones (de los físicos), caracterología, metafísica, psicología.
De esta extensa obra solamente nos quedan dos escritos de botánica sobre los orígenes de las plantas (Περὶ φυτῶν αἰτιῶν), y descripción de las plantas, varios breves tratados de ciencia natural, los mencionados Ἡθικοὶ χαρακτῆρες (Caracteres éticos), una parte de la Metafísica, fragmentos de sus “Opiniones de los físicos” (Φυσικῶν δόξα), fragmentos de Meteorología, fragmentos de un tratado sobre los animales y algunos otros.
En ciertos casos es difícil distinguir entre lo que corresponde a Teofrasto y lo que fue aportado por Eudemo (discípulo también de Aristóteles).
Merece particular mención el análisis realizado por Teofrasto sobre el concepto de “Nous” (Mente), como parte superior y divina del hombre, y su crítica de varios puntos de la metafísica aristotélica, la cual muestra, según Teofrasto, algunas contradicciones.
Una parte de la obra de Teofrasto está dedicada a polemizar contra las concepciones cosmológicas estoicas en defensa de los “peripatéticos”. Así, Teofrasto defendió la doctrina peripatética de la eternidad del mundo contra la teoría estoica de los ciclos cósmicos o eterno retorno. (Diccionario de Filosofía. José Ferrater Mora).
Los “Caracteres” de Teofrasto es una muestra de los defectos -que no de los vicios- que aquejan frecuentemente a la gente mediocre y carente de formación.
Teofrasto supo subrayar la vigencia de la introspección y de la pintura de caracteres.
Este “pequeño gran libro”, como lo define certeramente J. M. Edmonds en el prólogo de su edición, fue compuesto con cierta probabilidad, en torno al 319 a. de C.
Teofrasto, desde la altura de su medio siglo de vida, se permite describir una serie de congéneres de distinta especie aplicando su fino sentido de la observación, desarrollado a lo largo de años de metódica investigación científica.
En muchos casos los rasgos diferenciadores son mínimos; sin embargo, para un experto en el arte de la clasificación de los elementos de la naturaleza, estos matices son más que suficientes para definir con toda precisión una variedad, a pesar de otras muchas notas comunes.
Todavía hoy sus descripciones tienen plena vigencia, pues ha sabido captar lo que es esencial y, al mismo tiempo, pertinente en cada tipo psicológico.
No se trata de sesudas reflexiones o de exquisitas disquisiciones sobre la condición humana en la estricta línea de la investigación aristotélica, sino de una bocanada de humor sano y reconfortante sobre los defectos inherentes a nuestra calidad de seres racionales.
La lectura de estos breves capítulos produce un efecto catártico sobre nuestra propia conducta y acrecienta la capacidad de comprensión y de ternura hacia el prójimo y sus debilidades.
No hay una visión inmisericorde de nuestros errores ni una actitud punitiva o moralizadora, tan sólo un dibujo hecho con finos trazos e intención caricaturizante.
Los defectos descritos no son los más representativos, no los más frecuentes. Quizá la colección esté incompleta y su número fuera superior a los treinta tipos dibujados. Tal vez existiese una segunda parte en la que se analizasen los temperamentos modélicos.
El término griego “kharakter” (χαρακτήρ) servía originariamente para designar el instrumento que deja una huella o graba, por ejemplo, el troquel y, también, el efecto de esta acción, esto es, la impronta marcada. Un uso metafísico del vocablo le llevó a significar “señal”, “distintivo”. Probablemente bajo esta acepción lo utilizó Teofrasto, quien tal vez introdujo la novedad de aplicarlo al alma humana.
El siguiente paso ha sido, a raíz de su vinculación con el mundo del comportamiento, considerarlo equivalente al modo de ser peculiar de una persona. Al menos así lo testimonia Menandro (342 a. de C. – ca. 292 a. de C.) cuando afirma: “El carácter de un hombre queda patente a través de su palabra”.
Menandro, discípulo de Teofrasto, fue el auténtico creador de la “comedia de caracteres”. El enorme éxito que cosechó se tradujo en la configuración de una nueva estética basada en el análisis psicológico de los personajes.
Inició un camino de modernidad en la literatura que llega hasta nuestros días.
Aparte de esta vía de penetración indirecta, el opúsculo (Los Caracteres) ha ejercido una influencia mediata o inmediata en muchos autores.
El análisis etológico (del comportamiento / conducta) fue emprendido en España por el doctor Huarte de San Juan, en su “Examen de ingenios para las ciencias”, publicado en 1575.
El tratado es un notable intento de analizar los distintos tipos de inteligencia y de relacionar las facultades mentales con la complexión física, con el fin de discernir las aptitudes de cada individuo.
También fue un notable psicólogo el jesuita Baltasar Gracián, como puede verse sobre todo en su obra, “El Criticón” (1651).
Teofrasto fue un consumado empirista. Por esta razón, dentro del espectacular desarrollo alcanzado por la Psicología durante el siglo XX, tal vez sea la “conductista” la escuela científica más afín a su metodología.
Teofrasto empieza diciendo: “Muchas veces en el pasado, al reflexionar sobre esta cuestión, me he preguntado con extrañeza por qué razón, en última instancia, acontece que, aun gozando Grecia de un mismo clima y habiendo recibido todos los griegos una idéntica educación, no tengamos una misma forma de comportamiento.
Pues bien, Policles, desde hace mucho tiempo yo vengo observando la naturaleza humana: he cumplido noventa y nueve años y, por tanto, he tenido trato con muchas y variopintas personalidades.
En consecuencia, tras una minuciosa comparación entre seres buenos y malos, he considerado un deber describir cuáles son sus respectivas conductas en la vida.
Yo te voy a exponer, de una manera ordenada, los diferentes tipos de caracteres que a éstos les corresponden y la manera que ellos tienen de regirse”.
De los treinta caracteres analizados he elegido unos cuantos como muestra de la obra.
1. VII. De la locuacidad
La locuacidad, si alguien quisiera definirla, parecería ser una incontinencia de palabra.
El locuaz es un individuo de estas características: ante cualquier cosa que le haya dicho la persona con quien se haya encontrado, él replicará que no es así, que está muy bien informado y que, si le presta atención, le pondrá al corriente del asunto. Mientras que aquél le contesta, él le interrumpe diciendo: “No te vayas a olvidar de lo que me quieres contar”, y “Haces bien en recordármelo”, y “¡Qué interesante es cambiar opiniones!”, y “Algo que pasé por alto”, y “Has captado al vuelo el asunto” y “Desde hace un rato yo estaba esperando para ver si llegabas a mi misma conclusión, y le gratifica con otras salidas como éstas, de forma que el interlocutor no tiene tiempo ni de respirar. Después que ha dejado fuera de juego a todos, uno por uno, aún tiene arrestos para acercarse a los que forman una tertulia y provoca que salgan huyendo, aunque estuvieran hablando de sus negocios. Asimismo, cuando entra en las escuelas y palestras, impide que los alumnos continúen sus tareas, hasta tal punto distrae la atención de los que dirigen los entrenamientos gimnásticos y de los maestros.
Cuando está al corriente, informa de los asuntos de la Asamblea y, además, pasa a contar el enfrentamiento verbal entre oradores que tuvo lugar ya hace tiempo, durante el arcontado de Aristifonte, y los discursos que él mismo llegó a pronunciar ante sus conciudadanos con gran éxito. Al tiempo que sigue con su relato, lanza invectivas contra la multitud, de manera que sus oyentes pierden el hilo, cabecean o se marchan, dejándole con la palabra en la boca.
Impide con su verborrea que se desarrolle el juicio, cuando forma parte de un jurado, que se contemple el espectáculo en el teatro y que se coma a gusto en una cena.
Asegura que para un hablador es un tormento permanecer callado, que la lengua está en su elemento y que, aunque corriera el riesgo de parecer más charlatán que las golondrinas, no podría estar en silencio.
2. X. De la sordidez
La sordidez es un ahorro excesivo de gastos.
El sórdido es un individuo dispuesto a presentarse en una casa antes de que finalice el mes para reclamar un semióbolo de interés.
Cuando toma parte en una comida a escote, se encarga de contar cuántas copas ha bebido cada uno y él es, de entre los comensales, quien ofrece el presente más insignificante en honor de Ártemis.
Si alguien, habiéndole comprado unas cuantas cosas a buen precio, pretende cobrárselas, le replica que son superfluas.
Si un criado le rompe una olla o una fuente, le descuenta su importe con cargo a su sustento.
En el caso de que su mujer pierda un tricalco (moneda que representa una cantidad irrisoria, por ejemplo, “tres céntimos”) cambia de sitio los muebles, las camas y las arcas, y escudriña los revestimientos del suelo.
Cuando vende algo, lo hace a un precio tal, que no beneficia al comprador.
No permite que se tome un higo de su huerto, ni que se pase por su terreno o se recoja una aceituna o un dátil de los que yacen caídos por tierra.
A diario comprueba si las señales de su propiedad están en su sitio.
Está dispuesto a denunciar la morosidad en los pagos y a exigir los intereses de los intereses.
Cuando ofrece una comida en honor de los miembros de su demo (barrio), les sirve carne en trozos pequeños.
Si sale de compras, vuelve sin haber adquirido nada.
También le prohíbe a su mujer que preste sal, mechas, comino, orégano, granos de cebada, cintas o tortas para los sacrificios, pues afirma que estas cosas sin importancia representan una bonita suma al cabo de un año.
En resumen, se puede observar que los cofres de los sórdidos están enmohecidos y sus llaves oxidadas.
Ellos llevan puesto unos mantos que apenas les cubren los muslos, se friccionan con el aceite contenido en unos ungüentarios muy pequeños, se cortan el pelo al rape, permanecen descalzos hasta el mediodía y piden a los que les limpian el vestido que le pongan abundante arcilla (producto detergente) para que no se ensucie rápidamente”.
3. XII. De la inoportunidad
La inoportunidad es una intervención extemporánea que perturba a las personas de nuestro entorno.
El inoportuno actúa de la forma siguiente:
“Se acerca a hacerle confidencias a alguien, cuando precisamente está ocupado.
Intenta cortejar a su amada, en una ocasión en que ella está con fiebre.
Va a pedirle que sea fiador a un individuo que acaba de ser condenado por un asunto de garantías.
Se presenta como testigo de una causa que ya ha sido juzgada.
Invitado a una boda, pronunciará duras acusaciones contra el sexo femenino.
Al que acaba de llegar de una larga caminata, le propondrá dar un paseo.
Asimismo, es capaz de traerle un comprador que ofrece más a quien ha cerrado un trato, y de levantarse y explicar todo desde el principio a los que ya tienen noticias y están al cabo del asunto.
Pone todo su empeño en prestar unas atenciones que el interesado no desea, pero que, por pudor, no sabe rehusar.
Cuando unas personas están celebrando un banquete, tras un sacrificio, se presenta para reclamar unos intereses.
Si delante de él se azota a un esclavo, él explicará que en una ocasión un criado suyo se ahorcó después de un castigo similar.
En el caso de que actúe de árbitro en un litigio, incita a las partes contendientes, a pesar de que ambas deseen una conciliación.
Y arrastra a bailar a alguien que todavía no está bajo los efectos del vino”.
4. XXX. De la codicia
La codicia es una pasión por un tipo de ganancia vergonzante.
La persona aquejada de este defecto es capaz de, en un banquete organizado por ella, no servir pan en cantidad adecuada y de pedirle un préstamo al huésped que ha acogido en su casa.
Si recibe el encargo de distribuir la carne, mantiene que es justo que se dé una ración doble al que hace el reparto e, inmediatamente, se asigna su porción.
Si vende vino, se lo traspasa al amigo ya mezclado con agua.
Acude con sus hijos a un espectáculo en el preciso momento en que los organizadores dejan entrar de balde.
En el caso de que realice un viaje con cargo al erario público, deja en casa el viático proporcionado por la ciudad (el dinero en dietas) y le pide dinero en préstamo a los compañeros de la misión oficial.
Hace que el esclavo que le acompaña lleve un peso superior al que puede soportar y, en cambio, le suministra menos cantidad de alimentos que a los demás.
Tras haber reclamado su parte de los regalos ofrecidos por los anfitriones, los vende.
En el momento de ser ungido con su aceite en el baño público exclama: “¡Me has comprado un aceite rancio, calamidad! Y acto seguido, se perfuma con el ajeno.
Cuando sus servidores encuentran algo de calderilla en las calles, él está dispuesto a exigir su parte, asegurando que es un bien común.
Si da su manto a lavar, pide uno en préstamo a algún conocido y deja pasar varios días hasta que se lo reclaman.
Él lleva a cabo otras arbitrariedades como éstas:
Reparte personalmente los víveres a sus esclavos sirviéndose de una medida fidonea (medida de Argos de menor capacidad que las de Atenas) de fondo abollado y cuidando de que esté muy al ras.
Compra a bajo precio de un amigo confiado cualquier género de existencias para luego venderlo a su precio habitual.
Si paga una deuda de treinta minas (unidad monetaria que equivale a 100 dracmas), procura dar un tetradracma de menos (= cuatro dracmas).
En el caso de que sus hijos no vayan a la escuela durante el mes completo por una enfermedad, descuenta de la retribución la parte proporcional.
En el mes de Antesterión (febrero-marzo) no los manda a clase a causa de sus muchas fiestas, para así ahorrarse el importe.
Cuando cobra la contribución que le abona el esclavo, exige que se le compense la depreciación sufrida por la moneda de cobre y, también, cuando recibe las cuentas del administrador.
Si él organiza el banquete de la “fratría”, pide que se le aparte comida del fondo común para sus esclavos personales.
De los rábanos medio mordisqueados que se retiran de la mesa, toma nota para que no los coja el servicio.
Cuando emprende viaje en compañía de unos conocidos, emplea a los criados de éstos y alquila el propio para que trabaje fuera; en cambio, no aporta al grupo el beneficio obtenido.
Por supuesto, en el caso de que se celebre una reunión en su casa, lleva cuenta pormenorizada de todo cuanto ha corrido de su cargo: leña, lentejas, vinagre, sal y aceite para la lámpara.
Cuando uno de sus amigos se casa o promete a una hija, se ausenta un cierto tiempo antes de la fecha para ahorrarse un regalo.
Y también suele pedir prestadas a sus amigos cosas que, por su escaso valor, uno no se atrevería a reclamar ni tampoco a cogerlas con presteza en el momento de su devolución.”
(Teofrasto. Caracteres. Introducción y Notas de Elisa Ruíz García. Edit. Planeta Deagostini).
A través de la descripción de estos 30 tipos o caracteres se puede ver cómo era la vida cotidiana en la Atenas del siglo IV a. de C.
Segovia, 19 de septiembre de 2026
Juan Barquilla Cadenas.