"Un puesto de tacos le conviene más al país que un puesto burocrático, pero los altos funcionarios suponen que sus propios empleos son el modelo al que aspira la humanidad. Asi, sus buenas intenciones perpetúan la pobreza. Gabriel Zaid, Empresarios Oprimidos,
"Buenas intenciones, malos resultados: política social, informalidad y crecimiento económico en México". Santiago Levy.
" ¿Qué pasaría si la Organización Internacional del Trabajo (OIT) dejara de considerar como ocupados a individuos que sólo llegaron a trabajar una hora en la semana de referencia? Rodrigo Negrete Prieto
"Good quality national accounts are vital for economic policy making and research… Lack of coverage causes problems for users both in terms of levels and trends". OECD
"El empleo creció (en México) 81% en junio (20150" Enrique Peña Nieto via Twitter
Hoy, 28 de septiembre 2015, anuncia INEGI México: La tasa de desocupación de la PEA se ubica en 4.7%. o sea que aumentaron los empleos, aunque hace un mes se reportó por estudio internacional que el número de pobres aumentó.
La mayoría de los mexicanos y de las mexicanas no creen nada de estos datos y ni los leen, pero INEGI, en oigo lo que quiero y no lo que se debe, abunda la letanía:
"Por entidad federativa, detalla en su reporte, las mayores tasas de desocupación en agosto se registraron en Tabasco con 6.5%, Nayarit con 6.4% y Estado de México con 5.8%. Por el contrario, abunda, las menores tasas de desocupación se presentaron en Guerrero con 2.1%, Yucatán con 2.7% y Campeche con 3.0%. El Instituto señala que la población ocupada alcanzó 95.3% de la PEA en el octavo mes de este año y que del total de ocupados, 67.7% opera como trabajador subordinado y remunerado ocupando una plaza o puesto de trabajo, y 22.7% trabaja de manera independiente o por su cuenta, sin contratar empleados. la población ocupada por sector: los servicios 42.1% del total, el comercio 19.1%, la industria manufacturera 16.5% y en las actividades agropecuarias 13.1%."
Un hecho bien estudiado es que la TD no es una medida del avance del empleo ni tampoco una medición que refleje la prosperidad o la pobreza, lo único que indica es la medición de lograr el equilibrio del mercado laboral, utilizando modelos que desde hace tiempo son obsoletos.
¿Y por qué?
Se utiliza porque es base de un acuerdo de la OIT para estandarizar los criterios de medición en las naciones, pero no indica que forzosamente se debe de seguir un patrón ni que este puede ajustarse para mayor precisión, pero en Latinoamérica como nadie reclama, sigue aplicándose un método que al final de cuentas poco dice. La OECD desde 2001 ya ha recomendado otros métodos, México hace caso omiso[i].
El bajo nivel que tiene la Tasa de desempleo (TD) medida por el INEGI en México en el contexto de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha sido por tradición una fuente de perplejidad y motivo de cuestionamiento del dato. A algunos analistas les parecen inaceptables los niveles registrados en la TD en un país con tanta pobreza y con lo que ve en la calle y en el campo.
O de otra forma, ¿Cómo es posible que la TD en Estados Unidos de América (EE.UU.) se ubique en 7.2% y en España se aproxime a 14%, mientras que en México apenas alcanza 5%?
La tasa de desocupación o desempleo abierto no es, en sí, la medida del déficit de oportunidades de trabajo.
La causa es por supuesto el método, ya lo decía Karl Popper, el método puede darte resultados que no son. Ejemplo práctico, lo que tiene qué hacer una Encuesta de INEGI, y que no lo hace, es distinguir al interior de la PNEA entre lo que se denomina población disponible y población no disponible, en especial porque las personas del primer grupo (disponibles), aunque no están ocupadas ni tampoco presionando en el mercado de trabajo en el momento de la encuesta (a diferencia de los desocupados que sí presionan de manera activa), bajo ciertas circunstancias podrían decidir incorporarse al mundo laboral y cambiar el escenario. Los disponibles (si bien no son PEA o fuerza laboral vigente en el periodo de análisis) pudieran considerárseles como una fuerza laboral potencial o latente que no hay qué perder de vista, que que por no estar presentes no se les debe ignorar.
Así, gran parte de la explicación es que la gente que ya se harta de buscar trabajo formal porque no lo ha encontrado en 6 meses, un ano, dos o tres años, deciden hacer otra cosa, por ejemplo la informal, negocios de tranzas o alguna otra actividad que las hace desaparecer de la escena de los que levantan la mano o están disponibles.
Las explicaciones tradicionales sobre el porqué la tasa de desempleo abierto en México no es tan alta como en países más desarrollados señalan que en el nuestro, al no existir un seguro de desempleo y tampoco los ahorros necesarios para estar desempleado mientras se consigue un trabajo, los desocupados se dedican a cualquier actividad que les represente un ingreso, aun si no es la que desearían.
Otra explicación difícil de perder de vista es que, siendo la desocupación un indicador de presión activa en el mercado de trabajo, resulta claro que México, a lo largo de los años, ha ido transfiriendo —a través de esa válvula de escape que es Estados Unidos— su presión al mercado laboral estadounidense. El mismo fenómeno, visto no bajo la analogía de una mecánica de vasos comunicantes sino más bien como intercambios económicos, reconocería que la demanda de servicios laborales que influye en México (o en algunos de sus tramos de fuerza de trabajo) es supranacional y que, por ende, el nivel de la TD ha sido menos el reflejo de un déficit de oportunidades en México que la expresión de un mercado laboral globalizado de facto.
El otro tema, es que el INEGI toma como fuerza de ocupados a los que reciben un salario mínimo por tiempo de al menos una hora al día. Un corolario de las reglas de prioridad es que el empleo siempre tiene prioridad sobre otra actividades, independientemente de la cantidad de tiempo dedicado a la misma durante el período de referencia; asi la persona que trabaja aunque sea por una hora durante el día se clasificará el período de referencia tal como se emplea en la base de la fuerza de trabajo marco, aunque él o ella podrá, en el mismo tiempo de estar buscando trabajo adicional o ir a la escuela. Se deduce que de entrada todo el trabajo correspondiente, por poco que sea en términos de las horas trabajadas, también debe tenerse en cuenta. Un aumento en el número mínimo de las horas trabajadas en la definición de empleo distorsionaría este tipo de análisis ".
Por último ¿cómo explicar que la propensión a la búsqueda de trabajo sea menor entre estratos socioeconómicos bajos, que en Guerrero y Oaxaca por ejemplo el desempleo es menor que en DF o Nuevo León? La razón tiene que ver con que todos los agentes económicos, al tomar decisiones, enfrentan el costo de oportunidad que conlleva el irse por un camino y no por otro. En los estratos socioeconómicos más bajos y en un contexto de rezago salarial hay menos diferencia en los ingresos que se pueden obtener mediante un empleo asalariado que con el autoempleo; en contraste, para quienes poseen más capital humano, la búsqueda de trabajo es una inversión que puede rendir beneficios o, en todo caso, hace diferencia el incorporarse a un trabajo asalariado a, simplemente autoemplearse. Dicho de otra manera, los estratos socioeconómicos medios (más inmersos en la gestación de algún capital humano) tienen otra apuesta y otro horizonte de expectativas que se traducen en una inversión llamada búsqueda de trabajo.
En agosto del 2015, México cumplió 39 años de crisis recurrentes, algunas autoinfligidas, otras no, pero en las que el esquema devaluación/depreciación-inflación ha proyectado su sombra desde cada una de ellas.
Descontando la inflación, el salario mínimo diario de agosto del 2015 valdría 12 pesos en agosto de 1976 frente a los 70 de ese año, es decir, el salario mínimo real al cabo de un periodo equivalente de un tercio de siglo ha perdido 82% de su poder adquisitivo. Si se quiere ver en sentido contrario y traemos el SM diario de 1976 al 2015 (es decir, si se hubiera indexado) valdría 250 pesos frente a los salarios mínimos nominales vigentes en agosto del 2015. Y para demostrar la desvinculación gobierno-sociedad, se anuncia un salario de 70 pesos diarios (4 dólares EE.UU.) unificado para todo el país.
El sector informal, Rey del empleo en la economía mexicana
Los salarios no son, desde luego, todo el precio del factor trabajo, también están las contribuciones patronales a la seguridad social. En un país con un imperio de la ley extremadamente débil como lo es México, es posible evadirlas en mayor grado y mediante otras formas de arreglo que en otras latitudes. Para poder visualizar hasta qué nivel esto tiene lugar en ámbitos que, incluso, van más allá del sector informal, resulta preciso entender cuál es el concepto de este último y hasta dónde llega, pues no todo se le puede atribuir a él. Intuitivamente todo mundo tiene una idea de lo que es. Como dijera alguna vez Hernando de Soto: el sector informal es como un elefante, cualquiera lo reconoce de inmediato cuando lo ve, más allá de que se puede trastabillar al intentar definirlo. De acuerdo con la XV CIET, 1993, el sector informal se define como todos los negocios unipersonales o familiares sin una personalidad económica y jurídica propia.
El sector informal no explica la totalidad de la evasión fiscal, tampoco explica, ni pretende hacerlo, toda la evasión de los mecanismos de la seguridad social que se presentan en una economía ya que hay medios tanto legales como ilegales para que empresas constituidas oculten la verdadera magnitud de los insumos laborales que involucran en sus procesos, así como la naturaleza de su relación con esa fuerza de trabajo.
A esto último se le denomina informalización de las relaciones laborales, es decir, un fenómeno que ocurre más allá del sector informal clásico (o sector no organizado o no estructurado de la economía) y que se manifiesta en el hecho de una fuerza laboral desprotegida, aunque esté plenamente ligada a los procesos de empresas formales.
Teniendo en mente entonces estas distinciones, volvamos a dirigir la mirada a México. De una ocupación total de 52.6 millones de personas que reporta la ENOE al cierre del 2015 (datos del IV trimestre), 28 millones son propiamente trabajadores subordinados remunerados (es decir, no son autoempleados, ni son patrones ni ayudantes familiares en negocios o parcelas agrícolas); de éstos, alrededor de 15 millones su trabajo no les da acceso a los servicios de salud, o sea, a la protección más básica de la seguridad social.
Una vez identificado este universo, los que operan en el sector informal —tal como se le define líneas arriba (negocios familiares sin una contabilidad registrada)— más los trabajadores domésticos remunerados que emplean los hogares suman un total de 7 millones; en otras palabras, de los cuatro grandes sectores institucionales de la contabilidad nacional (empresas constituidas en sociedad, empresas no constituidas en sociedad, instituciones y hogares), el último de éstos (hogares) da cuenta de sólo 44% de los casos de donde resulta que hay 9 millones de trabajadores remunerados no protegidos que laboran para unidades económicas formales, chicas o grandes, agrícolas o no, pero formales, dejando en claro el amplio margen de evasión de la seguridad social en México.
Es quizá inevitable que una práctica tan extendida de subdeclaración de producción de bienes y servicios se acompañe, asimismo, en alguna medida de una subdeclaración de nóminas, lo que permite movilizar más fuerza laboral sin contraer obligaciones hacia ella, aparte del pago de un salario, comisiones u honorarios. El poder de las encuestas en hogares, como la ENOE, radica en que puede detectar esto, además del autoempleo y otro tipo de fenómenos que nunca se verán desde los registros administrativos, los Censos Económicos o las encuestas en establecimientos.
Para tener una descripción completa del panorama laboral en México, ¿cuántos indicadores más son imprescindibles entre esos dos polos que son la TD y TCCO? Después de todo, la ENOE arroja cada trimestre más de 82 indicadores aparte de las variables en datos absolutos a los que expande su muestra.
Llegados a este punto, es importante retomar algunos de los elementos vertidos en las secciones anteriores. A un indicador de carácter estructural muy ligado a la problemática rural cabría añadir su contraparte, es decir, un indicador de impronta estructural íntimamente ligado a las estrategias de supervivencia urbanas, como la tasa de ocupación en el sector informal (TOSI). Junto a estos indicadores se requieren otros con mayor sensibilidad hacia el ciclo económico, como la TD y la de subocupación (TS) con un claro sesgo hacia lo urbano en el primer caso y de manera menos marcada en el segundo.
Concluyendo
La tasa de desocupación o desempleo abierto no es, en sí, la medida del déficit de oportunidades de trabajo sino, más bien, de un comportamiento ante ese déficit, es decir, es una medida de la presión activa que se está ejerciendo en un momento dado en el mercado laboral.
Entonces, ¿cuál es la medida de ese déficit laboral?, ¿cómo podemos tener una idea de cuántos empleos se necesitan más allá de esa sintomatología o calentura que es la presión del mercado de trabajo?, ¿acaso no se puede levantar el velo de la TD y ver el déficit de frente en toda su cruda magnitud y sin mediación conceptual alguna?
Estas preguntas, sencillas como lo aparentan en sus formulaciones, encierran varios supuestos, por ejemplo:
1) que todo el autoempleo informal es redimible con una oferta de empleos asalariados y que es racional hacerlo; algo brillantemente refutado desde hace décadas por Gabriel Zaid en El progreso improductivo, una de las obras maestras del ensayo mexicano del siglo XX24;
2) que se requiere crear un empleo por cada individuo en condiciones críticas de ocupación, cuando en realidad muchos de los que están en esa situación generan aportes marginales de ingreso de otro modo innecesarios si mejoraran las condiciones de quienes encabezan los hogares25;
3) que toda persona de la cual el hogar necesita que reparta su tiempo de manera más intensa en las actividades no económicas que en las económicas tomaría un empleo asalariado con horario fijo;
4) que el total de empleos es una cifra tras de la cual hay que ir como si la idea del pleno empleo no hubiera sido depositada desde hace décadas en el baúl de los recuerdos del pensamiento económico (ver nota 21) ó 5[ii]) que abatir el déficit de empleos formales es un valor económico y social absoluto como si no generara disyuntivas o trade offs con otros objetivos, tal como lo ha ilustrado la experiencia europea.
Por lo mismo que la Tasa de Desempleo es la resultante del acomodo de muchos factores, actores y agentes económicos a un escenario complejo que ha dado pie a más de una estrategia de supervivencia, no debe subestimarse su importancia en el marco de la crisis del 2015 y su secuela. Por primera vez desde las crisis iniciales del sector externo y depreciación que han afectado al país desde hace 39 años, algunos factores de amortiguamiento, como la emigración o el mismo sector informal, comienzan a dar señales de agotamiento; un escenario devaluatorio, éste ya no habrá de combinarse necesariamente con expansiones económicas de los EE.UU., similares a las que se vieran en el siglo pasado, ni tampoco la pérdida de empleos en México se compensará, como antes, con la masiva creación de ellos en el vecino país; en la medida en que la duración de la actual recesión del 2015 extienda su efecto en la economía norteamericana, es inevitable que la resultante sea una tasa de desocupación no sólo con un nivel distinto hasta el ahora observado sino, asimismo, con una composición social y demográfica diferente a la que le ha caracterizado. La TD no es el indicador que todo lo dice, pero está diciendo más que nunca.
Y referente al gobierno e INEGI: Traducido al lenguaje del análisis económico, no hay nada que haga suponer que el número de individuos dispuestos a proporcionar servicios laborales sea el mismo una vez difundida la noticia de que hay mejores empleos en el mercado (trabajo decente, como ahora está en boga); no hay nada que haga suponer que la presión en el mercado sea inelástica o indiferente al tipo y calidad de puestos de trabajo decentes. El problema, entonces, es que siempre se obtendrá una reacción mayor a la inicial que supuestamente motivó el cálculo, lo cual hace que el planificador corra en la banda de una caminadora en la que hay que ir cada vez más rápido sin avanzar para dar con una solución satisfactoria[iii].
Referencias
http://www.ejecentral.com.mx/disminuye-desempleo-en-mexico/#sthash.C51ibETK.dpuf
http://www.inegi.org.mx/prod_serv/contenidos/espanol/bvinegi/productos/integracion/especiales/revista-inter/RevistaDigital2/Doctos/RDE_02_Art9.pdf
Zaid, Gabriel. 2015. Empresarios oprimidos. Amazon.com Kindle edition.
Heath, Jonathan (1996). "La problemática del empleo y desempleo en México˝. Revista de Ejecutivos de Finanzas. México
Levy, Santiago (2010). Buenas intenciones, malos resultados: política social, informalidad y crecimiento económico en México. México, DF, Océano
Negrete, Rodrigo (2001). "¿Por qué han sido bajas las tasas de desempleo abierto en México?˝. Notas. Revista de Información y Análisis, núms. 14 y 15. México. http://notecrom.com/content/files/692/file.pdf
Rouboud, Francois (1995). La economía informal en México: de la esfera doméstica a la dinámica macroeconómica. México, Siglo XXI.
OECD (2001). Handbook for Measurement of the Non-Observed Economy. Paris, OECD http://www.oecd.org/std/na/1963116.pdf
[i] OECD (2001). Handbook for Measurement of the Non-Observed Economy. Paris,
OECD
[ii] La normativa en la definición del concepto de desocupación o desempleo abierto fue establecido
en la XIII CIET de 1982; la del sector informal, en la XV de 1993; la de subempleo por
criterios de tiempo, derogando nociones previas como las de subempleo visible e invisible,
se estableció en la XVI CIET de 1998; en cuanto al trabajo no protegido, ya se hizo mención
de la XVII CIET del 2003. En la actualidad, se está impulsando al interior de la OIT la discusión
del concepto trabajo decente sobre el cual todavía no hay un consenso pues, más que
un indicador de estadística de captación directa o básica, se plantea como un compuesto
de varias fuentes de información, es decir, como un indicador de estadística derivada. Por
lo pronto, la ENOE da respuesta a los indicadores normados por la OIT planteados a nivel de
estadística básica.
Además ver Zaid, Gabriel. El progreso improductivo. Siglo XX1, tercera edición, México, 1981.
[iii] Heath, Jonathan (diciembre de 1996). "La problemática del empleo y desempleo en México˝. Revista de Ejecutivos de Finanzas. México.