"La primera cosa que me decía que era necesaria PARA
PURIFICAR
el interior de mi corazón,
era el aniquilamiento de mí misma, esto es, la HUMILDAD"
Vol. 1 (24-30)
Vol. 1 (24-30)
“Ahora hemos quedado solos, no hay ya quien nos disturbe, ¿no estás ahora más contenta que antes que debías contentar a tantos y tantos? Mira, es más fácil contentar a uno solo, debes hacer de cuenta que Yo y tú estamos solos en el mundo,
y Yo verteré en ti tales y tantas gracias que tú misma quedarás maravillada”.
Luego continuó diciéndome: “Sobre ti he hecho grandes designios, siempre y cuando tú me correspondas,
comenzando desde que nací hasta que morí;
Yo mismo te enseñaré un poco cada vez el modo como lo harás”.
Y sucedía así: Cada mañana, después de la Comunión me decía lo que debía hacer en el día.
Lo diré todo brevemente, porque después de tanto tiempo es imposible poder decirlo todo. No recuerdo bien, pero me parece que la primera cosa que me decía que era necesaria
era el aniquilamiento de mí misma, esto es, la humildad.
Y continuaba diciéndome: "Mira,
quiero hacerte comprender que por ti nada puedes. Yo me cuido muy bien de aquellas almas que se atribuyen a ellas mismas lo que hacen, queriéndome hacer tantos hurtos de mis gracias. En cambio con aquellas que se conocen a sí mismas, Yo soy generoso en verter a torrentes mis gracias, sabiendo muy bien que nada refieren a ellas mismas, me agradecen y tienen la estima que conviene, viven con continuo temor de que si no me corresponden puedo quitarles lo que les he dado, sabiendo que no es cosa de ellas.
Todo lo contrario en los corazones que apestan de soberbia, ni siquiera puedo entrar en su corazón, porque inflado de ellos mismos no hay lugar donde poderme poner; las miserables no toman en cuenta mis gracias y van de caída en caída hasta la ruina.
Por eso quiero que
y que si yo hubiera sido humilde me habría tenido más cerca a Él y no habría hecho tanto mal;
la afrenta que este miserable gusano había hecho a Jesucristo, la ingratitud horrenda, la impiedad enorme, el daño que le había venido a mi alma. Quedé tan espantada que