MUJERES Y BUDA DHARMA


Los hombres y las mujeres son diferentes; todo el mundo lo sabe.




 Pero, aparte de las diferencias externas anatómicas y sexuales primarias y secundarias, los científicos también saben que hay muchas otras diferencias sutiles en el modo en que el cerebro de unos y otras procesa el lenguaje, la información, la emoción, la cognición, etc.

 

Una diferencia interesante radica en la manera en que hombres y mujeres calculan el tiempo, juzgan la velocidad de las cosas, llevan a cabo cálculos matemáticos mentales, se orientan en el especio y visualizan objetos en tres dimensiones. En todas estas áreas, los hombres y la mujeres son diferentes psicológicamente y hay muchos más matemáticos, guías forestales, ingenieros mecánicos, arquitectos, etc. varones que mujeres.

 

¿Es simplemente cuestión de hábitos y del control masculino sobre el acceso de las mujeres a esas actividades o hay una diferencia mental básica?

 

De hecho, hay una diferencia psicológica en la manera en que ambos cerebros procesan el lenguaje y tratan con conceptos abstractos.

 

Las mujeres, dentro de un sistema social, son mejores sin duda que los hombres en las relaciones sociales, en reconocer los sobretonos emocionales en los demás y en el idioma, en la expresividad emocional y artística, en la apreciación estética, en el lenguaje verbal y en llevar a cabo tareas detalladas o planeadas de antemano. Como regla, también suelen ser mejores ejecutivas de alto nivel.

 

Por ejemplo, las mujeres en general pueden recordar listas de palabras o párrafos de texto mejor que los hombres. En el mundo de la sociobiología, Edward Wilson (Harvard) dijo que las hembras humanas tienden a superar a los machos en empatía, habilidades verbales, habilidades sociales y búsqueda de la seguridad, mientras que los hombres tienden a puntuar más alto en independencia, dominancia, habilidades espaciales y matemáticas, agresión relacionada con el rango y otras características.

 

Pero el aprendizaje cultural es muy poderoso e influyente en los humanos. ¿Acaso se les condiciona a las niñas a jugar con muñecas y cooperar entre sí más que a los niños, porque sus padres, profesores y compañeras las inducen a ajustarse a esos roles?

 

No obstante, las diferencias sexuales ya son visibles unos meses después del nacimiento, cuando la influencia social aún es escasa. En "Brain Sex", Anne Moir and David Jessel afirman que “estas diferencias discernibles y mensurables en el comportamiento se han marcado mucho antes de que las influencias externas hayan tenido ocasión de actuar. Reflejan una diferencia básica en el cerebro del neonato que ya conocemos –la eficacia superior del varón en la habilidad espacial, la mayor destreza femenina en el habla”.

 

Ahora, después de muchos estudios controlados cuidadosamente donde se eliminaba el ambiente y el aprendizaje social, los científicos han descubierto que puede existir gran cantidad de diferencias neurofisiológicas y anatómicas entre el cerebro de los varones y el de las hembras.

 

Es bastante lógico suponer que esas diferencias se generaron en el curso de la evolución por las distintas tareas necesarias en las primitivas sociedades tribales, donde la tarea de la caza, que requería fuerza y resistencia física, recayó sobre los hombres y la tarea de recolectar alimentos y organizar la vida diaria le tocó a las mujeres, ayudadas por su propensión, de base natural evolutiva, para la limpieza y otros comportamientos relacionados con la maternidad.

 

Si examinamos los resultados de los experimentos con técnicas neurocientíficas que permiten comprobar y examinar diferencias minúsculas en los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro, vemos que muestran que hay una región en el córtex cerebral, llamada lóbulo parietal inferior (LPI) que es significativamente más grande en las mujeres que en los hombres. Esta área es bilateral y se sitúa directamente sobre el nivel de los oídos (córtex parietal).

 

Es más, el lado izquierdo de este lóbulo parietal inferior es más grande en los hombres que el derecho. En las mujeres, la asimetría es inversa, aunque la diferencia entre uno y otro lado es menos pronunciada que en los hombres. Se ha sugerido que el tamaño del lóbulo parietal inferior guarda una alta correlación con las habilidades matemáticas mentales.

 

El funcionamiento es que el LPI le permite al cerebro procesar información de los sentidos y ayuda en la atención selectiva y la percepción. Hay estudios que relacionan el LPI derecho con la memoria que tiene que ver con entender y manipular relaciones espaciales y la habilidad de sentir las relaciones entre las partes del cuerpo. También tiene que ver con la percepción de nuestros propios afectos. El LPI izquierdo tiene que ver con la percepción del tiempo y la velocidad.

 

El doctor Godfrey Pearlson mostró que dos áreas de los lóbulos frontal y temporal relacionados con el lenguaje eram significativamente mayores en las mujeres, suministrando con ello una razón biológica para la superioridad femenina en pensamientos relacionados con lo verbal.

 

El volumen del área de Wernicke era un 18% mayor en las hembras que en los varones, y asimismo el volumen cortical del área de Broca era un 20% mayor en las mujeres.

 

También hay algún indicio, aunque aún sin confirmar, que el corpus callosum, el gran tracto de fibras nerviosas que conecta ambos hemisferios, está aumentado en las mujeres en relación con los hombres. En otra investigación, se han presentado pruebas morfológicas de que, si bien los hombres tienen más neuronas en el córtex cerebral, las mujeres tienen más desarrollado el espacio entre las células o neurópilo, que contiene sinapsis, dendritas y axones y permite la comunicación entre neuronas.

 

Otros investigadores, dirigidos por el doctor Bennett A. Shaywitz, profesor de pediatría en la Facultad de Medicina de la univeridad de Yale, han descubierto que el cerebro de las mujeres procesa el lenguaje simultáneamente en ambos lados (hemiseferios) del cerebro frontal, mientras que los hombres tienden a procesarlo sólo en el lado izquierdo. Sin embargo, la gente que emplea caracteres (como la escritura china) en vez de escritura fonética también tiende a usar ambos lados del cerebro, sin distinción de sexo –lo cual resulta poco sorprendente para nuestro grupo de estudios del Dharma.

 

Y no sólo hay diferencias en las funciones superiores intelectuales y cognitivas del cerebro, hay diferencias de género en partes más primitivas como el hipotálamo, donde se controla la mayoría de las funciones más básicas de la vida, incluido el control hormonal por vía de la glándula pituitaria. El volumen de un núcleo específico del hipotálamo (el tercer grupo de células de los núcleos intersticiales del hipotálamo anterior) es el doble de grande en los hombres heterosexuales que en las mujeres y los hombres homosexuales (en casos de homosexualidad fisiológica, no aprendida).


Esas diferencias no implican superioridad. Si miramos las curvas estadísticas normales para hombres y mujeres individualmente, mientras que la curva de los hombres favorece su capacidad para los conceptos abstractos, el conjunto de curvas para las destrezas de base verbal favorece a las mujeres. Pero cuando las curvas se superponen, sigue habiendo muchas mujeres que son superiores al hombre promedio en cuestiones espaciales y muchos hombres superiores a la mujer promedio en el manejo de las palabras.

 

Bien, si dejamos que estos estudios científicos se asienten en nuestra comprensión, eso abrirá la puerta a una mejor enseñanza de las ideas, meditaciones y contemplaciones del Dharma.

Tanto el Chan como el Dharma requieren la capacidad de hacer abstracciones para abrir la puerta a las contemplaciones más elevadas. Hay, por ejemplo, un punto en que es necesario contemplar la “última conceptualización” de la “vacuidad de la vacuidad”. No es algo fácil para las mentes que estén encadenadas a las palabras, y eso significa la mayoría de las mujeres.

Ese hecho impone la necesidad de una enseñanza preliminar clara y de prácticas que rompan ese apego a las palabras para los que son capaces de entrar en las abstracciones. Los hombres tampoco tienen una atrea sencilla, porque los que igual son buenos en la abstracción se siguen aferrando a la inteligencia cognitiva y, creedme, ese peso es difícil de soltar.

Lo extraño es que las mujeres tienen una mente más cercana al Dharma Chan y al Dao, pero la sociedad en la que el hombre es maestro ha desviado sus mentes de su verdadero potencial, y la costumbre y los hábitos les han llevado a imitar el viciado pensamiento cognitivo lógico y lateral de los hombres, en detrimento del pensamiento dinámico que les es natural.

Los hombres tienen que soltar la inteligencia cognitiva. Las mujeres, también, aunque tienen una tarea más difícil para liberarse de la inteligencia cognitiva que han aprendido de forma casi indeleble, antes de que puedan regesar a su modo natural de pensar y practicar.

En el budismo, la mayoría de las mujeres tiende a gravitar hacia el budismo tibetano, porque la atracción que ejerce la innegable belleza de las prácticas, los mantras y oraciones es considerable.

Sin embargo, la trampa está precisamente en esa belleza y atracción, porque es fácil que surja un apego a los ritos y ceremonias. Para las mujeres que entiendan esto, hay que presentar enseñanzas previas que rompan ese hábito y les permitan ir más allá del simbolismo para entender la verdadera razón y peso de las prácticas. Eso requiere un maestro excelente que no esté cautivado por su propia magia mística.

Es más, el atractivo del maestro, su sencillez y sensibilidad son otra trampa que se debe detectar y evitar. El Dharma de Buda no vende maestros; sólo enseña el Dharma.

Mirad estas palabras del maestro de Dharma Drugpa Kunley, nacido en el Tíbet en 1455. ¿Quién era? Dejad que él mismo os lo diga:

“Por suerte no soy un lama común ritualista

que acumula seguidores, poder y riqueza,

sin tiempo para experimentar la plenitud de la vida.

Por suerte no soy un monje erudito

que ansía con lujuria amantes novicios,

sin tiempo para estudiar los sutras y tantras.

Por suerte no me quedo en una ermita de montaña

hechizado por las sonrisas de las monjas

sin tiempo para meditar en los tres votos.

Por suerte no soy un mago negro

que le quita la vida a otras personas

sin tiempo para cultivar la mente de compasión.

Por suerte no soy un chamán del crematorio

que se presta a dioses y demonios

sin tiempo para cortar la raíz de la confusión.

Por suerte no soy un amo de casa o un padre

que lucha por dar de comer a los que dependen de él

sin tiempo de vagar por lugares agradables”.

 

Si me volviera un Lama sería el esclavo de mis discípulos y acompañantes, y perdería mi libertad de acción.

 

Si me hiciese un monje ordenado me obligarían a guardar la disciplina, y ¿quién puede guardar sus votos inquebrantablemente?

 

Si me volviera un sabio debería comprometerme con el descubrimiento de la naturaleza de la mente –¡como si eso no fuera evidente de por sí!

 

Que yo sea o no un mal ejemplo para alguien depende totalmente de la inteligencia del individuo en cuestión.

 

Además, si un hombre está destinado a pasarse su tiempo en el infierno e imita a Buda, no se salvará; y si un hombre está destinado a la budeidad, el tipo de ropa que use es irrelevante y su actividad es natural y espontáneamente pura.

 

Al desear una casa permanente, o al marcarse cualquier objetivo materialista, uno se desvía del camino porque fortalece la idea de “yo” y “mío”.

 

En la medida en que se les rinde veneración a los monjes, su potencial para el apego emocional es tanto mayor que el del hombre común.

 

Habitualmente es cierto que la motivación inicial para fundar un monasterio es el deseo de establecer un lugar donde los aspirantes puedan meditar. Eso es digno de elogio, pero cuando la necesidad de protección comunal da lugar a disputas en su seno y polémicas con el entorno, lo que en principio era un compañerismo sagrado se vuelve un cubil de ladrones porque todos sucumben a las motivaciones egoístas.

 

Si lo lees profundamente y lo entiendes, quizá puedas empezar a ver la trampa en la que puedes estar atrapado.

 

Recuerda que las prácticas tibetanas en sí, si se entienden más allá de las seductoras ceremonias y palabras, sí que le llevan a uno al camino del Dharma. Pero si te encuentras en el camino con un lama que en realidad arroja sombras sobre el camino, mátalo (eso quiere decir mata el apego que sientas por él en tu mente) y suelta ese apego verbal a los ritos y ceremonias.

 

Está claro por tanto que las mujeres en particular deben trabajar para soltar esa mente consciente, y eso exige en primer lugar soltar el concepto de ser “UNA MUJER” y aprender a ser “MUJER”. Hay una gran sutileza en esa transformación.

Lo siguiente es refrenarse de la esclavitud a su propia mente, que insiste en el orden y la disciplina en sí misma y en los demás. No es una tarea fácil, y no hay que confundirlo con abandonar las tareas que surjan de impulsos naturales y correctos.

Después, el consejo es que dejen ir los ritos y ceremonias tradicionales (provisionalmente, si quieren) y entren en un contacto más íntimo con todo lo que es parte del mundo natural.

Las mujeres tienen el principio básico de Madre que los hombres buscan. Deben regresar a su propia fuerza, no buscar imitaciones de “importancia social” en el mundo o una tonta “igualdad” con los hombres.

Deben buscar la igualdad de oportunidades para ser un ser humano en primer lugar, y luego permitir que la mujer natural se despliegue.

 

A todas se les recomienda que se olviden de los ritos y ceremonias cautivas del Zen y otras formas del budismo, y se concentren en el Dharma de Buda; y ¿qué mejor forma hay de tocar la verdadera propia naturaleza que regresar a la madera sin tallar, convirtiéndose en una con todo lo que es la naturaleza?

Sin duda, la fuerza de la vida en sí debería ser el foco de todas las meditaciones para principiantes y para los que están en un nivel intermedio.

De esa manera, uno entiende a nivel cognitivo tanto la vida como la muerte y la impermanencia.

De esa manera, uno entiende a nivel cognitivo la unidad de todas las cosas.

De esa manera, uno entiende la falacia de la existencia individual y las ilusiones del Samsara, que son vacuidad.



Tener presentes las tres a cada segundo del día es el primer paso para entender las abstracciones necesarias para el Chan avanzado y para las prácticas finales de la unión de Vajrayoguini y Heruka.

Si no se entienden profundamente las tres a nivel cognitivo sin interferencia de la identidad, uno no puede avanzar a su última conceptualización, que es necesaria en cualquier práctica avanzada que lleve a la liberación.

Es en estas prácticas donde las mujeres tienen una gran ventaja sobre los hombres, porque aquí el aprendizaje y las palabras no sirven de nada.

Aquí sólo puedo arañar la superficie del camino más eficaz para las mujeres, no importa qué disciplina sigan.

Quienes quieran saber más se pueden poner en contacto conmigo y haré lo que pueda para orientar a cada uno en el camino que sea más apropiado para él o ella.

 


Shan.jian.da.shi@gmail.com



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