La familia, la propiedad privada y el amor

El derrumbe de un sueño,

algo hallado pasando,

resultabas ser tú.

Una esponja sin dueño,

un silbido buscando,

resultaba ser yo.

Cuando se hallan dos balas

sobre un campo de guerra

algo debe ocurrir

que prediga el amor

de cabeza hacia el suelo

una nube vendrá

o estampidas de tiempo

los ojos tendrán.

Fue preciso algo siempre

y no fue porque tú

tenías lazos blancos en la piel,

tú, tenías precio puesto desde ayer,

tú, valías cuatro cuños de la ley,

tú, sentada sobre el miedo de correr.

Una buena muchacha

de casa decente no puede salir.

Qué diría la gente

el domingo en la misa

si saben de ti.

Qué dirían los amigos,

los viejos vecinos

que vienen aquí.

Qué dirían las ventanas,

tu madre y su hermana

y todos los siglos

de colonialismo español

que no en balde

te han hecho cobarde.

Qué diría Dios

si amas sin la Iglesia y sin la ley,

Dios, a quien ya te entregaste en comunión,

Dios, que hace eternas las almas de los niños,

que destrozarán las bombas y el napalm.

El derrumbe de un sueño

algo hallado pasando

resultabas ser tú

Una esponja sin dueño

un silbido buscando,

resultaba ser yo.

Busca amor con anillos

y papeles firmados

y cuando dejes de amar

ten presentes los hijos,

no dejes tu esposo,

ni una buena casa,

y si no se resisten,

serruchen los bienes

—pues tienes derecho también—

porque tú

tenías lazos blancos en la piel,

tú, tenías precio puesto desde ayer,

tú, valías cuatro cuños de la ley,

tú, sentada sobre el miedo de correr.

(1969)