Hola... minific para amplios criterios....
Name: Nina
Date Posted: Jun 11, 04 - 12:39 AM
Message:
Es un placer saludar a éste foro... quiero compartir con ustedes algo que escribí hace ya un rato, y quiero decirles que sólo es apto para amplios criterios y mentes no cochambrosas... espero les guste, y espero los jitomatazos .... ¡BESOS!
AH! por cierto, lo voy a partir porque no cabe completo, pero ahí va a estar....
“ANHELO”
La tarde era fresca y lluviosa, pero el frío no se sentía gracias a que el fuego en la chimenea de la biblioteca crepitaba cálida y confortablemente. La azul mirada de Albert se perdía en aquellas vivas y danzarinas llamas, mientras otra clase de fuego más intenso lo consumía por dentro: desde que tanto Candy como él habían reconocido mutuo amor el uno por el otro hacía ya varios meses, Albert había tratado de mantener ese amor en el terreno de lo sentimental, pero poco a poco, sin saber cuándo, comprendió que cada vez se le dificultaba más ocultar lo que Candy le hacía sentir en todo su ser, sobre todo ahora que pasaban aquella semana de descanso en Lakewood... solos... él la adoraba como siempre lo había hecho, y todo marchaba como de costumbre entre ellos, hasta una tarde en que comenzó a descubrir que aquella cercanía y el trato frecuente, provocaban que la sonrisa de Candy, su voz, el sutil perfume que emanaba de ella, el calor de su tersa piel, en fin, todo, hasta el más imperceptible aspecto de su persona, trastornara cada sentido de su cuerpo, y él ya se sentía incapaz de dominar la exaltación que se apoderaba de cada fibra de su ser con la simple cercanía de su amada. Entonces suspiró profundamente, y al acomodarse en el amplio sillón, su mano rozó el bulto en su pantalón. Con aquel contacto, Albert pudo sentir cómo sus mejillas se encendían al tiempo que el corazón le golpeteaba violentamente el pecho y su respiración se aceleraba ansiosa por más aire... “hola Albert, ¿me mandaste llamar?” sobresaltado, el sorprendido joven tomó un cojín y lo colocó estratégicamente tratando de ocultar aquella prominencia “¡Candy! Yo... sí... quería... quiero... es decir...” la joven sonrió con dulzura y se acercó al sillón “creo que te sorprendí al entrar así, je je... la próxima vez prometo tocar más fuerte la puerta” “tú... ¿tocaste la puerta?” “por supuesto, se supone que eso es lo correcto... Albert... ¿te sientes bien?” “sí claro” “¿seguro? Luces extraño... no tendrás fiebre?” “no, yo... es que... ven, siéntate conmigo...” la chica obedeció algo extrañada mientras no se escuchaba otra cosa que el crepitar del fuego. “Albert... seguro estás bien? prepararé un té, te traeré un par de aspirinas y...” “no Candy... Candy, espera... tengo algo muy importante que decirte...” “es que en verdad luces afiebrado... al menos déjame tomarte la temperatura ¿quieres?” “en serio estoy bien, es sólo que estoy... Candy, tú...” el joven se interrumpió abruptamente e inhaló una gran cantidad de aire que dejó escapar lentamente por entre los resecos labios “Albert... qué sucede... en verdad me estás poniendo nerviosa... ¿es algo malo?” “¡no! No, cómo crees, es sólo que yo...” inconscientemente Albert apretó más el cojín contra su cuerpo “lo siento, es que en verdad me pones muy nervioso...” “¿ah sí? Y desde cuándo... siempre hemos hablado de todo y jamás te había visto así... como jamás te había visto tan preocupado por mantener ese cojín tan cerca de ti... dime... ¿estás escondiendo algo?” Albert no tuvo que responder. La grana que encendió su blanco rostro delató su situación, y Candy sonrió al saber que por fin había podido descubrirlo en algo “¡es cierto! ¡tú me estás escondiendo algo y yo te atrapé! está debajo del cojín ¿verdad?” “Candy, por favor, no...” “anda muéstramelo, quiero ver qué es!” “no, espera Candy, no!” pero la chica ya había arrebatado la almohadilla de las manos del joven y aquellos ojos esmeralda trataban de descubrir el misterio develado, hasta que por fin la prominencia captó su atención, y entonces su sonrisa se fue desdibujando lentamente. “¿Ahora sí vas a escucharme Candy? Necesito que lo hagas antes de que pronuncies una sola palabra...” la joven se sentó muy derecha y miró expectante a su interlocutor...
“Yo... quería decirte que... tú ya sabes cuánto te amo, y sé que no he sabido disimular lo que tú me haces sentir, y por eso… yo…” la reseca boca del joven se paralizó de pronto mientras los expectantes ojos de la chica en fijaban en él “yo… es que siempre he sabido qué decir…” “y porqué ahora es diferente” “porque ahora estoy asustado…” “¿asustado? asustado cómo” “Candy, lo que quiero… es que si te lo digo… podría perderte para siempre… y si no te lo digo…” “aguarda, es… se trata de…” “sí Candy, precisamente de eso se trata… ya no puedo, no quiero luchar contra lo que me haces sentir, y creo morir cada vez que nos separamos… sé que habíamos acordado esperar y que no tengo derecho alguno para romper ese acuerdo, pero… ” “¡Albert!…” “no, por favor no te asustes” “ay Albert, no me asusto, es que yo… yo llevo mucho sintiendo lo mismo que tú…” el joven clavó su azul y asombrada mirada en la chica “¿de verdad?” “sí, en serio y… creo que tienes razón, yo tampoco quiero esperar más… ya no tiene caso aplazar esto por más tiempo… nuestro anhelo ya ha esperado lo suficiente…” Albert sonrió mientras su corazón se inflamaba de dicha, y lleno de alegre pasión, tomó el gentil rostro de la eterna dueña de su corazón entre sus finas y gentiles manos, acercó su rostro al de ella, y la besó febril y dulcemente, fundiéndose en un fuego más impetuoso e intenso que el que ardía en la chimenea… entonces, en un intento por rodear a Albert con sus brazos, la mano de Candy se topó súbitamente con el bulto en el pantalón, y dando un respingo, miró al joven con sorpresa, y al tiempo que sonreía murmuró “es por eso que tú…” Albert también sonrió “sí Candy… no sabía cómo ibas a reaccionar y por eso… traté de ocultarlo…” “y ahora que me has visto reaccionar…” lentamente el joven introdujo su mano en la prenda, y tomó la indiscreta prominencia, pero entonces se detuvo súbitamente mientras suspiraba “Candy… en verdad quieres que tú y yo… es decir, ¿estás realmente segura?” “sí Albert… completamente, nunca en mi vida he estado tan segura de algo como en éste momento… quiero ser tuya por toda la eternidad…” con lágrimas en los ojos, Albert al fin sacó la mano y mostró lleno de orgullo lo que inútilmente había tratado de ocultar, mientras una expresión de verdadero asombro se dibujó en el rostro de la chica que se había quedado sin palabras. Ante tal reacción el joven sonrió algo ruborizado “creí que algo así no te impresionaría…” “¿bromeas? Albert… no olvides que después de todo soy mujer… por supuesto que estoy impresionada… yo… puedo tocarlo?” él sonrió y exhalando emocionado, respondió “¡por supuesto que sí!” “cielos… es enorme… y… ¿es tan duro como dicen?” la sonrisa del joven se amplió, y sin responder, la besó de nuevo con mayor intensidad y pasión mientras con ternura se disponía a sellar aquel compromiso hecho con palabras… lenta y suavemente lo introdujo hasta el fondo mientras lágrimas de felicidad anegaban los verdes y conmovidos ojos la chica, quien, al terminar el beso, lo observó embelezada “ay Albert es… muy hermoso…” “mi dulce Candy… ni éste diamante ni todas las estrellas del cielo son suficientes para decirte cuánto te amo y lo mucho que agradezco el que cumplas el más grande anhelo de mi vida… gracias… gracias por aceptar ser mi esposa… ” “gracias a ti por saber lo que siento y adelantar el compromiso… y… la próxima vez que trate de ocultarme algo, procure no guardarlo en un estuche tan voluminoso, señor Ardley…”
F I N