El Caballero de mis Sueños
Por Cris
Hoy era un día muy especial, todo tenía que salir a pedir de boca, era el cumpleaños numero treinta de su mejor amigo. Ya su amigo había llegado a esa edad tan transcendental en la vida de un ser humano.
-Candy si estuvieras aquí yo no tendría que estar encargándome de estas cosas- dijo Tom en voz alta mientras terminaba de colgar un letrero que decía feliz cumpleaños.
Tom observaba con satisfacción el lugar, el cual lucia limpio y ordenado, pensó que las decoraciones no concordaban con el estilo modernista del pent-house.
-Esto es muy infantil, pero al fin de cuentas se trata de una fiesta de cumpleaños y Candy siempre decoraba con globos y carteles, esto al menos esta menos exagerado. Espero que todas las chicas que invite vengan. Oh rayos!! casi lo olvido, solamente compre cerveza, tengo que ir a comprar vino y las bebidas de esas que les gustan a las chicas...
Mientras Tom terminaba los últimos preparativos para la fiesta de cumpleaños, una rubia venia llegando del extranjero.
-Por mas que toco el timbre, no me abre, y la puerta esta cerrada con llave...ay que tonta!! olvide que tengo un llave.-
Entonces de su bolcillo saco su llavero con una llave y abrió la puerta. –Hogar, dulce hogar...primero que nada necesito un baño...no lo puedo creer; Tom mejoro sus hábitos de limpieza, aunque ahora que lo pienso debe de ser su esposa la que limpia la casa...pobre, la compadezco, mi hermano es muy lindo pero es un machista.-
La casa estaba amueblada diferente con unos muebles que lucían muy caros y cómodos. Ahora había plantas que adornaban el pasillo, y las paredes eran adornadas por cuadros pintados de bosques...en fin la atmosfera era muy diferente y encantadora.
–Así es como a mi me hubiera gustado decorar la casa, lastima que ahora que Tom esta casado tendré que buscar otro lugar donde vivir.-Dijo en una vocecita Candy mientras derramaba unas lagrimas y se empezaba a quitar la ropa dejándola tirada por toda la sala hasta llegar al cuarto de baño principal, en donde lleno la tina de agua y se sorprendió mucho de no encontrar ningún producto femenino como aceites aromáticos y esas cosas; encontrando en su vez, solamente jabones y lociones masculinas. -Tal vez la esposa de Tom tenga sus jabones en el otro baño, ay que flojera usare este jabón...yo quería un baño de burbujas pero ya ni modo, me daré un baño de agua pura.-Candy dejo que su cansado cuerpo se relajara por una media hora en el agua tibia y al salir de la bañera envolvió su cuerpo con una toalla.
Mientras Candy desenredaba su pelo alguien llego a la casa.
¿Pero que paso aquí? ¿Y esta ropa? El rubio estaba realmente intrigado al mirar diversas prendas femeninas tiradas por toda su casa.
Fue siguiendo el camino mientras levantaba cada prenda con la que se topaba. Primero fueron unos converse negros con unos calcetines adentro que tenían figuritas, mejor dicho para ser exactos, tenían dibujos de Mickey por todos lados, después encontró unos jeans azules y gastados con roturas artísticas, después levanto del suelo una camiseta espantosamente verde con el dibujo de un champiñón que decía: "Get a Life" no entendía por qué pero esa prenda se le hacia conocida, lo siguiente que se encontró le sorprendió a mas no poder; era una tanga y un seductor sostén de encaje color rojo.
Realmente la ropa interior, no concordaba con la exterior. Pero si lo que estaba pensado era verdad esa ropa no podía pertenecer a la pequeña Candy, ella nunca usaría una ropa interior como esa. Entonces miro la talla del sostén, -es la misma talla!!!
-Diciéndolo voz alta al momento que un torbellino rizado le quitaba su ropa al intruso.
-¿Albert se puede saber porque estas observando tanto mi ropa?- Candy estaba totalmente sonrojada.
-Mi hermosa pequeña, sí eres tú!!! - dijo Albert con una enorme sonrisa en el rostro y corrió a abrazarla.-Pero pequeña estas igualita no has cambiado nada.- sin tener idea de como esas simples palabras apuñalaban el corazón de Candy.
-¿Albert, cuantas veces te tengo que decir que no me llames pequeña? Por si no te has dado cuenta ya soy toda una mujer.-Candy estaba realmente indignada, no era posible que aun la siguiera llamando pequeña en verdad que como odiaba ese adjetivo.
-Candy, tú siempre serás mi pequeña, eres como la hermanita menor que nunca tuve.- Albert le guiño un ojo mientras revolvía los cabellos húmedos de la rubia pecosa quien ahogaba sus lagrimas con una fingida sonrisa.
Candy no lo pudo evitar y entonces con una de sus manos obligo a que la mano de Albert abandonara el juego con su cabello y la presiono contra su seno izquierdo.
¿Albert...lo sientes? Mi cálido y redondeado seno, yo no soy una pequeña niña todos se dan cuenta de ello, menos tú.-Dijo Candy con amargura la cual el rubio no noto o no quiso hacerlo. – ¿Quieres que te lo demuestre ahorita en la cama? la mujer...en la que me he convertido?
Albert se quedo sin palabras, ¿en verdad esa era su pequeña? ¿Dónde estaba su dulce y tierna Candy?
-¡Jajaja! Deberías de ver tu rostro, jajaja...estas pálido -dijo Candy al ver que Albert había enmudecido decidiéndose romper el incomodo silencio.
-Candy yo soy como tu hermano, no deberías de hacerme esas bromas de mal gusto. Por cierto ¿que haces en mi casa? ¿Y que no se supone que llegarías hasta el próximo mes?
-¿Tu casa? Hasta donde yo sé esta es la casa que mis padres nos heredaron a Tom y a mí. Vaya...vaya...por lo visto mi sorpresa no te agrado. Yo creí que cuando me vieras un mes antes de lo esperado te morirías de la felicidad, pero ya veo que no es así, eres un muy mal amigo-Candy se hiso la ofendida.
-Ahora yo vivo aquí, Tom después de lo que paso con Eliza no soportaba el vivir en esta casa.
-¿Qué paso con Eliza?
-Creo que sería mejor que fuese Tom quien te contara lo sucedido. Es algo que no me corresponde a mí. Lo único que te puedo decir es que ahora Tom vive en mi departamento y yo vivo aquí, intercambiamos casas.
-En cuanto vea a Tom se las vera conmigo como es posible que se deshiciera de la casa que mis padres construyeron con todo su esfuerzo, con todos sus sueños. Además esta casa vale mucho menos que la tuya.- Candy estaba tan ofuscada que no se dio cuenta que la toalla había abandonado sus senos dejándolos al descubierto hasta caer al piso y Albert observaba su esbelto cuerpo adornado por hermosas y discretas curvas.
Albert no podía creer lo que sus ojos miraban...trago saliva y después de unos instantes encontró su voz.
-Candy tapate por favor...- Albert no podía creer que Candy pareciera tan tranquila ante tal situación.
-Jajaja...Tal pareciera que nunca has visto a una mujer...No finjas que te apenas, ya que eres un mujeriego incansable y no tengo nada que no hayas visto antes.- Candy lucho por alejar de su memoria la imagen de él con innumerables chicas, realmente esperaba parecer tranquila como si no se hubiera alterado con lo sucedido.
-No exageres Candy, son ellas las que se lanzan a mis brazos -bromeo- ¿Y pues que quieres que haga? Soy alguien muy generoso.- La pecas torció los ojos mientras se tapaba bien con la toalla y se acercaba a su maleta de donde saco una blusa color violeta y unos shorts negros, después saco su ropa interior la cual era un conjunto muy bonito y sexy de encaje negro. Albert no supo por qué pero volvió a tragar saliva.
-Deja me visto. Si no es mucha molestia, ¿me podrías llevar con mi hermano? Necesito hablar urgentemente con él.
-Sí pequeña, solamente espera a que me bañe y te llevo. Tom organizo una reunión en mi honor.
-Oh si ya lo recuerdo! Espera! ...-Candy le dio sus ropas a Albert quien sintió como si una braza hubiera sido colocada sobre sus enormes manos. Candy regreso a su maleta de donde saco una cajita. –Aquí tiene Sr. Andrew, un regalo por su cumpleaños- decía Candy sonriente mientras con una sonrisa picara mostraba la cajita y le quito a Albert de sus manos su ropa para poner en ellas el obsequio. El torbellino pecoso no le dio tiempo de reaccionar a Albert, ya que se retiro a una alcoba a vestirse.-
Espera a abrirla hasta que estés solo, preferiblemente cuando regreses de tu reunión.- Dijo Candy, mientras recargaba el peso de su cuerpo sobre la puerta cerrada de la habitación en donde busco refugio.
-Entendido...
Candy miro con agrado que su habitación seguía igual a como ella la había dejado. Empezó a vestirse pero y si mejor no lo hacia, al fin de cuentas tenía una misión que cumplir además cuando dejo caer la toalla, Albert pareció observarla con agrado, todavía no creía que hubiera tenido el valor para hacer semejante cosa...cerro los ojos y empezó a imaginar que pasaría si hiciera lo que estaba planeando:
Entrando al mundo de las locas fantasías de Candy:
Albert trataba de aclarar su mente con el agua fría... -¿!Candy que estas haciendo!?- Casi grito el rubio al sentir como las suaves manos de la rubia acariciaban su espalda lentamente, solamente para detenerse en sus glúteos y después acariciar su crecida masculinidad.
-Demostrándote que no soy una pequeña, diciéndote con mi cuerpo que quiero ser tuya.-Candy le decía mientras se ponía de puntitas en un fallido intento de alcanzar su oreja ya que él era mucho más alto que ella; Candy pegaba su cálido cuerpo a la espalda de Albert mientras no dejaba de acariciar a la fuente de sus deseos.
Albert aparto las manos de Candy con fuerza para apartarla de él.
Candy sintió que se sofocaba y casi todo el valor del que se había armado la abandonaba.
Albert al ver la mirada de vulnerabilidad de la rubia perdió el control y salvajemente beso sus labios rosados. El beso incremento y Albert jugueteaba con la lengua de Candy mientras sus manos recorrían aquel hermoso cuerpo femenino. La rubia le correspondía como toda una experta. Se sentía tan feliz al sentirlo aunado a su pasión que cuando Albert la aparto de él, ella se sintió desfallecer.
-Candy...esto no esta bien!...Candy por favor vete...-Dijo Albert cuando por una milésima de segundo, solo por una milésima recobro la cordura inmediatamente soltando a Candy de su abrazo y saliendo de la bañera le dio una toalla para que se cubriera. –Tú eres como mi hermana menor, esto no puede ser...vete por favor no quiero volver a verte nunca mas.-
Los ojos de Albert no reflejaban nada mas que frialdad...frialdad que le congelo el corazón a Candy.
-Albert, yo...lo siento...-Candy se retiro casi corriendo y se vistió a toda prisa y se fue llevando consigo su única maleta. Aun no entendía como fue que resistió para no llorar frente a él.
Saliendo de la loca imaginación de Candy:
-Sí, definitivamente eso es lo que pasaría si me le meto a la bañera. Soy una tonta...rayos soy una cobarde y una pervertida o ¿seria una pervertida cobarde o una cobarde pervertida?- Se preguntaba mientras abrochaba sus shorts.
-¿Ahora resulta que eres una pervertida? Eso si que no me lo esperaba jajaja y aparte cobarde jajajaja-Albert había escuchado la ultima parte del monologo de Candy.
-¡Albert! Que no sabes que se tiene que tocar a la puerta antes de entrar.
-Oh pequeña toque tantas veces que decidí abrir la puerta al oír como murmurabas incoherencias jajaja...espera a que Tom se entere de la clase de hermanita que tiene, creo que Italia fue una muy mala influencia en ti.
-Mejor vámonos que necesito hablar unas cuantas cosas con ese Tom.- Candy estaba tan apenada que cambio el tema.
-Candy creo que por ahora esta bien si dejas tu maleta aquí en tu habitación, mira que creo que la fiesta va para largo rato y si te sientes muy cansada puedes venir a descansar temprano. Debes de estar muy cansada.
Candy sonrió con agradecimiento, en verdad que estaba agotada...y de buena gana se tiraba en la cama a dormir pero tenía que hablar con su hermano muy seriamente.
Albert adoraba el estar junto a Candy en su moto, se sentía libre, tan bien con sola presencia de Candy-el volteo a observarla de reojo- y por un momento se dejo llevar por las innumerables e indescriptibles sensaciones que su acompañante le hacia sentir. Empezó a imaginar como se sentiría el besarla... –Un momento que estoy pensando ella es Candy, esto esta mal- Pensó con desesperación.
-Es así como siempre quisiera estar...cerca de Albert aspirando su olor inundada de su presencia- Candy pego su rostro a la espalda masculina lo observo con detenimiento, el vestía una camisa gris algo casual acompañada con unos jeans...el lucia tan sexy con ese atuendo casual y en verdad que olía delicioso. La chica se sonrojo al pensar que ella olía similar al haber usado su jabón y shampoo.
Al llegar al edificio donde se encontraba el pent-house un grupo de chicas inmediatamente se acercaron a Albert y lo llenaron de abrazos y besos ante la mirada atónita de Candy.
-Feliz cumpleaños Albert-dijo un caballero quien acompañaba a las chicas.
-Hola Candy no lo puedo creer estas divina!! el siempre caballero y galante Archie le decía a su amiga de la infancia mientras la abrazaba con ternura.
-Hola Archie ¿que hacen aquí afuera?-dijo Albert interrumpiendo el abrazo.
-Bueno, lo que pasa es que apenas acabamos de llegar -explico Stear. – Candy que felicidad el que estés aquí, Stear se acercó a su rubia amiga y la abrazo.
-¿Candy, eres tú? No lo puedo creer, mira que pequeño es el mundo.-Una voz profunda interrumpió.
-¿Terry? ¿Pero que haces aquí?
-Pero que no te da gusto verme pecosa...con esa cara que has puesto yo creería que no.
-Que tonterías dices claro que me alegra verte pero es tan inesperado, Candy salto a los abrazos de Terry mientras el la abrazaba dándole vueltas en el aire.-Ahora si que todos se sorprendieron, bueno con la excepción de una persona.
-Candy, me pondré celoso- bromeaba Anthony quien estaba feliz de ver a su gran amiga.
-¿Anthony, pero que haces aquí?- Candy no lo podía creer...estarían todos juntos como en los viejos tiempos.
-Bueno, Terry y yo decidimos no tomar las clases de verano y venir a perseguirte ya que no podemos vivir sin ti.- Anthony le guiño un ojo a Candy y ella abandono los brazos de Terry por los de Anthony y lo beso en la mejilla.
Albert no pudo evitar el sentir una inexplicable punzada en su corazón, la cual ignoro.
-Hola tío,-saludo Anthony secamente.
Cosa que sorprendió a Albert en sobremanera, en verdad que no entendía la actitud de su sobrino y menos que no le avisara que se encontraba en la ciudad ya que siempre habían sido muy unidos.
Después de una breve introducción Albert llevaba a dos chicas de cada brazo, pero no les ponía ni la mas mínima atención, lo que realmente le molestaba era el como Candy se aferraba a Anthony y le susurraba al oído solo para después hacer lo mismo con Terry, cada uno la llevaba del brazo.
-No puedo creer que sea tu cumpleaños numero treinta, luces muy joven.-Una chica le decía a Albert mientras subían al elevador.
-Sí, pareces de 20 y no es porque no luzcas varonil,-la otra chica se le insinuaba mientras pegaba su cuerpo al guapo hombre.
-Créeme de veinte es lo menos que parezco, cuando me conoces bien,-Albert le dijo a la chica en una voz tan sensual que la chica sintió humedecer hasta sus partes mas recónditas.
En el reducido espacio del elevador Candy no pudo evitar oír la conversación y su rostro entristeció cosa que no paso desapercibida por los dos jóvenes que la acompañaban.
-En verdad que espero conocerte mucho mejor...-la chica perdió el habla al ver la divina sonrisa que Albert le dirigía.
-Yo también -dijo la otra chica sin importarle el tratar de robarle la conquista a su amiga, por ese bombón estaba dispuesta a todo.
Archie y Stear quienes también se encontraban en el elevador acompañados por sus respectivas novias no podían creer que Albert siguiera ignorando los sentimientos de Candy. Pero aun más les sorprendía que Anthony anduviera de amigo del tal Terry, quien en un pasado les había dicho que odiaba ya que él también estaba interesado en Candy. ¿Cómo era posible que ahora fueran tan amigos esos dos? Tenían mucho que hablar con su Anthony.
Al llegar al penthouse un grupo de personas que ya se encontraban en la fiesta gritaron al unísono: -¡Feliz cumpleaños!-Inmediatamente un mar de chicas se acercó a Albert a darle el obligatorio abrazo y beso ante el desencanto de sus dos acompañantes quienes quedaron abandonadas.
Candy fue inmediatamente interceptada por Tom. –Pero hermanita que sorpresa ¿cómo es que estas aquí?- decía mientras le daba un abrazo tan fuerte que Candy sentía como cada una de sus vertebras y costillas tronaban.
-¡Tom...no puedo respirar! A mi también me da mucho gusto verte, pero espero sobrevivir a tus exagerados abrazos de oso -Tom observo a Terry con curiosidad. –Te presento a Terry él es...un amigo -explico Candy con una sonrisa.
-Mucho gusto-Tom le estrecho la mano con extrema fuerza a quien empezaba ver como un problema.
-Tony!! Amigo que gusto! –lo saludo Tom al notar la presencia de quien él consideraba el hombre perfecto para su hermanita, esta de menos mencionar que Tom aun no conocía los verdaderos sentimientos de su hermana.
-Hola Tom...- En eso el poder llevar una conversación se volvió casi imposible por el sonido de la música.
Candy ignoro todo a su alrededor mientras miraba como Albert se encontraba rodeado de chicas. Él les mostraba a todas y a cada una de ellas su angelical sonrisa. Candy decidió que necesitaba algo fuerte así que se acercó al mini bar y se tomo un caballito de tequila, Tom inmediatamente la reto.
-Candy, no deberías de tomar...
-Ya tengo 21 y es legal para mi hacerlo, –Candy ahora abrió una botella de vino y se sirvió una copa.-No me mires así Tom, deja disfrutar un poco ya que tengo una larga conversación pendiente contigo, me debes muchas explicaciones... ¿Cómo es eso que ahora nuestra casa pertenece a Albert? ¿Qué paso con Eliza?
La mirada de Tom se oscureció,-ven vamos a otro lugar-Candy siguió a Tom hasta el antiguo estudio de Albert.
-Mira Candy, en tu ausencia sucedieron muchas cosas; una de ellas fue que Eliza resulto ser una...bueno alguien no confiable...bueno no me andaré por las ramas, mira descubrí que Eliza tenía un amante cuando la encontré revolcándose con él en mi propia cama.-La voz de Tom se quebró y le dio un trago a su amarga cerveza, tratando en vano el ocultar su dolor a su hermana.
–Yo estaba dispuesto a vender la casa ya que solo el estar en ella me hacia enloquecer. Albert como sabe que tú amas esa casa dijo que por el momento me viniera a su departamento mientras pensaba que hacer y ya que Albert también ama esa casa se mudo a vivir en ella para darme espacio y tiempo para pensar que hacer con mi vida.
Ahora si que Candy se había quedado sin palabras, solo pudo atinar a abrazar a su hermano mientras lloraba. El llanto de Candy contagio a Tom y también lloro, cosa que no hacia desde la muerte de sus padres. Después de una buena sesión de llanto Tom sintió su corazón menos pesado.
-Ya Tom, no llores, mira que esa bruja no merece ni una sola de tus lagrimas.- Candy no podía creer que su hermano estuviera llorando tan abiertamente.
-No lloro por ella, sino por lo estúpido que fui... ¿Recuerdas que tú me dijiste que ella no me convenía y por esa razón tuvimos aquella enorme pelea? Después de eso decidiste estudiar fuera del país y desde ese entonces hemos tenido muy poca comunicación, siento mucho que por culpa mía y de Eliza te fueras de mi lado hermanita.- Confeso Tom.
-No seas tonto, me fui del país por otras razones, además lo que ahora importa es que ya por fin abriste los ojos. Y pensar que yo hasta llegue a preocuparme por ella ya que eres un machista. Ya me la imaginaba a ella haciendo todas las labores domesticas mientras tú te rascabas la barriga y mirabas football.- A Candy realmente le dolía que su hermano sufriera.
-¿Esa es la impresión que tienes de mi?
-Bueno vámonos a la fiesta que quiero más vino- dijo Candy al mostrarle su copa vacía a su hermano.
-Candy con medida, no quiero que después andes toda borracha...
-Esa es una buena idea hermanito hay que emborracharnos para olvidar por un momento nuestro rotos corazones.- Candy guiño un ojo mientras Tom por primera vez noto la tristeza que se encontraban en sus verdes esmeraldas.
******
Candy se arrepentía de asistir a la fiesta Albert toda la noche se la había pasado rodeado de chicas las cuales le coqueteaban descaradamente.
-Ya deja de mirarlo así que descubrirá lo que sientes por él.- Terry no podía entender como era posible que ese hombre no notara lo perdidamente enamora que la pecas estaba de él.
-Es lo que digo, no puedo creer que él no se dé cuenta, yo creo que lo sabe y solo me ignora... ¿Bailamos Terry? Creo que ya tome demasiado y un poco de ejercicio no me vendría mal para sacar el alcohol.- La voz de Candy sonaba un poco más profunda y sensual gracias alcohol.
Terry trago saliva y de reojo miro como Albert lo observaba discretamente. –Claro pecosa- Terry guio a Candy al centro del salón en donde un grupo de personas se encontraban bailando inmediatamente Terry empezó a recorrer con sus manos las piernas de Candy mientras bailaban un sensual baile. Anthony al mirar tremenda escena entendió la intención de Terry, quería provocar los celos en Albert.
Albert sintió como su sangre empezó a hervir al ver como ese tipo manoseaba a su pequeña. ¿Cómo era posible que ese tipo de baile estuviera de moda? ¿Cómo era posible que Candy bailara también ese tipo de música?
Albert sin pensarlo dos veces se dirigió a donde se encontraba la joven pareja y llevo a Candy con él. Esta de menos decir que Terry no puso resistencia alguna ya que ese era su propósito.
En verdad que el amar desinteresadamente dolía mucho, pero se había prometido una cosa y pensaba lograrla sobre todas las cosas; que su pecas fuera feliz y si su felicidad era ese rubio tan parecido a Anthony pues ni modo, no había nada que el pudiera hacer al respecto más que desearle la mejor de las suertes.
Anthony suspiro y realmente deseo que su tío por fin mirara a Candy como la hermosa y valiosa mujer que era.
-¿Albert por qué me jalas? Lastimas mi brazo...mira que es tu fiesta, no esta bien que te retires a la mitad de ella.- Candy no entendía nada de lo que estaba pasando ni cuenta se dio a que hora llegaron hasta el elevador.
-Mira pequeña esa forma de comportarse en publico no esta bien...en lugar de bailar parecía que hicieran otra cosa...tú eres muy inocente y por eso tipos como ese, se pueden aprovechar de ti. Además estas tomada.
-Tú no eres mi hermano, ni nadie para decirme que hacer, ni Tom me dice esas cosas. Además mira quien habla...tú eres el menos indicado para decirme cual es un comportamiento adecuado.
-Vamos, te llevare a casa para que descanses.-Ahora que lo pensaba Candy estaba demasiado borracha como para llevarla en moto y encontrar un taxi a esas horas de la noche y en ese lugar era algo complicado. En eso miro que un taxi llegaba y sin pensarlo dos veces tomo a Candy en sus brazos y camino a toda prisa para alcanzar el taxi antes de que se fuera.
Ya una vez en el taxi el corazón desbocado de Candy se tranquilizo un poco.
-Siempre me tratas como una niña, yo no soy ninguna niña -gracias al valor artificial que le daba el alcohol Candy hiso algo que tomo totalmente por sorpresa al rubio.
Candy se sentó sobre las piernas de Albert y lo beso en los labios, el beso fue algo corto pero muy cálido. Ella después recostó su rostro sobre el pecho de Albert e hiso algo que ahora si que Albert no esperaba, se quedo dormida.
Candy despertó al sentir como el taxi paraba su marcha y ella inmediatamente se bajo y fue seguida muy de cerca por Albert. La mente de la chica estaba realmente muy confusa – ¿Realmente lo bese? ¿Cómo es posible que me quedara dormida después de eso?¡Soy una tonta!
-Permíteme- Albert le quito las llaves a Candy de la mano ya que como estaba pasadita de copas no podía abrir.
Cuando los dos rubios se encontraron en el la oscuridad de la casa Candy no lo pensó dos veces y se quito su blusa en un impulso de valor.
Albert no se pudo resistir más y empezó a besar a Candy con pasión desenfrenada. Los dos se dirigieron a la que fuera la habitación de Candy y ahora fue Albert quien desabrocho con manos expertas el sostén de la chica y acaricio con recelo sus perfectos senos, los cuales cabían en sus manos a la perfección. Albert sabia que eso no estaba bien pero no podía parar, tenía que hacerlo ese amor que sentía por ella lo manejaba con un impulso incontrolable.
Candy sintió como las manos de Albert y sus labios abandonaron su cuerpo. –Esto no esta bien, discúlpame Candy, esto no puede ser...pequeña estas...
-Vamos Albert es solo un acoston, no es nada que no hagas siempre, vamos a divertirnos un rato...- Candy fingió que no le dolía el sentirse rechazada y opto por actuar como si solo se tratara de una aventura y empezó a acariciar el cuerpo de Albert e intento desabotonarle la camisa.
-¡NO...vasta Candy!- Albert apretó con fuerza las manos de Candy impidiendo su avance en desabotonar el segundo botón de su camisa.
Candy sintió como su corazón parecía querer salírsele por la garganta cuando Albert soltó sus manos como si lo quemaran y salió a toda prisa mientras cerraba la puerta de golpe. Candy se dejo caer sobre la cama mientras lloraba desconsolada ahogando el sonido de su llanto con su almohada.
*****
Por su parte Albert, no podía creer que las palabras de Candy le dolieran tanto, necesitaba despejar su mente, por lo tanto decidió tomar una caminata aunque ya fueran altas horas de la noche. Después de deambular por un rato decidió regresar a casa ya tenía las cosas un poco más claras. Necesitaba hablar con Candy pero eso tendría que esperar hasta mañana ya que ella no estaba en el estado adecuado para hablar seriamente.
Al entrar a su habitación Albert miro el obsequio de Candy sobre su mesita de noche y no pudo evitar que una sonrisa se formara en su rostro mientras retiraba el listón rojo para después romper el papel dorado cuidadosamente. Lo que encontró realmente lo sorprendió, era una foto de él y Candy de cuando ella tenía aproximadamente 15 años...aun recordaba ese día, fue en el primer aniversario de la muerte de los padres de Candy, ella le pidió ir a un parque de diversiones ya que no quería sentirse triste y los dos se habían divertido en grande...Albert aun no recordaba algún otro día cuando se hubiera divertido tanto. El marco de la foto era bellísimo y al parecer había sido hecho a mano. Lo más probable era que fuese uno de los trabajos artísticos de Candy ya que ella estaba estudiando diseño de joyas...el nombre de él y Candy se encontraban escritos en el marco y el acaricio el nombre de Candy con cariño. Miro nuevamente en la cajita y miro un medallón...era la insignia de su familia, era hermoso Albert estaba tan absorto mirando el fino y delicado trabajo de Candy que con descuido coloco la foto sobre su buro pero esta fue a dar contra el piso rompiendo el fino cristal que la enmarcaba. Albert maldijo mientras limpiaba el cristal roto...al parecer la foto se había dañado un poco y la saco del marco...enorme fue su sorpresa al descubrir una nota cuidadosamente doblada.
Él no sabía por qué pero se sentía realmente inquieto mientras desdoblaba la nota que decía más o menos así:
Albert nunca he tenido el valor para confesar mi amor por ti... ¿cuando te empecé a amar? eso realmente no lo sé, pero fue en este día cuando solo contaba con quince años cuando me di cuenta por primera vez de lo que sentía por ti. Te he amado en silencio desde mi adolescencia, no tengo ni idea de cuantas veces desee ser mayor, de cuantas veces desee que me vieras como mujer...que me miraras como solías mirar a cada una de tus numerosas aventuras pero eso al parecer será imposible ¿verdad? Hoy que hago mi maleta para ir a verte por ultima vez me doy cuenta de algo...quisiera que tan solo por un instante me vieras como una mujer, no me importa el ser una más si con eso puedo quedarme con el sabor de tus labios. Yo tontamente creí que la distancia y el tiempo me harían darme cuenta de que mi amor por ti era pasajero, de que eras solamente el caballero de mis sueños, alguien con quien solo se puede soñar pero nunca poseer, alguien con quien formas tu prototipo de hombre...pero no fue así intente conocer a nuevas personas y enamorarme...pero eso nunca sucedió ya que nunca nadie, ni a los talones te llego. Deseo tanto que encuentres esta nota al igual que deseo que no lo hagas...
Sin pensarlo dos veces Albert corrió hacia la habitación de Candy solo para encontrarla vacía.
-¡Candy!-Grito pero nadie respondió la pecosa se había marchado.
Albert marco al celular de Tom para preguntarle por Candy mientras salía a la calle para tratar de encontrarla...pero nada, no le contesto, decidió llamar al número de casa y después de varios intentos Anthony contesto con voz somnolienta, parecía algo tomado y ya no había ruido de música.
-¿Anthony, Candy esta con ustedes?- la desesperación en la voz de Albert era palpable.
-¿Qué pasa con Candy, que no se supone que esta contigo?- contesto Anthony algo molesto e intrigado.
-Bueno tuvimos...un mal entendido y ella ya no se encuentra conmigo, pero me preocupa mucho ya que ella estaba muy tomada y alterada. Por favor, si se comunica contigo me lo haces saber necesito hablar con ella urgentemente...
-¿Que le hiciste? En su estado no debería de andar alterándose, es tu culpa que ella no quisiera tratamiento, en lugar de estar siendo tratada ella anda persiguiéndote y por tu culpa tomando...ella siempre tu sombra a la que ignoras...te odio...-Anthony lloraba y el alcohol le hacían decir lo que le carcomía el alma- Ella morirá y ¿sabes que? no le importa morir, ella solo pensó en que te quería ver una ultima vez...ella viajo solo para poder verte una ultima vez...
Albert no entendía nada pero con cada palabra de Anthony sentía como su corazón era apuñalado-¿Candy morirá? ¿Pero que estupideces dices Anthony?...nada de lo que me dices tiene sentido...-en ese momento Albert recordó las palabras en la nota de Candy...para ir a verte por ultima vez...
Albert dejo caer su celular al encontrar a Candy tirada inmóvil sobre la banqueta, solo atino a tomarla en sus brazos dejando olvidada la maleta y su celular corrió a su auto para llevarla al hospital mientras un torbellino de sentimientos casi lo volvían loco.
Una vez en el hospital Candy recobro el sentido y lo primero que miro fueron unos hermosos ojos azules que la miraban con preocupación, por un instante pensó estar en el cielo, ya que unos cálidos labios se posaron sobre los de ella.
-Que alivio que estés bien pequeña.-Decía Albert mientras le acariciaba su rostro.
-¿Qué paso? ¿Por qué estoy en el hospital?-Pregunto Candy mientras Albert presionaba un botón para llamar a una enfermera.
-Te desmayaste y por lo floja que eres no despertaste hasta hoy...según los médicos estabas agotada...Candy hay algo que te quiero decir...
-Candy hermanita ya despertaste, me diste un buen susto- Tom estaba feliz,- deja y llamo a una enfermera para que te revise...-Tom se quedo sin palabras al ver entrar a una linda enfermera de larga cabellera azabache.
Los dos hombres salieron de la habitación para darle mas espacio a la enfermera, en la sala de espera se encontraban Anthony, Terry y los hermanos Cornwell.
-Candy ya despertó!!-exclamo Tom alegremente.
-Que bien!! ¿pero ahora quien le dirá las noticias a Candy?- Terry pregunto.
-Yo creo que la persona más adecuada seria el medico.- Replico Anthony con solemnidad.
-Sí, es lo mejor, pero yo creo que debemos estar presentes.-Tom todavía no podía creer que su hermanita no le dijera nada de lo que le estaba pasando.
El rostro ojeroso de Albert dejaba ver las largas horas de desesperación que había pasado, Tom puso su brazo sobre el hombro de Albert. -Ven amigo, vamos a buscar al doctor Martin.
****
-Al parecer todos sus signos vitales están bien -explico la enfermera- en un momento el medico viene con usted...por cierto mi nombre es Annie y seré su enfermera por el día de hoy, si hay algo en lo que la pueda ayudar solo presione este botón.- La enfermera le regalo a Candy una tímida sonrisa y se retiro.
Después de unos instantes alguien toco a la puerta e ingresaron el Dr. Martin acompañado por Albert, Tom, Anthony, Terry, Archie y Stear. En la pequeña habitación del hospital apenas y cabían, pero todos querían estar presentes cuando el doctor le diera las noticias a Candy.
-Mucho gusto señorita, soy el Dr. Martin antier fue internada y sus amigos me dijeron que sufría de cáncer terminal -Candy bajo su vista, se sentía muy culpable ya que todavía no les había dicho nada a su hermano y a Albert, los únicos que sabían de su estado eran Anthony y Terry. –Mire señorita tómese con calma esto que le voy a decir, al parecer hubo un error y cambiaron sus estudios con los de otra paciente. Usted de lo que sufre es de anemia algo que se puede curar fácilmente con una buena alimentación, al comunicarme con su medico en Italia este me dijo que había tratado de comunicarse con usted sin éxito. El pobre hombre estaba tan preocupado que al tener noticas de usted casi se desmaya de la felicidad ya que temía lo peor.- El doctor solo miraba como Candy lo miraba incrédula.
-¿Esto que me dice es verdad?...si es así, no me estoy muriendo verdad? –el medico solo asintió con su cabeza-...ya lo decía yo que no me sentía tan mal como para morirme.- Candy sonrió con tristeza, ya que esas noticias aunque la alegraban significaban que alguien más estaba condenada a morir.
Albert observaba a Candy detalladamente y pudo leer en su expresión lo que pensaba. –No te preocupes Candy, ahora solo tienes que preocuparte por ti, y orar por que esa chica pueda encontrar una cura.- Trato de consolarla Albert.
-Sí, tienes razón.-Candy al mirar a Albert recordó todo lo acontecido y sintió como un calor insoportable se apoderaba de sus mejillas mientras innumerables lagrimas las mojaban.
Tom se acercó a su hermanita y le dio su asfixiante abrazo de oso.
El medico decidió retirarse por el momento.
Todos los presentes quedaron sorprendidos de como Albert era capaz de leer a Candy tan bien pero aun así nunca se había dado cuenta del amor que ella sentía por él.
Anthony y Terry se acercaron a su entrañable amiga a abrazarla, no podían creer que toda esa pesadilla había terminado. Después se acercaron Archie y Stear quien tampoco dejaba de llorar a abrazar y a felicitar a su amiga por la segunda oportunidad de vida que se le había brindado.
Albert dio la espalda a la conmovedora escena. Por primera vez en su vida no sabia que hacer o como reaccionar...
-Que tú no piensas abrazarme?-reprocho Candy.
Solo esas palabras bastaron para que Albert diera la media vuelta y casi corriera para tomar a Candy en sus brazos, no le importo que sus hermosos ojos azules estuvieran llenos de lagrimas. Él lleno todo el rostro de Candy de besos mientras probaba la salada prueba de las innumerables lagrimas de la rubia, finalmente la tomo de la barbilla y beso sus labios con dulzura, con locura, con ternura, con todo su ser la quería sentir, quería que su sabor lo invadiera. Los chicos quienes presenciaban la escena salieron dejando a los dos rubios a solas.
Cuando el beso termino Candy tomo la mano de Albert y la puso sobre su pecho. – ¿Lo sientes? ¿Sientes el desbocado latir? ¿Mi gran deseo por ti? Albert te amo y por favor dime que lo que veo en tus ojos es lo que imagino- Suplico.
Albert no lo pudo evitar y decidió pagarle a Candy con la misma moneda: Él tomo la mano de Candy y la puso sobre su entrepierna. –¿Lo sientes?, ¿sientes lo que despiertas en mi? ¿Quieres que te lo demuestre ahorita mismo en la cama...lo locamente enamorado que estoy de ti?- Le susurro al oído con su voz enronquecida por el deseo.
-Dile al Dr. Martin que me de alta en este mismo momento, más te vale que me lo demuestres lo más pronto posible - bromeo Candy con una enorme sonrisa.
En verdad que esa pequeña no dejaba de sorprender al caballero de sus sueños con su picardía.