Candy Blanca
By Sadness
Microficción de Candy
Mayo 2008
El jovencito había permanecido por largas horas bajo los inclementes rayos del Sol, y aunque, cubierto con un sombrero de ala ancha, éste no le protegía del todo de las inclemencias del Sol a su rostro, sin embargo, él casi ni se percataba de ello, pues toda su atención se centraba en varios pies de rosal, a los cuales les venía practicando con la habilidad de un cirujano, finos cortes con una filosa navaja, enseguida en esas muescas insertaba algunos codos de diferentes variedades de rosas, luego de concluir el injerto, cubría estos con cinta de aislar y finalmente aplicaba una delgada capa de brea-¡Uf por fin!, este es el último de los injertos, espero que esta vez si tenga éxito-Exclamó fatigado pero con satisfacción, al viejo de aspecto bonachón-¡La práctica hace al maestro y es madre del éxito, joven Anthony!-Respondiole afable el anciano al rubicundo jovencito.
Anthony había aprendido a ser paciente, pues en este oficio no es posible tirarse a la frustración, algo que había experimentado en sus primeros intentos por obtener una nueva planta de rosal, que reunirá lo mejor de cada una de las diferentes variedades ya existentes: fortaleza, fragancia, color, floración temprana, corte abundante, gran dimensión, resistencia a las inclemencias ambientales. Pero tras varios intentos fallidos y sobre todo el no darse por vencido, parecía a punto de lograr su objetivo: Una flor, resultado de una férrea disciplina (levantarse a diario muy de madrugada y permanecer por varias horas entre los rayos del Sol, tierra, fertilizantes, lodo, insectos, arbustos, que solían dañarle sus manos), perseverancia y exquisita sensibilidad. Y contrario a la opinión de la mayoría, deque la jardinería era una labor para afeminados. Esta exigía un trabajo arduo y de gran compromiso. Esta actividad había logrado en el chiquillo cultivar lo mejor de sí, amen de que le había permitido continuar con la grandiosa labor de su amada e inolvidable madre. Y en esto había contado con la invaluable y generosa guía de su mentor, el señor Withman, viejo jardinero de los Andrew.
Transcurrieron algunas semanas y al parecer esta vez, los rosales injertados habían superado la etapa difícil, ahora venía otra no menos ardua, su cuidado para que se desarrollen adecuadamente y quizás la próxima primavera obsequiarle con esa insólita flor, que aún no conoce, pero que ya amaba.
***
Es el mes de maño, ha transcurrido casi un año, y en aquel jardín nuestro joven amigo, luce ahora más alto y más fortalecido, al igual, que aquellas otrora pequeñas matas, ahora convertidas en grandes arbustos, colmados de pimpollos a punto de florecer. Pero esperen, hay algo nuevo en la mirada del joven rubiecito, es ese brillo especial que suele provocar la ilusión del primer amor y no estamos tan errados, pues el joven se rinde ante una insólita y hermosa flor hecha criatura, una jovencita rubia, de hermosos ojos esmeralda-Candy, hoy será la fecha de tu nuevo cumpleaños- Y acto seguido le entrega la más bella flor por ojos vista-Toma es una Candy Blanca, la bautice así en tu honor, porque en ella se reúnen todas tus cualidades-