MIEDO
Por Sadness
La joven era poseedora de una imponente belleza, y estaba acostumbrada invariablemente, el ser centro de atención de las miradas masculinas. No le era ajeno, el poder que ejercía su atractivo físico sobre la legión de admiradores, que buscaban conseguir sus favores, a esto le sacaba el máximo provecho, sin sentir el menor escrúpulo, todo esto en detrimento de aquel pobre infeliz que caía antes sus encantos. De temperamento voluble y mezquino, era sumamente caprichosa, vanidosa y soberbia, carecía de todo sentimiento noble; nunca se había permitido amar, enamorarse para ella, significaba una pérdida de tiempo, así que usaba y desechaba de aquellos que habían cometido el grave error de enamorarse de la hermosa joven.
Uno de sus máximos placeres, cuando no se hallaba maquinando alguna maldad en contra de alguna desventurada alma, era pasar horas sentada frente al espejo, admirando su belleza, cepillar parsimoniosamente una hermosa y abundante cabellera roja, que realzaba aun más su enigmática belleza. Definitivamente, se podría asegurar, que su único y gran amor, era su propio reflejo en el espejo. Amaba, estos artículos. De forma indispensable, siempre cargaba con uno en su bolso, su elegante alcoba, se encontraba ataviada con uno de forma y tamaño espectacular, también mandó colocar en puntos estratégicos de la ostentosa mansión estos artilugios.
Hasta que, en una fría mañana del mes de octubre, luciendo un semblante muy descompuesto y una mirada que reflejaba un temor indescriptible, ordeno a su fiel doncella-Deshazte de todos los espejos, TO-DOS, ¿Entendiste?- Con la misma frialdad acostumbrada- Sí, madame, ¿También los del salón principal?- Cuestionó incrédula la doncella, al tener en cuenta, el gran número y las dimensiones de los espejos instalados en la mansión, pues, era una labor que no podría realizar ella sola y además, con ayuda le llevaría un par de días-¿No escuchaste bien, estúpida? ¡Dije TODOS, incluso los de bolsillo! ¿Entendiste?-Escupió la pelirroja hecha una furia-Si, señorita, sólo que no podremos sacarlos de inmediato son demasiados y muy grandes...-Trataba de explicarle con timidez la mujer, cuando fue interrumpida abruptamente- ¿No podrán retirarlos hoy?-su semblante era lívido, el labio inferior le temblaba y su mirada volvía adquirir el brillo del terror incontenible-¡Por favor, haz algo pero no deben estar cuando yo transite cerca de ellos- Suplicó por vez primera, con una vocecita de niña asustada, esto sorprendio a la doncella, pues no estaba acostumbrada a ver doblegada a la soberbia joven y mucho menos recibir tan extraña petición, pues no era ajena para la servidumbre el gusto que la pelirroja sentía por los espejos-Los cubriremos con guardapolvos y mantas, hasta que podamos desinstalarlos uno a uno, ¿Le parece madam?-La joven, asintió con un movimiento de cabeza. Retiróse, entonces, al único lugar de la mansión que no contenía un espejo, la biblioteca, allí aguardó hasta que la noche cayó. Su diligente doncella le informó que todos los espejos habían quedado perfectamente cubiertos y que en algunos sitios ya habían comenzado a desmontar, pero que esta labor lamentablemente la concluirían en un par de días. La hermosa pelirroja ya no escuchó con atención y menos respondió. Subió hasta su aposento, quería descansar, había sido un día terrible para ella y se encontraba sumamente agotada.
Más tarde, al final de la última campanada que anunciaba la medianoche, en la mansión Leagan se escuchó un terrible alarido que crispo los nervios de todos los que allí habitaban, se prolongo por unos segundos y luego se hizo de nuevo el silencio. A pesar del castigo a que se harían acreedores, nadie tuvo el valor suficiente para salir y averiguar de qué se trataba, no en esa noche donde se liberan las fuerzas del mal. Aguardaron en sus humildes habitaciones, sin dormir, haciendo oración y encomendándose a todo lo por ellos conocido, si así era posible repeler o ahuyentar a las fuerza malignas que en la noche del 31 de octubre robustecían su poder. Fue una noche eterna y llena de horror, donde los temores crecieron y se fortalecían en la mente de cada uno de los allí presentes. Finalmente, los primeros rayos del alba, fueron iluminando aquel caserón y dando la bienvenida a la vida. Las personas del servicio ya recuperado el valor, comenzaron a dar señales de vida y no hacían más que comentar el horrendo acontecimiento de la noche anterior, uno a uno fueron pasándose lista, verificando que cada uno se encontrara integro y luego de comprobarlo se abrazaban aliviados. Los patrones, los señores Leagan se encontraban de viaje y no regresarían hasta después de unas semanas, la única habitante de la familia Leagan, era Eliza, que haciendo gala una vez más de su temperamento voluntarioso, se había negado a realizar el viaje, quedando como ama y señora de la Casa Leagan. Fue la doncella de la joven, la que dio señal de alarma con respecto a su bella ama, pues no le había escuchado llamarle muy de temprano como era su costumbre, sólo para regañarle o desquitar su mal humor en contra de ella. Subió hasta la habitación de su amita, la doncella acompañada de dos hombres del servicio, llamaron un par de veces a la puerta, sin recibir respuesta. Temiendo por la joven ama, empujaron la pesada puerta y entraron, la habitación se encontraba perfectamente iluminada, pues las cortinas no habían sido corridas, la cama no estaba desecha, así que la pelirroja no había dormido allí-¡Debió dormir en la biblioteca, ayer se encontraba muy alterada, muy extraña en su comportamiento!- Espetó la mujer. Estaban por abandonar la habitación, cuando algo llamó poderosamente la atención de la doncella, el magnífico y monumental espejo, lucía descubierto, se había descorrido una de las mantas que le cubrían-Esperen la señorita ordeno, se cubrieran todos los espejos sin excepción, y la enorme luna de su tocador esta descubierta...-No concluyó su observación, porque enseguida dio donde se encontraba Eliza. Estaba descansado su torso sobre el tocador, parecía como dormida, de frente al espejo y de espaldas a su servidumbre-¡Pobrecita niña, se quedó dormida!-Expresó con ternura la doncella, observó el candil, los cabos de cera se habían consumido totalmente-afortunadamente no había ocurrido un accidente- caviló para sí. Enseguida, se acerco a su joven ama, le tocó tímida el hombro-Madame, despierte por favor, ya amaneció- No recibió respuesta y volvió a intentar, ahora imprimiendo un poco más de fuerza-Señorita Eliza, ¿Se encuentra bien?- No volvió a recibir respuesta, pero entonces con la sacudida el cuerpo se deslizó cayendo pesadamente sobre el suelo-¡Señorita!- acudieron en su auxilio, y al incorporarla y despejar su rostro de su hermosa cabellera, lanzaron un grito de terror y con repulsión soltaron el cuerpo de la joven-¡No, no tieeene rostro!-masculló uno de los sirvientes-¡Dios bendito, ¿Quién fue capaz de semejante atrocidad?- Cuestionó otro, al tiempo que se persignaba. La doncella sollozaba con los nervios destrozados al ver dantesco espectáculo. La otrora hermosísima joven, ahora lucía con el rostro destrozado, parecía como si una bestia de mandíbulas de acero, le hubiera arrancado de tajo la piel y músculos de la cara, sólo dejando el hueso limpio y algunos coágulos sanguinolentos y esta macabra visión era enmarcada por su hermosa melena color de fuego. No había huellas de violencia, forcejeo o manchas de sangre alrededor del cuerpo, todo había sido hecho limpiamente, ¿Pero qué bestia pudo haber provocado tal herida? Aún la servidumbre no salía de su estupefacción, cuando el resto de las mantas del espejo, se deslizaron como si una mana invisible las retirara, dejándolo al descubierto totalmente. Y allí en ese demoníaco espejo, había quedado reflejada la imagen de la belleza de la joven Eliza, pero a diferencia del original, su semblante proyectaba una ternura indescriptible y una infinita misericordia, hacia aquella mujer que no fue capaz de albergar sentimientos puros.
FIN