Rutas Primitivas
Por Fran
Regalo para Loly
Se avecinaba otro viaje de negocios. Siguiendo la rutina de siempre Albert preparaba sus cosas, Loly lo miraba con cierta resignación ya que esta vez tampoco lo podría acompañar. Albert se acercó a ella y le dijo que esto era lo mejor. Para ella esto era faltar a esa promesa que le hizo mucho antes de casarse de ser inseparables y de su decisión de ir a todos sus viajes aunque él dijera que no. Albert no tenía defensas contra la determinación de su esposa y le aseguró que en cuanto le retirarán la escayola de la pierna y el doctor la autorizará nuevamente a trepar árboles ellos saldrían de viaje juntos y por un largo tiempo.
Loly que siempre ha sido una persona muy sana y fuerte intensificó sus cuidados para reestablecerse lo antes posible. En menos de 2 meses se embarcaban rumbo a Europa donde tenían un magnifico itinerario de viaje visitando las sofisticadas ciudades europeas. El breve paso por Londres estuvo marcado por los recuerdos de los momentos que pasaron juntos y como se separaron sin una despedida formal. Loly pudo ver en el rostro de Albert esa expresión de inmensa calma al recordar su estancia en Africa. Como la culminación de un deseo satisfecho y quiso escuchar sus anécdotas, tales aventuras incluían un incontable número de veces la expresión ¡tenías que haber estado ahí!.
Decidir cambiar los planes de viaje fue instantáneo, ambos en su inmenso deseo de compartir cada momento de su vida sabían que África tenía un significado especial en sus memorias, a ambos los había marcado de diferentes maneras. A Albert lo había enfrentado a sus deseos de libertad e independencia y a Loly le había enviado un mensaje determinante para su profesión. Era imposible que no hubieran hecho este viaje antes.
La travesía en barco no es ni de cerca tan placentera como la anterior, lejos de navegar en un lujoso trasatlántico lo hacen en un barco de provisiones. Albert la prepara para lo que encontraran en África, los espacios inmensos, largos trayectos bajo el quemante sol, días enteros sin ver a ninguna otra persona y claro muchos peligros para lo que hay que actuar rápidamente. Su gran equipaje quedo olvidado en la lujosa suite de un hotel y solo llevan una mochila cada uno con lo más indispensable y cierta mercancía que Albert asegura les servirá para intercambiar y que es más valiosa que el dinero.
Todo es tal cual lo previó Albert, las ciudades mediterráneas llenas de comerciantes y fue una pena saber que hay que viajar ligero y desaprovechar las ofertas. La impresionante belleza de las pirámides y otros edificios ancestrales, acostumbrase a un viaje a camello y a economizar el agua, el romanticismo de las caravanas y los oasis, así como los rumores de los merodeadores y los ataques de las fieras. Cuando el desierto termina las planicies continúan con ese color dorado que se pierde al rozar las faldas de las montañas y dar lugar a la selva.
El recorrido se vuelve un poco complicado, los caminos que hasta ese momento eran difíciles ahora son inexistentes y Loly agradece su habilidad para manejarse entre los árboles, a veces es mejor ir entre ellos que tratar de caminar a ras del suelo. Una noche, una vez que han atravesado la frontera de Uganda, escuchan cierto ritmo de tambores y Albert anuncia que mañana le espera una sorpresa. Cerca del medio día llegan a una aldea, Loly esperaría encontrar únicamente personas de raza negra pero hay muchos blancos entre ellos. Albert le cuenta que es una visita para los aventureros para abastecerse de provisiones y un refugio para quienes necesitan reestablecerse de las penas del viaje. También es el sitio donde puedes encontrar los mejores guías para recorrer el Nilo en balsa o escalar el monte Kilimanjaro.
Antes de continuar el recorrido acordaron pasar la noche en la aldea. Al amanecer Albert platicaba con los habitantes y todos parecían llevarse muy bien, después de acompañarlos a desayunar recogieron sus pertenencias y empezaron a caminar, con algunos de ellos siguiéndoles. Albert intentó detenerlos pero ellos insistían e hicieron muy grato el camino señalando las maravillas que se escondían en la selva. Hubo un momento en que Albert dijo a Loly que se detuviera y le cubrió los ojos. Guiándola con cuidado hasta que se escuchaba el rumor del agua entonces le descubrió los ojos y ante ella estaba un lago enorme, bellísimo y de un azul que imitaba a la perfección el color del cielo.
Cuando Albert le dio la bienvenida al Lago Albert, Loly creyó que quería adueñarse del lago sólo porque sabía como llegar. A Albert le pareció gracioso el comentario de Loly porque ella ignoraba que el lago toma ese nombre porque el hombre que lo descubrió lo hizo en honor al esposo de la Reina Victoria y como el lago que da origen al Nilo se llama Lago Victoria, creyó adecuado ponerle el nombre de Albert para que compartieran el recorrido del Nilo como lo hicieron en su vida.
También le aclaró que de descubrir él una maravilla de la naturaleza, la bautizaría con el nombre de Loly. Tal declaración obviamente se ganó un beso de Loly, al que siguió otro y otro más largo y profundo. Los hombres que los acompañaban se despidieron de ellos llamándolos amigos en su idioma y con algunas palmadas en el hombro de Albert.
Estaban nuevamente solos en un sitio que parecía una postal y se abrazaban y comían a besos cuando unos gruñidos se escucharon. Loly en un principio creyó que era Albert quien gruñía por ella y le dijo que le encantaba que hiciera eso, pero después se dio cuenta que nuevamente tenían compañía. Una leona emergía entre la espesura de la maleza y se acercaba peligrosamente a ellos. Loly instintivamente se colocó detrás de Albert. La leona continúa acercándose y Loly pregunta si los atacará, Albert le recomienda no tener miedo y que no haga ningún movimiento brusco. La leona no se detiene hasta llegar a los pies de Albert y como si fuera un minino empieza a frotar su cabeza contra la pierna de Albert quien aguanta los empujones con valentía y comienza a acariciar las orejas de la fiera.
Complacida con las caricias se tumba en el césped y permite que Albert entierre los dedos en su grueso pelaje, es cuando se da cuenta de la cicatriz que tiene en la pata delantera y se extiende hasta su hombro y la recuerda como uno de los animales que atendió cuando estuvo anteriormente ahí. Anima a Loly a acercarse y tocar a la leona que en un principio muestra desconfianza pero cuando Albert le habla parece entender que Loly no le quiere hacer daño.
La leona después de haber saludado se vuelve a perder en la frondosa selva y Loly y Albert se despojan rápidamente de sus ropas antes de que los vuelvan a interrumpir. Entre tropiezos y jadeos se arrastran bajo un gran árbol, los preliminares son apresurados, no es que lo necesiten, se desean tanto que su excitados cuerpos no necesitan de más preparación, conocen los movimientos que los llevara rápidamente a ese ansiado momento, los ejecutan con precisión. Cuando unen sus cuerpos su ritmo es frenético, vigoroso, el aire alrededor se caldea y el clímax llega en espirales que se asemejan en fuerza a un torbellino.
Revitalizante.
Siempre es así entre ellos. Son el motor que el otro necesita para gozar al máximo cualquier actividad.
No se arrepienten jamás de ese viaje ni de haber cambiado Europa por África, pese a que todo el mundo los trato de excéntricos (por no decirles en su cara locos). Loly a menudo piensa que ellos también harán historia como una pareja que se amó más allá de lo cotidiano y compartieron tanto y tantas cosas que a lo mejor en un futuro alguien también le ponga su nombre a dos bellezas naturales destinadas a estar juntas por toda la eternidad.
Felicidades Loly
5/X/2006