Mi orgullo vencido por tu amor
Por Ady de Brower
Paisajes hermosos han sucumbido ante las garras de una guerra, de una guerra que no perdona nada y que a su paso ha dejado sufrimientos, lágrimas, desesperanza. Ha quebrado familias, logrando penetrar el sufrimiento en cada una de ellas, pero sigue viva la ligera esperanza de que algún día vuelvan aquellos soldados al cálido hogar.
En un a habitación oscura solo se puede percibir el olor a tristeza, a dolor, un corazón se ha quebrado en mil pedazos, esa mirada femenina no para de llorar y los recuerdos uno a uno se hacen presentes e invocan la presencia de aquel amor que por obra del destino ha muerto.
Aquella joven ha decidido irse lejos de Chicago, refugiarse en cualquier lugar, no importa cual, lo importante es huir, huir del dolor que atormenta su alma.
Los días transcurren y aquella guerra no ha cedido y pareciera no tener final. Esa guerra ha sido la desdicha de muchos, ha sido el constante sufrimiento de Patricia O"Brien, quien con el paso del tiempo se ha resignado, se ha hecho a la idea de que él jamás volverá, aunque ella sabe que en los trozos de su corazón hay una ligera esperanza, la cual grita con desesperación que él está vivo, pero Patricia no quiere saber más del asunto y ha obligado a esa esperanza a desaparecer por completo, "es mejor así", se repite una y mil veces "es mejor así".
*************
Londres 1916.
Las heridas aún no sanan, pero tal motivo no es impedimento para que el tiempo avance y la guerra este por encima de todo.
En un campamento militar se ha edificado una especie de clínica, la cual ya no le es posible albergar tantos heridos, las enfermeras son pocas pero entre esas pocas se impone una voz autoritaria, agresiva, dando órdenes a diestra y siniestra.
-¡¿Qué pasa con ustedes, es que acaso no son capaces de cumplir con su obligación?! Y dicen llamarse enfermeras, no cabe duda... son unas torpes.
-Srita. Flanny... entienda por favor, los heridos son muchos y nosotras solo somos tres y estamos cansadas.
-¡¡Estúpida!!... cuando has escuchado hablar del cansancio de la guerra... a caso las bombas ¿han cesado?, ¿qué día, qué noche, hemos dejado de escuchar disparos?... cuando eso suceda usted podrá descansar todo lo que se le de la gana... pero por lo pronto haga su labor, demuestre que usted puede llevar con orgullo el nombre de enfermera.
-Tiene razón -contestaba la pobre enfermera con la vista en el suelo - discúlpeme, no volverá a suceder.
Flanny Hamilton, la que una vez fuera compañera de Candy, era la jefa de enfermeras en ese lugar. Su carácter duro e implacable le había otorgado ese lugar.
Después de haber hecho su ronda, Flanny se dirigió a una habitación y al entrar, ese rostro malencarado, agrio, se transformó en un abrir y cerrar de ojos, otorgando bondad, cariño, paz.
-Hola... ¿cuándo despertaras?... tengo tantas ganas de escuchar tu voz, ¿cómo será? - la enfermera se sentó al lado de la cama de su paciente, su mano derecha acariciaba con ternura el rostro de aquel soldado - quién serás, no se porque tu rostro me es familiar... durante estos años no lo he podido recordar, pero eso no importa mi querido Jack... espero que ese nombre no te moleste.
La mirada de aquella enfermera se deleitaba con ese rostro dormido. En contadas ocasiones la boca femenina emitía suspiros, deseaba fervorosamente que ese momento perdurara un largo rato, esas visitas a su paciente favorito, eran su único descanso.
Se puso de pie, depositó el beso acostumbrado en la mejilla de él y salió. Al cerrarse esa puerta, regresó la Flanny autoritaria, la que no permite detalles de ternura, de compasión.
Un mes después.
-Te ves tan tierno, tan dulce, daría lo que fuera por escucharte... por saber de que color son tus ojos... anda despierta.
Ella tomó la mano derecha de él, en ese instante ella sintió una emoción que recorrió todo su cuerpo, sintió como él apretaba ligeramente su mano, no lo podía creer.
A los tres días Flanny visitaba a su paciente.
-¿Cómo se siente el día de hoy? - preguntó con indiferencia la enfermera.
-Me siento algo aturdido, no he podido recordar nada de mi pasado, ni siquiera mi nombre, no se por que estoy aquí... no se quien soy...
-No se preocupe, es normal. Como ya le dije estuvo en coma un par de años y me tome el atrevimiento de llamarlo Jack, de alguna forma teníamos que llamarlo.
-Y... ¿por qué ese nombre?
-Pudo haber sido cualquiera y si no le gusta se lo podemos cambiar... soldado.
-Por favor no se moleste, no fue mi intención hacerla enojar.
-Será mejor que descanse... su pulso esta bien, todo esta perfectamente bien... permiso.
-Espere por favor... quisiera hacerle una pregunta.
-Hágala pronto... no es el único paciente que tengo que atender.
-La noche en que recobre el sentido... creo recordar una dulce voz que me animaba a despertar... ¿quién es ella?, ¿por qué no siguió atendiéndome? - preguntaba el soldado con cierta melancolía.
-No se de que me esta hablando... seguramente fue una alucinación, es común en su estado y si no hay más preguntas, me retiro.
-De todas maneras muchas gracias por su tiempo, procuraré no molestarla más.
-Permiso.
Flanny salió de ese lugar a punto de llorar, pero las lágrimas las sepultó en lo más profundo de su ser, no se explicaba el por qué de su comportamiento para con él, pero tenía que ser así, él era su paciente y a todos tenia que tratarlos por igual, tenía que mantener esa imagen dura que siempre había reflejado, su orgullo no debía flaquear ante la cursilería del amor.
Aquel soldado se recuperaba día a día, la buena alimentación, el ejercicio y los excelentes cuidados de Flanny, habían conseguido la rehabilitación total de Jack, convirtiéndolo en un hombre sumamente atractivo, si de por si se había ganado la simpatía de la chica por la ternura que le generaba su calido rostro, ahora al verlo totalmente cambiando le generaba cierta sensación que le recorría el cuerpo de pies a cabeza.
Totalmente recuperado, Jack se reincorporo a la filas. Él al no recordar nada de su pasado, asumió su nueva identidad, de ahora en adelante su nombre sería Jack Carter, el apellido no supo a ciencia cierta como lo había obtenido, simplemente lo agregó a su nombre. Los superiores de Jack, lo enrolaron con ese nombre Jack Carter y lo asignaron a la sección de artillería.
Jack, se entrenaba sin descanso, tarde o temprano lo llamarían a combatir y tenía que estar listo. En pocos días Jack, salía a su primera misión, le fue un tanto difícil actuar, su pulso temblaba, no se atrevía disparar, los rostros angustiados de sus enemigos le hacían titubear, estuvo a punto de perder la vida, si no hubiera sido por un compañero a esta hora Jack estaría muerto.
-Jack, pero que te pasa... no debes titubear dispara, dispara contra el enemigo, para la próxima no estaré ahí....
-Si... tienes razón Thomas...
Esa tarde fue una de las más lentas en la nueva vida de Jack. Su bando regreso al campamento victorioso, pero aquel soldado pareciera caminar entre nubes, recordando que estuvo a punto de morir, sentía todavía sobre su frente el frió metal del arma y sus oídos le calaba la estruendosa detonación que impidió ser asesinado a sangre fría.
El incidente fue muy comentado, se decía que aquel soldado volvió a nacer y esto llego a oídos de Flanny.
-No puedo, no puedo - se repetía un y otra vez aquel asustado soldado - no puedo... qué hago en este lugar si no soy capaz de defenderme, qué me orillo a venir a este lugar, y si nunca fui un soldado... y si estoy aquí por un error... no puedo... ya no puedo más... pero irme... a dónde... por qué no puedo recordar - las lágrimas del joven estuvieron a punto de salir, pero las freno la voz agresiva de la enfermera que había escuchado todo.
-Ahora comprendo porque estas aquí... no te das cuenta que esos sentimientos no valen nada en este lugar... seguramente por consideración al enemigo te derribaron en el aire, seguro que fue por tus absurdos sentimentalismos, entiéndelo de una vez, si sigues con esas cursilerías ten por seguro que eres hombre muerto.
-¿Qué me derribaron, a qué te refieres con eso? - preguntó extrañado el soldado, el cual no se atrevía a darle la cara a la enfermera.
-Después del combate, algunos soldados te trajeron aquí... ellos no sabían nada de ti, solo dijeron que te encontraron entre los restos de un avión y claro por tu uniforme deducimos que pertenecías a la fuerza aérea, tu grupo fue derrotado fuiste el único sobreviviente y hoy pudiste haberte reunido con ellos... tienes razón al decir que estas aquí por un error... deberías irte, renunciar... esto no es para ti...
-Créeme, que si supiera de dónde soy, ya me habría largado.
-Piénsalo muy bien soldado, te quedas o te vas... la compasión es un lujo que no existe entre esta porquería - dicho esto la enfermera se alejó, dejando muy pensativo al soldado.
Después de eso las cosas cambiaron drásticamente, el soldado tuvo que acoplarse a esa vida, aprendió a ser fuerte, a ser implacable con el enemigo. Pero al regresar al campamento se derrumbaba, su única manera de desahogar tanta injusticia era llorando, llorando por no poder evitar tanta masacre, pero era su vida la que se jugaba en cada misión, en cada bala.
Los meses pasaban, llego el año 1917 sin pena ni gloria, era solo un año mas de sangre, un año más de masacres, un año más de guerra.
Jack, día a día demostraba su valor, obteniendo de nuevo un lugar en la Fuerza Aérea, pero ahora como capitán del mismo, su pasión de volar no había desaparecido e hizo todo lo que estuvo a su alcance para regresar a esa filas, quería demostrarle a esa cruel enfermera, que él tenía bien definido lo que quería. Si él, en algún momento de su vida pasada decidió enrolarse, fue porque tal vez tenía sus ideas muy claras y si fue así tenía que reafirmar esa decisión, su pasado dejo de importarle, su prioridad era su presente.
Después de cumplir en el campo de batalla, Jack acostumbraba dar un paseo por una pradera, la cual pareciera inmune a los ataques, conservaba intacta su naturaleza, era un buen lugar para pensar, para reflexionar.
-Lo has logrado, te felicito por tu nombramiento, la verdad no creí que lo lograras, pensé que te irías, que huirías como un cobarde, pero aquí sigues -decía la enfermera que poco a poco se acerba a el soldado.
-No eres la única que puede tener la sangre fría, pero a diferencia de ti, yo sigo conservando mi esencia, no he cambiado, aunque he asesinado, aunque he maldecido, mis sentimientos cursis, siguen ahí, todavía mi corazón es de humano y no es de piedra como el tuyo.
-Es cuestión de tiempo -el rostro de la enfermera reflejaba coraje, mantenía sus manos fuertemente apretadas y con un tono irónico proseguía hablando - en unos años me darás la razón y ese corazón tan sensible del cual te sientes orgulloso, con el tiempo habrá de convertirse en un corazón de piedra y no solo eso, te volverás una persona desagradable, incapaz de sentir amor por la vida y querrás en ese momento darte un tiro en la sien o simplemente vivir en la locura.
-¿De esa manera vives, Flanny? - Jack confronto frente a frente a la enfermera - en que momento me pedirás un arma para darte ese tiro en la sien, no puede ser posible que una persona como tú sea enfermera... ya se por qué... porque lo único que te importa es que te alaben tu trabajo, lo que te importa es que todos te teman, porque no te respetan, te temen.
Flanny no pudo soportarlo más, y con furia en sus ojos le cruzo la cara al soldado.
-Mide tus palabras, maldito soldado... tú no eres nadie para juzgarme, entiendes... nadie... tú no sabes nada de mi... yo solo cumplo con mi deber, solo eso... yo no espero con todo esto una condecoración, no espero las alabanzas de nadie, que te quede muy claro, yo solo cumplo con mi deber.
Lejos de incomodarle esas palabras al soldado, sin saber porque, lo seducían. Aquella mirada orgullosa, la sentía como un desafío y lo había aceptado. Los fuertes brazos de él tomaron de una manera brusca el talle de la enfermera, moldeándola a su cuerpo excitado, era un abrazo duro, casi violento y al mismo tiempo poseía dulzura.
Flanny, por su parte experimentaba enojo, pero en medio de todo ese sentimiento hostil, sentía la culminación de cada uno de sus sueños, cada fantasía con él, los cuales la hacían despertar cada noche con el cuerpo empapado de sudor.
Teniéndola tan cerca, los dedos de él trazaban suavemente el contorno de los labios de ella, las suaves caricias que él le prodigaba a ese rostro duro, terminaron por derrumbar el muro edificado por el orgullo de la enfermera. Ambos no podían evitar lo que tanto anhelaban, los que sus cuerpos exigían, los labios de él se prendaron de los labios de ella.
-Basta, basta por favor, suéltame - pedía extasiada la enfermera.
-No... no quiero parar, es tanto lo que te deseo - le susurraba el soldado al oído de ella - me he quedado despierto muchas noches, soñando con tu pelo entre mis manos, que beso tus labios, que acaricio tu cuerpo y en mis locas fantasías te he hecho el amor miles de veces.
-No... esto no puede ser - se decía en voz baja la joven.
-Pídeme que te deje, pídeme que me aleje, pídeme que no te haga el amor y te dejare en paz para siempre.
-Hazme el amor, hazme tuya... yo también te deseo.
Los labios de la enfermera atraparon los de él, ella con su lengua exploraba cada rincón de la boca de su amante haciéndolo beber su dulzura y ella bebía la dulzura de él. Ambos terminaron tendidos sobre la hierba, él seguía besándola, mientras las manos de ella se hundían en los cabellos negros del soldado.
Flanny lo despojo de sus ropas dejando al desnudo un atractivo torso, sus manos recorrían palmo a palmo la textura de la cálida piel de su amante, para después darle paso a sus labios quienes también querían ser parte del deleite. Jack, no quiso quedarse atrás y procedió a retirar aquel uniforme blanco, dejando casi desnudo un cuerpo hermosamente perfecto, la luna fue la aliada ideal para que los ojos de él pudieran gozar de tan bellas curvas. Las fuertes manso de él temblaban al tratar de quitar el sostén, aquellos hermosos senos quedaban a merced de él, los cuales fueron tiernamente acariciados, para después ser atrapados por los labios de él. La lengua masculina jugaba con aquello pezones erguidos, mientras su compañera emitía ligeros gemidos, hasta el grado de encajar sus uñas en la espalda de él.
Los labios de Jack, poco a poco fueron bajando, recorrían el abdomen de ella, mientras sus manos retiraban la última prenda. Flanny sentía que moría con cada beso, con cada caricia y sintió que el alma se le salía por la boca, la sentir las caricias, los besos en el clítoris.
-Jack, por favor, hazme tuya, por favor, quiero sentirte dentro de mi, quiero sentir tu calor dentro de mi, por favor.
Al escuchar la voz agitada de ella, él se detuvo, sintió pena por la forma en que la estaba tratando, tal vez ella no quería ser amada de esa manera, pero era la única que ella le inspiraba.
-Vamos Jack, no pares por favor.
El soldado retiro las últimas prendas que le quedaban, se recostó sobre ella, atrapo sus labios con un apasionado beso, mientras penetraba en ella suavemente. Las bellas piernas de ella envolvieron a Jack haciéndolo penetrar más profundamente en su interior, no quería ser tratada como una muñeca de porcelana, quería ser amada de una manera un tanto brusca. Por las mejillas de ella una lágrima resbalaba, pues Jack había desgarrado la fina barrera virginal.
-¿Te he hecho daño?
-No... no pares por favor, no pares...
Apenas se podía creer que el nivel de placer pudiera aumentar, pero así fue. Sus movimientos se hicieron fuertes, primitivos, salvajes. Flanny cerraba sus ojos con fuerza cuando su cuerpo comenzaba a experimentar pequeñas explosiones, apretó más las piernas en torno a Jack, saboreando las sensaciones. Sus gemidos se unieron en uno solo al llegar al clímax de aquella entrega.
Ambos temblaban, él la cobijo con sus brazos, repitiéndole una y otra vez que la amaba, que quería estar siempre son ella.
La enfermera por su parte, acurrucada en su pecho, no habla, pero una sonrisa de satisfacción le iluminaba aquel rostro enamorado.
Después de aquella noche, los encuentros eran frecuentes. La orgullosa Flanny cayó primero ante la ternura, después ante la pasión que se escondía en aquel hombre de nobles sentimientos.
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-Tengo un mal presentimiento, se que después de esta misión, no estarás más a mi lado, querido Jack.
-Mi bella enfermera, no tienes nada que temer... yo siempre estaré aquí a tu lado, pase lo que pase... tú me devolviste a la vida, con tus cuidados me saques de aquel interminable sueño, por ti estoy aquí, no sería capaz de dejar ir a la mujer de mi vida, a la mujer que tanto amo.
Al siguiente día el soldado partía en lo que tal vez sería su última misión. El ruido de los aviones, de las ametralladoras, resonaban junto al viento. Una lluvia roja caía sobre el campo de batalla, al mismo tiempo que un avión era derribado.
Terminado ese crudo episodio, enfermeras, médicos entraban y salían de la pequeña clínica. En la mirada de Flanny, una imagen desgarradora se incrusto, Jack estaba bañado de sangre.
Fue un día muy difícil, el peor en la vida de la enfermera, en sus manos estaba de nuevo la vida de ese soldado. Después de la operación, solo restaba esperar. A la tercera noche, las oraciones de Flanny dieron resultado, volvió a escuchar la voz de su querido Jack.
La primera palabra que emitió fue le nombre de una dama: PATTY.
Al escuchar eso, los labios de la enfermera temblaron, sus gafas se empeñaron, cerca de sus labios tenia restos de agua salada, se puso de pie y se retiro de la habitación.
La guerra llegó a su fin. Soldados, enfermeras, médicos fueron condecorados por su valentía en el campo de batalla. Por fin regresaban a casa.
Jack, recobró su pasado, pero lo que vivió en la guerra lo tenía tatuado en el alma. ¿Qué hacer ahora? Cuando se recupero totalmente, busco con desesperación a Flanny, pero no la encontró, en cuanto recibieron la orden de regresar a casa, Flanny subió al primer avión militar que salía de Europa con destino a América.
Aquel soldado fue de los últimos en regresar. Al llegar a su patria, fue recibido como héroe y como recompensa un cargo importante en la Fuerza Aérea de Estados Unidos, fue condecorado con mil medallas, pero lo que a él realmente le importaba era presentarse ante su familia.
Tiempo después, Jack se encontraba en la puerta de una gran mansión en Chicago, se encontraba en la entrada de la mansión Andrew. El nombre de ese soldado no era Jack Carter, era Alistear Cornwell Andrew, aquel que una familia años atrás había enterrado, aquel que una novia le lloro hasta el cansancio, aquel que solo vivía en los recuerdos de su hermano.
Stear tenía que tomar la decisión más importante en su vida, él dio la media vuelta y se alejo de ese lugar. Subió a su automóvil y se dirigió a su verdadero hogar, su destino era Lakewood.
Al llegar, entro a través del Portal de las Rosas. La mirada de Stear se perdió en tan divino paraíso, recuerdos alegres llegaron a su mente. Después se encamino al camposanto de la familia.
Su caminar lo detuvo a unos cuantos metros de su tumba, una mujer se encontraba ahí.
-Stear... sabes, la esperanza de volver a verte la dejo aquí, en tu tumba. Espere hasta el último avión militar y tú no apareciste, nadie me supo dar razón de ti, revisaron una y otra vez las listas, y tu nombre nunca apareció, tuve la esperanza de que estuvieras vivo, pero no es así, descansa en paz mi amado Stear.
La chica se alejo a paso rápido. Stear quiso detenerla, pero las piernas no le respondieron, su corazón le grito que la dejará ir, no valía la pena hacerla sufrir, pues ella ya no habita en él.
Patricia O"Brien, regresó a Florida donde vivió sus últimos días llenos de felicidad al lado de un hombre que la quiso con toda su alma.
Después de ver partir a Patty, Stear se acercó a su tumba.
-Descansa en paz Alistear Cornwell.
Después de este episodio, Stear regreso a Washington donde viviría para siempre. Por otra parte, Flanny fue llamada a hacer parte del profesorado en la Escuela Militar de Enfermeras en Washington. Stear al saberlo, inmediatamente fue a buscarla.
-¡¡¡Flanny!!!
-General, me da mucho gusto que este bien.
-¿Por qué desapareciste de esa manera?, y ¿por qué me tratas de esta manera?
-Por favor General Cornwell, no es bien visto que un superior se dirija de esa manera a una simple enfermera.
-Flanny por favor, solo dame unos minutos, quiero hablar contigo, por favor.
-Esta bien, pero solo unos minutos.
Ambos se dirigieron a los jardines del instituto.
-Flanny, te amo... estos días sin ti han sido un largo sufrimiento, yo no puedo estar lejos de ti.
-Alistear, yo no podría estar contigo, para mi sería un total desconocido... Alis...
El joven la interrumpió con un beso.
-Frente a ti tienes a Jack Carter, este soldado que se llegó a enamorar del orgullo de una cruel enfermera.
-¡¡¡Jack!!!
Flanny rodeo con sus brazos el cuello de él, para después aferrarse a los labios de su soldado.