"LA SOMBRA DE TU AMOR"
MINIFIC
POR ALIZ ANDREW
FESTIVAL DE LOS FANFICS
FEBRERO 2012
Advertencia, situaciones o lenguaje pueden incomodar a personas sensibles a ello. Leer bajo tu propio riesgo
Apenas y la primera luz de la mañana vislumbraba el nuevo día, el viaje había sido ajetreado y la majestuosidad de la mansión Andrew en Lakewood dejaba admirar su ostentosidad aún a gran distancia.
Toda la noche habían viajado desde Chicago hasta aquel lugar, ahí tendría lugar unas horas mas tarde la tradicional fiesta del Clan Andrew, motivo por el cual el gran Magnate William Albert Andrew así como su hermosa hija adoptiva Candice White Andrew serían nuevamente anfitriones de aquélla espléndida celebración.
Candy no iba muy segura de acudir, la verdad tanta majestuosidad y derroche le parecían excesivos, sin embargo en pos de dar gusto a Bert esto sería sin duda algo "fácil" de hacer, a Candy le encantaba complacer a Albert en todo lo que él pidiese, desde acompañarlo en un sencillo viaje a las afueras de la ciudad para disfrutar un picnic hasta ser en compañía de éste la anfitriona de tales ágapes, por su parte la Tía Abuela Elroy hacía lo suyo, desde organizar con todo tipo de reglas estas reuniones hasta elegir el mejor Haggis que es una morcilla preparada con avena y cordero que se sirve con verduras y legumbres, exquisitez que por generaciones ha sido degustada no solo por la familia, sino en toda Escocia. Ello desde luego acompañado de gaitas y bailes que hacía de aquéllas galas algo sencillamente inolvidable.
Albert por su parte hoy comparte con Candy cierto nerviosismo, hace días ronda por su mente una idea que a veces le parece absurda y otras lo mas lógico en esta relación tan mas extraña: ¿padre e hija?, ¿hermano y hermana? ¿Hombre y mujer?... no, no solo un hombre, sino uno muy enamorado... tanto que a veces parece imposible seguir negándolo si las miradas gritan lo que las palabras insisten en callar.
En el auto Candy va recorriendo con sus ojos la hermosa diversidad de flores que parecen recibirlos en camino a Lakewood, las hermosas bluebonnets les dan la bienvenida y los pináculos se miran tan graciosos ¡como danzando con el viento!
Candy entrecierra sus ojos y el tiempo comienza a retroceder, ¿cuántos años hace que recorrió por primera vez aquél camino? ¡Vaya si el tiempo ha pasado!, ahora al lado de Albert es reconocida como toda una Andrew, símbolo de fortaleza y ejemplo de valor ante la adversidad, hoy hasta los mismos Leagan le respetan, no solo por ser la compañera de Albert, sino porque lo ha ganado, a fuerza de voluntad y tenacidad ha demostrado el valor de la mujer aun en estos tiempos tan difíciles para el mundo.
Comienza a amanecer y por fin llegan, George los recibe con su clásica sonrisa que más bien es una mueca a los ojos de Candy, ¿es tan difícil expresar los sentimientos?
-Aún y para George el amor es una posibilidad que siempre debe habitar el corazón-, piensa Candy mientras éste los recibe y se apresura a dar órdenes para bajar las maletas e irlas acomodando en sus respectivas habitaciones.
Candy piensa en dónde le asignarán, pues Tía Elroy ha reservado el segundo piso para los invitados provenientes de todo el país.
-No te preocupes pequeña, nosotros nos quedaremos en el tercer piso, será más cómodo pues al estar mas alejados del ruido descansaremos mejor- comenta Albert
-¿el tercer piso?- Pregunta Candy y es inevitable recordar la Torre del Sur...
-¿con el fantasma?-... piensa para sus adentros, -¡por Dios Candy! Te escuchas como una llorona,- se dice a si misma con esa sonrisa que a Albert embelesa
-¿De que sonríes Candy?
-¿eh? ¡ah! No tiene importancia, recuerdos, bellos y emocionantes recuerdos, ¿no te parece fascinante estar aquí Bert? Es como si cada rincón nos hablara de nuestra historia porque ¿sabes? Ésta también en mi historia, de no ser porque te encontré no estaría aquí.
-mi preciosa, eres la joya mas preciada para mi ¿lo sabes verdad?..
-¡Albert! A veces me da la impresión de que tus ojos algo me ocultan ¿sabes?
Albert se sonroja ante la picardía que las palabras de Candy encierran ¿es que acaso es tan obvio su comportamiento? Y si es así ¿por qué se lo hace tan difícil?
-Vamos, es mejor verte como una mujer que como mi hermana. Este beso amuleto es para espantar cualquier mal pensamiento que ronde por esa cabecita loca- acercando a Candy hacia él sus labios apenas y rozan la frente de la chica.
Sin embargo, algo extraño ocurre a Candy... ese beso, no es de hermano, ¡vamos, ni siquiera de un amigo!, aunque apenas y la tocó una rara electricidad se apodera de todo su cuerpo, -¿ocurrirá lo mismo con Albert?- se pregunta entre una mezcla de emoción y angustia.
Mientras todo ello ocurre la Tía Elroy observa desde el balcón la escena, es una anciana, pero su conocimiento de la vida le presenta algo muy lógico que está ocurriendo, su querido William está enamorado y de esa chica que no acaba de convencerla, sin embargo sus labios dibujan una leve sonrisa, la aprobación al ver a Albert feliz le hacen ver con buenos ojos esa posibilidad...si, tal vez ella es la indicada...
La tarde corre con una ligereza tremenda, apenas y las viandas, los músicos así como los invitados están en punto, tal y como la exactitud de Elroy exige, por su parte los ancianos miran con buenos ojos el cómo William a aprendido al dedillo los menesteres necesarios para seguir con las tradiciones del Clan, solo falta el culmen, verle formalmente comprometido para que la descendencia continúe y la estirpe del íguila Real tal cual su escudo representa vuele por todo lo alto, han tenido una reunión previa con Elroy y ésta les ha asegurado que no tarda mucho para que William de este paso, -es solo cuestión de tiempo- les ha dicho, pues quien mejor que ella para descifrar las miradas cargadas de significado que el noble tiene para con su pupila, ¿quién mejor que una Andrew para continuar con la descendencia? ¿Quién mejor que Candy para recibir los tesoros que a Pauna pertenecieron? Sus joyas, el joyero damasquinado, sus fotografías, sus recuerdos... ¿pero cómo no entregarle a Candy lo que siempre le perteneció? El corazón de los Andrew representado en Anthony y Albert...
El viejo espíritu de la tía no se equivoca, los sentimientos de William hacia su niña no son otros que los de un hombre perdidamente enamorado y capaz de cualquier locura por esa chica, -habrá que tomarse sus precauciones- pensó la anciana, -William suele ser muy maduro, pero al fin es un hombre, los de nuestra estirpe son todos unos caballeros, pero este chico ha demostrado demasiada paciencia-
Nuevamente la sonrisa vuelve a posarse en sus labios mientras estos pensamientos vuelan por su mente.
Los acordes de las primeras melodías se dejan escuchar y las emociones de Candy aceleran su corazón, la música, el salón principal, los recuerdos de Anthony, Stear y Archie le llegan como un viento muy cálido, de pronto ve junto ella a Albert perfectamente ataviado con su Kilt, Candy lo observa tan hermoso y varonil, ¡es mas bello aun que la primera vez que le vio en la Colina!, sus mejillas se sonrojan al sentir que es descubierta por Bert.
-¿qué te sucede Candy? ¿Por qué bajas la mirada?
-no es nada, solo... tanta gente me perturba
-Candy, te lo he dicho muchas veces, si te sientes incómoda nos retiramos, sabes bien que solo me importa tu bienestar.
-Oh no Albert, no te preocupes, si lo siento necesario me retiraré temprano, solo deseo estar a tu lado y apoyarte en lo que esté a mi alcance.
-Bien mi preciosa, hagamos nuestra entrada triunfal.
En el momento en que Albert y Candy se posaron sobre la escalinata la música cesó, todos los invitados hicieron un silencio mas por admiración que por respeto, aquélla pareja que apareció era realmente mágica, ella ataviada en un hermoso vestido verde hacía resaltar sus bellos ojos solo como una hermosa dama lo había hecho muchos años atrás, él con su trate típico escoses parecía mas un príncipe que un magnate en su atuendo tradicional, los ojos de absolutamente todos admiraron con fascinación a estos personajes que parecían arrancados de un cuento de hadas.
-Bien hecho Elroy- comentó un anciano a la Tía, -ella es perfecta para nuestro William, solo espero que hagas lo propio, mira que no queremos morir sin saber que un nuevo Andrew seguirá con la descendencia de nuestro Clan-
La tía asiente con un gesto entre agrado y embeleso mientras Candy y Albert inician el baile con un vals que los trasporta a un lugar que solo quienes han amado puede describir.
Las horas trascurren y los invitados empiezan a despedirse, Candy ha visto y celebrado con Anne y Archie, también Patty a podido asistir y divertirse acompañada del recuerdo de Stear.
Al final Albert se ofrece a acompañar a Candy hasta sus aposentos, cual un príncipe la escolta hasta la puerta no sin antes agradecer la excelente compañía que ha representado para el.
-Albert, espero y no te rías, pero ¿sabes que de pequeña fui engañada por Eliza y Neil quienes me atraparon en una de esas habitaciones?... Albert, al sonar las diez en el viejo reloj de la Torre del Sur... un hombre de sombrero de copa negro y negra capa...
-¡Por Dios Candy, no creeras en esas pamplinas, jajaja!
-Te pedí que no te burlaras, estoy segura que lo vi...
-Bien princesa, no es para asustarte, pero me temo que en unos momentos mas el reloj volverá a sonar, espero y tu fantasma no aparezca...
-¡Por favor Albert! ¡Esto no es un juego! Respeta esto que te comparto.
-¡Está bien pequeña! Te prometo que estaré al pendiente de todo lo que se escuche, sabes que estoy en la habitación contigua.
-Y... ¿por qué no te quedas esta noche conmigo? Siempre lo hicimos en el apartamento Magnolia...
La petición de Candy llegó hasta donde Albert jamás imaginó, una extraña ola de deseo le invadió llegando a dudar que la chica no se hubiese percatado de dicha reacción.
-No creo- dijo titubeando, -es mejor dejarte descansar- y dicho esto se dio media vuelta y apresuró el paso hacia su cuarto.
Candy un tanto decepcionada entro en su flamante habitación, Albert se había esmerado en decorarla solo para ella y esto era algo que la halagaba enormemente, apenas y se había puesto el camisón y apagado la luz pudo escuchar el sonido del viejo reloj, una sensación de angustia le recorrió de pies a cabeza, pero jamás imaginó que en ese momento en el balcón se reflejara entre las sombras de la noche la silueta de un gallardo caballero de sombrero de copa negro y negra capa.
-¡El fantasma! dijo con un grito ahogado la rubia, éste muy despacio recorrió la cortina y con un ágil brinco llegó justo frente a ella, su gallarda figura iluminada solo por la luna dibujó un cuerpo atlético, completamente ataviado de negro y con una brillante mascada blanca que solo dejaba delinear su barbilla, sin lugar a dudas estaba muy lejos de mostrar una entidad de ultratumba, sus movimientos fueron tan excitantes y felinos que Candy transformó el miedo en una sensación muy distinta, de pronto se miró apenas cubierta con el delgado satín del blanco camisón que dejaba mostrar los senos turgentes y estimulados por la osadía de aquel extraño ser, el por su parte, solo acertó a llevar su dedo índice a los labios en señal de pedirle completo silencio, Candy al reaccionar brincó de la cama hasta la puerta, que era lo que le quedaba mas cerca, el fantasma de un solo salto llegó hasta ella y colocándose detrás de la chica con un brazo rodeo su cintura, mientras que con la otra posó descaradamente su tibia mano sobre aquéllos senos ansiosos de ser tocados, besados, tomados por completo, Candy contra todo pronóstico no gritó, ni siquiera hizo el mínimo intento de forcejear, unas hábiles manos tibias y sensuales bajaron los tirantes de su camisón, acto seguido haciendo lujo de una excitante destreza los labios de aquel individuo salido de la nada despojaba a Candy de las bragas, ésta dejo descansar su deseo al gusto de quien infringía su espacio, volteó muy lentamente y ofreció su frágil cuerpo a quien en ese momento recorría sus manos y su lengua en frenético deseo desde los erectos pezones hasta el monte de Venus el cual a estas alturas reclamaba lo suyo.
Unos labios muy suaves se posaban en el cuello de aquella mujer que experimentaba una necesidad urgente de estallar, un calor muy suave y un cosquilleo desconocido hasta ahora se apoderaba de toda su femineidad, la humedad de su entrepierna la excitó hasta el punto de abrazarse a aquel cuerpo que para esos momentos yacía casi desnudo, besándole casi con furia aquéllos labios que con tal descaro la estaban haciendo suya.
Por su parte el extraño fantasma tomaba cada parte del cuerpo de su presa con un deleite extraordinario, jamás su virilidad se sintió tan asombrosamente urgida y excitada como aquélla noche, el banco del tocador fue el marco perfecto para descansar aquél apremio, el quedó sentado, ella sobre él de frente se mecía en un compas perfecto con una cadencia que los trasportó a una locura total, los suaves gemidos de aquélla mujer se combinaban en perfecta melodía con los silencios de aquél ser que tan deliciosamente le hacía el amor, el parecía conocerla desde siempre, ¿cómo podía saber dónde, cómo tocarla?, la ternura y la delicadeza en una dulce mezcla de pasión y desenfreno fue el toque magistral que aquél hombre imprimía a cada caricia. Ambos llegaron al éxtasis en tal armonía que jamás alguien se hubiera imaginado que Candy era virgen, sin embargo, algo estaba tan condenadamente bien que no era normal, esos brazos, ese cuerpo, esos labios...¿cómo era posible que Candy se hubiese entregado a un desconocido, a un espejismo? ¿Qué explicación le daría a Albert si para él ella era completamente transparente?... apenas y terminaron con la experiencia mas erótica y maravillosa de sus vidas las preguntas sacaron a Candy de su furtiva excitación.
-¡Por Dios! ¿Quién eres?... ¡Claro está que no eres una alucinación!
Aquél misterioso caballero una vez vestido solo acertó a despedirse de su enloquecida amante con un apasionado beso y una graciosa reverencia, acto seguido se fue tal como llegó, sin pronunciar una sola palabra y huyendo por el balcón.
En ese momento Candy reaccionó saliendo de su cuarto y dirigiéndose al de Albert, había paradójicamente vivido el mejor momento de su vida y ¡ni siquiera sabía con quién!, sin embargo por lo menos algo tenía claro, no podría esperar hasta la mañana para confiárselo a Albert, sabía que tal vez la despreciaría, pero ello era mas aceptable que vivir con la angustia de un pesado secreto.
-¡Albert, Bert, abre por favor!
Ningún ruido se escuchó, o estaba profundamente dormido o... ¿no estaba?
Candy no esperó mas, abrió con fuerza la puerta, la luz del baño estaba prendida pero...una extraña capa y un sombrero negro de copa formaban un seductor camino hacia la puerta del tocador...
-¡¡¿Albert?!!, exclamó Candy en pasmado delirio
Al escucharla Albert se apareció en la puerta ataviado tan solo con una blanca mascada en sus manos y una tentadora sonrisa sobre sus deliciosos labios.
-¡Dios! – Pensó Candy dentro de su ofuscación -¡eres tu!, ¡Dios mío eres tan bello!-
Albert muy lentamente se fue acercando hasta llegar a ella, le tomó en brazos y muy sensualmente le susurró al oído:
–Vamos princesa, soy totalmente tuyo, te amo y estoy loco por ti-
Candy asintió con un profundo suspiro acompañado de un temblor que recorrió una vez mas todo su cuerpo, el ambiente erotizado y lleno de pasión que perfumaba aquél lugar solo le permitió exclamar entrecerrando sus enamorados ojos –llévame a la cama, y si no llegas tómame de nuevo aquí mismo...mi príncipe, mi fantasma, mi amor...
Por la mañana la escalinata se engalanaba con una pareja que hacía de su presencia una delicia para todos aquéllos con los que convivían, miradas traviesas y de profundo amor se cruzaron mas de una vez durante el desayuno, mensajes apenas perceptibles murmurados leyéndose los labios, guiños coquetos y furtivas caricias aderezaron aquel convite. Al terminar, con una risita extraña Albert invita a Candy a conocer la Torre del Sur, Candy encantada acepta y antes de que pudiesen notarlo la pareja se encaminaba hacia aquel lugar.
Tía abuela Elroy apenas y pudo protestar por tal atrevimiento, ¡la mesa nunca se deja de esa manera!, sin embargo al ver alejarse a Candy y Albert plenos de felicidad con una sonrisa dibujada en sus arrugadas comisuras pide a George papel y tinta, es hora de escribir a los ancianos algo importante.
Su expresión se hace mas patente al iniciar su misiva anunciando el muy próximo compromiso de William Albert Andrew... si, parece ser que la espera ha terminado, el fantasma de la soledad ha desaparecido para el Tío Abuelo.
*FIN*