La Boda
Por: Yeimi
Para: Max
14 febrero 2007
Foro Andrew
- Señorita White Andrew, acepta al joven Terruce Grandchester como su esposo?
Candy estaba absorta contemplando el suelo de la capilla del colegio, apenas si había escuchado al cura que la hermana Grey había hecho llegar horas antes. Su futuro estaba decidido, o más bien, lo habian decidido; debía casarse con aquel chico rebelde que la hacía rabiar, por la torpeza de haber caído en la trampa de Eliza Leegan, no tenía otra opción.
De no hacerlo, la hermana Grey había amenazado con avisar al tio Abuelo Williams y a Madame Elroy sobre la " indecorosa y vergonzosa situación de verse a horas de la noche con un hombre en los establos " y si eso no bastaba, mandaría una carta a todas las familias pudientes de Chicago informando de los hechos que una alumna del Hogar de Pony llevaba a cabo en uno de los más prestigiosos colegios de Inglaterra, por lo que las adoptaciones en dicho hogar se verían afectadas en un cien por ciento.
Si lo primero había hecho vacilar un poco a Candy debido al enorme cariño que, aun no conociéndole, le inspiraba su protector, lo último si la hizo recapacitar; no sacrificaría jamás a los chicos del hogar que tanto amaba, quitandoles la oportunidad de ser felices con una familia que talvez los pudieran adoptar en el futuro, por una torpeza que había cometido y del cual se arrepentía enormemente. No tenía otro camino, debía hacerlo por ellos, como cuando en el pasado tuvo que viajar a México para no perjudicarlos, ahora se casaría con aquel chico que si bien era guapo, tambien la sacaba de sus casillas a menudo.
La tos seca del cura sacó a Candy de sus cavilaciones.
- si, acepto, - se escuchó decir tristemente a sí misma mientras Archie daba un puñetazo en la pared, dando a demostrar lo mucho que odiaba a aquel chico aristócrata que, para rematar, ahora le quitaba la mujer que amaba. Anie que estaba a su lado intentó calmarlo aunque en vano.
Dirigiendose al joven moreno, el cura preguntó:
- joven Grandchester, acepta a la señorita Candy White Andrew como esposa?
- si, acepto, - respondió con malicia, más para molestar a Archie y a Elisa que por otra cosa.
Las cosas para él eran diferentes, el matrimonio sería más fácil porque no tenía la intención de llevarlo a cabo en la alcoba. Si había aceptado cuando la hermana Grey se lo dijo, o mas bien cuando se lo impuso, fué por proteger a Candy, sabía lo estirada que su familia adoptiva era y pensaba que no era justo que ella pagase sola por la canallada que Eliza les hizo.
- Entonces, los declaro marido y mujer, - informó el sacerdote, - pueden besarse.
Candy se puso nerviosa hasta el hueso y Terry lo advirtió, pero disimulando con maestría la tomó entre sus brazos y le plantó un beso. Un beso que hacía estremecerse a Candy cada vez que lo recordaba.
Paty llegó hasta Candy para felicitarla, y al igual que Stear y Anie, le deseaba lo mejor. Elisa se marchó enfurecida y hecha una rabieta para su habitación, las cosas no salieron como ella quería, lejos de eso, solo logró unirlos mas.
Candy se veía sencilla pero adorable, usaba un vestido color blanco que Anie le regaló y que le tallaba perfecto, el cabello lo llevaba recogido en una sola coleta lo cual la hacía ver mejor que antes, con facciones más maduras, pero como quiera que no se trataba de una historia de amor, su rostro denotaba cuánto lo lamentaba. Triste y con el corazón lleno de incertidumbre acerca del futuro que le esperaba, se despidió de sus amigos puesto que Terry empezó a sonar la bocina del carro recordándole que la esperaba para partir hacia su nueva casa.
Para todos los alumnos la boda era auténtica y real, incluso los amigos de Candy lo creían, motivo por el cual Archie estaba totalmente en desacuerdo pues no creía en que hubiese amor entre ellos y al final la que saldría mayormente lastimada sería su querida prima. Nadie se imaginaba que ambos habían sido forzados a hacerlo, merced al silencio de Terry y a los pocos comentarios que Candy hacía de ello.
Terry creyó prudente no advertir a su padre que se trataba de un matrimonio falso, de haberlo hecho el Duque de Grandchester se habría negado a ayudarlo y entonces él no hubiera podido salvar a su amiga de la "deshonra" que tanto preocupaba a la hermana Grey.
El Duque no se había tragado del todo el cuento de que su hijo se había enamorado, pues el dia en que Candy y Terry lo visitaron para informarle la desición de casarse percibió cierto nerviosismo por parte de los dos, sus muestras de afecto no eran las de dos jóvenes que se casarían en esa misma tarde, más bien parecian sentenciados a hacerlo. En un momento pensó en dejarlo solo para que se las apañase por sí mismo confiando en que ello lo ayudaría a madurar y a hacerlo mas responsable de sus actos. Pero al ver el consternado rostro de aquella chica pecosa y encantadora que lo acompañaba, algo de ternura y compasión sintió, por lo que decidió darles una oportunidad ofreciéndoles una residencia en las afueras de Londres, misma que Terry heredaría cuando él muriese. Además les ofreció una criada de confianza a la vez que dama de compañía para Candy, ya que era un requisito en la nobleza Britanica que las esposas de los herederos a cualquier título ya fuera de Conde, Duque o Marquéz, se hicieran acompañar de una dama tanto en los eventos sociales como en los particulares.
A este ofrecimiento de su padre, Terry intuyó que tenía doble próposito; uno era efectivamente lo que su padre alegaba, puesto que conocía las reglas, pero el otro era de interés mas bien personal; su padre quería informarse de "todo" lo que ocurriese entre ellos, y no teniendo ellos otro camino a que recurrir, debía aceptarlo aunque no quisiese.
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- estás bien, tarzán pecoso?
Candy observaba melancólica el paisaje, no habían hablado con Terry desde la ceremonia y no tenía intenciones de entablar plática, además ¿que le diría? En aquella ocasión lo veía más guapo que nunca con el traje negro que usaba, y por eso estaba tan nerviosa.
- si, - fué su única respuesta. Sin volver el rostro hacia él.
- piensas que te obligaré a . . . algo?
- espero que no . . . verdad? - suplicó suavemente.
Terry disfrutaba aquel momento en que Candy volvió a verlo con cierto temor, la veía divina con aquella expresión de candor en su rostro. Ella es muy inocente - pensaba.
- mmm . . . no sé, ya veremos - respondió divertido y Candy se sonrojo hasta el pelo.
Media hora después llegaron a la residencia en donde vivirían de ahora en adelante. Una señora de mediana edad salió a recibirlos haciendo una reverencia a ambos, - Buenas noches joven Grandchester, mi nombre es Karen Weber y estoy para servirles - dijo.
- hola Karen, mi nombre es Candy White Andrew, - saludó alegremente la rubia, feliz de poder charlar con alguien mas.
- Candy White Andrew DE Grandchester - corrigió Terry seriamente mientras la abrazaba así, debía ser cuidadoso con Candy para no levantar sospechas.
- buenas noches señora Weber, mi esposa y yo estaremos en nuestra alcoba, por favor avísenos cuando la cena esté lista.
- si señor.
Mientras subian las escaleras que conducían a la habitación, Candy volvió a ver el rostro de Terry que continuaba serio, y luego observaba el brazo que seguía aferrado a su cintura. - el porque de esta posesión Terry? acaso . . . piensas cobrarme el favor? - pensaba la rubia sin poder huir del cosquilleo que sentía en su vientre.
Pero al entrar a la recamara y cerrar las puertas tras de si, Terry cambió de actitud. Dándole la espalda y con voz relajada, le dijo:
- no tienes porque temer pecosa, jamás haría algo que tú no quieras . . . pero debemos ser cuidadosos con Karen.
- porque? - inquirió interesada Candy.
- no lo percibes? Y como Candy no caía en cuenta Terry se volvió a explicarle:
- el que mi padre nos haya ayudado no quiere decir que crea en este matrimonio.
- crees que Karen lo mantendrá informado?
- por supuesto.
- entonces . . . como haremos? digo, para dormir en habitaciones separadas? - preguntaba Candy temiendo lo peor; dormir en la misma habitación que él.
- dormiremos juntos, - contestó Terry sin chistar mientras Candy se sentaba perturbada en la enorme cama de la habitación, sintiéndose impotente de negarse a lo que le decía aquel chico que la estaba protegiendo.
Cuando la hermana Grey los exortó a casarse aquella misma noche que los encontrara en los establos, después que Candy recibiera las opciones que ésta le presentara y horrorizada aceptaba mejor la que consideraba una condena, Candy y Terry tuvieron un momento a solas. En ello, Terry al ver la angustia reflejada en el rostro pecoso de su amiga tuvo que dejar su peculiar modo de ser y mostrarse un amigo ante ella, consolandola diciendo que todo saldría bien, él la apoyaría para que su familia no la repudiara y que la boda sería real pero que nunca la consumarían, dormirían en cuartos separados todo el tiempo y que cada quien hiciera lo que quisiera. Que por el dinero no se preocupara, él había ahorrado por mucho tiempo las mesadas que su padre le daba mensualmente y que era suficiente como para vivir un año por lo menos.
Candy le escuchaba atentamente y aún en medio de la desgracia se mostró decidida a llevar a cabo el plan que los sacaría del apuro, sobre todo a ella, y le dijo que ella tambien podía contribuir a los gastos necesarios porque buscaría trabajo de inmediato. Gesto que alabó internamente Terry al ver el espíritu servicial de la muchacha.
Sólo faltaba algo que aclarar, algo que le carcomía la mente a Candy desde hacía un rato y que no se atrevía a preguntar. Pero Terry lo adivinó al ver la duda en los ojos de la joven.
- te preguntarás por cuanto tiempo, no?
- si, - confesó cabizbaja pero con el corazón acelerado por saberlo.
- será hasta que uno de los dos se enamore, - explicó Terry entonces. - Si soy yo el primero, te lo haré saber para tramitar el divorcio, y si eres tú, entonces me avisas, entendido?
Candy observaba a Terry mientras hablaba, sentía admiración y ternura por el chico que estaba decidido a ayudarla. Él, que algunas veces se comportaba tan rebelde, tan arrogante y tan frío con ella, ahora la sorprendía con aquel gesto tan noble y desinteresado.
- me escuchaste mona pecas?
- eh? ah si . . . si te escuche Terry.
- entonces ya está, sólo falta hablar con mi padre para que nos apoye. Debemos mostrarle que estamos muy enamorados -dijo con voz aterciopelada para fastidiar a Candy.
- chistoso - dijo ésta haciendo un mohín.
La hermana Grey apareció segundos después. - Ya se decidieron? - preguntó con voz grave.
- si, - contestó Candy timidamente.
- entonces no hay problema, se casarán mañana - advirtió
- tan pronto? - preguntó Candy indignada.
- si, cuánto antes mejor, el honor del Real Colegio San Pablo está en juego, pueden marcharse.
Terry sintió repugnancia al escuchar hablar asi a la rectora, estaba claro que lo único que le interesaba era la fama del colegio, no que la honra de Candy estuviera en juego. Mientras que Candy pensaba que ni siquiera tenía un vestido formal que ponerse.
Al salir de la dirección sus amigos les esperaban ansiosos, querían saber la suerte que correría la rubia. Pero ella sólo les dijo que se casaría al dia siguiente con Terry en la capilla del colegio. Archie y Stear quedaron paralizados con la noticia y pronto dieron a entender que no les gustaba para nada la decisión, sobre todo a Archie. Anie y Paty abrazaron a su amiga y le dijeron que era mejor casarse a salir expulsada del colegio, asumiendo que ambos estaban enamorados.
- nosotras te arreglaremos para la boda - dijo Paty emocionada y Anie se ofreció a mostrarle unos vestidos de ella para que Candy escogiese uno.
- muchas gracias chicas, les agradezco mucho - mencionó Candy melancólica y buscando a Terry con la mirada porque había desaparecido ya.
Afuera, entre los árboles, los sentimientos estaban a flor de piel . . .
- pero Stear, esto no puede estar sucediendo de verdad, - alegaba Archie enojado, - no lo puedo permitir, ese desgraciado no se puede casar con ella.
- si Candy lo ha aceptado debemos resignarnos, - dijo sabiamente el moreno, - ella sabrá lo que hace, lo único que nos queda es apoyarla.
- tú . . . tú te resignas fácilmente porque no la quieres como . . .
- como tú? - terminó de decir Stear, - talvez no, cuando uno quiere a alguien de verdad debe ser sin egoismos, pensar en la felicidad de esa persona antes que en la de uno mismo, y si la felicidad de Candy está con él, pues me alegro que la haya encontrado - dijo volviendose de espaldas a su hermano mientras se quitaba las jafas y las limpiaba.
Archie descubrió entonces el puro y desinteresado amor que Stear guardaba por Candy.
- entonces . . . tú tambien . . . ?
- desde que la ví por primera vez.
Anie y Paty llegaron hasta ellos en ese momento y tuvieron que guardar silencio.
- y Candy? - inquirió preocupado Stear?
- se fué a su habitación, - declaró Paty.
- está tan entusiasmada por su boda que no aguanta por que sea mañana - comentó Anie, ignorando que Candy quería estar sola, a salvo en su habitación, en donde no tenía que fingirle a nadie que estaba feliz por la boda y soltarse en llanto, porque si no lo hacía, de seguro que se ahogaba.
- Albert . . . mi querido Albert, porque te fuiste?!! - se preguntaba entre sollozos, - si estuvieras aquí en Londres no dudaría en buscarte y pedirte consejo, tú sabrías que decirme . . . mi amigo Albert . . . mi Albert . . . ojalá que a tí te vaya mejor en Africa, ojala y tú estés bien, haciendo lo que mas te gusta - lloraba Candy sin obtener consuelo, porque se malacostumbró a buscarlo entre aquellos brazos tan fuertes que la habían abrazado en el pasado, porque sólo en aquellos brazos se había sentido feliz cuando pensaba que todo a su alrededor acababa. Esa noche lloró mucho, lloró hasta quedarse dormida.
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Completamente a solas dentro de la habitación, Candy ansiaba quitarse el vestido que usó durante la ceremonia, pero Terry estaba leyendo un libro cerca de ella y no se atrevía. Terry por el contrario se había quitado al llegar la corbata y la chaqueta, quedandose con la camisa medio desabotonada y el pantalón puesto - se ve muy atractivo con ese aspecto desenfadado, - pensó Candy
Eran las siete de la noche y ya habían pasado tres horas desde que llegaron, tiempo que Terry creyó suficiente para salir, no sin antes buscar entre sus bolsillos algún objeto que tuviera filo. Candy interrumpió su lectura al ver a Terry cortándose la muñeca con el soslayo de la armónica - que haces? -preguntó preocupada cuando advirtió el liquido rojo correr en su brazo y luego limpiarse con la sábana.
- asegurándome que todo salga bien, ahora puedes cambiarte - contestó mientras abría las cortinas de la ventana y se acomodaba en ella. Necesitaba aire puro y pronto, el olor a rosas que desprendía su ahora esposa lo tenía calado hasta el hueso.
Candy se sintió vacía al ver la sangre de Terry en las sábanas, hubiese querido que las cosas fueran de otro modo, más era imposible, no había forma de cambiar los acontecimientos y eso le dolía. Como hubiese querido que se hubieran casado por amor, porque estuvieran enamorados los dos, pero Terry se había casado con ella para protegerla, para proteger la fama de los chicos del Hogar de Pony, y lloraba en silencio pensando que solamente era ella la que sentía cierta atracción por él.
Sin la presencia de Terry a su lado, Candy se cambió sus ropas por otras más ligeras. En realidad, Anie la había sacado de un buen apuro en horas de la mañana obsequiandole algunas prendas además del vestido.
- Anie tiene muy buen gusto, - pensó al verse en el espejo con el oscuro modelo que usaba que junto al cabello arreglado de esa manera la hacía sentir más segura de sí misma, la hacía sentirse bonita.
Terry observaba de lejos la figura de Candy, era increíble ver como una mejor ropa cambia a las personas, como un buen peinado hacer ver mejor a una mujer ( perdón pero acabo de ver a Bety la fea jaja) le gustaba antes? eso ya lo sabía, pero la nueva Candy le gustaba mucho más.
- joven Grandchester, la cena está servida. - anunció Karen tras la puerta, sacando de sus pensamientos a ambos jóvenes.
- en un momento bajaremos. - contestó Terry bajándose de la ventana y dirigiéndose al closet en busca de otras ropas.
Candy guardaba silencio mientras observaba la puerta del baño donde estaba cambiandose Terry, estaba inquieta y llena de ansiedad por lo que le esperaba de hoy en adelante junto al chico que la desconcertaba a menudo con su carácter impredecible.
- estás lista? - aquella voz ronca hizo temblar a Candy, más aun cuando advirtió a Terry con aquellas prendas que usara en la fiesta blanca.
- si,- dijo rápidamente, lo que menos deseaba en el mundo era darle a entender a Terry que la ponía nerviosa. Pero eso iba a ser imposible, en un gesto caballeroso él el ofreció su brazo para bajar las escaleras y la rubia se ruborizó notablemente.
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En una de las ventanas del dormitorio de los chicos, unos ojos color miel observaban con tristeza la negra noche que los envolvía. Recuerdos de una chica entrépida, colgándose de árbol en árbol llegaban a su memoria, recuerdos de cuando le salvara en el rio mojándo en el acto sus finas ropas llegaban después, seguidos de otros en los cuales habían disfrutado con ella junto a Anthony y su hermano... sin comprenderlo, los dias más felices de su existencia.
- no tienes sueño? - escuchó decir a su hermano a sus espaldas. Eran las dos de la mañana y ninguno de los dos podía dormir.
- no - murmuró quedamente, sin fuerzas. Imaginaba que su adorada prima yacía en los brazos de Terry luego de haber hecho el amor, y por eso estaba tan desolado mirando hacia la nada.
- no te mortifiques, piensa que ahora está bien con alguien que la protege. - dijo Stear que imaginaba la tormenta interna de su hermano. Él tambien sufría en silencio al imaginar a la rubia entregándose a su esposo, pero no dejaba que sus sentimientos y emociones dominaran por completo su ser.
- como haces para no hundirte si la amas?- inquirió Archie luego de una pausa al ver a Stear tan tranquilo mientras hablaba, cuando él sentía que desfallecía al aceptar que la perdía por completo.
Stear no contestó de inmediato, pero su mente retrocedió 7 años atrás . . .
La tia abuela había ofrecido una fiesta en la mansión por motivo de su llegada a Lakewood, él se había sentido feliz de invitar a aquella niña pecosa que encontrara en el camino y en horas de la mañana había salido entusiasmado a comprarle un vestido nuevo para que luciera aún más hermosa en el baile. Se ganaría su cariño poco a poco, y luego . . . cuando ambos tuvieran edad . . . se le declararía - pensó.
Pero no contaba con que Anthony apareciera entre ellos, ni mucho menos que su propio hermano la conocía y cultivara los mismos sentimientos que él hacia la joven. Tuvo que sufrir todo de golpe cuando advirtió que Anthony y Candy se veían con total adoración y que su hermano tambien sufría al contemplarlos. Su amor se volvió callado desde entonces y juró ser su amigo incondicional por siempre, la apoyaría y cuidaría el resto de su vida aunque fuese de lejos.
Archie observó a su hermano enajenado con algún pensamiento, sin duda recordaba un feliz pasado porque sus labios habían formado sin querer una sonrisa. - si, su amor era tan real como el de él - pensaba
- resignarme, - fué lo único que respondió Stear y Archie no preguntó más.
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Candy estaba temblando por la cercanía de Terry en la cama. Él estaba dormido desde hacía unas horas y ella simplemente no lograba ni cerrar los ojos, mucho menos conciliar el sueño. La cena la habían pasado totalmente en silencio, Candy estuvo observando su plato de comida todo el tiempo mientras sentía la mirada inquisidora de Terry sobre ella. Karen estaba a la expectativa de lo que pasara entre los jóvenes, la orden era precisa: verificar que el matrimonio era real.
En un gesto que Terry le hiciera para que los dejase solos, Karen subió rapidamente a la habitación para informarse de lo sucedido horas antes. Lo que vió le gustó: ropas de ambos tiradas en el suelo, sábanas arrugadas en el borde de la cama con la sangre que afirmaba el fin de la virginidad de la chica en una de ellas. El duque se sentiría complacido con la noticia.
- te sientes bien? - preguntaba intrigado con el silencio de la rubia, en ese momento la veía exquisitamente adorable.
- si, - balbuceó quedamente al verlo a los ojos, - es solo que me siento extraña.
- es natural que te sientas asi, ninguno de los dos estaba preparado para esto, pero es mejor que nos acostumbremos - declaró seriamente y Candy se preguntaba el porqué de aquel cambio de humor.
Los dias empezaron a transcurrir tranquilamente en la residencia de los Grandchester. Terry salía temprano por la mañanas y volvía hasta el anochecer alegando que buscaba trabajo, pero lo hacía más por huir de la presencia de Candy y de sus propios sentimientos, que por otra cosa.
En una de sus salidas, se hizo amigo de John, un joven entusiasta que compartía la misma pasión que él por el teatro y que motivó profundamente a Terry para que se decidiera por ser actor. Ambos, lograron audicionar en un teatro local que presentaba función todos los fines de semana.
Candy mientras tanto se desesperaba por salir de casa y encontrar trabajo para ayudar a Terry con los gastos, pero sus estudios en el colegio aún no le valían para encontrar un empleo profesional y eso la desmoralizaba a ratos. Al ver la decepción pintada en el rostro de Candy cada vez que llegaba en la noche, Terry le propuso que estudiara mejor y que él le costearía los gastos. Al principio ella se negó alegando que no era justo que en vez de ayudarlo ahora le sacaría más dinero, pero luego que durante la noche recordara aquella carta en donde Albert le contara acerca de sus experiencias en Africa, atendiéndo y curando a sus pacientes, Candy sintió enormes deseos de ser enfermera. Asi, cuando llegara el fin de aquel matrimonio impuesto y que aún no se consumía, que seguramente jamás se consumiría, ella podía viajar hasta el continente Africano y ayudarle a Albert con los enfermos. Entusiasmada con la idea pero avergonzada por abusar de la nobleza de Terry, al dia siguiente por la mañana aceptó su oferta y se decidió por estudiar.
Si bien estaba feliz porque Candy había aceptado su oferta, Terry se preguntaba qué la habia hecho cambiar de opinión. Sintiéndo sin quererlo, una punzada en su pecho.
Desde ese dia, Candy empezó a asistir a la Escuela de Enfermería Londinese
En América, un atractivo y joven rubio estaba sumamente sorprendido con las noticias. Había pasado en Africa los últimos tres meses y apenas llevaba un par de dia en Chicago, especificamente en Lakewood.
- ¡¿qué es lo que estás diciendo?! - preguntó poniéndose de pie de inmediato.
- lo que escuchó señor Williams, la señorita Candy se casó con el joven Grandchester en la capilla del colegio.
Albert se había puesto pálido con aquella información, hubiera deseado que su secretario estuviera mintiéndole, que fuera todo un cruel engaño. Pero la verdad estaba ante sus ojos, George le mostraba la constancia de matrimonio que le diera la rectora al llegar.
- ¿sabes exactamente como pasó?
- lo ignoro señor, la rectora no me quizo dar detalles, solo que de común acuerdo los jóvenes decidieron casarse cuánto antes y ella los apoyó.
- déjame solo por favor, - pidió consternado mientras volvía a sentarse en el mullido sillón de su escritorio, era devastador saber que la mujer que amaba estuviera casada ya. - ¿Porqué . . . porqué lo hizo? ¡Candy . . .!
Pero esa noticia no debía sorprenderlo por completo, él sabía que Terry y Candy compartían sentimientos encontrados hacia el otro y que tarde o temprano se unirían o distanciarían más debido al fuerte temperamento de los dos. Pero si en su ausencia ellos tomaron la desición de casarse, él no se entrometería; la apoyaría como siempre aunque le doliera el corazón y la protegería desde lejos.
No obstante, las cosas se habían dado demasiado rápido en su opinión. Ellos no llevaban una relación de novios cuando los observó en el zoológico y eso había sido unos pocos meses atrás, porque se casarían tan rápido? qué los llevó a casarse tan repentinamente? Como tutor de la rubia se vió en la necesidad de averiguar hasta el fondo la situación, y si como pensaba había algo turbio en ello, no descansaría hasta llegar al culpable.
En el sobre que George le diera iba una carta de sus sobrinos que de inmediato abrió.
Querido Tio Abuelo Williams:
En espera que se encuentre bien de salud, nos es necesario informarle que Candy ha sido victima de un engaño, motivo por el cual ha tenido que desposarse con un chico del colegio. Por favor no dude de su reputación, ella es incapaz de deshonrarse a sí misma, mucho menos de perjudicar a los Andrew con una injuria de tal grado. Por favor no la repudie, ella es buena y bondadosa y no merece que se le quite el apellido por una falta que jamás cometió.
En espera de su comprensión, nos despedimos.
Archie y Stear Cornwell Andrew.
- ¿Un engaño? - se preguntó Albert totalmente intrigado. Luego su seño se frunció, si los Leegan habian tenido que ver en esta decisión de Candy, él no tendría consideración alguna esta vez. Estaba decidido: viajaría a Londres cuánto antes.
Pero primero debía informar con mucho tacto a la tia abuela Elroy, a fin de que la noticia de la inesperada boda no causara mayores malestares a la matriarca.
El matrimonio de los Grandchester caminaba bien hasta ahora, llevaban ya mes y medio de casados. Candy asistía todos los dias por la mañana a la escuela de enfermería, almorzaba junto a Terry en su hogar y luego asistía a sus prácticas en el Hospital Santa Clara en horas de la tarde, acompañada siempre de la señora Webber que se había convertido en un soporte para la joven. Estaba encantada con la profesión que había escogido, definitivamente ese era su camino. Y todo se lo debía a Albert, porque fué él quien la inspiró a serlo, motivo por el cual se lo agradecía internamente cada vez que ayudaba a un paciente a recuperarse. Durante el dia la pasaba feliz haciendo lo que le gustaba, se distraía, pero cuando llegaba la noche . . . las cosas cambiaban. El convivir junto a Terry todas las noches la estaba matando, y no precisamente porque él la buscara, sino todo lo contrario, Terry apenas le dirigía unas cuantas frases en el intimidad de la habitación. Cuando a la hora de acostarse Candy empezaba a peinar sus cabellos vistiendo una larga pero sensual bata, el joven la contemplaba absorto y Candy lo sentía, pero cuando intentaba entablar plática el chico era cortante. Y eso la desesperaba.
Terry mientras tanto notaba el cambio en la rubia, la veía mucho más alegre por las noches cuando llegaba y le comentaba entusiasmada en la cena lo vivido durante el dia, le escuchaba atentamente los comentarios y peripecias que pasaba en el Hospital Santa Clara donde hacía sus prácticas. Al oirla hablar, Terry se sentía orgulloso de ella, alababa en su interior la paciencia y dedicación que ésta tenía con los pacientes. Él tambien disfrutaba de su trabajo en el teatro aunque le diesen papeles poco importantes. Pero últimamente no lograba concentrarse, pensaba en ella más que de costumbre, tenía su imagen pintada en la mente y no podía borrarla con nada. En las horas de la comida podía charlar con ella de cualquier cosa, podía verla a los ojos sin temer perder su caballerosidad, pero cuando llegaba la hora de acostarse su martirio empezaba. El verla con la cabellera suelta, el contemplarla con aquellas largas pero íntimas ropas y respirar la loción a rosas que usaba, lo estaba volviendo loco. La recamara se estaba volviendo un suplicio para él, no podía sorportar el verla directamente a los ojos porque sabía que iba a ser su perdición, y cuando ella le hablaba en el interior de la alcoba con aquella voz tan suave, tan melódica, su unico deseo era volverse a ella y tomarla entre sus brazos mientras se comía a besos aquella boca tan sensual. Luego, quitarle sus ropas tan infames por tratar de cubrir su belleza y llenar su piel de infinitos besos, hasta que sus cuerpos no aguantaran más y unir el suyo con el de ella.
Su palabra y honor de no consumar el matrimonio estaba en juego, asi que decidió mejor dormir en recámaras separadas. La presencia de la señora Webber ya no era problema puesto que creía firmemente que el matrimonio ya estaba consumado y hasta los exortaba a tener hijos, pero Candy y Terry le decían que aún no era el tiempo. Candy estuvo de acuerdo con la decisión de Terry aunque se entristeció notablemente, y él al percibirlo se complació. - ¿Era posible que Candy lo extrañara ahora que ya no compartirían la alcoba? todo parecía indicar que sí.
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En unos de los mejores hoteles de Londres, especificamente en el Savior, el joven magnate de los Andrew descansaba en la tranquilidad de la suite. Luego de hacer una visita inesperada como el Albert de antaño a Stear y Archie, conocía la verdad de aquel percanse que obligó a su protegida a casarse. Él no se había equivocado al atribuirle la culpabilidad a Elisa Leegan. Atravez de los años, conocía hasta el último detalle de todos los pormenores de las maldades que la chica junto a su hermano le causaran a Candy desde que la conocieran. Por fortuna, su pupila era fuerte como ninguna y no necesitaba de alguien que la defendiera. Pero esta vez, la maldad de sus sobrinos había ido demasiado lejos. Y tomando de aquella copa de Whisky que se sirviera al llegar, decidía en qué forma castigaría la nueva afrenta que su sobrina le había jugado a su pupila, la que había ocasionado que la mujer que amaba se fuera con otro. Y aunque su noble corazón le avisaba que Candy no sufría con tal unión, la razón le decía que no fué la forma correcta para que ella se comprometiera. Así, que no debía sentirse culpable por deshacerse de su sobrina mandandola a estudiar lejos, en Canadá, donde no volviera a perjudicar jamás a Candy con sus argucias y artimañas. Con todo el poder que había heredado de su padre sobre aquella familia, contactó a George para que hiciera los trámites pertinentes para cambiar a Elisa y a Neal de colegio cuánto antes.
- ¡¿Qué es esto?! - demandó Elisa con el ceño fruncido mientras se ponía en pie. George los había citado a ella y a su hermano en la dirección del colegio y les entregaba un telegrama de madame Elroy a cada uno. La orden era irrevocable; debían partir cuánto antes a Canada dejándo a medias sus estudios y amistades.
- ¡esto no puede ser! - exclamó enojado Neil leyendo el telegrama en un par de segundos. - ¡debe haber un error!
- no hay error alguno, - contestó apacible George mientras sonreía en silencio al ver sus rostros perplejos e irritados con la noticia. - Al fin pagaban una de tantas que le hicieron a la señorita Candy,- pensaba.
- y mis padres ya saben de esta decisión de la tia Abuela? - preguntaba Elisa con una pizca de esperanza.
- si, ya están al tanto de todo, sobretodo de la boda de la señorita Candy.
Elisa se puso pálida hasta el pelo, y sin decir palabra volvió a sentarse - ¿Era posible que sus padres y la tia abuela estuvieran enteradas de su trampa? por la orden que le estaban dando parecía que si. Por primera vez había quedado sin fuerzas para renegar. Neil en cambio estaba hecho una furia con su hermana por haberlo involucrado, ahora tenía que hacer amigos nuevos en otro colegio, y en otra ciudad. Cosa que no era fácil debido al pésimo carácter que poseía.
En el camino de regreso, George recordaba el momento en que Albert comunicara a la Tia Abuela lo sucedido . . .
- ¡Williams ! ¿que haces aquí? - había preguntado intrigada al verlo, llevaba cuatro años sin verlo, - está hecho todo un hombre, - pensaba satisfecha.
Hasta ese dia, luego del entierro de Anthony, sabía de él unicamente por medio de las cartas que le entregaba George de vez en cuando. Y el verlo nuevamente, transformado en un elegante y atractivo caballero, le causó una gran sorpresa y alegría a su corazón. Por primera vez en algunos años, se sentía vulnerable.
Albert llegó hasta ella y la envolvió en un abrazo. - ¿como has estado Tia Elroy? - le preguntó cariñosamente.
- hijo, porque te pierdes tanto tiempo? - le recriminó suavemente esperando que ya no volviese a desaparecer de nuevo.
- no te preocupes, esta fué la ultima vez. - respondió decidido mientras se sentaba frente a ella.
- supe que estuviste en Africa, como te fué?
- muy bien tia abuela, Marruecos se dá mucho para los negocios, he pensado en llevar algunos hasta allá, George ya está al tanto. El moreno asintió cuando la anciana lo volvió a ver para confirmarlo.
- si ya lo decidiste está bien, pero dime, ¿porque te has presentado sin anunciarte? esperaba hacerte una espléndida recepción para darte a conocer como cabeza de los Andrew.
- la puedes hacer siempre Tia, solo que . . . quisiera arreglar un pendiente antes. - viajaré a Londres esta semana - comunicó.
- no te presentarás ante tus sobrinos verdad?
- no como el tio abuelo, pero si como el amigo de Candy.
La tia abuela se intrigó bastante al saber que Candy ya lo conocía, pero no quizo hacerle preguntas a su sobrino, en aquel momento se sentía feliz de verlo.
- entonces prepararé la fiesta para cuando vengas.
- perfecto, - respondió Albert poniéndose de pie, - estaré en Lakewood unos dias, - le avisó al darle un beso en la frente. - Ah! se me olvidaba decirte . . . por favor no creas nada que tenga que ver con Candy, - mencionó como por casualidad al salir, - yo te enviaré un telegrama con George cuando las cosas estén resueltas. A madame Elroy no le quedó mas remedio que quedarse con la duda en la boca al ver que su sobrino había salido ya.
George alabó internamente la astucia de Albert al cubrir a su protegida de la tia Elroy. Ahora estaba seguro que el joven investigaría a fondo el porqué de aquella inusual boda, que sabía, lo había afectado sentimentalmente.
Albert había advertido a la abuela Elroy muy a tiempo; horas después de su encuentro llegó la señora Leegan a charlar con ella mientras tomaban el té . . .
-¡¿ Que Candy hizo qué ?! - exclamó airada poniendose de pie.
- lo que escuchó tia abuela, se casó en el colegio y con un tipo de quien sabe que familia, - contestó calmadamente con aire de superioridad.
- imagínese, ahora quien sabe a donde irá a parar la fortuna de los Andrew,- agregó
La tia Abuela le daba la espalda mientras guardaba silencio, - entonces . . . Williams ya sabía de esto, - pensó,- ojala y me sepa dar una buena respuesta cuando regrese. ¡Esa niña me sacará de quicio! Luego se volvió a la señora Leegan que sonreía para sí al pensar que ahora sí se desharían de Candy, que la repudiarían de una vez por todas.
- déjame sola, - pidió al volverse, - necesito estar a solas mientras decido que hacer con esa chiquilla.
La señora Leegan se despidió de ella con marcha triunfante, esperaba lo peor para aquella chica que en el pasado llegó a trabajar como sirvienta a su casa.
Pero la alegría no le duró mucho; dos semanas después fué llamada junto a su esposo al despacho de tia abuela Elroy, George estaba presente.
- nos mandó a llamar tia abuela?
- asi es, quiero tenerlos de frente para comunicarles lo siguiente . . .
Los Leegan se miraban complacidos el uno al otro, ya esperaban que la anciana matriarca anunciara que Candy dejaría a los Andrew por siempre.
- Elisa y Neal se trasladarán de inmediato a Canadá, - sentenció duramente, mientras los Leegan se pusieron pálidos con la noticia.
- pero . . . porqué? qué han hecho que amerita cambiarlos de colegio y pais tan de rrepente? - preguntó sofocada la madre.
- mejor pregunta qué no han hecho, - tóma, lee . . .
La señora Leegan devoraba con los ojos aquella carta que le diese la anciana, momentos después se la enseñaba a su marido, apenada.
Querida Tia Abuela Elroy:
Me he encontrado con una noticia devastadora aquí en Londres, sucede que mi pupila se ha matrimoniado ya con uno de sus compañeros del colegio. George ya me lo había comunicado antes, pero no así el motivo de tal decisión por lo que me ví en la necesidad de ahondar en el asunto.
Con mucho dolor y decepción, me doy cuenta ahora que Candy se vió forzada a hacerlo, motivo de un sucio engaño que le jugaron Elisa y Neal Leegan. De no casarse, la rectora del colegio prometió hechar por tierra la honra de los Andrew aquí en Europa, advertencia que Candy no pasó por alto y prefiriera mejor sacrificarse asi misma comprometiendose con el chico.
Aplauda usted el espíritu de nobleza y responsabilidad de la joven, y castiguese al mismo tiempo esta nueva afrenta que los Leegan le hicieran a mi protegida. Por el momento he decidido mandarlos al exterior a estudiar y a hacer su vida lejos de Candy, ojala y aprendan la lección. De lo contrario, me veré en la penosa necesidad de desterrarlos del clan Andrew de una vez por todas. Entere de esta decisión a los Leegan mostrándoles la carta.
Muy atentamente,
Williams Albert Andrew
PD: el chico que desposó a mi querida pupila ha resultado ser hijo de un noble inglés. No solamente está guardado el honor de los Andrew, ahora estamos emparentados con la nobleza Británica.
Ésta última parte, no sólo había hecho que madame Elroy se sintiera tranquila y despreocupada; había logrado además que los Leegan sintieran verguenza y hasta remordimiento por haber tratado mal a Candy en el pasado. Sin decir palabras, dieron a entender que estaban resignados a obedecer las órdenes de Williams Andrew. Luego partieron.
George volvió al presente recordando que tenía una fiesta de presentación que planificar.
Mientras tanto en casa de los Grandchester, Candy extrañaba sobremanera la compañía de Terry en su habitación. Por más que lo intentaba, por más que se distrayera estudiando, la imagen de Terry la llevaba tatuada al pecho; ansiaba que el joven pudiera verla con otros ojos, que la quisiera como se quiere a una novia y no como a una amiga. Su escondido amor por él crecía desmesuradamente, apenas si le veía a los ojos de vez en cuando durante las comidas. Terry por su lado deseaba que Candy sintiera una pizca de amor por él, que lo amara aunque fuera una milésima parte de lo que él sentía por ella. Quería sincerarse con ella en una de las tantas cenas que compartían pero no se atrevía; la veía tan distante, tan distraída, pensando seguramente en sus estudios y prácticas, que apenas y disfrutaba de una de sus exquisitas miradas.
Su amigo John había quedado mudo de placer al verla, - te felicito por tu esposa amigo, es la mujer más hermosa que he conocido, - le dijo a Terry en el teatro el dia después de conocerla. Terry había asentido con una sonrisa aunque los celos se lo carcomían por dentro, pero era lógico que su esposa sacara suspiros a los otros chicos. Su dulce carácter, su tierna sonrisa aunada a la singular belleza que poseía, la hacía merecedora de su amor incondicional, un amor puro y desinteresado aunque ella se enamorara de otro y le dejara. Felicidad era todo lo que le deseaba - si tan solo me correspondiera, si tan solo me viera como el hombre nuevo que trato de ser, yo . . . yo la haría muy feliz, - pensaba soñador mientras trataba de memorizar el papel que le había tocado esa vez.
El teatro en que trabajaba iba viento en popa, su talento y gallardía había ayudado a que hubiera mas concurrencia en las funciones. Gente cada vez mas famosa y adinerada llegaban a verlo actuar los fines de semana, tanto así que el dueño del teatro empezó a darle protagonicos al joven y a enorgullecerse con el resultado.
Esta vez, le tocaba interpretar a Romeo para consagrarse como actor, y Candy le había prometido estar ahí frente a él, observándolo actuar. Entonces él se prometió a sí mismo poner todo su empeño y dedicación para que la rubia se sintiera orgullosa de él; haría lo que estuviera a su alcance para enamorarla con su actuación.
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Era de tarde cuando Candy salía de sus prácticas diarias en compañía de la señora Webber cuando sus ojos se toparon con una figura inconfundible . . .
- ¡Albert! - exclamó sorprendida mientras sentía el corazón acelerado.
- hola Candy! como estás? - le preguntaba sonriente mientras se acercaba y ella lo recibía con un abrazo.
- oh Albert . . . que sorpresa volverte ver! - decía sollozando de alegría mientras aspiraba su aroma - no sabes todo lo que me ha pasado!
- luego me cuentas todo, si Candy? Candy asintió mientras limpiaba sus lágrimas.
La señora Webber no se perdía detalles, - Quién era este atractivo joven a quien Candy aún estando casada abrazaba con tanto cariño y confianza?
Albert volvió a ver a la señora que los observaba y pensó que debía ser su dama de compañía. Candy lo advirtió y se excusó en el momento.
- Oh señora Webber! déjeme presentarle a mi amigo Albert, Albert ella es la señora Webber.
- mucho gusto señora, es un placer conocerla, - saludo cortéz mientras tomaba su mano y la besaba. Gesto que hizo temblar a Karen por la caballerosidad de aquel hombre tan guapo.
- el placer es mio, - murmuró sonrojada.
- Albert tambien es amigo de Terry , - explicó Candy
- Oh! entonces sería bueno que nos acompañara a la cena, - invitó Karen
- si! - exclamó Candy alegre. Luego su rostro tomó una expresión nostalgica - tenemos que contarte muchas cosas con Terry . . .es que . . .él y yo . . . estamos casados, - declaró al fin sonrojada.
Albert colocó una de sus fuertes manos sobre su hombro para mostrarle que tenía su apoyo y ella lo entendió.
- entonces vamos, - dijo él sonriente ofreciendo sus brazos a la damas.
Por la noche . . .
- Albert! querido amigo, como te va ? cuando llegaste? - preguntaba Terry al llegar y toparse con el aquel joven de cabellos rubios.
- muy bien Terry, llegué hace unos dias y tu como estás? - preguntaba al abrazarlo - veo que han cambiado algunas cosas aquí en Londres.
- estoy bastante bien amigo, es una larga historia larga que luego te cuento, pero dime, como nos encontraste? - inquiría Terry ofreciéndole un asiento del comedor. Karen servía la cena junto a Candy.
- fuí al colegio San Pablo y ahi Stear y Archie me comentaron de su boda y del nuevo colegio donde Candy estudiaba enfermería. Decidí buscarla para ver como estaban, pero como no la encontre una alumna me proporcionó la dirección del hospital donde practicaba.- explicaba Albert mientras empezaban a degustar los platillos.
- entiendo, te sorprendiste con la noticia?
- la verdad un poco, pero como les va?
Terry volvió a ver a su querida esposa y pensaba que casarse con ella aunque no tuvieran intimidad, era lo mejor que le había ocurrido hasta ahora.
- bien, muy bien - respondió mientras le dedicaba una tierna sonrisa a Candy, ella la recibía de igual manera.
Albert comprendió entonces que los chicos se guardaban mutuo afecto y se querían enormemente, talvez la trampa de Elisa al fin y al cabo no había estado del todo mal, puesto que sirvió para unirlos. - Candy no podía estar en mejores manos, - pensó complacido. Él tambien buscaría la felicidad en una mujer que lo amara de la misma manera.
La cena transcurrió apacible en la residencia de los Grandchester. Con una visita como la de Albert, era lógico que se la pasaran alegres y animados. Él les contaba sus experiencias y peripecias en el continente Africano y ellos le escuchaban encantados imaginando preciosos parajes, exóticos animales y muchas culturas diferentes. Habían dejado ya el comedor y compartían en la sala cuando el reloj marcó las nueve de la noche y Albert se puso en pie.
- te quedarás esta noche con nosotros? - prengunto Terry ansioso que su amigo se quedase con ellos.
- no puedo, tengo que visitar un amigo que conocí en Marruecos - respondió al tiempo que le daba la mano a él y un beso en la frente a su esposa, - pero prometo que pronto nos veremos, - dijo sonriente y decidido. Dejando intrigados a ambos jóvenes pero felices de haber compartido una buena plática con él.
Al dia siguiente cuando Candy asistió como de costumbre a sus clases, una de sus compañeras había salido a encontrarla a toda prisa portando unos sobres en su mano.
- Candy! llegó correspondencia para tí! - exclamó emocionada, sabía que su amiga esperaba cartas de América.
- en serio?
- sí miralas.
Candy leyó velozmente el remitente encontrando feliz lo que buscaba. Su corazón rebozaba de alegría cuando leía aquellas letras de la hermana Pony.
Querida Candy:
La hermana María y yo nos sorprendimos mucho cuando recibimos tu carta. Nunca esperamos que te casaras tan luego, pero si esa es tu decisión la respetamos. Algunos chicos han llorado con la noticia, pues más de alguno tenía esperanzas de casarse contigo cuando creciera. Ya sabes lo enamoradizos que son. Queremos que sepas que siempre te apoyaremos, y por favor no nos olvides y visítanos cuando puedas. Cuídate mucho y cuída a tu esposo.
Te queremos mucho.
Señorita Pony, Hermana María y los chicos del hogar.
Candy se enjugaba rápidamente unas lágrimas que habían salido de sus ojos sin permiso. Luego abrió el otro sobre y exhaló un suspiro al ver su remitente. Era una carta del Abuelo Williams.
Querida Candy:
¿Cómo has estado? me han informado que ya te casaste, es verdad eso Candy? Si lo es, no te preocupes, confío ciegamente en tu buen juicio y estoy seguro que escogiste bien. Tienes todo mi apoyo incondicional, no lo olvides. Tambien soy sabeedor que has escogido la enfermería como profesión y estoy muy orgulloso de tí, es muy noble de tu parte que quieras ayudar a los enfermos, que ofrezcas tu sonrisa como recompesa a aquellos que padecen dolor.
Quiero informarte también que dentro de un mes haré mi presentación en Chicago y necesito que estés presente junto a tu esposo, serás mi mayor alegría cuando por fin estemos todos reunidos en familia.
En espera que estés feliz, me despido.
Williams Andrew.
Candy estaba llorando de emoción al terminar de leer su carta. Lejos de repudiarla, su tutor nuevamente la sorprendía con aquellas frases que consolaban su alma.
- tio Abuelo Williams . . . gracias . . . muchas gracias por todo . . .- murmuró bañada en llanto pero feliz con que por fin lo conocería.
- un mes! solo un mes . . . y lo podré conocer! - pensaba entre lágrimas mientras acercaba la carta a su pecho.
- buenas noticias? - preguntó su compañera al verla feliz.
- las mejores de todas, por fin podré conocer al ser que me ha cambiado la vida en varias ocasiones.
- me alegro Candy, simplemente mereces lo mejor. Ambas se abrazaron como muestra de su afecto.
- bien, pero ahorita si no nos damos prisa perderemos nuestras clases amiga, y recuerda que en una semana nos examinarán.
- es cierto! Ayyy! ojala que pueda pasarlo para enseñarle mi diploma de enfermera al tio abuelo y a Terry! - exclamaba feliz mientras se dirigían al salón.
El dia del estreno de Romeo y Julieta había llegado y los nervios por la presentación tambien. En horas de la tarde, Candy recibió un paquete que Terry le enviaba conteniendo un vestido espectacular en color negro y con unos zarcillos haciendo juego.
- Wow ! está bellísimo! - exclamó madame Webber al verlo, - le sentara muy bien Candy, su esposo se ha mandado.
- es verdad, está muy bello! - exclamó la rubia mientras se lo ceñía al cuerpo.
- mídaselo ya, yo la llevaré después a un lugar donde la peinaran divino, ya verá.
- está bien, ahorita vuelvo- dijo saliendo hacia su recámara.
El vestido era manga larga y con escote profundo, tallado al cuerpo y hasta el tobillo. En realidad, le tallaba perfecto junto a los tacones.
- Candy, el vestido le queda perfecto! - exclamó la señora cuando Candy se acercaba tímidamente.
- cree que si? no es muy atrevido el escote? - preguntó cohibida.
- por supuesto que no, tiene una magnífica figura y no debe esconderla. Ademas, el joven Grandchester se lo ha enviado confiando en que lo usara hoy por la noche, no debe desairarlo.
- tiene razón, lo usaré. - respondió animada recordando el sexy appeal de Terry.
- perfecto, ahora nos vamos a arreglar ese cabello. Sin decir más, salieron de la casa rumbo al salón de belleza.
Terry mientras tanto estaba con los nervios de punta en el escenario, en un par de horas estaría actuando frente a Candy, ella nunca había llegado antes por terminar sus estudios de enfermería. Pero de ahora en adelante las cosas iban a ser diferentes para ambos puesto que Candy se había graduado exitosamente un dia antes. Y la rubia enmedio del júbilo al recibir el diploma que la acreditaba como enfermera le había dado un beso en los labios, claro que instantes después ella se sonrojo como un tomate por el atrevimiento pero ya era tarde. Fué el primer beso que había disfrutado desde que se casaron y ahora estaba más loco que nunca por poseerla. Esta vez, estaba decidido; después de la función se le declararía.
Candy llegó al teatro junto a Karen en el carro nuevo de Terry quien las mandó a recoger con un empleado del teatro a quien le tenía confianza, y al bajarse todas las miradas estaban sobre ella.
- Quien es ella? - qué hermosa! - como se llamará? - de dónde viene? - es la esposa de Terry - en serio?
Estos y otros rumores llegaban a sus oidos sin quererlo, provocando que una sonrisa coqueta apareciera en su rostro. Minutos después se encontraba en el palco destinado. Para su sorpresa, Archi, Stear y las chicas estaban a su lado. Los abrazó con mucho cariño y entre lágrimas les dijo que estaba muy bien y que iría a la presentación del tio abuelo en un par de semanas. Los chicos estaban sorprendidos con la nueva apariencia de Candy, - estaba más bella que nunca - concordaron en el pensamiento, también la pusieron al tanto de lo sucedido con los Leegan. Luego las luces se enfocaron en la escena y entre aplausos la obra empezó.
Terry dió todo su corazón en las escenas y parecía que vivía en carne propia el papel de Romeo. Las criticas, el aplauso y las lágrimas del público se lo confirmaron después. Y cuando la obra terminó, buscó desesperadamente con aquella azulada mirada entre el público, aquel rostro que amaba tanto y que extrañaba ya.
En medio de sus primos, con la cabellera lisa y suelta por completo, con un toque de maquillaje rojo en sus labios, portando el vestido que le regaló y que junto a los zarcillos la hacían parecer una reina, se encontraba aquella bella mujer tierna y cariñosa que tanto quería que fuese suya, la que le robó el corazón desde la primer vez que la viera y que ahora amaba más que a nadie en el mundo. Ella tambien lo estaba mirando con aquellos ojos que parecían esmeraldas, llena de felicidad y regocijo al contemplar al apuesto Romeo que tan bien había interpretado. Agitando su mano en señal que lo apoyaba, que era incondicional, y que lo amaba tambien. Terry entonces le mandó un beso y toda la concurrencia lo aplaudió.
Cuando salió de su camerino portando un elegante frac, sus ojos se toparon con la figura inconfundible de Candy.
- Candy. . . ! te gustó la obra? - preguntó nervioso al contemplarla de cerca, su belleza era un embrujo, - pensó
- si Terry, estuviste increible - contestó apenada por la forma en que Terry la miraba.
- Candy yo . . . este. . . . quieres ir a cenar? - preguntó titubeando.
- seguro Terry, vamos a celebrar tu triunfo con una cena. - decía animada mientras él le colocaba un chal sobre sus hombros.
- no sólo el mío, recuerda que tu tambien has triunfado Candy.
- es verdad! estoy feliz por haberme graduado, - sonrió dulcemente al tiempo que estrechaba el brazo que Terry le ofrecía.
- y tus primos? - preguntaba mientras caminaban al parqueo.
- ya se fueron, sabías que la tia abuela cambió de colegio a Elisa y a Neal?
- no, no lo sabía, a dónde? siempre aquí en Londres?- preguntaba interesado Terry, más por tener confidencialidad con aquella preciosa mujer que por saber de los chicos.
Ella lo negó con la cabeza, - en Canadá, - respondió pensativa, preguntandose del porqué de la decisión de la tia abuela.
- entonces tenemos otro motivo para celebrar - mencionó Terry con malicia y Candy le sonrió.
Al salir del teatro, Terry llamó entonces al mismo empleado que las había llevado y le dió ordenes para que fuese en un vehículo de la compañía a dejar a la señora Webber a su casa. Mientras él y Candy subieron a su vehículo y en pocos minutos llegaron a un exclusivo Restaurant de la ciudad. Todas las miradas masculinas se volvieron a Candy quien se aferraba al brazo de Terry al notarlo. Las chicas del lugar hicieron lo mismo con el apuesto actor que interpretó a Romeo. Son la pareja perfecta, - murmuraban
Mientras esperaban lo que habían pedido, el camarero les llevó unas copas con exquisito vino. Terry contemplaba extasiado a Candy bajo la tenue luz, vacilaba con la copa en la mano, lo que le diría para sincerarse con ella.
Candy presentía lo que pasaba porque sentía mil mariposas en su vientre, las piernas le temblaban y no precisamente por el vino; era la mirada enamorada de Terry sobre ella la que la ponía asi. Y esperaba con todas sus ansias que en aquel momento se le declarara.
- Candy . . . yo . . . quisiera saber si aún recuerdas al acuerdo en que llegamos al casarnos.- preguntó por fin.
- si, lo recuerdo, - murmuró tristemente volviendo la vista hacia la nada, recordando que cuando uno de los dos se enamorara entonces se separarían.
- es que . . . yo . . . me he enamorado, - confesó tomando su mentón para que lo viese a los ojos.
- ¡¿te has enamorado?! - exclamó ella con el alma en la mano. La expresión de dolor de Candy al saberlo, le dió la confianza que necesitaba para declararsele en aquel momento.
- asi es, estoy enamorado de la mujer mas hermosa que he visto en mi vida, - declaró tomando su mano. - Y quisiera saber si tengo alguna oportunidad con ella, - decía mientras la besaba tiernamente.
Candy estaba perpleja escuchándolo, jamás había visto a Terry tan sensible y enamorado. Y estaba ahí frente a ella, declarándole su amor, luciendo guapísimo, sexy y decidido. Fué un momento mágico en el cual escuchaba música del cielo, y en un instante perdido en el espacio sus labios buscaron los de él.
Poder embriagante el del amor, fuerte y avallasador como ninguno. Sus cuerpos vibraban al compás de sus corazones cuando se separaron y sintieron morir, apenas y veían la hora en que estuviesen a solas y entonces explorarían juntos aquel reino mágico dado a los amantes, en la intimidad de la alcoba.
- te amo pecosa, no sabes cuánto - decía acariciando su rostro sonrojado
- yo también te amo Terry, no imaginas cuánto.
En camino a casa, Terry buscaba sus labios una y otra vez, ella le correspondía con la misma intensidad.
- Terry . . .
- si?
- porque dejaste la habitación que compartíamos? - preguntó timidamente.
- aún no lo adivinas? Y como ella lo negara con la cabeza entonces le explicó.
- de seguir juntos en la habitación hubiera roto la promesa que te hice de respetarte y no tocarte Candy.
Ella se sonrojo con la respuesta y no quizo preguntarle más, sentía una sensación nueva en su cuerpo y estaba segura que la sentiría a menudo de ahora en adelante.
En ese momento llegaron a su casa y Terry la cargó en sus brazos para llevarla hasta la alcoba. Karen los contemplaba complacida, sabía lo mucho que se amaban y les tenía verdadero afecto.
Al llegar a su habitación, Terry la bajó cuidadosamente mientras cerraba la puerta tras de sí. Candy temblaba contemplándo a Terry mientras se deshacía de su caro traje sin apartar la vista de sus senos semi descubiertos.
Luego que él terminara de desvestirse, comenzó la placentera tarea de desvestirla a ella, murmurándoles palabras tiernas al oído mientras ella sonreía avergonzada pero deseándo desde el fondo de su alma que la hiciera suya.
- no temas, seré sumamente cuidadoso Candy, - advertía al tiempo que la conducía a la cama, practicamente ya sin ropas.
La noche envolvía a los jóvenes amantes que se descubrían mutuamente, provocándose dulces caricias, intensos besos y una que otra lágrima de felicidad al saberse amados por el otro. Y entre tiernas palabras y tacteos, unieron por primera vez sus ansiosos y juveniles cuerpos.
Felicidad y gozo era lo que cubría sus corazones al dia siguiente cuando despertaron y se vieron el uno al lado del otro, una dicha inefable de sentirse completos.
- mi amor . . . fué muy lindo, - murmuró Candy cuando Terry se incorporaba y le sonreía.
- es verdad, es lo mas intenso que he experimentado en la vida Candy. - Ven pecosa, quiero tenerte junto a mi por siempre, - declaró mientras la abrazaba contra su pecho.
Candy se dejaba amar por aquel chico que la había tratado como una reina al momento de entregarse a él, lo amaba como nunca llegó a imaginarlo. Y era muy feliz a su lado.
La dicha cubrió por completo su hogar, Terry se sentía un hombre nuevo, un hombre más maduro y con muchos deseos de hacer crecer la familia; ansiaba que su querida pecosa saliera pronto embarazada.
Los dias pasaban volando y Candy debía viajar junto a Terry a Chicago. Éste aprovechó que darían una gira por norteamérica para presentar la obra en Broadway, y no tuvo problemas para acompañarla. La mimaba y la cuidaba con especial esmero y ella le correspondía con la misma intensidad.
Durante el viaje a América, apenas si salían del camerino a tomar aire fresco; ansiaban estar solos en la intimidad de la habitación sin nadie que los molestase, y entregarse una y otra vez como lo hacían desde la presentación de Romeo y Julieta.
El dia de la presentación llegó y a Candy le temblaban las canillas cuando estaban todos reunidos en espera de la aparición del tio abuelo. Lucía hermosa con aquel vestido color lila que Terry le comprara al llegar a New York. Terry estaba a su lado, Stear y Archie al otro. La tia abuela estuvo muy cortéz al verlos el dia anterior, incluso dijo conocer personalmente al padre de Terry y los invitó a quedarse a dormir en la mansión. Ellos aceptaron y eso contribuyó bastante para que Archie y Terry limaran asperezas.
George apareció ante todos anunciando la llegada de Williams Albert Andrew.
Los invitados quedaron en silencio, sorprendidos al conocerlo, - acaso éste atractivo joven era el cabeza de familia de los Andrew? no era un anciano? qué buen mozo! cuántos años tendrá? 21, 22?
- Buenas noches a todos, es para mi un honor que alegren mi casa con su presencia. Bienvenidos y que disfruten de la fiesta.
Todos se pusieron en pie y empezaron a aplaudir al joven. Candy estaba muda de asombro, los músculos paralizados, el corazón acelerado . . . los chicos dijeron algo pero ella no los escuchó, no lo hubiera hecho aunque gritasen a todo pulmon . . . la mirada la tenía fija en aquellos razgos bronceados que tan bien conocía.
La figura de aquel hombre caminaba en su dirección con un destello de luz y brillo en su mirada, sin jafas, ocasionándole pequeñas punzadas a su pecho . . .
Vestido con un impecable y pulcro frac en color beige, con zapatos europeos y gestos aristocráticos propios de los Andrew, la cabellera dorada hasta los hombros y una dulce sonrisa en sus labios, Albert se acercó a ella mientras tomaba su mano y le depositaba un beso, luego estrechó con un fraternal abrazo a Terry y a sus sobrinos que aún no creían que fuese él.
- Albert! - murmuró quedamente, casi sin voz.
- eres tú el bisabuelo Williams? - preguntó Stear feliz.
- asi es Stear, la tia abuela Elroy inventó lo del bisabuelo para que respetaran mis órdenes, era un niño aún cuando mis padres murieron y me eligieron como cabeza de los Andrew.
- me alegro mucho que estés con nosotros Albert, te deseo todo lo mejor ahora que estarás al frente de las empresas, - mencionó con orgullo Archie.
- te felicito amigo, y muchas gracias por cuidar de Candy todo este tiempo, - dijo Terry con sinceridad.
- gracias, - y tú no dices nada Candy?
Candy lloraba sin quererlo, era Albert el tio abuelo Williams, era él quien la adoptó siendo una niña, le debía tanto . . .
- Oh Albert! soy muy feliz . . .
- pero no llores Candy, eres mucho más bella cuando ríes que cuando lloras.
Candy sentía desfallecer cuando escuchó aquellas palabras, . . . - acaso era él tambien el principe de la colina? tantas emociones juntas le ganaron a su frágil cuerpo, de no ser porque Terry estaba a su lado y la sostuvo, hubiera dado con su delicado cuerpo en el suelo.
- Candy! - exclamaron todos en coro.
- te sientes bien mi amor?
- si Terry es solo que . . . ha sido una gran impresión para mi conocer al tio abuelo Williams, el hombre que me adoptó y me cambió la vida en varias ocasiones, y el saber que es mi amigo Albert . . . simplemente me he desmayado.
- será mejor que te lleve a descansar Candy.
- no te preocupes, quiero estar junto a ustedes en la cena.- pidió sonriendo y Terry no se pudo negar.
- perfecto, entonces pasemos - pidió Albert.
La cena fué por demás cordial y llena de alegria para todos, en especial para los chicos y su matriarca. Hubo risas, fábulas, experiencias y peripecias que todos compartieron luego que terminara la cena y se dirigieran a la enorme sala de los Andrew. Sin duda, era el inicio de un nuevo ciclo para ellos, un período mucho mas humano, lleno de alegría y caritativo para la gente que los rodeaba, que lejos de perjudicar sus ganancias, éstas se multiplicarían maravillosamente debido al enorme corazón de Albert y sus sobrinos.
Terry triunfaba como pocos en Broadway, las entradas a sus obras se vendían el primer dia de venta. Pasaron dos meses mas de lo previsto en New York antes de volver a Inglaterra. Y por mucho que le rogasen que se quedara, él no quizo dejar el teatro que le dió la oportunidad de crecer en la actuación. Ademas, estaba tambien su padre de por medio quien le había ayudado cuando más lo necesito, no podía dejar de visitarlo por tanto tiempo. Asi, regresó nuevamente a Londres en compañía de su amada esposa ignorando que ésta llevaba un hijo en su vientre.
FIN