Esperando por ti
El hospital es un hervidero de movimiento, había muchos pacientes, desde que la guerra empezó han recibido pacientes provenientes del frente, algunos voluntarios que fueron pensando en ayudar para que esa guerra terminara lo más pronto posible pero al parecer eso improbable
Cada paciente que llega le recuerda la suerte que tuvo su amigo de salir prácticamente ileso de esa guerra, Candy no deja de pensar en el susto que se llevó al ver a Albert tendido en esa camilla con la cabeza vendada, pensando que estuviera muy malherido, casi suspiro cuando se dio cuenta que estaba prácticamente ileso, o por lo menos no tenía huesos rotos, si, su memoria estaba afectada, aun no recordaba todo su pasado pero que importaba eso si estaba completo, si no tenía lesiones graves en el cuerpo que pudieran haberlo mutilado, sonrió apenas enfrascada en su trabajo, alejando esa imágenes de su mente
Albert caminaba por la calle, disfrutando de la brisa fresca que inundaba la ciudad a esa hora de la tarde, Candy saldría de su turno en unas cuantas horas y él había terminado el turno en la cocina donde laboraba, había empezado de lavaplatos pero poco a poco había demostrado tener facilidad para cocinar alimentos y ahora era el ayudante del chef, caminaba en dirección al departamento que compartía con la rubia, aún tenía tiempo de preparar la cena antes de ir a esperarla a la salida del hospital como ya era su costumbre
Una vez que la cena estuvo lista, se ducho, se cambió y salió rumbo al hospital aspirando el aire de la ciudad, un aire que inundaba sus pulmones, la brisa traía con ella un aroma fresco del lago, algo que Albert agradecía, le encantaba esa sensación de libertad en su cuerpo
Llego junto al farol de la acera de enfrente del hospital se recargo en el como tantas veces antes a esperar a la rubia, quien siempre corría a sus brazos apenas lo veía
Candy se sentía muy cansada había sido un turno largo y extenuante, tenía muchas ganas de que llegara la hora de salir y poder refugiarse en los brazos de Albert, miro el reloj y sonrió faltaban cinco minutos y sabía que él ya estaría ahí nunca se retrasaba
Al terminar el turno, camino hasta la estación de enfermeras, tomo sus cosas y salió desde la puerta lo diviso, como siempre él estaba ahí recargado en el farol esperando por ella, al verla agito la mano a modo de saludo y ella cruzo la calle, apenas llegó ante él se arrojó a sus brazos cálidos y suaves
--Hola princesa, que tal tu día
--Bien Albert, y mejor ahora que estas aquí –dijo con una sonrisa que le ilumino los ojos
Albert enmudeció por un instante, sería posible que ella sintiera algo por él, mirándola a los ojos, le ofreció su brazo y empezaron a caminar cruzando por la plaza como un par de enamorados, sin darse cuenta apenas de ello, cada uno iba concentrado en el otro, un vendedor de flores se acercó y dirigiéndose a Albert le ofreció algunas
--Joven, cómprele una rosa a su novia, mire son muy bonitas
Candy enrojeció y a su mente llegaron imágenes de unos labios dulces y sensuales posados sobre los suyo, así como un par de ojos color del cielo mirándola, ladeo la cabeza para alejar esos pensamientos y alcanzo a escuchar a Albert dándole las gracias al vendedor
--Sí que son bonitas, pero más hermosa eres tú –dijo mientras ponía las rosas en sus manos, la corriente eléctrica que atravesó a Candy la hizo parpadear un par de veces, pensando en si él había sentido lo mismo, casi en un susurro contesto
--Gracias…Albert…no debiste
--No debí decir que eres hermosa –dijo con una sonrisa que le ilumino el rostro
Candy se sonrojo aún más, Albert la acerco ligeramente más a hacia él y continuaron caminando en dirección a su hogar, como una pareja más por las calles de Chicago
*Gracias a Queviva por la edición de imagen