En la oscuridad
Por Fran
2004
La luz se apago de repente.
Aprisa los sirvientes trajeron candelabros para iluminar el comedor. La oscuridad da otro rostro a las cosas, todo parece moverse mas despacio. Las conversaciones se vuelven inquietantes. No deseo escuchar las historias de fantasmas de Archie, me causan escalofríos. Me disculpo y me retiro de la cena.
La vieja casona Andrew adquiere un aspecto terrible en la penumbra, subo con cuidado la escalera, para evitar tropezar. A cada momento creo escuchar rechinidos de puertas, el crujir de la madera proveniente del interior de las paredes, e incluso escucho el estridente sonido de las gaitas como cada vez que se aparece el fantasma del antepasado del que Anthony, Archie y Stear me contaron hace tiempo.
He llegado al segundo piso, frente a mi están las escaleras que conducen a la tercera planta, es en esa área donde suele aparecerse... a la media noche. Falta poco, el reloj avanza lento. El umbral es como una gigantesca garganta que amenaza con tragarme, me atrae irremediablemente. Cada minuto es uno mas de angustia.
La angustia no me dominará... puedo ser mas fuerte
Entro rápido a mi recamara. La luz de las velas no es suficiente para iluminar toda la habitación. Me es imposible encender la chimenea. Mis manos tiemblan y los cerillos resbalan de mis dedos. Me arrepiento de este aislamiento que yo misma busque, la soledad entre esta oscuridad adquiere dimensiones gigantescas.
Un viento fuerte se desato. Miro por las cortinas. No hay luna, las hojas de los árboles aletean furiosamente y las ramas parecen brazos que se mueven sin control, dan la impresión de grotesco fantasma. Siento como mis piernas se adormecen, estoy casi paralizada. No puedo retirarme de la ventana mi vista se fija en el nudoso árbol, temerosa de que se mueva de su sitio y llegue hasta mi. Oigo mi corazón retumbar, siento la boca pastosa y el hormigueo de los vellos erizándose por todo mi cuerpo.
No es la 1ª vez que me siento así. Otras sombras como la muerte y el dolor han estado presentes en mi vida cubriéndome de heridas que tardaron mucho en sanar. Me llene de tanta oscuridad que me era imposible ver más allá del sufrimiento. Con una fuerte sensación de no pertenecer a nada ni a nadie. Sabiendo que había algo que necesitaba pero que no lograba definir. Ahora sé lo que es. Me he vuelto tan dependiente que en los momentos en que no lo tengo junto a mi me siento... incompleta.
La muerte marco mi niñez, dentro de mi no había mas que vacío. Un espacio negro, que me atraía hacia un mundo de tinieblas. Mi alma fue rescatada oportunamente con palabras llenas de verdad y consuelo. Aprendí de la eternidad de los recuerdos y pude continuar con mi camino.
El dolor de la decepción me precipito hacia un pozo sin fondo. Creí que me volvería loca, trataba de gritar y mi garganta se negaba a proferir sonido alguno. Temí no poder escapar jamás de ese abismo. Mas mi propia fuerza se unió a una mas grande nos acompañamos y juntos escapamos de nuestros demonios.
Sin embargo la mayor sombra siempre ha sido la soledad. Pase lo que pase su manto me mantiene cubierta. Me siento condenada a una eterna soledad. Todos a quienes amo se alejan de mi. Por mas que trate de buscarlos, de ir tras ellos no logro estar con alguien. Es un eterno recorrido por los más complicados laberintos. Enfrentando el destino, fantasmas, personas... buscando eso que siempre se me ha escondido, hasta que la soledad nuevamente me acorrala.
Si tan sólo pudiera aceptarla como una compañera
Que nada me detenga cuando quiera correr tras el viento. Que signifique libertad y no prisión. Que no me impida lograr mis sueños. Estos impulsos me son tan familiares como si alguien más los quisiera rescatar de mi corazón. Me nace el deseo irrefrenable de compartirlos al tiempo que siento que si fallara nuevamente, no habría quien me ayudara a sobreponerme y no puedo, no me atrevo a dar ese primer paso.
Los golpes en la puerta son como cañonazos en mis nervios. Incapaz de moverme sólo atino a murmurar un quedo "pase". Necesito de la presencia de alguien
Entra rodeado con un haz de luz. Percibo su rostro sereno. Sus ojos tranquilos me miran y traen con ellos mi calma. Su suave voz, vestida con su singular sonrisa me pregunta si me encuentro bien.
Corro al refugio de sus brazos. Por supuesto que estoy bien, como cada vez que me cobijo en su fuerte pecho. Aspiro su aroma y sé que en él encuentro esa confianza que me hace falta. Me lleva a la enorme cama que domina mi habitación. Con preguntas cortas averigua como ha sido mi día. Mi lengua se suelta, hablo sobre mil cosas intrascendentes, sin embargo me escucha con tanta atención... los silencios se hacen cada vez mas grandes, comienza a despedirse. Me aconseja descansar.
Pienso... te necesito por siempre
Algo comienza a bullir en mi pecho. El recuerdo de todo lo vivido hace unos instantes, me dice, me grita que no debo dejarle ir y como si otra persona hablara por mi exclamo
"Albert quédate conmigo esta noche. Quédate conmigo para siempre"